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viernes, 7 de noviembre de 2008

EL OTRO

La película de Robert Mulligan de 1972 resulta una rara avis con una capacidad de enganche que pocas veces me produce el género de terror. Pero no se trata este de un terror que se recrea en el mal gusto, sino que lejos de ello explota el lado más dramático de la psique del individuo, para crear situaciones perfectamente verosímiles. Así la película se podría situar sin ningún complejo en la categoría de película dramática gracias a la inestimable aportación de Uta Hagen, con las dosis suficientes del llamado terror psicológico, maravillosamente ampliado por la caja de resonancia de la banda sonora de un Jerry Goldsmith involucrado en un proyecto aparentemente menor, pero que no tiene desperdicio.

Además de la aportación de Hagen, me gustaría destacar la interpretación de los gemelos Martín y Chris, que con esa mezcla de miedo e inocencia son capaces de trastornar al más pintado. De hecho es fácil caer en el tópico de pensar que ambos actores son el mismo. Pero la clonación digital no se estilaba aun en la época, y aunque rara vez comparten plano, los Udvarnoky trasmiten unas sensaciones que van desde Jekill y Mr Hide de Stevenson hasta el Goliadkin de Dostoievski, abriendo una amplia gama de registros. Tal vez a estas alturas y con las referencias que tenemos en la actualidad, la sorpresa no sea tan grande como debió serlo a principios de los setenta. Ahora es fácil apuntarse al carro de la obviedad, pero estoy convencido que los espabilados directores actuales (entre ellos Amenabar) han bebido directamente de estas fuentes, y es que hacer referencia a “El final de la escalera”, “La profecía” o “La semilla del diablo” es más fácil que la evidencia de la influencia de esta pequeña obra maestra.

Lo que más turbación me produce es que la película huye de los típicos y tópicos decorados que incitan inconscientemente al miedo. La granja en la que se desarrolla el metraje parece el lugar idílico en el que a todos nos gustaría vivir... al menos una temporada. La luz, la música, el riachuelo, la familia son elementos que tienen su encanto. La película está basada en la novela del escritor de género Tom Tryon que firma además el guión, y desconozco si el planteamiento es el mismo, pero ha conseguido un libreto que tiende voluntariamente a ir creciendo con el paso de los minutos, de forma que pocas veces he visto en este extraño arte, que en apenas hora y media es capaz de darle la vuelta a cualquier situación. Así lo que en principio parece un sueño paradisiaco, se transforma en una pesadilla hasta el momento de clímax. Pero es que además, lejos de conformarse con el momento climático del necesario descubrimiento, Mulligan da un doble salto mortal antes de finalizar la película, demostrando lo poderoso que puede llegar a ser el lado oscuro. Los hechos se precipitan hacía lugares siempre peligrosos y pocas veces explorados en la narrativa cinematográfica, involucrando a un recién nacido justo antes de un desenlace, que a pesar de lo previsible, nos hace dudar de la identidad del hermano que se asoma a la ventana. Porque si es cierto que el fuego sirve para espiar los pecados, no necesariamente son los del principal involucrado, sino los de aquellos que los alentaron... aunque fuera con la buena intención de proteger a los inocentes (madre mía, por no querer desvelar nada, lo bíblico que me quedó)

Lo cierto es que estamos ante una gran desconocida que debería tener su sitio en los altares del cine, pero el terror (aunque no sea específico) es casi siempre considerado un género menor. Desde aquí reivindico el buen cine. Aquel que no entiende de géneros o números y que aporta sensaciones. Eso que resulta que siendo el fin último, rara vez se consigue.

Víctor Gualda.

viernes, 24 de octubre de 2008

LA NIEBLA VS EL INCIDENTE

Las dos últimas películas que pasan por producciones “grandes” del genero de terror, parecen poner en boga y dar lustre a un subgénero un tanto olvidado, el apocalíptico. Y es que en la forma, ambas películas se alimentan de los miedos más primarios del individuo, mientras que en el fondo no dejan de ser un reflejo, como ha sido siempre el cine, de los miedos sociales que les oprimen. Así, se han disparado este tipo de producciones, tanto en literatura como en cine. El Apocalipsis ha encontrado su hueco. No es la primera vez (casi funciona por modas) ni será la última, pero el libro “La carretera” de Cormac McCarthy (premiado con el Pulitzer en 07, con adaptación cinematográfica aun sin estrenar) y las dos películas que nos ocupan, tienen demasiado en común para ser casualidad. Y es que parecen ser fruto del síndrome post-11 de septiembre. Enemigos desconocidos, presuntos terroristas que atacan las ciudades o los pueblos para destruir a la gran nación americana, mientras “el individuo” no tiene otro remedio que unirse con sus semejantes o huir de sus casas.

“La niebla” está basada en un libro de Stephen King, ese escritor amado y denostado a partes iguales, pero que lleva treinta años aportando y recreándose en esos miedos primarios del individuo. Como no he leído el libro, no se si la interpretación que promete es la misma que en la película, pero en esta sucede algo curioso. Hay una línea argumental que va por la superficie, apoyada en la trama, y una línea argumental clara en el interior que nos lleva al inconsciente colectivo. Si analizamos la primera, el resultado es una película de serie b de monstruos alienígenas, que a través de una puerta abierta por los militares han penetrado en nuestro mundo para destruirlo. En vez de los típicos marcianitos verdes y cabezones, Stephen King eligió insectos destructores metalizados sacados casi de la prehistoria, sin inteligencia ni identidad propia, cuya única función es destruir todo lo que encuentran a su paso. Todo ello amparados bajo una niebla que no deja de ser la capa bajo la que se esconde el miedo a lo desconocido. En el otro lado, y como protagonistas reales los humanos, con sus personalidades dispares. Este es el punto que mejor está dibujado en la película. Los personajes individuales representan a grupos sociales más amplios. Destacando por encima de todos -aparte del héroe sin fisuras aparentes (Thomas Jane)- a la extremista religiosa (fantástica Marcia Gay Harden). Una loca que se alimenta de los miedos colectivos para evangelizar, y que sirve de antagonista dentro del encierro al que están sometidos.

Pero si en “La niebla” el director Frank Darabont consigue que nos metamos en situación y aceptemos que huir de los monstruos es la única salida, en “El incidente” de M. Night Shyamalan la cosa es mucho más ambigua. El ataque es externo, pero en realidad utilizan la excusa de una neurotoxina, para que el hombre se ataque a si mismo (el mayor enemigo del hombre es el hombre). Ya en el primer tercio de película y por medio de un personaje secundario, intuimos lo que sucede, y más aun, entendemos que no hay salida, pero que al igual que en la anterior, lo único que queda es huir. En este caso el director elige dividir los grupos como única forma de salvación. En realidad como recurso para centralizar el interés en nuestros protagonistas, el inexpresivo antiheroe Wahlberg y su familia. Lo curioso en esta, es que los responsables han decidido encerrar a los protagonistas en una casa apartada con la única compañía de una pirada (antes y después de que le afecte el virus). De esta forma tan absurda, y con unos diálogos más absurdos si cabe, que vienen desde el inicio, la película con la que arrancamos se ha ido convirtiendo en otra diferente que nada tiene que ver con el ataque desconocido, sino más bien con la obsesión americana/mensaje subliminal, de que la familia unida puede con todo.

