martes, 1 de julio de 2008

4 MESES 3 SEMANAS 2 DIAS

La película estrella europea de la temporada no decepcionara a quienes apoyan la legalización del aborto, al tiempo que dará razones de peso a los que lo demonizan; y es que la película está narrada desde un punto de vista que trata de ser objetivo con el tema, pero sobre todo con las protagonistas. Tal vez este sea uno de los grandes aciertos de la película, pero no el único.

Ambientada en la Rumania de los ochenta, y con todo el peso del sistema comunista y la tradición como trasfondo omitido pero presente, la película comienza con unas secuencias no explicativas que dejan entrever que un par de compañeras de residencia están preparándose para “algo”. Las formas son completamente anti-trama, es decir todo va sucediendo ante nuestros ojos, pero no con secuencias informativas. La información se va dosificando en las acciones que suponen pequeñas pruebas para nuestras protagonistas, dándole ese toque de realismo que hace tan cruda la película. Curiosamente, y no se si como recurso, o precisamente por falta de ellos, las primeras secuencias en la habitación, y parte importante del film está narrado visualmente en planos largos y generales. De manera que en algún momento me recordó a los documentales... o por el movimiento interno de los personajes, al teatro. Esto no quiere decir que la película resulte teatral ni mucho menos, sino que el planteamiento de detalles que no hacen avanzar la acción o la trama, están mimados de una forma especial.

En este punto tengo que resaltar algo determinante. El punto de vista principal lo lleva Otilia (Anamaria Marinca) que al principio, por la falta información, no sabes si es la principal interesada. Pero el director y guionista Cristian Mungiu no juega al efectismo. Pronto entendemos que no es ella la embarazada, sino su compañera de habitación en el internado. Con lo cual, el punto de vista elegido es a priori un punto de vista objetivo que no debería sufrir directamente las consecuencias del embarazo no deseado. Pero una vez más la magia del cine aplasta la lógica. Otilia-Anamaria que toma las riendas de la situación, juega en los dos campos: el objetivo del espectador, y el involucrado como única amiga y apoyo total de la protagonista (creo que si ella pudiera abortar por la amiga, lo haría) A destacar también la constante movilidad de Otilia-Anamaria que no para en toda la película de cumplir con su vida y la de su amiga.

Si este primer bloque está dominado por las secuencias preparatorias, la segunda lo es por las del aborto en cuestión. Las protagonistas se encierran por un rato en el micromundo del siniestro hotel, con esa luz parpadeante en el vestíbulo de las habitaciones que no augura nada bueno. La llegada del “médico”, que no lo es, a la habitación después de las secuencias previas de presentación (de nuevo nada efectista), la negociación con el dinero, y sobre todo de nuevo la entrega de la amiga-protagonista, dan paso a secuencias de dobles sentidos dramáticos (perfecta utilización del diálogo). En este punto descubrimos la falta de compromiso con su amiga de la interesada, sus mentiras que van a marcar de por vida a Otilia, y el momento más duro a nivel dramático de la película... que no es el aborto en si. Es necesario apuntar el acierto del director al utilizar el único cambio de punto de vista de toda la película en la esta desagradable secuencia. El espectador se queda en el cuarto de baño con la embarazada imaginándose lo que está sucediendo en la habitación contigua, al tiempo que se pregunta qué estará pensando Gabita, mientras su amiga se entrega. Particularmente me cuesta trabajo pensar que en nuestra sociedad completamente distinta, alguien haría algo por alguien (de este calado) que no es de su propia sangre. Pero curiosamente en esta película todo resulta creíble porque el guión ha ido creando los antecedentes. La secuencia del aborto en cuestión, y paso al tercer bloque de la película.

Otilia-Anamaria tiene que cumplir su compromiso con su novio y dejar a su amiga en la habitación, mientras ella va al cumpleaños de su futura suegra. Algo ha cambiado en el personaje tras lo que acaba de vivir y la vemos ausente en una celebración que es feliz para todos menos para ella. Me encanta como el director detiene la película y nos hace participes en una reunión familiar en la que se habla de cosas pedestres, mientras el espectador cómplice involuntario se agobia con la protagonista inmóvil, que suponemos debe estar acelerada por dentro, al tiempo que nos preguntamos qué será de Gabita. Luego ya con su novio y a solas le cuenta lo sucedido, pero lo mejor es la reflexión de qué sucedería si la embarazada fuese ella. Objetivamente todos sabemos que la misma situación en dos personas diferentes, nunca puede ser igual, pero entendemos su rabia y su inestabilidad. La justificamos. En esta secuencia hay una frase que se me quedó en la cabeza. Otilia dice que su amiga haría lo mismo por ella. Pero yo tengo mis dudas razonables, porque tal y como la hemos visto actuar, Gabita-Laura no deja de ser una niña egoísta.

Luego hacemos el camino de vuelta al hotel junto a ella con una cámara al hombro que nos transmite inestabilidad. La tensión se acrecienta con este cine tan “lento” en el que las elipsis son mínimas, y el desenlace no puede ser otro del que es en esta película en la que todo pasa en un día y una noche.

Para terminar quiero destacar varios puntos: El fantástico trabajo actoral. Especialmente Anamaria Marinca, que está en un plano superior. Pero todos los actores están sencillamente geniales por su realismo. Por supuesto la dirección, sobria y directa, bien por falta de medios, bien por un planteamiento casi documental y realista, algo teatral en cuanto a la cámara en algún momento, que se limita a recoger como testigo mudo lo que está sucediendo sin ningún alarde. Y por supuesto el fantástico guión cuyo principal merito está en el mencionado punto de vista, en su objetividad moral, en la forma de exponer la situación sin efectismos, (por ejemplo, ni se menciona al padre de la criatura), y en el tempo. También me encantan los escasos y cuidados diálogos que le aportan una dosis extra de realismo. Y el sencillo montaje, que modela a la perfección el ritmo que ya trasmite la dirección y la interpretación. No me extraña que fuese la indiscutible ganadora del pasado festival de Cannes, porque el planteamiento es arriesgado, conmovedor y coherente. Sin duda una de las dos o tres películas indispensables de ese año.

Víctor Gualda.