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martes, 22 de septiembre de 2009

MILLENIUM 1: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES

Uf, comenzar esta crítica sobre esta película basada en la trilogía de libros más celebrados de la década (con el permiso de los Harris Potteres, Códigos DaVincis, vampiros y demás fauna de Blockbusters literarios) para llevar la contraria a un peso pesado de la literatura como Vargas Llosa (El Pais) y a un pesado a secas como Ansón (El Cultural de El Mundo) no resulta fácil. Pero no puedo evitar primero sorprenderme y luego descojonarme al comprobar su entusiasmo calificando casi como obra maestra esta trilogía.sueca. Los libros, y la adaptación a la pantalla de la primera parte, tienen un punto a favor, eso no lo voy a negar. Resultan entretenidos, y miles de lectores/espectadores comparten el entusiasmo. No es poco en el siglo de las pantallas unipersonales, pero de ahí a subirla a los altares me parece que hay un salto cuantitativo y cualitativo importante. No entiendo porque Vargas Llosa dedica el primer párrafo de su artículo a justificarse, incluso lo reconoce al inicio del segundo con un -“A qué viene este preámbulo”- su peso es evidente, pero también él se puede equivocar, igual que él mismo dice que Donna Leon se equivoca por no gustarle, utilizando un –“¡Vaya disparate!”-

No nos volvamos locos llevados por el entusiasmo o por lo que digan los demás y sentémonos a reflexionar y a sacar conclusiones propias. La adaptación de Nicolas Arcell y Rasmus Heisterberg resulta bastante correcta y traslada las virtudes y los defectos casi a la perfección. Y digo casi, porque hay detalles que han sido convenientemente suprimidos, sirva como ejemplo ese superfluo ánimo de transgredir del Larsson formando un extraño triangulo consentido de Michael Blomkvist, su editora, y el marido de esta, que esta sencillamente suprimido posiblemente por miedo a que el espectador juzgue a un personaje al que tiene que apoyar incondicionalmente. Y claro, se trata de una adaptación y puede resultar intrascendente por no aportar nada a la trama. Pero tiene su importancia porque la base sobre la que se construye todo lo demás (la trama de la desaparición de Harriet Vanger) es cartón piedra, y es el desarrollo de los personajes, lo que sostienen el camelo (como se demuestra en la segunda y tercera entrega). Vargas Llosa habla de representantes sociales corruptos reflejos de la sociedad, olvidando que al fin y al cabo se trata de novelas de género que necesitan antagonistas oscuros contra los que luchar, y que cuanto mayor sea la entidad del enemigo, mayor el interés de la empresa.

Pero no hace mención de la plana, plana, plana personalidad de ese alter ego del escritor que es el periodista metido a detective, Blomkvist. Los personajes positivos, sin un solo defecto, moralmente intachables, sin asomo de duda, comprensivos, y luchadores no tienen cabida en una sociedad que tiende a rechazar. Todos desgraciadamente tenemos defectos, y desde el primer capítulo entendemos que este superhéroe llevará a buen puerto cualquier cosa que se proponga. Y eso, me resulta además de obvio, aburrido y mentira. Con esa personalidad, es difícil que el personaje de Lisbeth Salander (fantásticamente interpretada en la película por Noomi Rapace) no sea el que se come la novela, y en la segunda y tercera parte acapare el protagonismo. Salander es otro personaje de cartón piedra con la que es espectador/lector se identifica porque está dibujada imperfecta y con un oscuro pasado. Eso anima la curiosidad, pero no es suficiente para convertirla en una diosa intocable. Salander es otro cliche con recursos ilimitados, más inteligente que todos los demás personajes juntos, porque además de la mejor hacker del planeta, es la mejor boxeadora, la más persistente y la única “buena” que a pesar de transgredir el sistema, también es moralmente intachable. El espectador sabe inconscientemente que nada se le podrá resistir, y en ningún momento teme por su vida, es más, hasta cuando roba, lo hace a alguien que lo merece por corrupto.

En cuanto a la trama, no es más que una traslación "de barrio" de cualquier caso de Agatha Christie o Conan Doyle (o Dikens o Dumas si Vargas Llosa lo prefiere), a una desaparición de hace treinta años, y podemos decir que es entretenido, pero ni siquiera sorprende, menos en la película, que también evita en este punto la trasgresión moral del asesino, su padre, y sus costumbres sexuales. Sólo cabria resaltar la secuencia de la violación de Salander, que por supuesto está rodada a la americana, sin producir ese asco que trasmite imaginar la situación cuando la lees la primera parte de la trilogía. El resultado final de la película resulta naif y vacío. Lo bueno, es que al menos los protagonistas en la pantalla no son un actor de papel cuché, y cualquier lerda siliconada (bueno, en la segunda igual si, porque la propia trama impulse a la futura estrella) los protagonistas no son reconocibles y pensamos que asistimos a algo nuevo. A pesar de ello, la película y el libro son más de lo mismo que importamos del mercadeo USA.

Volviendo al tema que parece haber apasionado a Vargas Llosa, recordar como nació el género negro. La corrupción social de las instituciones, bancos, empresas, policía y demás, generan la desconfianza de la masa social produciendo una impresión de que cualquier vengador enmascarado o armado que luche contra/al margen del sistema merece un puesto en el imaginario colectivo (una vez más el individuo contra el sistema). Lo vimos hace poco en “Enemigos públicos” Dilinger es el último héroe romántico que transgrede el sistema, el héroe romántico antes que se restablezca el orden. Si todo es cíclico, las crisis bancarias, los constantes casos de corrupción política y económica, producen ahora el mismo efecto con el repunte del género, en el caso de esta trilogía centro de las tramas del segundo y tercer libro. Y es que la literatura y el cine, suelen tener que ver con las sensaciones sociales del momento, y si a eso añadimos un estilo directo y sencillo, la mitad del público ya está ganada. Lo que me resulta curiosa es la otra mitad. ¿por qué guardan silencio? No es una buena novela (sin entrar en las deficiencias técnicas), no es una buena película (correcta a nivel formal en todo caso). Yo no creo como algunos en las conspiraciones de encargo. Prefiero pensar que el reconocido escritor se ha dejado llevar por los recuerdos de su juventud y hace tiempo que no lo hacia… al final sólo el tiempo colocará a cada uno en su sitio. Seguro que Vargas Llosa sube al panteón de la historia de la literatura, lo que no tengo tan claro es que Stieg Larsson y su Millenium lo hagan.

Víctor Gualda.

martes, 15 de septiembre de 2009

LA SOMBRA DEL PODER

Nada que objetar a este thriller conspirativo al más puro estilo americano. Todo es correcto por no decir perfecto. Tan perfecto que mi chica a los quince minutos se levantó del sillón aburrida. ¿Por qué? Por la razón más obvia. Sabía perfectamente como iba a terminar. Dos horas después no pude hacer más que darle la razón. Puede que el espectador no pueda prever las vueltas que decidan dar los responsables para llegar al desenlace, pero el esquema es tan evidente que un no cinéfilo lo puede adivinar sin esforzarse. Tal vez su previsibilidad se deba a que está basado en una serie de televisión (de la BBC), o a que los actores no son los mejores posibles, pero esta película dirigida con buen pulso deja ver claros los andamios que la sostienen

El guión responde a la estructura clásica del género. Trama escrita de atrás adelante y personajes planos con pinceladas de personalidad pero sin profundizar. Por un lado aunque el protagonista absoluto está interpretado por Russell Crowe. Arquetipo del periodista de la vieja escuela, desastroso en lo privado, un fiera en lo profesional por encima de reglas convenciones y jefas histéricas. Como “compañía” femenina una joven inexperta pero ilusionada (la invisible pero constante Rachel McAdams) Por otro, el amigo de la universidad ambicioso que ha hecho carrera en la política llegando a ser congresista interpretado por Ben Affleck, y la mujer de este Robin Wright Penn como rubia peligrosa, completan un triangulo extraño de relaciones sexuales cruzadas poco explotadas. Por supuesto el ganador congresista Affleck se llevó a la chica. Nada de aprovechar la posible tensión sexual entre aprendiz y el maestro. Todos ellos metidos en una conspiración política con los típicos asesinatos extraños, la típica gran empresa (en este caso de seguridad privada), y el típico asesino de pago frío y calculador. En definitiva nada nuevo bajo el horizonte.

Tal vez lo más interesante de la película sea lo menos desarrollado. La confrontación entre el antiguo periodismo, y la información limitada y poco contrastada de escritores de blogs, pero con el poder de llevar la información y los rumores a cada rincón del mundo de manera inmediata. Crowe como buen profesional de la vieja escuela sirve de gurú a McAdams para que descubra el verdadero periodismo de investigación. Aunque sea sonsacando a veces con métodos poco ortodoxos la información. Siempre menos inmediatos, pero yendo a ese fondo de la noticia que muchas veces esconde una realidad de mucho más calado social. Esto es lo que lleva a la denuncia escondida en la trama. El poder que van acaparando las empresas de seguridad en Estados Unidos. Pequeños ejércitos de mercenarios que se van quedando con el negocio de la guerra fuera de las fronteras americanas. (TVE emitió en Documentos TV un fantástico reportaje/documental que no tiene desperdicio que habla de este negocio floreciente y lucrativo que os cuelgo para que lo veáis) Lo más increíble; que estos yanquis tiran la piedra y esconden la mano, y en vez de llevar la situación al extremo, deciden convertir el thriller en melodrama televisivo y dejar la denuncia en una mera anécdota (el giro final es una tomadura de pelo que trata de sorprender, y lo único que consigue es faltar el respeto al espectador). Una cagada de alto presupuesto, vamos.

En definitiva, que si, que Kevin Mcdonald tiene buen pulso a la hora de dirigir imprimiendo ritmo, suspense e incluso guiños de comedia. Que el guión de la serie de Paul Abbott está bien comprimido por Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy (que está hasta en la sopa) y Billy Ray, que los actores están perfectos en sus trajes, camisas de leñador o minifaldas… pero me extraña tanta buena crítica a esta película que en realidad es más de los mismo. Dentro de dos meses ya no estarás seguro de si la viste, o adivinaras lo que va a pasar en la próxima que veas del estilo.