La conclusión de ambos filmes es jugar al final sorpresa. Pero en el caso de “La niebla” de manera mucho más contundente. Más cuando se salta uno de los principios básicos del guión cinematográfico relacionado con los niños. Pero hay que reconocer que funciona. ¿Por qué? Sencillo. Porque lo hace en el desenlace y el tiempo para la reflexión se traslada a los créditos. Un acierto, ya que será difícil que ningún espectador se olvide de cómo terminaba la película. Lo curioso en este punto, es que el argumento culpa directamente al ejercito como responsable de lo que acontece, pero al mismo tiempo lo presenta como único salvador posible, en una ambigüedad que define a la perfección a los políticos americanos. Incentivar el miedo, para luego vender la seguridad, las armas y los héroes que defiendan al ciudadano de un miedo pre-fabricado.
En el caso de “El Incidente” el final sorpresa parece una marca de la casa que utiliza como constante película tras película Shyamalan, pero en este caso al no ser personalizado queda mucho más ambiguo, y desde luego mucho menos interesante. De hecho, parece copiado casi a plano del de “28 semanas después” y otras muchas películas del subgénero. Así que en realidad lo que más sorprende de esta, es el tono gore que ha utilizado el director para causar las reacciones que no consigue formar el argumento. Lo que si está bien conseguido en “El incidente” es la sensación de indefensión del individuo ante lo desconocido, aunque si toda la película es demasiado ambigua, el desenlace es el colmo del deux es machina. Lo que está claro que han asumido las grandes producciones es que introducir elementos del gore (que tan buen resultado dan en los videojuegos) funciona. Así que a partir de ahora, chorros de sangre y miembros amputados... Pura mercadotecnia.

Víctor Gualda.

viernes, 2 de mayo de 2008

1408

Había oído que el planteamiento era interesante. Después de ver y comentar “Rec”, me apetecía volver a ver una buena película de terror. John Cusack, Samuel L Jackson, y Stephen King eran a priori un estupendo cóctel. Después de verla, tengo que reconocer que esperaba mucho más.

La estructura narrativa es la clásica de manual. Presentación; el personaje de John Cusack es un escritor especializado en la búsqueda y desmitificación de lugares presuntamente encantados. Qué mejor manera de introducirlo, que en un hotel de carretera bajo una tormenta intensa. Vemos su trabajo. Conocemos su carácter cínico y descreído de los fenómenos que investiga. Es sólo una introducción para que conozcamos al personaje. Luego, con calzador, el director Mikael Hafstrom nos mete en la trama principal a través de una postal que le invita a NO ir a la habitación de un hotel Neoyorkino. Hace la prueba del algodón y llama para reservarla y comprobar que realmente no le quieren alquilar la habitación. Qué mejor motivación para investigar. Una secuencia de consulta con los abogados de su editorial nos sirve de excusa para descubrir que hay un oscuro motivo añadido extra-laboral (subtrama) por el que no debería de volver a la gran manzana (él vive en California).

Siguiente tramo; Cusack llega al hotel y se encuentra con el gerente Samuel L Jackson, dispuesto a convencerle de que desista de entrar en la habitación. En un par de secuencias algo ridículas, el personaje de Samuel nos da todos los datos que necesitamos como espectadores para asustarnos. Es una secuencia completamente explicativa que tiene la función de meternos en situación y que sepamos que algo horrible le va a pasar al protagonista en cuanto entre en por la puerta. Muertes naturales, suicidios, muertes violentas, todo el abanico de posibilidades mostradas a través de fotografías. La explicación; tan sencilla como que la habitación está embrujada. No queda claro si son espíritus. Por qué en ese hotel, o por qué en esa habitación. Lo único que queda claro es que ningún cliente dura más de una hora dentro. Lo cual plantea un elemento interesante (para mi el único). A partir de este momento podemos decir que lo que ocurra dentro de la 1408 será prácticamente a tiempo real, porque es más o menos el tiempo que queda de película.

Así que ahí tenemos a Cusack entrando en la habitación con una maleta y una botella de coñac regalo de Samuel. El arranque de este bloque, como no podía ser de otra manera, una calma tensa que anuncia que cuando se cierre la puerta algo cambiará en la vida de nuestro protagonista. El tema, es que a partir de este momento todo es un despropósito... o mejor dicho un “remix” de secuencias de miedo, en las que nuestro protagonista sufrirá todos los percances que se le han ocurrido al sádico escritor. Tal vez lo único salvable a partir de este punto sea que conozcamos a través de flash–backs, más o menos trucados, lo que sucedió en la vida de nuestro protagonista, hasta el punto de hacerle huir de la ciudad dejando a su mujer e hija (la subtrama de la que hablaba al principio). No desvelaré el misterio, pero este es el punto más interesante, puesto que la habitación tiene la función de hacer que el protagonista se enfrente a sus propios fantasmas, y este es el punto clave para generar terror en él. El problema está en que el espectador tiene que ir comprendiendo lentamente. La información está dosificada para crear interés, y mientras hay que ir rellenando, por no decir parcheando. Así hay bloques tan efectistas, como aquel en el que Cusack utiliza una luz negra para buscar huellas en la habitación, y el espectador (que no el protagonista) ve cadáveres donde se supone que hay pequeñas manchas. Otro bloque sería el del intento de huida por la cornisa del edificio, o los efectos fantasmagóricos típicos que se complementan con una especie de fantasmas que le persiguen y tratan de asesinarle, y que no tienen ninguna lógica o peso especifico dentro del argumento. De hecho, me atrevería a decir que quedan incluso ridículos. Así que una vez cumplidos los rituales, el director nos devuelve a la trama principal (la de su pasado), y trata de solucionarla con un recurso de guión del que ya hemos hablado en la crítica de “Vestida para matar”. El doble final.

En el caso que nos ocupa es perfectamente predecible, a pesar de que el director nos miente y trata de manipular, porque no nos ha dado ninguna pista de lo que está pasando. Nos cuenta la historia a través de las imágenes para luego decirnos que era mentira, que la secuencia sólo ha sucedido en la cabeza de nuestro protagonista. Un truco barato y tramposo síntoma de mal cine, que busca el desconcierto y no el miedo, para que luego, cuando todo se resuelva el espectador quede satisfecho con una explicación pueril. Eso si. Por supuesto el protagonista arregla todas sus dudas interiores, y como no puede huir, se enfrenta a ellas como un héroe (giro sin sentido del personaje). tomando las riendas y recuperando su vida, y como no, su relación estancada.

