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viernes, 2 de octubre de 2009

DIETA MEDITERRANEA

La comedia es desde mi punto de vista el género más complicado. Normalmente está basada en la situación y en la trama, mientras que los personajes siguen unas pautas marcadas desde el comienzo sin alcanzar un desarrollo. Encontrar el equilibrio es complicado y eso le infiere un aura de género menor que me parece algo injusta. Una buena comedia que no se quede en chavacana estereotipada es tan difícil o más que un buen drama. En “Dieta mediterránea” Joaquin Oristrell vuelve a casa y lo hace con una comedia irregular pero que trata de ser original. El sistema es clásico enredo mediante el triangulo amoroso. El punto de partida es original por el consentimiento de las tres partes implicadas, y porque está situada temporalmente hace treinta años, cuando en nuestra sociedad era impensable una situación así (tampoco ahora en realidad) dando lugar a algunos buenos momentos de comedia ligera. El problema viene cuando los guionistas se olvidan de lo que vinieron a contar y tratan de trascender.

Tal vez el peor defecto de esta comedia muy patria sea el desigual equilibrio de los actores, y una cierta, aunque disimulada, pretenciosidad. El tono (tal vez el mayor defecto de la cinta) oscila entre la comedia de situación y el drama necesario, pero sin llegar a decantarse con autoridad. Está claro que Oristrell no es Woddy Allen, pero conoce las estructuras y trata de sacarles partido. Como trasfondo el mundo de la cocina, con una heroína de andar por casa que atrapada en una sociedad anclada en la tradición, que trata de imponer su carácter en una sociedad todavía antigua, aunque la evolución a través de la cocina es uno de los temas del metraje. Un personaje fuera de su tiempo al que da vida una Olivia Molina que es el eje de la trama. Y lo hace bien. Esta actriz de saga, dibuja ya buenas maneras que espero no se quemen en la televisión, porque en algunas secuencias se adivinan los gestos de su madre y una intuición que sólo consolida la experiencia, y en otras sin embargo vemos que pierde el tono para situarse en tierra de nadie. Un Paco Leon tradicional le dará la replica. Leon es un animal escénico. Su evolución ha dado pie a un “cómico” de raza en toda regla, algo condicionado por sus papeles televisivos. Él es el único que mantiene el ritmo necesario en la comedia y hace buenas situaciones antinaturales con diálogos forzados y muy mal planteados movimientos escénicos. Su presencia es indudable y la película se alimenta de él. Al contrario que Alfonso Bassave. No es mal actor. Cumple, pero al igual que Molina no es capaz de dar el tono (tal vez más cómica con Bassave y más dramática con Leon). Su personaje es lineal y corto de registros. Sin llegar al desastre mantiene el tipo y descompensa la comedia. Las situaciones más dramáticas tienen un regusto cómico/clásico al que Bassave no saca partido. A eso hay que añadirle que Oristrell no domina del todo el ritmo, y le da escenas de peso para las que no está habilitado.

El conflicto está servido con el triangulo, pero el fantástico y necesario giro de la aparición del “cuarto elemento” , que hace que se rompa la armonía no está bien aprovechado. Que digo bien, nada aprovechado. La película pide a gritos que la aparición del segundo conflicto hubiese sido anterior, y con nuevas dosis de comedia para remontar el vuelo. En vez de eso, el director nos dirige hacia la consolidación del personaje principal en un happy end estúpido y poco probable. Ahora el secreto deja de serlo y el ánimo de provocar queda relamido y poco contundente. Es olvidable, y hay pocas cosas peores que un desenlace olvidable. A fin de cuantas, la resolución será la que deje el gusto definitivo a este plato de hora y media. Tal vez demasiado dulzón en este caso que hablamos en términos culinarios.

El ritmo no significa correr diciendo los diálogos. Significa que la situación suene ágil y natural, y algunos diálogos están faltos de naturalidad, son demasiado explicativos, o entorpecen las acciones de los personajes. Después de ver las comedias de Woody Allen, se nota la desproporción de las escenas en comparación. Allen huye de los cortes y utiliza casi planos master y el ritmo está dentro de la escena. La cámara les busca y el movimiento escénico de los actores llenando el espacio está garantizado, el ritmo es en definitiva interno de la escena. Aquí los actores están estáticos, recortados, creando el artificial ritmo del montaje, representando la escena a plano contraplano y generales estáticos y poco probables. Al espectador le dará la impresión de que acaba de ver otra comedia española que no va a ninguna parte y que no pasará a la historia de nuestro cine. Una lastima porque la comedia siempre había sido nuestro género fuerte.

Víctor Gualda.

domingo, 27 de septiembre de 2009

MALDITOS BASTARDOS

Me resulta complicado hacer una crítica objetiva de la nueva película de Tarantino. Tal vez por que me ha gustado y horrorizado a partes iguales. Por un lado está esa libertad del director americano para hacer lo que le da la gana como le da la gana, y por otra su propia cinefilia que le impide que sus películas sean equilibradas. Creo recordar que ya lo comente en este mismo blog con la crítica de “Kill Bill”, esa libertad le hace tender hacia el onanismo mental y acabar jodiendo películas que de otra forma serian obras maestras o la reinvención del género que aborda en cada una de ellas. Una vez más “Malditos Bastardos” mezcla lo mejor de sus cualidades y lo peor de sus defectos a partes iguales.