Víctor Gualda.

viernes, 4 de septiembre de 2009

THE INTERNATIONAL

El cine de espionaje vuelve a estar de moda. Y Clive Owen es el hombre para este tipo de papeles. Si hace poco le vimos en "Duplicity", en "The Internacional" retoma el personaje. Solo que en este caso el tono del film es diferente. Dejando a un lado la comedia, es ahora un aguerrido agente de la Interpol, y se verá metido en un oscuro caso que le supera. También aquí contará con un peso pesado como partenaire, Naomi Watts, fantástica interprete con tendencia a cambiar de look para cada papel. Owen sin embargo es siempre Owen. Duro, incorruptible, moralmente irreprochable y con esa gabardina que le hace pasar de un papel a otro como si cada personaje fuera una continuación del anterior. Pero eso no es negativo, también Cary Grant y muchos otros grandes cambian de papel pero no de traje. La clave está en un guión sin fisuras, muy bien dirigido y una realización impecable.

Lo que en principio parece un argumento de novela negra de esas en las que te pierdes con los nombres de los personajes, está pulido para que el espectador entienda de qué va todo el tinglado. Aunque la presentación arranca con una secuencia extraña, con personajes a los que desconocemos conspirando sobre algún tema que nos resulta ajeno, y con un Owen desorientado y oscuro, inmediatamente el guionista Eric Warren Singer nos pone al corriente de que va la conspiración y del carácter del personaje. Nos desvela un oscuro pasado que despierta nuestra curiosidad, nos mete de lleno en la trama. Entendemos quién es el enemigo invisible. Una institución siempre es un enemigo apetecible, sea un banco, un gobierno, o una agencia federal, el espectador siempre se pondrá de parte del individuo. Pero una macroempresa es un enemigo sin rostro, y como en aquella película que comentamos hace poco “A quemarropa”, el enemigo debe volverse tangible por medio del individuo (las instituciones también necesitan rostros) y ese rostro será el antagonista último… pero antes, hay que pasar por el peaje de las clases medias: asesinos a sueldo, matones despersonalizados con semiautomáticas y demás, comandados por el “consultor” profesional interpretado por Brian F. O´Byrne.

Una secuencia en el Guggenheim de Nueva York será el atrezzo para la acción que necesita una película de estas características. Los americanos tienen tendencia a provocar destrozos devastadores, y por qué no, el teutón Tykwer ha debido pensar que el arte engrandece la violencia. Pronto la trama se divide en tres. Y con la duda moral que se establece en la mejor secuencia de personajes, entre el viejo y antiguo coronel de la Stazi (Armi Mueller-Stahl) y Owen en la que se ponen sobre la mesa los términos amorales de cualquier acción. Owen decide cruzar la línea (ojo, es el sustento teórico del film, y lo mejor trabajado). Y es que para luchar en igualdad de condiciones contra una corporación, hay que equilibrar las fuerzas. El rudo y atractivo detective (cuanto más desaliñado más encanto tiene el personaje) decide cruzar la línea, y el planteamiento moral del personaje cambia. La experiencia es un grado en los servicios secretos, y en la vida. Las reglas las imponen las mismas instituciones para jugar con ventaja, así que el mcguffin de trafico de armas (increíblemente sencillo por bien explicado) pronto tendrá solución momentánea. Pero queda el individuo. El malo estereotipo necesario debe sufrir el castigo por sus actos, y si el coronel ha expiado sus pecados conscientemente, sólo Owen podrá redimir los del “malo”. Pero si su firmeza flaquea (no es tan fácil saltarse los propios principios), otra organización que el espectador conoce (curiosa la relación inconsciente del espectador –mafioso/italiano- por su falta de escrúpulos) se encargará de poner la bala. Así todos contentos.

La película resulta al final una crítica al sistema. A los intereses deshumanizados de los bancos para crear guerras, intervenir en el tráfico de armas. Fantástica la explicación no carente de lógica que relaciona armas con deuda, bajo la fina batuta de un Tom Tykwer que se pasa al thriller conspirativo y que ya ha dado muestras de su buen pulso narrativo y visual como director y que siempre encuentra soluciones visuales a la narración (“La princesa y el guerrero", "Corre Lola corre" o "El perfume"). Hay que felicitar al equipo por resucitar dignamente este género tan difícil, pero necesario. Peliculón que sin compartir los honores de otros estrenos, está muy por encima de créditos que lo avalen.

Víctor Gualda.

miércoles, 19 de agosto de 2009

EL REY DE LA MONTAÑA

El mes de agosto tiene la peculiaridad de que las distribuidoras también se van de vacaciones. Esto da la oportunidad de ver producciones que por falta de tiempo no verías el resto del año. Lo bueno es que es posible encontrar títulos que habían pasado desapercibidos por la voraz competencia de las producciones “grandes” (de presupuesto, que no de calidad) Uno de estos curiosos casos es “El rey de la montaña”. Una producción española, más que interesante, que me ha impactado porque no me esperaba nada de ella.

Lo primero que hay que advertir al espectador es que la película se mantiene en una delgada línea de verosimilitud y esto siempre es un condicionante. Si el espectador no se deja llevar por la situación acabará pensando que el director le ha tomado el pelo, pero si acepta los hechos que se plantean y los disfruta, le resultará una película entretenida e incluso en algunos puntos bastante original.

Una vez saltado el escollo de la verosimilitud, nos encontramos con un thriller de andar por casa. Un protagonista Quim (Sbaraglia) que por las casualidades de la vida se cruza con Bea (Valverde) en una gasolinera perdida en mitad de la nada. Lo que en guión se llamaría un incidente incitador, que nada tiene que ver con lo que sucederá más adelante, pero que hará que la historia avance, y ya tenemos a nuestros protagonistas huyendo de un enemigo invisible. A partir de este momento y durante cuarenta minutos se iniciará una huida cargada de tensión y suspense. Al más puro estilo yanqui, nuestros protagonista escapan de un enemigo invisible que trata de darles caza. Nuevos personajes que se cruzan en el camino y que aumentan la tensión. Por supuesto, el guionista y director Gonzalo López-Gallego, controla los tempos de la película para que el espectador coja aire, dejando ver de paso que tiene oficio. Aquí llega el principal problema desde mi punto de vista. En vez de volver a arrancar con igual intensidad, hace un amago para volver a parar. Tal vez este justificado por el giro entre maestro y complicado que va a revolucionar la película, pero ha ralentizado innecesariamente la tensión para luego cortarla con el giro definitivo. Un triple giro que no está del todo bien administrado por el director. Hay demasiados cambios interesantes en apenas unos minutos Es entonces cuando toma el camino más difícil. Desaprovecha todo lo que dejará pegado al espectador al sillón. Cambia el punto de vista principal con una sorpresa que le puede desconectar definitivamente, pero que reconozco que es de lo mejor que he visto últimamente. Nos muestra que todo es un juego que se puede interpretar como un sencillo thriller, o como algo más; una película con un trasfondo de crítica social a la violencia sin tratar de moralizar y que invita a la reflexión… pero eso será luego. Primero falta el desenlace, que ya no sorprende, pero que tanto visualmente como a nivel de tono recupera la intensidad que había dejado de lado con la sorpresa.

Una agradable descubrimiento el de Gonzalo López-Gallego que sin apenas presupuesto y con elementos mínimos consigue cuajar un gran trabajo que me hace esperar su próxima película mientras trato de recuperar las anteriores, porque creo que tiene talento y a estas alturas soltura con el lenguaje tanto sobre el papel como visualmente (además de guionista y director es montador) aunque en este caso recomiendo “El rey de la montaña” con cautela. Parece que ya hemos visto esta película mil veces, incluso en nuestra cinematografía recientemente en “Bosque de Sombras”, pero el cambio a lo Chico Ibáñez Serrador (cuando la vean lo entenderán) y su obra maestra, es notoria y original. Ademas tengo que felicitar al director de fotografía Jose David Montero por una estética acertada y a un Sbaraglia al nivel que no había visto en España desde “Intacto”. También a María Valverde, aunque no esté en alguna secuencia al nivel. Pero en general, una película bien construida que hace buena una de las máximas del guión. Hay que conocer bien las reglas para luego olvidarlas.

Víctor Gualda.

jueves, 6 de agosto de 2009

DUPLICITY

El cine americano se ciñe a recetas utilizadas una y mil veces tratando de arriesgar lo mínimo. Un par de buenos actores de rostro reconocible y presumible solvencia, un director con una última película potente (“Michael Clayton” en el caso de Tony Gilroy) y a esperar que suene la flauta. Desgraciadamente la flauta suena pocas veces, y la mayoría de las películas pasarían completamente desapercibidas si no estuvieran apoyadas por presupuestos desorbitados en publicidad. La clave del "fracaso" está en vender productos de masa y no en buscar nuevas formas de conectar con el publico, con lo cual siempre tienes la impresión de estar viendo la misma película con diferentes actores

Eso es lo que sucede con esta presunta cinta de espionaje con cierto tono de comedia en la que tan bien se maneja Julia Roberts. Si a ella añadimos la presencia del siempre solvente Clive Owen, que se crece ante la presencia de actores consagrados como los fantásticos Tom Wilkinson y un Paul Giamatti, en esta ocasión un tanto fuera del tono que tan buen resultado le ha dado en anteriores metrajes, nos queda una película descafeinada, entretenida por la química de sus protagonistas, el ritmo de los diálogos, y poco más.

Tal vez sus defectos más acusados pasen por veinte minutos de sobra, y demasiadas vueltas temporales que reiteran una y otra vez el punto de giro principal de la película. Esta claro que el espectador tiene que comprender que está pasando, porque la repetición de dos secuencias exactamente iguales en Roma y Nueva York despistan al más espabilado, pero de ahí a dos más explicativas hacia el final del metraje, sólo consiguen ralentizar el desenlace. Por otra parte, el espionaje entre empresas no conserva el interés del espionaje a la vieja usanza. Los secretos de estado para salvar a la humanidad suelen tener más tirón que los de las formulas para cremas o lociones, aunque en este punto hay que apuntar que puede servir como reflejo perfecto de la época que nos ha tocado vivir, en las que las corporaciones son tan fuertes como los estados. Tal vez hubiese sido buena idea ocultar el mcguffin con el que el también guionista Gilroy juega a lo largo de tres cuartos del metraje. No utiliza el suspense, pero la película pierde enteros al descubrir la causa de tanta ida y venida, más después de que a pesar del tono de comedia todo el interés de la película sea una chorrada tan grande.