Para terminar, una secuencia de regalo efectista típica y tópica del cine de terror clásico, para que él mismo, con su mujer como testigo (y por ende el espectador), recupere la credibilidad necesaria de que lo que ha vivido Cusack no ha sido producto de su imaginación, sino extraordinariamente real. En definitiva, puro entretenimiento con etiqueta de género que no cubre las expectativas que trata de generar.

Víctor Gualda

martes, 15 de abril de 2008

REC

Lo primero que se me ocurre después de ver la película, es felicitar sinceramente a sus directores. Especialmente a Paco Plaza, al que conozco hace años, desde sus comienzos con su primer corto “abuelitos”, cuando aun estudiaba en la escuela de cine. Él y Jaume Balagueró han seguido trayectorias paralelas dentro del mundo del género de terror, y no es la primera vez que colaboran juntos. Ya lo hicieron en la película documental sobre OT (para que se vea que son fieles al género). Pero lapsos aparte, tengo que reconocer que la película es magistral.

Habrá quien les achaque que han utilizado lugares comunes en el cine de terror. Que lo que cuentan ya lo habíamos visto en otras pelis. Los últimos referentes “28 días después” y secuela, y “El proyecto de la bruja de Blair”. Es cierto. La semilla germinal (como diría Highsmith) es la misma que mueve ambas películas por separado. Pero como el mismo Coppola reconoce, el talento está en saber aprovechar las cosas buenas que hacen otros, y mejorarlas (Shakespeare por ejemplo era otro magnifico “readaptador”). Eso es exactamente lo que hacen nuestra pareja de directores. Y lo hacen con tal acierto, que la película te engancha sutilmente en las imágenes iniciales y no te suelta hasta el último plano.

Podríamos decir que han dividido la película en dos partes. Por un lado la parte introductoria en la que conocemos a nuestra protagonista, Manuela Velasco, el trabajo de reportera que realiza (Manuela trabajaba como reportera real), y a su compañero cámara, que actúa como punto de vista del espectador a lo largo de todo el metraje. Primer acierto de la película, porque al espectador no le costará nada identificarse con los protagonistas. A fin de cuentas, la reportera está dirigiéndose directamente a nosotros. Pero vayamos poco a poco. Como decía, en este primer tramo de película conocemos a nuestros protagonistas, en que consiste su trabajo, se plantea lo que será la trama. Una noche en la vida de un parque de bomberos. Luego pasaremos a la segunda parte. El edificio en el que tienen que atender la llamada de auxilio de los vecinos alarmados, que han llamado asustados por los gritos de una vecina. Aquí comienza realmente la película. Y lo hace con contundencia. No se anda por las ramas. El argumento, es sólo una excusa para llevarnos a un estado psicológico. Porque esta es una película que no se sostiene sobre la trama sino sobre las emociones (mejor dicho sensaciones) Los bomberos, un par de policías y los reporteros se quedan atrapados dentro del edificio sin saber bien por qué, lo que paralelamente desconcierta al espectador. Un cordón policial les impide huir. La señora que gritaba reserva una desagradable sorpresa con la que ninguno contaba, y nos encontramos de frente con el primer “susto” del metraje, de forma documental, realista y nada forzada. Como algo natural y extraño al mismo tiempo que sucede ante nuestros ojos. No quiero desvelar nada del argumento, pero el espectador sabe inconscientemente que la cosa no puede acabar bien.

Los directores introducen un giro dramático externo para explicar al despistado espectador lo que está sucediendo. A fin de cuenta la credibilidad está en juego. No es más que una excusa para que entremos de cabeza en la espiral. Ahora hay una razón, y la promesa de que la cosa no va a quedar ahí. Los directores meten además otro elemento desestabilizador. La niña enferma cobra un protagonismo inesperado, en una secuencia tan espeluznante como sorpresiva. Casi inmediatamente otra fantástica secuencia en la que el cámara nos introduce como voyeurs en una habitación a través de un ventanuco en un altillo. Desde allí, la cámara va narrando a la reportera y al espectador lo que sucede en una habitación, en la que se ha encerrado el médico traído del exterior y los afectados por la extraña enfermedad. La cadena se desestabiliza. Sólo puedo decir que este nuevo punto de vista, y la sensación que genera me parecen sencillamente genial. A partir de la secuencia de la niña entendemos que es una lucha por la supervivencia de un grupo de encerrados. Las alternativas se acaban, y el grupo se va diezmando minuto a minuto. Hasta la secuencia final en el ático del edificio.

Tal vez esta última secuencia sea la que menos me interesa de la película. Aquella en la que los reporteros descubren el origen del mal. Aquella que trata de darle un peso teórico a toda la película. Me parece innecesario (aunque a nivel de guión tiene sentido para aumentar la tensión y dar un respiro antes de la secuencia final). Para mi la película no lo necesitaba. A estas alturas, al espectador le da igual el origen, cómo se propaga el virus, todo el imaginario religioso, o la grabación explicativa. Pero inteligentemente, los directores no se quedan ahí. Llevan la cosa al extremo. Una panorámica circular de casi 360 grados aportan la tensión y suspense al esperado susto. La rotura de la lámpara de la cámara, anuncia una nueva modalidad de imagen, y con ella la tensión se centra en lo que prácticamente no se ve, sólo se intuye, centralizando el miedo en los personajes y en lo que pueda aparecer en la oscuridad. De ahí hasta ese final abierto en el que se intuye la posibilidad de una segunda parte en vista de lo bien que ha funcionado la primera en taquilla, y la consabida venta de la historia a los americanos...

Y es que esta película tiene detalles que le dan una credibilidad fuera de lo común dentro del género. La inmediatez de que todo se desarrolla a tiempo real, la utilización de largos y densos planos secuencias, la utilización continua del sonido pero sin recurrir a la música externa como recurso que incremente el miedo, el desarrollo en el espacio delimitado del edificio, consiguiendo la sensación claustrofóbica de encierro, y por supuesto, el extraordinario trabajo de imagen, me refiero a la fotografía, la iluminación, o tal vez la falta de ella, además de esa cámara en constante movimiento que le da el toque de realismo y aumenta la tensión. Sin olvidar el impecable trabajo de maquillaje para los momentos más gore de los infectados. El ritmo es magnífico, y los directores no se olvidan de respetar los tempos entre secuencias de acción, para que el espectador coja el aire justo antes de meterlos de cabeza en cada tramo de tensión (en este punto, decir que Luiso Berdejo, coguionista, y David Gallart, montador, también pusieron su granito de arena). Para terminar, añadir que la película tuvo un presupuesto muy limitado (por mucho que se inflen las cifras oficiales para que la película salga gratis), y que el rodaje se completo en veinte días. Todo un record para una película de las características de esta. En definitiva, no me voy a cortar en decir que la película me parece una obra maestra del género.


