martes 10 de noviembre de 2009

RADIO ENCUBIERTA

Casi al comienzo de la película, el personaje del político interpretado por Kenneth Branagh dice en uno de sus diálogos –“…esa es la ventaja de ser el gobierno, si no nos gusta algo, aprobamos una ley que lo declare ilegal”- era el año 1966 y como reza un crédito al comienzo del metraje, la BBC solo emitía dos horas de rock and roll a la semana. Emisoras piratas desde barcos en el mar del norte emitían veinticuatro horas de música con audiencias de veinte millones de oyentes. Cuando da fin el metraje en 1967 se convertían en legales, y se crearon 299 emisoras de música. Han pasado más de cuarenta años, y los gobiernos han entendido el mensaje de que la voluntad del individuo es inquebrantable, sólo que ahora los métodos son más encubiertos y van recortando lentamente los derechos enmarcándolos en “el estado de derecho”. Que no es otra cosa que la ley que como entonces utilizan los políticos a conveniencia. Esta película además de un homenaje a la música, es un recordatorio de que siempre hay gente dispuesta a luchar por su verdad hasta las últimas consecuencias y de que lo que al final prevalece es la voluntad del individuo cuando se une.

La estructura no es de libro. Se trata de una película probablemente menor, en tono de comedia y coral, en la que el espectador comparte las inmensas ganas de ser libres de los personajes. Toda la estructura está basada en pequeños conflictos de los protagonistas entre ellos o con el “mundo exterior”, los temas como el amor, la amistad, la competencia, la búsqueda de uno mismo, están tratados con una amabilidad excesiva, y sólo un Branagh antagonista y sobreactuado como representante del gobierno, será el que de linealidad a un argumento basado en esas pequeñas anécdotas de los personajes. Por encima de todos ellos, el siempre en estado de gracia Philip Seymour Hoffman como líder carismático de la tripulación, pero no nos equivoquemos, el reparto con Tom Sturridge, Bill Nighy, Nick Frost, Chris O´Dowd entre otros, es maravilloso, y cada uno de ellos tiene su peso en la deslavazada trama. La música, temas ya clásicos en la historia del pop-rock, acompañan todo el viaje, dando una impresión de frescura y naturalidad.

Así, la trama sin más hilo conductor que la lucha del gobierno por cerrarles el chiringuito que en principio resulta algo insulsa y lenta, va perdiendo terreno porque los personajes acaban atrapándote y pides más. Tanto, que al revisar los extras, te encuentras con una grata sorpresa. Casi cuarenta minutos de secuencias recortadas del total, pero que al contrario que en otras películas, aquí son escenas que hubiesen encajado a la perfección en el metraje. Casi te apetece que la película hubiese durado cuatro horas, o que hubiesen hecho una serie con los mismos personajes. Las desventuras amorosas de Sturridge para perder la virginidad y encontrar a su padre, con el cameo de Emma Thompson como madre. Las luchas de ego entre Seymour Hoffman y Frost por ser el mejor dj, o el drama de O´Dowd por encontrar la mujer de su vida son los conflictos principales, y uno a uno todos los personajes que habitan en el radio rock. Por otro lado es una de sus virtudes que en todo el metraje nuestros protagonistas no abandonan el barco, a excepción de la secuencia de la despedida de soltero, en la que hay suprimido parte del monólogo en el que Seymour Hoffman les lleva a Abbey Road y que sirve de homenaje especial a los Beatles, por eso no se entiende que este fragmento se haya robado del corte final.

No soy un fanático de la música, pero es fácil identificarse con este grupo humano que no sólo rinde homenaje a la música, sino a la libertad, en una película sin dramatismos, llena de aventuras divertidas y que hace pasar un rato agradable. Una película amable dirigida por el amable Richard Curtis (Love Actually) Una película de esas que merece un hueco en las estanterías de tu colección, por tratar el tema generacional y que trasmite a la perfección el ideal de la época con la música como excusa, pero que va más allá siendo un alegato del amor libre y de la diversión por encima de todo. Lo dice el personaje de Seymour Hoffman (más o menos) -“Estamos viviendo los mejores años de nuestra vida. Después de esto, todo ira hacia abajo”.

Víctor Gualda.