Aun así, me quedo con la buena química de la pareja siempre en conflicto a pesar de estar predestinados, que en sus “mano a mano” consiguen elevar el ritmo y crear una maravillosa tensión romántica. Curioso me resulta el desenlace. Hollywood nos ha enseñado a esperar finales felices para nuestros protagonistas más intrépidos. Tenemos a dos ex agentes de la CIA y el MI6, así que esperamos que sean los más listos. En vez de eso, el director nos pega una patada en la boca del estomago en un epílogo que deja tan mal sabor de boca, que nos viene a decir que las empresas siempre serán más listas que el individuo (un poco al contrario de “Michael Clayton”. No hay nada que le guste más a un espectador que un par de guapos protagonistas consigan burlar al sistema, ya sea un banco, el estado o una multinacional, pero ni siquiera nos deja la opción de pensar que lo volverán a intentar, sino más bien un regustillo amargo en un plano largo e innecesario que empieza a ser "marca de la casa" del director.

Víctor Gualda.

miércoles, 29 de julio de 2009

A QUEMARROPA


Merece la pena revisitar el clásico de John Boorman para comprobar la evolución del cine de acción antes de los setenta. Lo curioso es comprobar que aunque todavía el lenguaje es un tanto artificial y más emparentado con el cine clásico de género, Boorman introduce nuevos elementos muy cercanos al cine europeo y en concreto al “film noir.

Walter (Lee Marvin) es un ladrón que es engañado por su mejor amigo y su mujer tras cometer un robo a otros ladrones. El lugar; la mítica prisión de Alcatraz ya abandonada. Símbolo presente a lo largo de todo el metraje, la película comienza y termina entre las sombras de sus rejas. Será el lugar elegido para la traición. Flash-backs cortantes con mucha presencia del sonido más que del diálogo. Un Walker malherido y con un fantástico juego de acciones paralelas mezclado con un guía que explica en off la historia de las fugas de la prisión. Entendemos que Walker es tipo duro que ha conseguido sobrevivir a los disparos y las aguas sólo para disfrutar de la venganza.

“A quemarropa” es sobre todo un western centrado en el tema clásico de la venganza del personaje (fantásticos los angustiosos flash-backs que atormentan al personaje y que parecen salir desordenados de su cabeza) que hasta utiliza el formato Panavision, pero con la peculiaridad de que la estructura se rompe casi en el primer giro dramático. La mejor forma de encontrar su dinero es que sea su propia mujer quien le conduzca a su antiguo amigo y socio. Este sería el fin último de cualquier película, pero Boorman rompe las reglas para introducir un personaje ambiguo que es “La organización” (al final la suma de nuevos individuos que bajo el amparo de la empresa no toman conciencia ni responsabilidad de sus actos delictivos), y que se convertirá en el antagonista. Esto le resta emoción al argumento. Una vez que se ha saltado a su ex esposa y al traidor, no hay involucración emocional por parte del espectador, ya que el clímax se encuentra con ellos (en una fantástica secuencia en el ático por cierto) pero las escenas de acción continuaran hasta que Walker recupere sus noventa y tres de los grandes. Supongo que esta situación será la prolongación de la novela de Richard Stark (seudónimo de Donald E. Westlake)

Si un espectador medio suele recordar un par de secuencias de las películas, “A quemarropa” tiene un buen puñado de escenas fantásticas que luego han sido imitadas hasta la saciedad. Maravillosa la secuencia en la que Walker se cuela en el ático. Fantástica la secuencia del vendedor de coches, la del tirador, y el desenlace de Alcatraz. Eso si, dramáticamente no tiene igual, ni siquiera en la actualidad, aquella en la que el amigo le convence para le ayude en el robo. La situación surrealista de ambos en el suelo rodeados de piernas crea un desasosiego y tiene un punto surrealista que sólo imagino a Tarantino siendo capaz de reinventar. Y es que Boorman (igual que Tarantino) deja ver su gusto por el cine negro francés de manera clara en este homenaje con los elementos de la venganza, la amistad y la traición como sustento de una trama desigual, en la que un Lee Marvin entre duro y tierno, se deja acompañar por la fantástica Angie Dickinson.

La maravillosa utilización de los zooms ahora tan anticuados, combinados con travellings lentos, el montaje cortado y desigual que cambia el ritmo externo, el sonido con un inusual protagonismo, los flash-backs machacones, un sugerido expresionismo en las secuencias de la cárcel, los diálogos directos y poco explicativos, y un ritmo desigual que parecen pertenecer a otro género, incluso toques de humor encubiertos, son algunas de las características de este clásico de acción en el que la cámara todavía permanece alejada del personaje para mostrarlo todo, pero que invita a cualquier cinéfilo a revisar el género que tal vez más haya cambiado con el paso de las décadas.

Víctor Gualda.

P.D.- A partir de la primera semana de agosto la Devedeteca contará con "A quemarropa".

martes, 28 de abril de 2009

LA DESCONOCIDA

A nadie se le escapa la importancia de los títulos para definir el tono de una película. Y aunque es fácil relacionar a Tornatore con su homenaje amable al séptimo arte de “Cinema Paradiso”, al director italiano le gusta tocar diferentes palos. En este caso se atreve con un drama envuelto en thriller, y tengo que reconocer que después de seis años de espera desde su anterior “Malena”, el resultado es más que aceptable.

Como decía, el crédito que da título al metraje, cobra especial protagonismo. Toda la película está planteada como una especie de larga presentación del personaje principal. Para el espectador, Irena (Xenia Rappoport) es una desconocida de la que va descubriendo parcelas limitadas de su vida. Vemos que está recién llegada a la ciudad; Que le interesa vivir en una zona determinada; Que tiene una gran cantidad de dinero en efectivo, pero aun así quiere trabajar haciendo como limpiadora en un piso concreto. Piso en el que vive una familia acomodada con su hija.

El fantástico guión, firmado por el propio director, va dando detalles lentamente y generando la curiosidad del espectador que probablemente juegue a adivinar cuales son los verdaderos intereses de la protagonista. Unos flash-backs espaciados, con un estilo de fotografía rodaje y planificación diferentes, nos hablan de un pasado difícil, desarrollado en una trama paralela. La subtrama no está colocada de manera descuidada, también nos aporta pistas de sus intereses presentes. Nos presenta además a un antagonista que en el tercer tramo de película absorberá todo el conflicto, uniendo el pasado que representan los flash-backs y el presente, además de descubrirnos los motivos de nuestra protagonista. De esta forma entendemos el conflicto moral al que se ha enfrentado Irena a lo largo de todo el metraje.

Es tal vez este tercer bloque el que resulta más efectista, aunque algo precipitado, al girar radicalmente al thriler y dejar casi de trasfondo el drama, con algunas elipsis que tal vez den ritmo, pero que recortan el interés. El mayor problema de la cinta, se encuentra en un descubrimiento anticlímatico innecesario (¿será el pago moral necesario por sus actos? ya que el personaje lleva ese peso, sugerido por sus visitas a la antigua criada), que el director trata de compensar en un epílogo forzado y bajo mi punto de vista poco creíble, sólo con el fin de dejar un final positivo.

Tal vez haya espectadores que no aprecien el interés de la película por razones tan banales como el ritmo, acostumbrados al cine de género americano. Pero Tornatore es un director con muchas tablas, y tanto el tono, el ritmo, la mezcla de géneros, el suspense y la sorpresa (al más puro estilo Hitchcock) están llevados con una coherencia que se acomodan al estilo europeo, y aunque no haya sido una película especialmente taquillera en nuestro país, hay que rendirse ante el buen quehacer de este director lastrado por el éxito mundial de su oscarizada segunda película.

Víctor Gualda

martes, 10 de marzo de 2009

TRANSSIBERIAN

Esta coproducción, además de tener un reparto internacional, tiene la peculiaridad de parecer una producción más potente de lo que es (en realidad “sólo” 15 millones de dólares, que es un presupuesto reducido para Hollywood). Hay que tener en cuenta que tres cuartas partes del metraje están rodadas en los decorados del supuesto transiberiano. Con lo cual la sensación de opresión y de constante movilidad está asegurada. Otra cuestión es la eficacia con la que está conducida la trama.

El director Brad Anderson, de solvencia suficiente para crear atmósferas opresivas, ya lo comprobamos en su anterior “El maquinista” (otra pequeña producción disfrazada, y sustentada por la fantástica interpretación de Cristian Bale). Como decía, Anderson tiene la capacidad de introducirnos en un submundo cerrado en el que el suspense está garantizado por la ambigüedad de los personajes y lo cerrado del decorado.

Resulta curioso que esta pareja de americanos de clase media, un Roy (Woody Harrelson) ferretero del que se nos muestra su lado moral marcado por la religión, del que habría mucho que hablar por el lado ortodoxo muy marcado del personaje, pero que esconde una ambigüedad moral paradójica (muy bien mostrado en apenas dos secuencias) y su misteriosa mujer Jessie (Emily Mortimer) que desde el principio entendemos que tiene oscuros secretos que esconder, viajan casi como redención, para cruzarse en el tren con otra curiosa pareja formada por un español (Eduardo Noriega) que resulta inquietante por su manera de mirar y sus palabras llenas de ambigüedad y Kate Mara, una chica que parece que constantemente tiene miedo y esconde algo. Toda la primera parte el director, que ya digo consigue una atmósfera opresiva, y el guión que juega al misterio, nos llevan a un punto de una situación tensa. Pero como las matriuscas que trasporta Noriega, la trama esconde nuevas situaciones que no eran la prevista.

Se muestran así las parejas al tiempo que la trama y con un interés creciente avanzamos hacia el primer tramo de estación. Es curioso que el director ha escogido que el desenlace de este primer acto, que casi funciona como un clímax definitivo, se desarrolle lejos del tren. Pero es que al abrir la primera matriusca, la trama se reconduce hacia otro misterio. Es en este punto cuando entra en el juego de misterios y suspense el personaje policía de Ben Kinsley, que aunque ya había sido presentado en el arranque (de otra manera hubiese resultado forzado, mientras que así se amplia la incertidumbre de que papel jugará en la historia), no tiene ninguna función hasta que desaparece el anterior antagonista. Noriega.

A partir de este momento, y con la información que sólo posee el personaje de Emily Mortimer y por ende el espectador, el director utiliza al más puro estilo Hitchcock la tensión y el suspense de manera magistral. Sufrimos por la protagonista que lleva el punto de vista principal. Pero además el guión está preparándonos otra sorpresa que precipitara el segundo acto de este texto que se desliza como una anguila por los recovecos que le cede la ambigüedad de la situación. Bajo mi punto de vista, el desenlace demasiado forzado en el que por fin adquiere algún protagonismo el personaje poco creíble de Woody Harrelson y que trata inútilmente de robar plano a la verdadera “heroína” con la que difícilmente se podrá identificar el espectador (una protagonista mentirosa y manipuladora). Es entonces cuando el desenlace del film vuelve a jugar de nuevo con los mismos elementos del primer acto, por lo que la sorpresa es menor. Nada es lo que parece, el desenlace necesariamente será fuera del tren, y se ha añadido (por no decir parcheado) una escena de acción, que lo único que consigue es restarle la credibilidad que se ha ido ganado giro tras giro la antipática protagonista.