Víctor Gualda.

viernes, 8 de febrero de 2008

EL ORFANATO

No seré yo quien diga que “El Orfanato”, el barco más reluciente del cine español este año, es una mala película. Pero no lo haré porque su director es un novel que se enfrenta a un proyecto grande, y eso siempre es un handicap a tener muy en cuenta. Pero concesiones aparte, no es oro todo lo que reluce, y se trata de una película sobrevalorada, con demasiados elementos en común con el reciente cine “español” de éxito, como para ser un producto casual fruto del talento.

El primero que tiene que haberse quedado encogido en el asiento es Amenabar. Ha debido verse reconocido a la perfección, porque la película tiene muchos elementos en común con su cine, y en concreto con “Los Otros”, película de la que es descarada deudora en cuanto a argumento (al menos eso nos parece a los profanos) Además ha utilizado a una de las últimas actrices fetiches de Alejandro, Belén Rueda, para un personaje muy Nicole Kidman (curiosa y efectiva mezcla). Ese argumento de la chica que llega al gran casón con niños, en el que no esta claro el límite entre los vivos y los muertos, no es un tema demasiado original. Pero vamos, tampoco lo fue para el director chileno–español que coincidió espacio-temporalmente (según él cuenta por casualidad) con un Bruce Willis con idénticos poderes. Así que no creo que Alejandro se esté persignando con su sacrosanto Oscar.

Otro tema es el autoplagio consentido. Este si me parece algo más vergonzante. La mano del mejicano productor de la cinta Guillermo del Toro es demasiado evidente en esta. Sobre todo en la resolución, que está directamente copiada de su hermana mayor de producción española “El laberinto del Fauno”. Por mucho que su reluciente premio Goya, Sergio G. Sánchez se empeñe en ofenderse y contarnos que el guión estuvo en un cajón diez años, intuyo una reescritura de ultima hora (¿me equivoco?).

(ahí van unos cuantos elementos del argumento. Si no la viste, casi mejor que te saltes este parrafo)
En el momento en que el espectador descubre que la madre ha matado al niño (en este punto todo el mundo justifica a la madre diciendo que fue un accidente involuntario... curioso) se desentrama toda la historia. Pero este seria un final demasiado duro e insatisfactorio para el espectador. Como lo sería que en “El laberinto...” la niña muriese y ya. Entonces se recurre a ese mundo paralelo de fantasía en el que todo es posible. El personaje renuncia al mundo real demasiado oscuro, para irse al mundo fantástico que en principio era inaccesible. De esta forma, se convierte en la nueva casa en la que todos los personajes podrán vivir a gusto lejos del mundanal ruido. Son los fantasmas del orfanato del que ahora Belén, siendo una más, cuidará. El mismo mundo de fantasía donde la niña era una princesa en “El laberinto...” Ahora si. El espectador se puede quedar tranquilo. Su entrada ha merecido el elevado precio que ha pagado por ella. Lastima que en la vida real no haya segundas oportunidades después de muerto... El caso es que Guillermo que es un tío listo, ha aplicado la misma estructura narrativa al final de ambas películas a pesar de ser de géneros diferentes, y es que el mejicano (al que le atribuyo la concesión final) ya ha hecho muchas películas de muchos tipos y en muchos sitios para saber lo que funciona con el público.

Pero para llegar a ese punto de conexión, la película utiliza elementos directamente importados del cine de terror de los setenta. De nuevo los referentes parecen los mismos que los de Amenabar. El casón aislado importado de “Psicosis” es el plano recurso al que recurrir cuando no hay nada que contar. Las escaleras, los pasillos, las habitaciones, e incluso nuestra protagonista sentada en una silla de ruedas son lugares comunes en el cine de terror clásico. Luego el elemento serie B del segundo acto para rellenar y al tiempo distraer, con la aparición estelar de Geraldine Chaplin como elemento de enlace entre la realidad y lo sobrenatural. A partir de su aparición todo es posible. Ella le da la alternativa a Belén y le descubre al espectador que es una superdotada enferma que conecta con el mundo de los muertos. Y con los vivos, porque resulta que Alejandro nos descubrió que Belén Rueda era actriz. Y ella ha asumido el papel y se lo cree. Y no hay nada más importante para un actor que tener la seguridad suficiente como para reflejar lo que el texto impone. Si con “Mar Adentro” todavía le temblaban los tobillos, en la siempre desprestigiada gala de los Goya supo reclamar su momento de gloria ante la posibilidad de no disponer de otra oportunidad. Aquel momento de gloria y otros que no tienen que ver con lo profesional, le han dado una serenidad a sus arrugas que atrae a la cámara y le bastan para sostener la responsabilidad de una película tan compleja como esta, y eso no es poco. No sucede así con el resto de los actores, que afortunadamente para su comercialización fuera de nuestras fronteras apenas tienen texto. Y no es que lo hagan mal, es sólo que los personajes no tienen ni la entidad ni el carisma necesario. Pero da igual, porque como decía el peso es al completo para Belén, y ella lo sabe sobrellevar.

La fotografía, la música y los efectillos, como sustos gratuitos para crear ambiente también están correctamente introducidos, formando un conjunto que crea sensación de que acabas de ver una gran película internacional que puede funcionar en cualquier punto del planeta. Madre desesperada, niño desaparecido, misteriosa casa. Un pelotazo de taquilla vamos. Habrá que darle la oportunidad a su joven director de demostrar en su siguiente trabajo que nada a sido casual. Porque “imitar” (siempre entre comillas) una película de Amenabar es fácil, pero su intachable carrera hasta la fecha, es mucho más complicada de plagiar. De cualquier forma, como siempre, mi rendida admiración a un director novel capaz de sacar adelante su proyecto y levantar él solito la cuota de pantalla del cine español. ¿No resulta un poco preocupante por cierto? De cualquier forma, felicidades por las nominaciones, y por los premios al director novel, guión adaptado y demás premios técnicos, que no son poca cosa, a pesar de que Bayona hubiese comprado una estantería nueva para todos los que pensaba que se iba a llevar.

Por cierto, para los que se alegran de la desgracia ajena, les diré que no es demérito de “El Orfanato” no estar en los Oscar. La película tiene el nivel requerido, con algunos momentos mejores incluso que los de “Los Otros”. La diferencia estriba en una obviedad. En la de Amenabar estaban implicados los poderosos (por entonces) Cruise, y aun mejor, Harvey Weinstein que se ocupo de la publicidad y distribución en la película consiguiendo que estuviese en los primeros puestos de la taquilla americana durante semanas. Y es que el productor-distribuidor, estaba en aquel momento en el zenit de su carrera, y era capaz de conseguir cualquier cosa (lo demuestra el hecho de que consiguió que la sosa Gwyneth Paltrow ganara una Oscar, que ya tiene merito). Con semejantes padrinos, era difícil no ser caballo ganador. Mientras que Del Toro ya triunfó el pasado año y no tiene tanto peso en la industria americana. Así que, felicidades de nuevo Bayona, porque tienes más merito del que a la mayoría de tus detractores les gustaría.

Víctor Gualda.

martes, 25 de diciembre de 2007

DRACULA DE BRAM STOKER

Lo primero que hay que saber, es que la última obra maestra del maestro Coppola es una película de encargo para Columbia. Después de rechazar a Winona Ryder en papel del personaje que interpreto desastrosamente su hija Sofia Coppola en “El padrino 3”, Francis se sentía en deuda con la actriz. La oportunidad llegó cuando Winona le hizo llegar el guión de James V Hart sobre la novela de Bram Stoker “Drácula”. Coppola reconocido admirador de la novela, al igual que el ídolo de este Orson Welles (que incluso llegó a hacer una adaptación radiofónica) tomó la acertada decisión de llevar a la gran pantalla la adaptación.

Para ello cuenta con un reparto de lujo, el histriónico Gary Oldman, el no menos protagonista Anthony Hopkins, el aséptico Keanu Reves, el desaparecido (¿alguien sabe que fue de él?) Cary Elwes, pero por encima de todos, la musa de una generación Winona Ryder. Lejos de los clásicos dráculas de la Hammer, o de los Bela Lugosi más tradicionales, Coppola recrea una historia donde el amor se superpone a la violencia que predomina en anteriores adaptaciones del vampiro. Porque esta película por encima de otras consideraciones, es una historia de amor... inmortal.

Con un arranque espectacular de sombras chinescas que explica los antecedentes de la historia para situar al espectador, y que huye de los modernos métodos de postproducción que ya había en los noventa, y basándose en efectos especiales del cine tradicional, el director nos hace una teatral introducción de la renuncia de Drácula Oldman a sus creencias. Como castigo la vida eterna vagando por las sombras. El presentimiento de la aparición de una recreación tipo Vértigo de su amada en las carnes de Winona, hace que el conde se traslade a una abadía que acaba de comprar en Londres para ir a buscarla. Pero antes, tiene que retener al prometido Keanu en Transilvania. Los primeros treinta y ocho minutos de película (tal vez demasiado tiempo, se hacen un poco pesados) suceden en los Carpatos con la presentación de Drácula y de sus intenciones. No es hasta entonces cuando la historia de amor entra en juego y comienza realmente la película. Un rejuvenecido Oldman busca y seduce a la casta Winona, que poco a poco atraída por algo que se le escapa va cayendo bajo los influjos del príncipe. Pero el pago es la difícil conversión en vampiresa de la mejor amiga de la protagonista. Como en una obra de teatro, todo queda en casa y un hecho lleva al siguiente, que no es otro que la aparición del personaje antagonista. Un sobreactuado duelo interpretativo entre Oldman y el recién llegado Hopkins (casi a la hora de metraje) eleva la película. La tercera en discordia ha tomado una decisión, y ha comprendido que el soso de Keanu no será nunca más que un chupatintas, y prefiere el amor inmortal del vampiro. Una serie de acciones paralelas que se extienden desde el inicio del segundo acto y que recuerdan levemente al tercer acto de todos los padrinos, nos muestra al grupo resistente destruyendo lo que le vampiro necesita para sobrevivir en Londres, lo que provoca después de la secuencia de entrega de ella, y la desesperada huida del vampiro a la tierra en la que necesita descansar. El grupo resistente con Van Helsing Hopkins a la cabeza no está dispuesto a perder la oportunidad de dar caza a un debilitado inmortal. Todo para que en una secuencia final lleguemos a lo obvio, el sacrificio de manos de la enamorada Ryder, que está por encima del deterioro físico del vampiro, devolviéndole el favor a Oldman que por fin puede descansar tranquilo. De esta forma el director sella la posibilidad de segundas partes que no hubiesen tenido sentido. Coppola es un director inteligente que sabe que una secuela hubiese destruido la eficacia de la primera y cierra así la enésima aparición del vampiro en la pantalla grande, creando un clásico inmortal.

Algunos detalles interesantes a comentar son; la utilización en más de la mitad del guión del género epistolar que ya se encuentra en la novela, la acertada concepción del color, con el rojo como color predominante en las secuencias del vampiro, y el verde en las de ella, la inteligente decisión de respetar elementos tradicionales de las películas de vampiros, cruces, ajos etc... La concepción de los decorados y luz bastante góticos, que recuerdan poderosamente al expresionismo alemán, con algún momento que nos trasladan al Nosferatu de Murnau. A nivel administrativo destacar que Columbia le prohibió utilizar a sus colaboradores habituales para que se ajustara al presupuesto y tiempo de rodaje (famoso es su desproporcionado desfase en “Apocalipsis Now”, aunque no el único), que en esta ocasión no sólo respeto, sino que terminó el plan de rodaje un día antes de lo previsto. Imposible no destacar la espectacular fotografía Michael Ballhaus. Como curiosidad divertida comentar el famoso fallo de racord de la secuencia del sombrero, una de las más mencionada por los cinéfilos con alguna de “La guerra de las galaxias”

En definitiva otra obra maestra de encargo, al igual que “El padrino”, para que luego digan que el cine de autor personal es el único que merece la máxima consideración. Lastima que el italoamericano nunca pudo llevar a la pantalla su versión cinematográfica del otro clásico de la literatura “On the road” de Kerouac seguro que nos hubiese regalado otra obra maestra para elevar a los altares.

Víctor Gualda.

viernes, 16 de noviembre de 2007

PLANET TERROR

Esta es una de las críticas más complicadas a las que he tenido que enfrentarme en este blog. El motivo; no tengo claro si la película me encantó, o me horrorizó. Creo que lo primero que hay que saber de esta película es que es una coña. Un homenaje a las películas de serie b de zombis de principios de los setenta. "Planet Terror" es la primera de las dos películas que forman el proyecto "Grindhouse", junto a “Death Proof” de Tarantino. Después de verla es fácil llegar a la conclusión de que ambos directores tienen muy claro que lo único que les importa es pasárselo bien y hacer pelis para ellos y sus colegas. “Planet Terror” es una película de argumento sencillo llena de sangre y acción. Lo que realmente la hace especial son las pequeñas subtramas que el director introduce de la relación entre los personajes y las extravagantes y sobreactuadas pinceladas de personalidad que dibuja en ellos.