Es en este punto donde se ve que el director ingles tenía una capacidad de la que no disponen sus imitadores. Este tipo de finales pueden dejar satisfecho a un público poco exigente, o a un productor que busque números en el público, pero es necesario ser coherente con el desarrollo de un personaje y la trama, y no conformista con un plano final en el que todo se reordena como concesión a cambio del daño provocado (un daño insalvable además) lo que se desordenó en el primer tramo del metraje. Si el caos se ha adueñado de la vida de los protagonistas, ya nada debería de poder volver al origen sin más (tanto para la pareja como para Abby), y menos como concesión a un público que se olvidará de una película interesante por un final facilón.

Son Eduardo Noriega primero y Ben kinsley, como interesantes antagonistas, los que sustentan una producción en la que se ha elegido mal a la única protagonista que no cambia su mirada de susto en todo el metraje.

Víctor Gualda.

viernes, 13 de junio de 2008

LA HABITACION DE FERMAT

Otra película española interesante pero.... Y es que a pesar de que la idea original de encerrar a varios personajes en un espacio limitado, tiene un inicio que promete tensión a costa de ejercicios mentales, esta se va diluyendo con el paso de los minutos.

El arranque es la típica presentación chorra y poco original. Alejo Sauras es un brillante estudiante que plantea a unas compañeras, y por ende al espectador, una cuestión matemática básica pero pretenciosa. Intención infantil del personaje: ligar. Intención de los guionistas y directores Rodrigo Sopeña y Luis Piedrahita: presentárnoslo como un atractivo e inteligente joven que ha hecho un descubrimiento que cambiará el mundo de las matemáticas.

Siguiente presentación con intención: La del actor de moda del momento Lluís Homar. En este caso, nos dan pistas del personaje y de la trama que vamos a desarrollar durante la próxima hora y media. Ya empezamos haciendo trampas. El personaje de Homar lee una invitación que dice haber recibido para una reunión de matemáticos. Plantea un enigma que tiene que resolver si quiere participar, y enlace al tercer protagonista en cuestión. Santi Millán. Un inventor que se desespera ante la incapacidad para resolver el mismo enigma. De manera un tanto efectista, que deja ver el cartón del guión, por una casualidad, consigue resolverlo. Ahora los tres ya están camino del lugar de reunión. Más claves del juego y encuentro de los protagonistas frente a un pantano. El primero en llegar, Millán. La segunda, nuestra protagonista femenina, Elena Ballesteros. Presentación de su presunta inteligencia en la barca “Pitágoras” que cruza el lago que lleva al infierno (¿dónde está el cancerbero del lago Estigio?). Homar plantea el primer acertijo, que en realidad sirve de antecedente claro. Otra secuencia instrumental con una PDA (creo que se llama) que no hubiese tenido sentido de no ser por la función del aparato en el futuro, y ya estamos en faena.

La llegada a un silo o gran almacén, y de ahí a un decorado de teleserie tipo Globomedia, nos pone al día de que todos han/ hemos (aunque los guionistas se olviden) sido reunidos por un tal Fermat para resolver un gran enigma. Llegada del personaje interpretado por el siempre grande Federico Luppi. Presunta huida del personaje y todos encerrados en la habitación. Veinte minutos de metraje. Comienza la película. Como el planteamiento ha sido rápido, la verdadera intención de la reunión no se hace esperar. El decorado tiene pinta de decorado porque lo es. Está rodeado por prensas hidráulicas que van encogiendo las paredes si no consiguen resolver pequeños enigmas o desafíos a la inteligencia.... Que no se me olvide; antes de la "huida" de Luppi, hemos asistido a otra secuencia que nos sirve de antecedente al plantearse la duda ¿Qué prefieres ser invisible, o poder volar? Las respuestas van a definir a los personajes y nos van a dar las claves para que cuando llegue el desenlace el espectador diga algo así como –“Ah, claro, por eso tenían aquella conversación al principio de la peli...” –. A partir de esta rápida acumulación de acontecimientos e información que no satura al espectador, pero si alimenta su curiosidad, comienzan los dilemas. En fin, más bien parecen problemas de lógica del “Brain Logic” que grandes cuestiones matemáticas: Los caramelos en las tres cajas, el acertijo de la bombilla, el enigma del reloj de arena, o el plagiado de “Dentro del laberinto” de las puertas. Son todas pruebas que el espectador trata de resolver en su cabeza, pero que no suponen progresión en la trama. La tensión de la habitación que se va haciendo más pequeña, se despista cuando los guionistas han querido dar las explicaciones de los porques. A los treinta y siete minutos descubrimos el primer dato de la mano de Santi Millan. Se señala como culpable a Fermat, aquel que se planteaba como anfitrión y que abandonó la habitación por una llamada al móvil. Los directores vuelven a mentir al espectador con un cambio de punto de vista interesado en una gasolinera con Fermat-Luppi creando la duda de cómo es realmente el personaje. Mientras, en la casa se presentan nuevas expectativas entre los personajes. Y ahora si, las relaciones entre ellos previas al encuentro. De aquí, a la resolución de los porques y del quien, el juego entre las medias verdades y el tamaño de la habitación en proporción. No quiero extenderme en desmenuzar el guión minuto a minuto...

Esto nos lleva a otro problema. Como en un guión televisivo, Sopeña y Piedrahita no se guardan nada para el final. Para que todo encaje comienzan a resolver por orden de importancia todas las situaciones expuestas. E igual que se han ido planteando, con el mismo ritmo, se van resolviendo. ¿Qué le queda al espectador? Nada. Porque es evidente que en realidad esa pretendida tensión no es tal (eso sin contar con la falta de credibilidad en varios momentos que saca al espectador de la peli). Porque todo es tan ordenado que sabes que van a acabar saliendo de la habitación. Es decir que los meritos del guión, son paradójicamente sus deméritos. Y es una pena, porque la película es correcta de principio a fin, destacando la buena interpretación de Millán, Homar y Luppi. Pero ni el montaje (fallido en las secuencias paralelas con Luppi y algo lento en el ritmo general), ni la música (muy cool, pero poco tensa), y una estructura demasiado armada, con algunas casualidades que la corrompen, consiguen “emocionar”. Ese elemento tan necesario para que el espectador salga con la impresión de que ha vivido la gran aventura de los personajes... A pesar de todo, quiero felicitar a los directores y al productor por el riesgo que siempre supone dirigir y producir una película de estas características en nuestro país.

Víctor Gualda.

martes, 10 de junio de 2008

GONE BABY GONE

Esta bien, lo reconozco, es una gran película aunque en algunos momentos roce el melodrama televisivo. Y es que volvemos a los prejuicios. Si Ben Affleck no es precisamente el mejor actor, parece que no ha perdido el tiempo y ha aprendido de sus mayores a la hora de dirigir. Además, quién mejor que su hermano al que ya habíamos visto en “El asesinato de Jasse James por...” para interpretar a su detective de barrio.

Lo primero que hay que mencionar es que la película está basada en un texto de Dennis Lehane, al que en España conocemos por ser el escritor de la novela en la que se basó Eastwood para su mejor película como director “Mistic River”. El caso es que el tal Lehane tiene una serie de novelas con los detectives Patrick Kenzie y Angie Genaro como protagonistas. La cuarta entrega de la serie, es en la que está basada la película “Gone baby Gone”-“Adiós pequeña adiós” (“Desapareció una noche”, RBA editores) Pero follones de títulos aparte...

La película sigue los consejos del manual arquetípico del guionista al empezar en plena acción. Nada de andarse con rodeos. Hay mucho que contar y poco tiempo para hacerlo. Una niña ha sido secuestrada. Patrick Kenzie y Angie Genaro son detectives privados y son contratados por el tío de la niña para encontrarla. Como en una matriuska, conocemos al tiempo que los protagonistas (el punto de vista principal está con Patrick-Casey todo el tiempo) que nada es lo que parece, y que basta con rascar, para ver que hay mucho que esconder bajo la superficie. En veinte minutos conocemos a todos los personajes principales: la madre, los dos policías veteranos que sirven de enlace con el cuerpo (Ed Harris y John Aston) y al sargento veterano Morgan Freeman. Sabemos que la niña no se ha criado en el mejor ambiente posible. Affleck nos vuelve a mostrar que sigue siendo un chico del barrio (igual que en “El indomable Will Hunting”) que conoce bien como se mueve la realidad social a pequeña escala. Los camellos, los yonkies, todos los desheredados que en realidad también forman el tejido social de cualquier barrio obrero. Casey-Patrick se ha criado allí, y se va a mover como pez en el agua. Tirar de la madeja le lleva a un camello con ínfulas de grandeza. La excusa parece ser drogas y pasta, problemas en los que está metida la madre de la desaparecida. Paralelamente nos muestra a los socios involuntarios de esta, un par de viejos yonkies y un pederasta, desaparecidos del mapa coincidiendo con el secuestro de la niña. Todo parece preparado para la resolución en menos de cincuenta minutos, e involuntariamente miro el Time Code del DVD para ver como es posible. Todavía falta la mitad de la película, y el punto de giro principal está a punto de producirse. No puede ser. Inmediatamente pienso en “Psicosis” o “Vestida para matar” con ese giro que reconduce la historia... Sorpresa, el punto de giro está, pero no es como lo esperaba. La excusa de la búsqueda de la niña se desvanece ante mis ojos y no entiendo dónde me quiere llevar el guión. Pausa para que el espectador coja aire y el personaje también, subtrama que reconduce la trama principal, y ya estamos otra vez en la película.

La nueva desaparición de otro niño (cambiando el conflicto de arranque), y la ayuda un tanto forzada de un camello colega, nos lleva a que en breve todos los cabos sueltos que se quedaron en el anterior giro estén a punto de resolverse. Nuevo desenlace... Esto es un tiovivo. Parece que la cosa tiene ahora más sentido y que todo cobra forma. Hay una excusa, los personajes están relacionados, y aunque el secuestro y asesinato de la niña (que quedo un tanto difuminado) y el asesinato del posterior niño (que vimos en pantalla) son difíciles de justificar. Todo encaja. Pero el reflexivo personaje interpretado por Affleck no es un tipo conformista, y necesita como extensión del espectador que no falte ninguna pieza en el puzzle. Joder otra sorpresa que no viene a cuento; ese atraco al bar en el que Affleck está con el tío de la niña para pedir explicaciones, encaja porque entra dentro de la credibilidad de la línea narrativa que hemos seguido. A estás alturas el espectador, que gracias al guión de Affleck y Aarón Stockard siempre está un paso por detrás del protagonista, pero que va descubriendo casi a la par que él todos los entresijos, está completamente metido en la película y se deja sorprender con la siguiente secuencia “castigo” consecuencia directa de la acción-reacción. Ya no te sorprendes. Todo podía haber terminado en este punto, pero no. Aun queda la sorpresa final. La que plantea una decisión moral para el protagonista y para el espectador. Parece que el director le esté preguntando directamente al espectador qué haría él en una situación parecida. Pero nuestro protagonista tiene claro cual es su decisión. Más cuando para meter mayor tensión dramática posiciona a los que le rodean en contra a la decisión que él considera que debe tomar. Su rectitud moral ya ha sido salvaguardada con precedentes para que entendamos y justifiquemos al personaje, así que el epílogo no puede ser distinto del que es. Aunque nosotros como espectadores deseemos que lo sea para que todo salga redondo, que tengamos un final feliz completo... pero el director, (una vez más inteligentemente) no está dispuesto a hacer concesiones.

“Gone baby gone” es una gran película, de la que me gustaría destacar el buen pulso en el ritmo, en la interpretación, y por supuesto en el guión, que ha pasado medio desapercibida por la desaparición de la mediática niña blanca caucásica Madeleine en Portugal que ha dado la vuelta al mundo. Esto hizo retrasar su estreno. En nuestro país no han tenido claro si utilizar el título original o el traducido “Adiós pequeña adiós”, pero lo que es indudable es que mi resistencia durante meses a ver la película no eran más que prejuicios. Aplaudo al señor Ben Affleck, porque a pesar de ser un mal actor, si no se tuerce, tiene un brillante futuro como director.

Víctor Gualda.

viernes, 23 de mayo de 2008

LOS CRIMENES DE OXFORD

Aséptica. Esta creo que es la palabra que mejor define esta película. No lo digo con connotaciones negativas ni mucho menos... pero tampoco positivas. El simple hecho de poder hacer cine en nuestro país ya me parece un milagro, y Alex de la Iglesia es un gran director que se involucra en todos sus trabajos. El caso de “Los crímenes...” no puede ser la excepción, por mucho que se aleje del estilo personal que tienen sus anteriores películas. Y paradójicamente ese tal vez sea el mayor problema de la que nos ocupa, que es una película limpia y correcta, pero sin rastro de la personalidad del director. Probablemente esté equivocado, pero me da la impresión de que esta es una película de encargo para hacer caja.

En cuanto al guión, es una perfecta adaptación de la novela de Guillermo Martínez por el guionista habitual de Alex, Jorge Guerricaechevarria y el propio director. Una enrevesada trama de asesinatos y códigos secretos muy al estilo americano. Presentación de los personajes y planteamiento de la trama en los primeros veinte minutos de película. Desarrollo de la trama, subtramas paralelas que enriquecen la principal y posibles culpables en la segunda. Resolución a la hora y media justa, y epílogo aclaratorio con sorpresa final. Todo ello con dos actores de peso como son John Hurt y Elijah Wood. Todo demasiado milimétrico. Casi podría dar por concluida en este punto mi visión de la película... pero antes, me gustaría comentar varios detalles.

En primer lugar, no creo equivocarme al decir que las sombras de Patricia Highsmith y su obsesión por el crimen perfecto, y los dos protagonistas-antagonistas masculinos (que aquí sólo llegan a ser antagonistas en dos secuencias) y sobre todo del maestro Hitchcock a nivel técnico, planean sobre todo el metraje (imagino que primero sobre el libro). Incluso en la fantástica planificación del director. Me encantó la secuencia anterior al primer asesinato, en la que la cámara en un casi plano secuencia (esta cortado a la entrada y salida de la librería) dirige la atención a las acciones de los personajes en una perfecta coreografía y va cambiando el punto de vista para seguir a unos y otros aleatoriamente hasta llegar a la casa de la asesinada. Como digo, me gustó a nivel técnico, aunque resulte tramposa en cuanto a guión. También me encantó el detalle del contraplano contrapicado con un leve travelling cámara en mano hacia Elijah después de hablar con la hija de la primera víctima, cuando ella le dice que le ha involucrado en el crimen en un diálogo lleno de cinismo... y me gusta por la inestabilidad que genera en el protagonista (lastima que lo insinúen, pero no lo utilicen como falso culpable).

Pero aparte de estos dos momentos de cine técnico en estado puro, la película que comienza muy bien con el primer asesinato, tiende a perder interés y ritmo a partir de aquí. La aparición en escena a los cuarenta minutos de Leonor Wathling, que a priori debería dinamizar la trama y crear conflicto entre los protagonistas, se queda en un par de secuencias en las que la atención se fija más en el cuerpo de la actriz que en la trama. Hitchcock lo explicaba claramente en sus conversaciones con Truffaut. Prefería una institutriz en la que el sexo estuviese implícito que una en la que el sexo fuese evidente y distrajese la atención de la historia. Además de estar poco explotada la confrontación entre los protagonistas, también lo está la implicación de la enfermera en la trama. Ella misma se señala como posible sospechosa, cuando es más que evidente que no lo es. Con lo cual, al final el personaje se queda en un figurín sin importancia ni peso especifico. Un personaje femenino que acompaña a los protagonistas pero que no aporta nada.

Por otra parte, sería fácil y gratuito, después de vista, decir que estaba claro cual iba a ser el desenlace desde el principio, pero desde luego todas las posibles dudas se aclaran con la secuencia en mitad del metraje en la que Hurt explica (y el espectador ve en imágenes) la historia del asesino que había escrito una especie de diario con catorce formas de matar a su mujer. No me extenderé para no destripar el final. Lo cierto es que toda la película es un gran papel de caramelo con explicaciones teóricas complejas para distraer la atención de una trama simple, que llegado el clímax del segundo acto, tiene un giro al que se le podría haber sacado partido (me refiero a la secuencia del autobús) pero que se queda en gatillazo porque hay que darle todo el peso a un epílogo que luego tampoco resulta espectacular.

Por otro lado me da la impresión de que los personajes secundarios y posibles sospechosos están descuidados: el compañero de habitación no cumple su función ni genera tensión (interpreta en un tono diferente al resto de los actores); la hija de la primera víctima tiene tres secuencias de interés, y en cada una de ellas parece un personaje diferente, dejando clara la inestabilidad, pero restando interés y credibilidad... además también se señala como posible sospechosa de forma evidente. ¿Por qué en esta película todos se empeñan en ser culpables? Hablando de secundarios, tampoco el policía tiene peso en la trama, y le faltan detalles de personalidad. Luego esta el tema de que en la resolución teórica todo está cogido con pinzas. Me refiero a que los argumentos que se esgrimen no los vemos en pantalla, sino que los conocemos de boca de los personajes en la secuencia explicativa final necesaria para que el espectador entienda, pero que aquí ha servido también de desenlace.

En fin, no quiero que parezca una mala película, porque no lo es, pero desde luego que exprimir a los protagonistas y su verborrea tiene el riesgo de no construir una estructura sólida. A la película le falta tensión, suspense, sorpresa, conflicto, ironía... todos los elementos que hacen grande este género menor.

Sus productores pueden estar contentos (y me consta que lo están) porque tienen un producto comercial, que puede ser explotado a nivel internacional y que está a la altura de la película media americana sin grandes efectos especiales. También Alex, que hace años que debería estar dirigiendo y dando alegrías a los grandes estudios en los States. Pero “Los crímenes...” me deja un sabor agridulce, por la certeza de que podría haber sido mucho mejor película si hubiese seguido a pies juntillas las enseñanzas del maestro del género.

Víctor Gualda.

martes, 22 de abril de 2008

VESTIDA PARA MATAR

Después de la crítica de “Fascinación” hubo varias personas que me comentaron que la “mejor película” de Brian De Palma era para ellos “Vestida para matar”, así que como la tenía muy olvidada, me lancé a revisarla. Después de verla, mi primera impresión es que se trata de una película muy equilibrada, que tal vez haya envejecido mal en algunos aspectos (es del año 1980) y en otros, siga siendo un ejemplo a seguir.

Lo primero que me gustaría apuntar, es que una vez más, se sigue notando la descara influencia de Hitchcock en la cinta. Ya el planteamiento del arranque me recuerda las obsesiones del maestro. Partiendo de que la larga presentación protagonizada por Angie Dickinson y resuelta en la primera media hora de metraje, tiene mucho que agradecer al principio de “Psicosis”. Trama de arranque independiente que se resuelve en el primer tramo de película y da lugar a la que luego será la trama principal. Resuelta de forma sorpresiva y con la desaparición de la a priori protagonista principal... pero antes de continuar, y en este punto, las secuencias de sexo me recuerdan (por divertidas y frustrantes para la prota), a las de Carmen Maura en “Qué he hecho yo para merecer esto” pero en artificial. Y es que Angie Dickinson, está un tanto sobreactuada. Tanto en estas, como en la (para mi), mejor secuencia de la película. La del museo


En el museo, el director, que echa mano de nuevo de “Vertigo” (lo comentamos también en "Fascinación"), juega a la perfección con el suspense del perseguidor-perseguido. La secuencia es larga, y si no te has metido en la película puede resultarte algo pesada, pero la persecución que empieza medio de coña, acaba resultando divertida por el interés que genera. Además la resolución en el taxi y en el apartamento del perseguido, al que no vemos apenas la cara (buen recurso que genera desconfianza) también tiene un punto divertido. La nota de mujer encantada después de un buen polvo, lleva a otro recurso dramático muy bien aprovechado. La sorpresa. La que se lleva la protagonista al abrir un cajón que no debe. No creo que sea con una intención moral (aunque puede parecerlo porque la película esta cargadita), sino simplemente por desorientar y entretener a un espectador, que distraído con la trama, no se puede imaginar lo que espera en el ascensor a la presunta protagonista. En este punto, sólo recordar otro detalle de humor. Angie pierde en quince minutos de metraje; un guante, las bragas y el anillo de casada... en fin, qué puedo decir.