Una base militar y los experimentos que allí se realizan con armas químicas convierten a la población de un pueblo cercano en zombis. Un pequeño grupúsculo de freakies se enfrentaran a ellos como mejor saben hacerlo, a golpe de machete y pistola. Lo primero que hace el director es ponernos al día en una desagradable medio de coña secuencia de presentación, en la que el amigo Bruce Willis y el “perdido” Naveen Andrews hacen bueno el dicho “cortando cojones se aprende a capar”. A partir de ahí la acción se traslada a otro ex televisivo forense de “A dos metros bajo tierra” Freddy Rodriguez, y representante latino necesario en las películas de Rodríguez, que en seguida es presentado como el líder del grupo resistente. Buenísima la secuencia del hospital cuando Freddy va a rescatar a la chica de la película (protagonista femenina en un reparto plagado de ellas) Rose McGowan. Como antagonista pero colaborador necesario, el director coloca al sheriff (Michael Biehn). El hermano del Sheriff es Jeff Fahey, un cocinero cerdo que aporta el refugio y secuencias cómicas. La rubia lesbiana Marley Shelton es una anestesista que recuerda a Uma Thurman, incluso con una serie de fantasticas secuencias de parálisis en las manos similar a la de Uma en “Kill bill” en los pies. Su antagonista marido, el doctor-chungo Josh Brolin dispuesto a cargarse a su mujer por celos. Otros personajes más secundarios como el poli que al que le cortan el dedo anular (atención a su obsesión por colocarse el anillo) ó el padre de la anestesista, que se carga a su yerno disfrutando del momento con un “nunca me gustó”. Y por supuesto la secuencia escrita para el colega (y yo diría que por él mismo) Tarantino, que se lo debió pasar pipa en la escena de la violación “se me desmonta el miembro”. Pero por encima de todos ellos, la tullida striper reconvertida en superheroina Rose McGowan que supera sus problemas e inseguridades a base de tiro limpio, y que llena la pantalla.

El reparto está integramente compuesto por actores con experiencia en el cine ó televisión fantástico, colaboradores, familiares y amigos del director, desde el hijo de Robert, que tiene un pequeño papel, a sus sobrinas que hacen de gemelas cuidadoras desfasadas. Pero además de los televisivos que ya mencioné, McGowan es una de las protagonistas de “Embrujadas” y trabajó en “Scream” y “Maldita generación”. El sheriff Biehn lo hizo en “Terminator”, “Abyss” y “Aliens”.

La trama principal es sólo una excusa para que el director nos muestre todo un catálogo de vísceras y coñas con las mismas, y la conclusión no puede ser otra que la que es, puro entretenimiento. Destacar que Rodríguez sigue creciendo y una vez más se encarga de la fotografía, estéticamente fantástica, que imita a la de las pelis de los setenta, con la salvedad de que queda demasiado artificial el desgaste del negativo, que canta a posproducción digital. Rodríguez además se encarga de un guión que confiesa nunca pasó de las treinta páginas, del montaje que al realizar en digital, iba haciendo al tiempo que rodaba la película, y de la música que ambienta a la perfección todo el metraje. Por supuesto destacar el trabajo de caracterización y efectos a cargo de Greg Nicolero que aporta sirope de maiz rojo y monstruos deformes a borbotones.

Así que finalmente, aunque la película es más de personajes y de momentos de acción y vísceras que de un elaborado guión, tiene una naturalidad que te introduce directamente en este particular mundo y te transporta a este grupo de resistentes del que de alguna forma te gustaría formar parte. Para terminar, me gustaría destacar el falso trailer de “Machete” con el que comienza la película, y que funciona como un corto del que podéis disfrutar en nuestra sección de "El cortometraje de la semana", hasta la llegada a esta página de la peli de Tarantino que completa el proyecto, “Death Proof”.

Víctor Gualda.



viernes, 10 de agosto de 2007

28 DIAS DESPUES - 28SEMANAS DESPUES



Debo reconocer que me atraía la idea de que un director español dirigiese la secuela de una película que me resulto más que interesante. Fresnadillo es para mi ese tipo de director a la par meticuloso y poco espontáneo, pero con la rara cualidad de caer siempre de pie (otro ejemplo es Amenabar, este con más éxito aún) El caso es que el canario dirigió aquel corto en blanco y negro “Esposados” que acabó representando a nuestro país en los Oscar. No ganó, pero aquello le abrió directamente la puerta de la sección de cine del grupo Prisa para dirigir su primer largo. “Intacto”. Una película ambiciosa que fue muy bien publicitada y que no estaba mal, pero al igual que el corto, me dejó una sensación de vacío. Tal vez sea porque el cine de Fresnadillo (igual que el de Amenabar) son muy funcionales a nivel de estructura de guión, de trama y de todo lo que se refiere al proceso técnico, pero sus personajes (personas) son un poco de cartón piedra. Escritos por y para cumplir su función, pero con cero resquicio de humanidad y credibilidad.

“28 semanas después” es un sucedáneo de su mayor, con más presupuesto, mejores efectos y por supuesto más zombis. Pero que una vez más deja a sus protagonistas como meros instrumentos de una trama bien urdida. Con todo, y para que no parezca lo que no es, la película es muy entretenida. El problema es que los 28 días me hicieron pensar al salir del cine, mientras que las 28 semanas sólo me mantuvieron entretenido las dos horas de metraje, pero no dejaron ningún poso en mi.

Ya el planteamiento de “28 días después” me parece cuanto menos revelador. Unos monos son sometidos a una especie de tortura sicológica por la que les obligan a ver imágenes de odio, destrucción, guerras etc. Muy al estilo del sistema de redención que Kubrick le aplica al protagonista de “La naranja mecánica”. Cuando unos defensores de los animales asaltan el lugar donde se les tiene cautivos, no quieren pensar en las consecuencias de liberarlos. Un científico metido en el guión de forma explicativa trata de detenerlos. Pero es demasiado tarde e inmediatamente se extiende el virus de la ira. Hay que reconocer que basta con poner el telediario para ver que el susodicho virus está realmente extendido, y que no hace falta ser un quijote para ver que una sobredosis de violencia acaba insensibilizándonos ante esta... En el caso de “28 semanas después” el arranque nos presenta a el protagonista (antagonista en realidad) Robert Carlyle que en su huida de los infectados deja atrás a su amada esposa en su huida, mientras los zombis dan buena cuenta de ella. Pero la mirada desesperada de ella va a crearle pesadillas al culpable Robert.