Muy bien entroncada la secuencia con la que luego llevará la trama principal, la que conduce Nancy Allen, la del falso culpable a lo Hitckcoock. A partir de aquí, contará con los personajes que llevaran el peso de la película, Michael Caine y Keith Gordon (aunque no se si decir Harry Potter por su extraordinario parecido físico) Lo cierto es que la película cae en picado. Ella es una prostituta. Bueno, al menos eso dice ella, porque los personajes a partir de este punto están tan edulcorados que parecen los de una serie de televisión de Globomedia. La desaprovechada relación entre ella y el hijo de la difunta; inventor adolescente que no tiene ningún instinto sexual hacia su nueva amiga (si lo tiene, está demasiado implícito) hacen que la trama avance a trompicones. El único que le aporta algo de interés es el carismático Dennis Franz, en su papel de cínico detective (luego eterno por “Canción Triste de Hill street”). Así que nos podemos saltar prácticamente todo el segundo acto mencionando eso si las secuencias de doble pantalla de Caine y Allen hablando por teléfono, mientras en la tele echan un documental sobre el travestismo (anticipatoria), la del metro, marca inevitable de la casa, de nuevo mezcla de tensión y humor. Las de vouyerismo. Las de persecuciones... mil y un recursos para entretener hasta llegar al presunto desenlace.

En este punto, la película recobra el interés. A estás alturas, la identidad de la rubia peligrosa que han perseguido nuestros protagonistas, es demasiado evidente (tal vez en los ochenta era un tema nuevo y supuso una sorpresa, no lo sé) El caso es que con la excusa de que la asesina puede ser una clienta de Michael Caine, nuestra Nancy Allen inicia una secuencia de seducción al psicólogo. De nuevo uno se pregunta dónde estudió esta chica para ser prostituta, porque en la calle fijo que no. Lo que hubiese sido el desenlace en una película convencional se precipita.

Pero el gran acierto de esta película es la vuelta de tuerca del doble final. Después de que quede claro quién es quién, y de que el director meta con calzador el nuevo personaje de la rubia policía, viene una secuencia explicativa de todo, muy al estilo Hitckcock, pero con la diferencia de que este las metía al final del segundo acto, para que todo estuviese preparado para el desenlace. El caso, es que la secuencia explicativa en el restaurante sobre la transexualidad (que en realidad es presentada como una enfermedad peligrosa, vaya a ser que al joven americano le de por tomar el camino equivocado), lleva al segundo desenlace en casa del adolescente. No contaré este final, pero también aquí, el director da una vuelta de tuerca más, en una resultona secuencia, en la que De Palma juega de nuevo con el suspense y la sorpresa. La única pregunta que me queda como espectador a estas alturas es: aunque ambos están en la misma cama y se sobreentiende... ¿introdujo Nancy en la madurez a Keith?

Víctor Gualda.

martes, 18 de marzo de 2008

MR BROOKS

El tema de los psicópatas en el cine es atractivo pero está sobreexplotado. Al menos eso es lo que se desprende de la última película de este subgénero que nos acaba de llegar. Mr Brooks es una especie de pastiche absurdo para tratar de sacar a flote la más que acabada carrera de Kevin Costner.

En este caso el “psicópata americano” es un floreciente hombre de negocios (hace cajas, ¿será metáfora de los ataudes para sus víctimas?) que recibe premios por su contribución social, mientras por la noche se pone el chándal y los tacones, y se dedica a matar a desconocidos mientras follan. Pero como este punto está demasiado explotado, el director y guionista Bruce A Evans y el guionista y productor Raynold Gideon deciden colocarle una especie de alter ego llamado Marshall en la piel del sobreactuado William Hurt, que ejerce de diablillo tentador sobre la conciencia del bienintencionado Kevin (este tipo tiene que quedar bien aunque haga de psicópata) El resto casi se lo pueden imaginar.

Después de una elipsis (no cinematográfica) de dos años, “el asesino de la huella”, marca de la casa necesaria para cualquier alterado americano, ha decido volver a las calles. Sus motivaciones no son la venganza ni la justicia, sino saciar una adicción muy personal. Pero la precipitación le ha hecho cometer un fallo impensable en alguien que prepara tan a conciencia sus crímenes. En el último asesinato se dejó las cortinas de sus víctimas abiertas, y un vecino voyeur le fotografió.

A partir de aquí, un par de subtramas se abren en forma de abanico. Por un lado, el chantaje al que le pretende someter el fotógrafo voyeur de nombre anodino Smith (Dane Cook). Circunstancia que no deja de ser en realidad una excusa para buscar un “malo” peor que el propio psicópata en cuestión. La motivación de este no es el dinero, como todos habremos imaginado, sino que para tratar de aportar originalidad, el fotógrafo quiere participar como parte activa (que triste forma de justificar a Kevin). Por otro lado está la trama de la poli guay en piel de Demi Moore. Una chorrada del tipo; niña-rica-que-quiere-aportar-algo-a-la-sociedad-y-demostrar-que-es-util. Ella por supuesto tiene su propia subtrama particular con el divorcio de un aprovechado que quiere exprimirla. Además tendrá otra subtrama estúpida que no pinta nada en la película con una pareja de asesinos despiadados y tatuados, estereotipo burdo y becerril del delincuente habitual, que justifica su buen hacer policial, ya que es absolutamente incapaz de atrapar al inteligente y limpio “asesino de la huella”. De regalo otra subtrama, en este caso la de la hija de Kevin (realmente la más interesante) que está subexplotada. Como se pueden imaginar, todo se relacionará, y unas tramas llevaran a las otras. No voy a desvelar el desenlace, pero todo es previsible, o casi, porque la sorpresa está en que descubrimos que Demi Moore es una lerda que no pintaba realmente nada en la película (¿se leerá ella misma los guiones antes de aceptarlos, o lo hará su agente?), en realidad todo ha sido una excusa para engrandecimiento de Kevin, que sólo purga sus pecados en sueños, mientras se persigna y promete que a partir de ahora va a ser buen chico y se va a dedicar a sus obras filantrópicas.... Una estupidez vamos.

Entre las cosas que me gustaría resaltar de la película, destacaré dos. El amigo invisible del protagonista William Hurt, que me sorprendió porque no me esperaba que el asesino tuviese un alter ego distinto a él mismo, pero que desde luego en el guión tiene una función meramente práctica... Avisa al espectador de lo que va a hacer Kevin, de lo que piensa, le da ideas, anticipa acciones, incluso siendo producto de la mente del protagonista, es capaz de equivocarse o verse sorprendido por su creador (así como le va a coger la policía) Es como si hubiesen utilizado a Hurt como un espectador al que ir contándole las claves del personaje y así evitar que se pierda en la historia. Lastima que el pseudo personaje esté tan sobreactuado y sobreexplotado, porque podía haber dado mucho más de si.

En segundo lugar está el tema de la hija. Aunque a nivel formal es una chorrada para rellenar minutos y para darnos una sorpresa final, el planteamiento de que la psicopatía se pueda transmitir, igual que una enfermedad genética, de padres a hijos me pareció interesante. En esta, Kevin se limita a ejercer de tutor protector para salvarle el culo a su hija. Una especie de tragedia griega entre la culpa y las obligaciones filiales que aquí queda sepultada bajo el peso del protagonista. Lastima. Por cierto, "la culpa" es uno de los temas que trata la película, pero una vez más se limita a un par de secuencias estereotípicas de esas en las que el protagonista pasa por una iglesia, o por un grupo de Alcohólicos Anónimos para soltar como en la confesión todas sus mierdas y volver a tener la conciencia impoluta y lista para asesinar.

El resto de la película es papel de caramelo para que el espectador medio esté entretenido y salga contento del cine. Pero no será esta la que vuelva a impulsar la carrera de este actor en horas bajas. Por cierto, la secuencia que nos muestra quién es el protagonista, en realidad la única en la que vemos al personaje “real” en acción en pantalla, (vaya a ser que nos caiga mal, el resto de sus crímenes son omitidos), pues como decía, la secuencia en la que deberíamos entender el problema del personaje es ridícula. Esa especie de arrebato, de calambre de placer que pasa por el cuerpo del protagonista, da vergüenza ajena a nivel interpretativo, igual que su fetichismo particular de fotografiar a los amantes asesinados en posturitas, que anuncia algún desbarajuste sexual que desde luego no hemos visto en pantalla, porque todo lo que un personaje de estas características hace debería estar justificado por alguna oscura razón, y no ser simplemente un pegote estético... Igual los creadores de Mr Brooks deberían ver algún capítulo de CSI para aprender algo.

Víctor Gualda.

viernes, 14 de marzo de 2008

FASCINACION

Ya que llevamos varias críticas con protagonismo sea como guionista o como director de Paul Schrader, aprovecharemos para hablar de otra película de la que es participe. En este caso el guión de “Fascinación” que firma junto a otro de los directores referencia que inició su carrera en la década de los setenta. Brian De Palma. Aunque se dice que la aportación que hizo De Palma fue reescribir el original. La pregunta del millón es, si la versión que entregó Schrader estaría tan inspirada en “Vértigo”, y en “Rebeca” como lo está la copia rodada.

Y es que independientemente de una trama un tanto confusa (luego explicaré por qué), “Fascinación”, que fue la película que sacó del ostracismo al cinéfilo De Palma dándole el reconocimiento del público (con el permiso de “Vestida para matar”) está claramente inspirada en Hitchcock. Curiosamente la que nos ocupa coincidió con la última del maestro (“La Trama”). De forma que el relevo generacional estaba servido. Luego De Palma siguió otros derroteros en su carrera, pero eso es otra historia.

Lo cierto es que la película ya nos habla desde el principio en lenguaje hitchconiano Una fiesta aniversario de bodas en una mansión, nos muestra como uno de los camareros se dirige hacia la cámara (interesante visualmente este plano) y nos deja ver una pistola en su cintura. El espectador ya sabe que algo va a suceder. El suspense se acumula, hasta que sin previo aviso nos encontramos con unos secuestradores que se llevan a madre e hija. Una nota con letras recortadas, recurso que ahora nos suena un tanto infantil, pero que en su momento fue común de muchas películas de la época, le anuncia al inexpresivo y yo diría que mal actor Cliff Robertson que tendrá que soltar una pasta por recuperar a su familia. Aturdido y convencido por la policía y su amigo y socio (John Lithgow) accede a hacer el cambiazo del maletín para pillar a los secuestradores. Todo termina mal, la presunta muerte de la mujer del prota (Genevieve Boujold) y su hija... Esta trama de arranque que cubre todo el circulo de planteamiento, nudo y desenlace de un guión en apenas media hora, es sólo una excusa para contarnos otra historia. La pregunta es cuál. Y es que si el arranque es más que aceptable, a partir de este momento, Robertson planea por el film con cara de zombi venido a menos, hasta que después de una elipsis de dos o tres años, acaba de manera completamente artificial en Florencia, donde se desarrolla otro bloque de la trama.