Volvamos a la película que realmente cuenta algo. Nuestro protagonista Jim (Cillian Murphy, de sorprendente parecido físico con nuestro compañero de la devedeteca Eduardo) despierta en la camilla de un hospital. Está aturdido, no sabe lo que ha sucedido. El hospital está destrozado y no hay nadie por sus pasillos. Con ropa hospitalaria recorre las calles de un apocalíptico y abandonado Londres. Nosotros como espectadores tenemos más información que el prota. Sabemos del virus, pero no lo que ha sucedido con Londres. Cinco minutos de video clip musical nos lo muestran. Pero es hora de entrar en acción y pronto nuestro prota conocerá los peligros que le esperan, a los que van a ser sus enemigos, una masa de zombis encolerizados (pero impersonalizados). Atención a la primera secuencia en la que aparecen. En una iglesia, con una visible crítica y doble intención. En “28 dias después” no hay malos. El enemigo es el virus, y los zombis sólo peones. En esta secuencia el director presentará también a la chica de la película, Selena (Naomie Harris)

En el otro metraje y después de la presentación que nos enganchó con un Carlyle medio héroe, medio villano, las semanas han pasado y la mayor parte de los zombis han muerto por inanición al ser incapaces de autoabastecerse (es lo malo que tienen la ira) El ejercito americano (como no) ha creado un área de seguridad del que Robert es un jefecillo civil, con libre acceso a todo el chiringuito. Sus hijos vuelven al país de sus estudios en España (haciendo patria) y quieren saber que ha pasado con su madre. Robert suelta una trola de dimensiones astronómicas que no le deja nada mal. Pero los chicos, en un retruécano de guión un poco raro, deciden saltarse los controles militares y hacer una excusión por el Londres prohibido para buscar sus cositas en casa. Por supuesto, esto es sólo el inicio de los problemas.

Por cierto que se me olvidó comentar para los que no lo sepan, que el director de “28 días después” es Danny Boyle. Aquel que nos sorprendió con la fantástica adaptación del libro de Irving Welsh “Trainpotting” que nos introdujo en mundo yonkie de Escocia, (aparte de otras maravillas como “Tumba abierta”). El caso es que no pienso seguir contando el argumento de las películas para no reventarlas. Pero añadiré que en la de Danny el guión está dividido en dos partes claramente diferenciadas y que después de huir de los zombis nuestros protas se encuentran que en unas determinadas condiciones, los “sanos” no lo son tanto. Que el director hace una crítica mordaz a las guerras y de soslayo a los militares. Que introduce elementos de “Alicia en el país de las maravillas”. Que el personaje del protagonista crece, madura y evoluciona dejando la adolescencia y su necesidad de una imagen paterna para convertirse en el héroe que realmente necesita la película, y todo ello con una buena combinación de escenas acción y escenas emotivas. Mención aparte merece que la película se rodó en video digital (canon XL 1 entre otras) y el resultado estético de la imagen es espectacular. En una demostración más de que los medios técnicos están cada vez más al alcance de todos.

En el otro extremo, Fresnadillo y su guionista utilizan la nueva modalidad del portador del virus. Convierten a los hijos en protagonistas, guiados por una militar “en prácticas” y el virus se personaliza en el padre (Carlyle), en una escena devastadora (que está muy bien resulta) como pago de sus “pecados” . De forma que el padre busca a los hijos para... no sé muy bien cual es la justificación... pero con un estilo muy “Terminator 2”. En el caso de la secuela, hay que reconocer que las secuencias están muy bien resueltas (se nota que el presupuesto es mucho mayor que el de la primera), hay mucha acción y te la tragas casi sin pestañear. Pero los personajes son planos y el mensaje de la “ira social” se ha perdido. En realidad me recordó a la comedia inglesa “Zombies party”, pero sin el sentido del humor de esta. Encima te dejan un final abierto que amenaza con una nueva entrega de zombis a granel. Más, viendo los espectaculares resultados de la del canario en taquilla. Y es que en el fondo a todos nos encanta la serie B. Sólo hay que echarle un ojo a los programas más vistos de la televisión.

Víctor Gualda.

viernes, 20 de julio de 2007

EL QUIMERICO INQUILINO

Un genio... cuando uno empieza a escribir un artículo tiende a buscar las palabras que mejor encajen con lo que está a punto de contar. Pues bien, no quería desaprovechar la oportunidad de comenzar este con lo que me parece el Polanski recién llegado de Polonia (en realidad de Inglaterra tras el rodaje de “Repulsión”) a Estados Unidos. Esta claro que aunque siempre critiquemos a los americanos por la mayoría de las productos que nos empaquetan, saben muy bien reconocer la calidad, e importan haciendo suyos a los mejores directores, guionistas, directores de fotografía y cualquier resquicio de talento que tengan la oportunidad de exprimir. Esto tiene el riesgo para el creador de que igual que les acogen con los brazos abiertos, tampoco les importa despacharlos con igual desidia. El Polanski que llega a Estados Unidos es un joven con hambre de triunfo y talento más que demostrado para adaptarse a el país más multicultural y paradójicamente cerrado del planeta. Roman se adapta perfectamente a las costumbres y formas de vida americanas y realiza por encargo películas llenas de talento como “Chinatown” ó “Tess”, y deja patente que los temas que realmente le interesan son los mismos que antes de llegar a Hollywood. El lado más oscuro del ser humano. Coincide además en una época que hay mucha libertad para los “autores” y no tiene dificultad para explotar esos temas que le interesan.

Después del fiasco de “Piratas” que coprodujo de su bolsillo, se fue a Francia a buscar dinero de las multinacionales para su siguiente película. “The tenant” traducida en España por el título “El quimérico inquilino”. Se trata de la adaptación de la novela de Roland Topor, para la que Polanski se reserva el papel protagonista en una prefecta revisión entre “La semilla del diablo” y la anteriormente mencionada “Repulsión”