Si el arranque ya tenía elementos reconocibles del cine de Hitchcock, la aparición de una doble de su ex mujer, que resulta ser ayudante de restauradora en una iglesia, que ¿casualmente? es idéntica a la mujer desaparecida, ya se puede considerar plagio. Persecución por las calles de la chica como en “Vértigo”, elemento voyeur que le encantaba al ingles (en aquella, James Stewart persigue a Kim Novak durante casi diez minutos). Obsesión del personaje principal con la protagonista, a la que trata de convertir en su ex mujer (Rebeca), y la curiosa predisposición de ella. En lo que probablemente si haya tenido que ver el bueno de Schrader es querer enmendar los “fallos” de guión de sus homólogos Samuel A Taylor y Alec Coppel. La estructura de “Vértigo” obviaba la trama del arranque y sólo era una excusa para hablar de la obsesión del personaje. En esta todo está perfectamente justificado. Todo está hilado de forma que cada personaje tiene su función en el thriller. Pero las piezas encajan tan bien, que resulta artificial. Igual que resulta artificial la música histriónica del compositor Bernard Hermann, quien por cierto también fue el compositor en “Vértigo”, o la fotografía de Vilmos Zsigmond llena de luminosidad de filtro tipo película televisiva de los ochenta, y que a mi particularmente me horroriza.

Otra cuestión, es el tema moral en la película. Por supuesto la culpa es el “leit motive” del personaje principal a lo largo de toda la película (tal vez de ahí vengan los elementos religiosos y el tema del film que intuyo obra de Schrader), pero no el más interesante. No se si podría considerarse como una obsesión necrófila la actitud del protagonista a lo largo de la película, pero lo cierto es que su idea de acostarse con una muerta resucitada, que es en realidad lo que resulta el personaje de Genevieve Bujold, no deja de despertarme dudas... Otro tema a tratar sería el incesto, aunque este es un descubrimiento tardío, que se aclara sin haber consumado en la mejor secuencia visual del film. Un bonito travelling circular. Por cierto, que el director informa al espectador minutos antes en una secuencia de “acción” con otra secuencia plagiada a Hitchcock (la de las tijeras) para añadir tensión y suspense a la reacción del protagonista ante este encuentro con una Genevieve distinta para el protagonista, y para el espectador. Otro tema sería la deformación del complejo de Electra que parece arrastrar la hija, y digo parece, porque todo está justificado en palabras y no en acciones. Todos estos puntos, junto al tema ya mencionado de la culpa, que Robertson traspasa a la protagonista femenina (cuando esta trata de suicidarse), están ortopédicamente introducidos en el guión para que al director no se le vaya de las manos temas tan controvertidos, pero que desde luego le añaden un interés “moral” a la película, ya que la trama principal no lo tiene. No entiendo por ejemplo cual es la justificación del “malo” para jugársela al protagonista. ¿Celos?, ¿envidia?, ¿venganza?... lo que es seguro es que está traído por los pelos para cerrar el circulo y que el espectador medio quede satisfecho.

En definitiva, una película curiosa, ya que resulta más interesante por el trasfondo, que por asuntos más formales a nivel cinematográfico, y por la duda de si todo es un enorme homenaje de cinéfilo, o un mayor plagio por falta de ideas originales.

Víctor Gualda.

viernes, 22 de febrero de 2008

DISTURBIA

A lo largo de la historia del cine se han utilizado varios métodos para llevar a los espectadores a las salas. Entre ellos las secuelas, los remakes, o las copias descaradas de argumentos de “hermanas mayores”. “Disturbia” es un claro ejemplo de esta última modalidad de copia (¿plagio?). La que nos ocupa es una clara relectura de “La ventana indiscreta”. Pero hay que reconocer que las viejas formulas siempre que se hagan con honestidad, funcionan. Y eso es lo que sucede con la que nos ocupa.

El guión está bien estructurado y la película funciona. A pesar de utilizar recursos de manual y no salirse ni un fotograma de las estructuras de las películas de suspense. Da igual que este claro cual va a ser el desenlace. Si el espectador se mete en la historia, se enganchará sin remisión y se dejará llevar al previsible final.

El arranque sigue las normas de cualquier manual de guión americano de probada eficacia. Ya sea Syd Field o McKee. Escena espectacular que enganche al tiempo que presenta al personaje principal y sus circunstancias psicológicas, pero que no tiene nada que ver con la trama que más adelante se desarrollará. A continuación los guionistas Christopher Landon y Carl Ellsworth nos preparan para las circunstancias que atrapan al adolescente protagonista Shia LaBeouf en casa y con escasa posibilidad de movilidad. Una cadena imaginaria enganchada al tobillo. Un policía antagonista con motivos poco maduros que convertida esos límites ficticios en una barrera infranqueable. Una madre despistada y bienintencionada en la piel de Triniti (Carrie-Anne Moss). El aburrimiento como excusa. Unos binoculares para controlar al vecindario, entre ellos una joven nueva vecina. El colega como extensión del cuerpo atrapado del protagonista, son los ingredientes para preparar ese plato, que no por comerlo habitualmente deja de gustar.

Luego un segundo acto que mantiene la tensión y el interés, que se fundamenta en la sospecha y que aumenta ese interés, la subtrama con la vecinita, la vigilancia, la madre incrédula, el traspaso de los límites por parte del sospechoso, la perfecta, matemática y previsible sucesión de los sustos, la secuencia de tensión y suspense fantásticamente conseguida utilizando las últimas tecnologías, y todo esta preparado para el tercer acto que da la razón al protagonista.

No lo desentramaré, pero funciona. El espectador descubre al tiempo que LaBeouf las normas tan bien aprovechadas por Hitchcock. La tensión se acumula con la madre como excusa. Da igual que lo hayas visto mil veces. Me recordó a la fantástica “Tesis”, tal vez aun más compleja aquella porque Amenabar jugaba con la ambigüedad de “quién” es el asesino. Pero en esta todo cumple su función sin buscar originalidades que no hubiesen llegado a buen puerto. El desenlace es previsible, pero mientras este llega, estás con el protagonista sin condiciones.

En definitiva una película menor, de entretenimiento y suspense para adolescentes que cumple un objetivo tan loable y simple, pero tan difícil en ocasiones, como el de entretener. Una relectura de los clásicos que puede servir para interesar por identificación a los más jóvenes e introducirlos en un género que ha evolucionado poco en los últimos años, pero que mueve sensaciones primarias dentro del espectador que pocos géneros consiguen tan bien... Lástima de cartel y título que no le hacen justicia. Y es que a veces algo tan poco trascendente a priori como la imagen que promociona puede jugar en contra. El original de la película (el que tenéis al principio de la crítica), es un cartel diseñado para atraer adolescentes interesados en el terror, y luego la película es otra cosa, lo que puede llevar a decepciones inmerecidas. Igual con un título que no dice nada. A veces me pregunto quien elegirá estos diseños y nombres que le hacen flaco favor a una película que podría funcionar y por el contrario acaba pasando sin pena mi gloria por la cartelera.

Víctor Gualda.

viernes, 8 de febrero de 2008

EL ORFANATO

No seré yo quien diga que “El Orfanato”, el barco más reluciente del cine español este año, es una mala película. Pero no lo haré porque su director es un novel que se enfrenta a un proyecto grande, y eso siempre es un handicap a tener muy en cuenta. Pero concesiones aparte, no es oro todo lo que reluce, y se trata de una película sobrevalorada, con demasiados elementos en común con el reciente cine “español” de éxito, como para ser un producto casual fruto del talento.

El primero que tiene que haberse quedado encogido en el asiento es Amenabar. Ha debido verse reconocido a la perfección, porque la película tiene muchos elementos en común con su cine, y en concreto con “Los Otros”, película de la que es descarada deudora en cuanto a argumento (al menos eso nos parece a los profanos) Además ha utilizado a una de las últimas actrices fetiches de Alejandro, Belén Rueda, para un personaje muy Nicole Kidman (curiosa y efectiva mezcla). Ese argumento de la chica que llega al gran casón con niños, en el que no esta claro el límite entre los vivos y los muertos, no es un tema demasiado original. Pero vamos, tampoco lo fue para el director chileno–español que coincidió espacio-temporalmente (según él cuenta por casualidad) con un Bruce Willis con idénticos poderes. Así que no creo que Alejandro se esté persignando con su sacrosanto Oscar.

Otro tema es el autoplagio consentido. Este si me parece algo más vergonzante. La mano del mejicano productor de la cinta Guillermo del Toro es demasiado evidente en esta. Sobre todo en la resolución, que está directamente copiada de su hermana mayor de producción española “El laberinto del Fauno”. Por mucho que su reluciente premio Goya, Sergio G. Sánchez se empeñe en ofenderse y contarnos que el guión estuvo en un cajón diez años, intuyo una reescritura de ultima hora (¿me equivoco?).

(ahí van unos cuantos elementos del argumento. Si no la viste, casi mejor que te saltes este parrafo)
En el momento en que el espectador descubre que la madre ha matado al niño (en este punto todo el mundo justifica a la madre diciendo que fue un accidente involuntario... curioso) se desentrama toda la historia. Pero este seria un final demasiado duro e insatisfactorio para el espectador. Como lo sería que en “El laberinto...” la niña muriese y ya. Entonces se recurre a ese mundo paralelo de fantasía en el que todo es posible. El personaje renuncia al mundo real demasiado oscuro, para irse al mundo fantástico que en principio era inaccesible. De esta forma, se convierte en la nueva casa en la que todos los personajes podrán vivir a gusto lejos del mundanal ruido. Son los fantasmas del orfanato del que ahora Belén, siendo una más, cuidará. El mismo mundo de fantasía donde la niña era una princesa en “El laberinto...” Ahora si. El espectador se puede quedar tranquilo. Su entrada ha merecido el elevado precio que ha pagado por ella. Lastima que en la vida real no haya segundas oportunidades después de muerto... El caso es que Guillermo que es un tío listo, ha aplicado la misma estructura narrativa al final de ambas películas a pesar de ser de géneros diferentes, y es que el mejicano (al que le atribuyo la concesión final) ya ha hecho muchas películas de muchos tipos y en muchos sitios para saber lo que funciona con el público.