Los títulos de crédito ya nos anticipan de forma simbólica que estamos a punto de traspasar los visillos de lo desconocido, en un plano que recorre el patio de vecinos y que no nos deja ver el interior de los pisos como anticipándonos que algo siniestro se esconde tras esas cortinas. Roman (Trelkovski), está buscando piso y se ha enterado de que ha quedado uno libre en una comunidad. El primer encuentro con la portera del edificio ya nos define la personalidad de nuestro inmigrante polaco con papeles franceses, tímido y callado. También nos muestra la tensión que está a punto de encontrar en el edificio. Inmediatamente nos hace ver que algo extraño ha sucedido con la anterior inquilina, que se tiró por la ventana. Después de una visita a su futuro casero todo queda dispuesto para que Roman entre en la comunidad. Pero antes, una visita a la suicida le conduce a conocer a una amiga de esta (una jovencísima Isabelle Adjani) La visita termina con ambos en el cine metiéndose mano, mientras ven una película de Bruce Lee. A partir de que Roman se traslada al piso todo comienza a enrarecerse. Visiones de gente inmóvil en el baño comunitario, un diente detrás de un armario encajado y oculto en un agujero de la pared. Las constantes equivocaciones con el tabaco y el café... mil detalles. La película está llena de ellos. Casi cada secuencia es una pequeña película analizable por separado. La fotografía de Sven Nykvst muy contrastada, con muchas sombras muy del estilo de la que hizo para alguna de las películas de Bergman crean el ambiente perfecto para que se produzca la oscura evolución del personaje. Porque nos encontramos ante una película cuyo mérito está sobre todo en la evolución del personaje más que en una trama convencional. La cadencia de la película transcurre sin sobresaltos. Un ritmo lento y una atmósfera cada vez más asfixiante y opresiva acaban con la cordura del personaje. Las evidencias le hacen llegar a la conclusión de que todo lo que sucede es una confabulación vecinal para acabar con él. Polanski juega a la perfección y no se posiciona. Deja que sea el espectador quien decida si realmente es nuestro prota el que va perdiendo la cordura o son sus vecinos los que, siguiendo algún oscuro rito, tratan de volverle loco. La dirección es tan objetiva hasta tal punto, que si te identificas con Román, el espectador llega a las mismas conclusiones que el personaje (creo que es lo que pretende), pero si te tratas de poner en un punto de vista más distante te parece que Trelkovski realmente no tiene motivos más que los de su propia e inestable personalidad. Mediada la película el personaje siente tanta identificación con la anterior inquilina suicida, que ha dejado de ser él, para convertirse en ella. En una secuencia arriesgada de esas que o te consagran, o resultan tan ridículas que ya no te puedes creer nada más. Polanski pasa la prueba con eficacia y credibilidad. Incluso se permite el lujo de jugar con el humor. Un sentido del humor oscuro y masoquista que ya en sus cortos vimos que domina a la perfección. El desenlace es previsible, pero no por ello menos impactante. Sobre todo (y sin querer desentrañarlo) cuando no consigue su objetivo y repite la acción, en un nuevo malabarismo entre el dramatismo más masoquisa y el humor más irreverente.
Lo mejor, que es un personaje tan arriesgado, que es difícil conociendo el carácter de los actores de primera línea (siempre quieren interpretar héroes o personajes positivos) que ninguno se hubiese atrevido a interpretarlo. Lo que me hace pensar en la seguridad que tenía Polanski en su creación... o tal vez en su ego para arriesgarse con uno de esos personajes que crean un genio, o destruyen una carrera. Pero estos personajes oscuros tienen demasiado en común con el director para arrebatarle nada. Se diría que el polaco hizo un pacto con el diablo, le ha rendido culto en sus películas y este le ha cobrado el peaje con el asesinato de su mujer Sharon Tate por Charles Manson y su banda satánica y más tarde con la huida de Estados Unidos por unos cargos de abuso a una menor. A cambio le ha recompensado con una carrera que se estudia en las universidades... y recientemente con el inmerecido Oscar por “El pianista”

Como curiosidad, decir que las autoridades francesas querían presentar el largo al festival de Cannes y Polanski tuvo sólo ocho meses desde que se presentó el guión hasta que se estrenó en el festival. La película fue un fracaso de crítica y público... Quiero terminar el artículo como lo empecé, reiterándome volviendo a decir que el pequeño polaco (en realidad nacio él nacio en Francia), es un genio.

Víctor Gualda.

martes, 12 de junio de 2007

BLOOD FOR DRÁCULA

Recientemente se han editado en DVD cinco trabajos del binomio Paul Morrissey-Andy Warhol,este último como productor.Aquí cabe decir que el impacto de Warhol como mecenas ha sido bastante afortunado,pues intramuros de la Factory tuvieron cabida jóvenes artistas y le debemos que impulsara a la Velvet Underground.
La película que comentamos es una de la muchas versiones del personaje de Bram Stoker, que a su vez recogió el testigo de una tradición oral centroeuropea:el vampirismo.
Dráculas negros,cazavampiros,vampiras ninfómanas,condesas dráculas,nosferatus....Las variaciones sobre el tema han sido tremendas, en muchos casos con el único afán de explotar la sexualidad o la taquilla a costa de un personaje arraigado en nuestro inconsciente colectivo.
“Blood for Drácula” es una película atípica,pues recoge a nivel estructural todo lo que conlleva el personaje,pero da un giro de tuerca asombroso.
Es un drácula humano, más víctima que agresor,que ante el devenir de la historia ha de plegar la capa y aceptar que el mundo ha cambiado:es el paso del mito al logos.
El primer plano de la película ya lo muestra, pues Drácula se maquilla y tiñe el pelo ante el espejo.Como la célula al organismo, sintetiza todo el drama del filme y el personaje:la máscara y el reflejo.
El argumento es sencillo:el conde Drácula y su familia agonizan en su castillo.Se vé obligado a emigrar,coge sus enseres y marcha a Italia,donde supone que encontrará vírgenes de las que alimentarse,pues se trata de un país muy católico.
Sin desvelar la trama,decir que aquello que supone el mito de Drácula está ahí:la llegada del intruso,del caos que altera la estabilidad de la mojigata sociedad victoriana, una sexualidad inexplorada y extasiante, la inmortalidad y su condena, el héroe que conduce a la sociedad agredida a restablecer el orden...Dicho más sintéticamente, la lucha del bien contra la agresión del mal.
Paul Morrissey, con la ayuda de Tonino Guerra en el guión, le da la vuelta.
Como némesis de Drácula no tenemos a un hombre de ciencia (Van Helsing), sino a un malencarado Apolo (Joe D´Alessandro), un campesino que incomoda a Drácula no sólo por haber desvirgado a las chicas que se le ponen a tiro a éste,sino también por sus ideas socialistas,que repite entre polvo y polvo,augurando una nueva sociedad sin amos ni esclavos,pronosticando una revolución inminente,como la sucedida en Rusia poco antes que en el desarrollo de la trama.
Esta revolución más moral que social fulmina aquello del mito como creencia y dogma,dando lugar a un mito como expresión inconsciente de la naturaleza humana.
Y Drácula sufre, agoniza, se hace mortal, no puede consumar sus deseos,porque el mundo pertenece a un hombre nuevo,que ha roto con las cadenas de una moral desfasada y es el motor de la historia y los cambios de ésta.
Comentaros también que la película es impecable,pues a un guión estupendo y muy sólido añade unas interpretaciones magistrales,una puesta en escena y un trabajo de imagen mucho más acertado por parte de Morrissey que en sus otras películas.
Se rodó poco después de “Flesh for Frankestein”, también en Cinecittá, cuenta con un cameo genial de Polanski, y Vittorio de Sica (que encarna a un marqués venido a menos) muestra su gran vis cómica.
En resumen,una más que recomendable película,que pese a su tono en muchas ocasiones cómico no cae en el esperpento,con escenas de cama,momentos de tensión y terror y alguna escena memorable,como cuando el príncipe de las tinieblas se lanza por los restos de la sangre del himen de la pequeña Perla,desvirgada por Joe D´Alessandro para impedir su vampirización.


Zero en conducta