Pero para llegar a ese punto de conexión, la película utiliza elementos directamente importados del cine de terror de los setenta. De nuevo los referentes parecen los mismos que los de Amenabar. El casón aislado importado de “Psicosis” es el plano recurso al que recurrir cuando no hay nada que contar. Las escaleras, los pasillos, las habitaciones, e incluso nuestra protagonista sentada en una silla de ruedas son lugares comunes en el cine de terror clásico. Luego el elemento serie B del segundo acto para rellenar y al tiempo distraer, con la aparición estelar de Geraldine Chaplin como elemento de enlace entre la realidad y lo sobrenatural. A partir de su aparición todo es posible. Ella le da la alternativa a Belén y le descubre al espectador que es una superdotada enferma que conecta con el mundo de los muertos. Y con los vivos, porque resulta que Alejandro nos descubrió que Belén Rueda era actriz. Y ella ha asumido el papel y se lo cree. Y no hay nada más importante para un actor que tener la seguridad suficiente como para reflejar lo que el texto impone. Si con “Mar Adentro” todavía le temblaban los tobillos, en la siempre desprestigiada gala de los Goya supo reclamar su momento de gloria ante la posibilidad de no disponer de otra oportunidad. Aquel momento de gloria y otros que no tienen que ver con lo profesional, le han dado una serenidad a sus arrugas que atrae a la cámara y le bastan para sostener la responsabilidad de una película tan compleja como esta, y eso no es poco. No sucede así con el resto de los actores, que afortunadamente para su comercialización fuera de nuestras fronteras apenas tienen texto. Y no es que lo hagan mal, es sólo que los personajes no tienen ni la entidad ni el carisma necesario. Pero da igual, porque como decía el peso es al completo para Belén, y ella lo sabe sobrellevar.

La fotografía, la música y los efectillos, como sustos gratuitos para crear ambiente también están correctamente introducidos, formando un conjunto que crea sensación de que acabas de ver una gran película internacional que puede funcionar en cualquier punto del planeta. Madre desesperada, niño desaparecido, misteriosa casa. Un pelotazo de taquilla vamos. Habrá que darle la oportunidad a su joven director de demostrar en su siguiente trabajo que nada a sido casual. Porque “imitar” (siempre entre comillas) una película de Amenabar es fácil, pero su intachable carrera hasta la fecha, es mucho más complicada de plagiar. De cualquier forma, como siempre, mi rendida admiración a un director novel capaz de sacar adelante su proyecto y levantar él solito la cuota de pantalla del cine español. ¿No resulta un poco preocupante por cierto? De cualquier forma, felicidades por las nominaciones, y por los premios al director novel, guión adaptado y demás premios técnicos, que no son poca cosa, a pesar de que Bayona hubiese comprado una estantería nueva para todos los que pensaba que se iba a llevar.

Por cierto, para los que se alegran de la desgracia ajena, les diré que no es demérito de “El Orfanato” no estar en los Oscar. La película tiene el nivel requerido, con algunos momentos mejores incluso que los de “Los Otros”. La diferencia estriba en una obviedad. En la de Amenabar estaban implicados los poderosos (por entonces) Cruise, y aun mejor, Harvey Weinstein que se ocupo de la publicidad y distribución en la película consiguiendo que estuviese en los primeros puestos de la taquilla americana durante semanas. Y es que el productor-distribuidor, estaba en aquel momento en el zenit de su carrera, y era capaz de conseguir cualquier cosa (lo demuestra el hecho de que consiguió que la sosa Gwyneth Paltrow ganara una Oscar, que ya tiene merito). Con semejantes padrinos, era difícil no ser caballo ganador. Mientras que Del Toro ya triunfó el pasado año y no tiene tanto peso en la industria americana. Así que, felicidades de nuevo Bayona, porque tienes más merito del que a la mayoría de tus detractores les gustaría.

Víctor Gualda.

viernes, 28 de septiembre de 2007

EL FACTOR HUMANO

Tal vez el cine de espionaje sea uno de los géneros más cinematográficos que existen.Cuando Samuel Fuller decía en "Pierrot el loco" que el cine es "Amor, odio, accion, muerte, en una palabra:¡emocion!", parecía referirse a este cine de funambulistas, de agentes fríos como el telón que traspasaban para abrazar el vodka o someterse al suero de la verdad, de secretos, mentiras e identidades rayanas a la esquizofrenia, de micros, microfilms y kalashnikovs.De personajes que han conocido los secretos de alcoba de las relaciones internacionales, muchas veces ante el dilema ser fiel a la patria ("God save the Queen") o a su conciencia.
Los tiempos han cambiado, pero la amplia cinematografía sobre el asunto está ahí.Recientemente se ha editado en DVD "El factor humano", basada en una novela de uno de los tótems del tema:Graham Greene, del que sólo tenemos que recordar que es el padre de "El tercer hombre", "Nuestro hombre en La Habana", "El americano impasible" o "El factor humano", tocando muchos palos y escenarios.
"El factor humano" es una de las películas más decepcionantes que he visto en mucho tiempo.Uno de los tópicos más ciertos es que de un mal guión dificilmente sale una buena película, y que de un buen guión puede gestarse un mejor o peor filme.
Tenemos de partida un buen guión, bien escrito, que gestiona estupendamente el suspense y la información (y que arranca enseguida al deslizar que un agente británico está filtrando información a Moscú, y dicho ésto no voy a desvelar más), que roza la perfección en la presentación de algunos personajes, con un flash-back estupendo que explica los avatares del protagonista en Sudáfrica y que con alguna secuencia indirecta muestra el Apartheid (tema racial que es rimado también de manera acertada en Inglaterra), y un desarrollo final que no desentona.
¿Teniendo un buen texto dónde se haya el problema?
La dirección de Otto Preminger(autor de "Anatomía de un asesinato" o "Laura") es penosa, carente de tensión e imaginación, y con una dirección de actores sencillamente aberrante, con una puesta en escena tan plana como vaga, al igual que la planificación.Tal vez se salve un par de secuencias, como la del juicio en Sudáfrica o el registro de la maleta del prota al principio de la peli, que reitero al decir que me parece una presentación de un personaje digna de una gran película.
Los actores no sólo están mal dirigidos, sino que muchos de ellos son incapaces, como la bella Imán, cuyo registro interpretativo es tan limitado como para que David Bowie (es su esposa desde hace 15 años) pueda sentirse ajeno a infedilidades.
Tampoco ayuda la fotografía de Mike Molloy, arriesgada y poco conseguida, demérito que años después repitió en "The hit".Me pregunto qué aprendió de un maestro como Kubrick cuando trabajó de operador en "La naranja mecánica" o "Barry Lyndon".
Pese a todos estos factores, considero que es un filme que merece la pena.No sólo como reflejo sociológico de una época en la que la existencia de armas de destrucción masiva estaba a la orden del día, de ese Támesis que una noche escuchó a los Sex Pistols, del Apartheid y la demonización de los camaradas del Este.
Si bien, la película lejos de legitimar aquello, rompe una lanza por la justicia social y describe cómo el factor multiplicativo más importante de la ecuación es el humano.
Zero en conducta

lunes, 18 de junio de 2007

FRENESÍ


Resulta curioso ver las películas testamentarias,aquellas en las que los directores,ya en edad de jubilación,reorganizan,revisitan o cierran su obra.Algunos,como Resnais transmutan la gravedad pasada en frivolidad.Bresson o Kubrick muestran sus trabajos más maduros, el culmen de su estilo y cinismo.Godard traduce su amargura en obras esotéricas e infumables.Y otros sencillamente juegan,como Welles y su maravillosa "Fraude".
"Frenesí" es la penúltima película de Hitchcock.Como en toda su obra, pivota entre lo ligero y lo grave,el terror y el absurdo.Su humor negro no nos indica que ya esté de vuelta de todo,pues siempre lo ha estado.
En esta película se repiten algunos de sus temas,su manera de concebir el suspense,su maniqueísmo,la riqueza de mostrar diferentes puntos de vista,cierto respeto por el espectador y una concepción de la imagen y el montaje soviética(poco se ha hablado de ésto,pero Hitchcock continúa a Eisenstein en este sentido).

La trama se desarrolla en Londres.Se nos presenta como un lugar idílico,elegante y civilizado. Si bien pronto se produce una ruptura cuando el Támesis arroja un cuerpo desnudo:hay un estrangulador que sigue cobrándose vidas.A partir de ahí,abandonamos el Londres de postal,situándose la acción en el terreno cockney,en los pubs y los mercados,donde actúa el asesino. De nuevo tenemos un personaje y su vivisección:se trata de un fracasado ex-piloto de la RAF,divorciado,en bancarrota y despedido de su empleo por alcohólico.Si su degradación social no es suficiente,hay pruebas inapelables que le incriminan por los estrangulamientos.A lo largo del filme ha de escapar de la fuerza de la atribución,demostrar su inocencia y reconstruir su personalidad.
No quiero destripar la película,por si no la habeis visto,así que pasamos a otras consideraciones.
Hitchcock está en plena forma,y tal vez influido por cierto cine europeo de la época (Antonioni,Bresson) se muestra más sintético que nunca,con escenas asombrosamente breves pero cardinales,donde explora aspectos fuera de la trama,aunque nunca pierde la economía narrativa.
La economía que mencionamos se sintetiza en los asesinatos del estrangulador:como golpear primero es importante,el primero de los asesinatos se nos muestra en su total brutalidad,y los siguientes son eludidos,mostrándonos las consecuencias,con algún flashback o implicando al espectador negándole el espectáculo,en un espeluznante y dilatado travelling mientras en off sucede la acción.La imaginación es poderosa,y con el primer asesinato como referente construye el espectador el segundo.
Otro aspecto a señalar es el excelente uso de la imagen y el montaje.Hitchcock es de los pocos que consigue introducirse en nuestras pesadillas,y si cuando nos duchamos miramos de reojo las cortinas o cerramos las mismas ante los mirones del edificio de enfrente,en "Frenesí" la secuencia del asesino en el camión que lleva los sacos de patatas y a un fiambre tiene esa fuerza expresiva.
"Frenesí" es un discurso cerrado.Hay dos vectores(los dos protagonistas)que avanzan y relanzan la trama. Cuando coinciden de manera casual se producen los giros en el guión,conformándose así una macabra trampa(genial la resolución del primer asesinato en este sentido,con tres personajes que se suceden en un mismo escenario),que encierra a un personaje en la mayor de las indefensiones.Cuando el maestro del suspense lo decide,vuelve a tirar los dados,para establecer el orden.Al espectador poca opción le deja,salvo la empatía, y la sensación de que no estamos a salvo ni de nosotros ni de los demás.

Zero en conducta