Lo primero que llama la atención es la división en capítulos casi literarios que componen la trama. Parece que estamos ante una reunión de relatos independientes que luego tienden a encontrarse en el desenlace, pero que por separado tienen su propio clímax final. Ya aquí vemos que hay un desequilibrio entre unos y otros. En vez de cumplir diferentes funciones en el conjunto, todos están basados en los diálogos. Y eso siempre es interesante en su caso pero descompensa el delicado equilibrio del total. La verborrea de sus personajes parecen reflejar la propia personalidad del director. Y lo hacen con talento, el problema es que parecemos asistir al mismo personaje con diferente uniforme y algún matiz propio de la situación. Así, la presentación del nazi Hans Landa (Chistopher Waltz) es sencillamente magistral. Una secuencia de veinte minutos de tensión con banda sonora reciclada de Morricone que nos conduce hacia un desenlace esperado, pero no por ello menos revelador. Tarantino no sólo es jerga de barrio. Es diálogo tenso y concreción en los desenlaces. Da igual que la larga secuencia sea puro western mezcolanza de Ford y Leone. Él consigue apropiarse de sus referentes y crear algo nuevo que trasciende. Es más, se permite reinventarse y autoreferenciarse con otra secuencia maestra en la taberna, que es una suerte de “Reservoig Dogs” comprimido. Pero el equilibrio entre ambas debería estar en la acción. Y esa responsabilidad le correspondían a los bastardos comandados por Aldo Raine/Pitt. En vez de eso, mete el cazo alargando innecesariamente las secuencias al estilo “Doce del Patíbulo” o “Grupo Salvaje” primero en la prestación incompleta del grupo, luego en la presentación del alemán desertor, y finalmente en la presentación del personaje de Eli Roth. Con lo cual el ritmo del conjunto se resiente. Y es que el ritmo depende demasiado del diálogo. Y aunque Tarantino sea un as en el manejo del texto, se echan en falta silencios dramáticos, el desborde en las resoluciones ya sean violentas o no y algo más de equilibrio en el total.

La acumulación de secuencias unas acertadas otras fallidas (para mi la del strudel es necesaria, pero alargada, al igual que el personaje de Brull me parece metido como excusa para hacer avanzar la acción, pero la personalidad no está bien definida, llevando al desastre la peor secuencia de la película, que no es otra que la de la resolución en el cine-teatro. Y es que el director es ambicioso y bajo mi punto de vista algo torpe al combinar los géneros en una secuencia que rompe todo el tono de la película al mezclar las tramas que se cruzan. Por un lado la comedia con unos bastardos pasados de vueltas (más que nunca) y el contratiempo del idioma (convertido en uno de los “temas” a los que mejor rendimiento saca el director), por otro la deserción de Landa, por otro el drama de Shosanna (Melanie Laurent) en lo que podía haber sido un final épico y por la precipitación se queda en un quiero y no puedo. Los cambios de registro están bien para descargar la tensión acumulada, pero no se pueden comer el verdadero clímax que se precipita en la cabina y no permite que el espectador disfrute de la venganza, que es el fin último de la trama (por mucho que se lance el mensaje de que la venganza es inútil), aunque sea a través de la autoinmolación. Y es que para mi el personaje del amante de Shosanna no tiene más sentido que el de resolver problemas de guión, ya que la relación entre ellos está completamente forzada a pesar del estético plano del celuloide amontonado. Mientras que la idea del atentado doble con el cine con la bobina cambiada entre las llamas es fantástica. Otra cuestión es el cambio de la historia (¿ucronía?), muy cinematográfica, pero que tal vez hubiese sido mucho más duro si no hubiesen acabado con Hitler y con Goebbels (entonces si que el tema de la venganza inútil se hubiese reforzado). Lo curioso es que el director consigue convertir el defecto en virtud, y la muerte de Hitler en el teatro es uno de los puntos más discutidos de la cinta por el poder del cine para “cambiar” la historia.

En definitiva y por no alargar una crítica. -Se puede escribir un libro más que un artículo, porque todas las secuencias tienen detalles maestros (me encanta el detalle fetichista con el que arranca la película por ejemplo)- una película incompleta porque debía haber durado cuatro horas para que el director se explayase, o cuarenta minutos menos para ser más concreto. Pero al final me quedo con la impresión de un genial experimento fallido que abre una puerta que ningún otro director del mundo puede soñar. Se puede acusar a Tarantino de narcisista pajillero y se le pueden negar premios al mejor director en festivales que se alimentan de su genio, pero lo que es innegable es que su energía y su sombra van alargándose por cada género que toca. Y ahora el cine bélico tiene un nuevo y genial (que no maestro) referente sobre el que reconstruirse.

Víctor Gualda,

lunes, 31 de agosto de 2009

RESACON EN LAS VEGAS

Tradicionalmente el verano es la época perfecta para las comedias disparatadas. Poco a poco esta tendencia está cambiando y se estrenan películas de todo tipo y catadura, lo que provoca que las comedias evolucionen y la calidad apremie. Siguiendo la estela del exitoso Apatow, aprovechando las virtudes y subiendo un escalón más (no resulta tan descaradamente moralizante), nos llega esta fantástica comedia llena de virtudes y algún presunto defecto que no tiene desperdicio.

Lo primero y más importante es el desconocido reparto. Cooper, Helms, Galifianakis (autentica revelación cómica), van a celebrar la despedida de soltero de Bartha (como novio semiausente) en las Vegas. Ya no son teenayers en busca de la madurez, aunque su comportamiento contradiga esta afirmación. Ahora son maduros que tienen que recuperarla con fecha límite. Pero antes, todo pinta fantástico. Alcohol, juego, y chicas. Unas secuencias preparatorias de presentación de cada personaje y la llegada del grupo a la ciudad del juego, es suficiente para ponernos en situación. Pero lo mejor está por llegar. Al contrario que lo habitual, la película empieza después de la juerga. El novio ha desaparecido, y hay que recuperarlo antes de la boda. La trama consistirá en reconstruir “el sueño de la noche de verano” para encontrar al futuro novio. De entrada, un bebe, un tigre y un diente son los aperitivos del desfase.

A partir de aquí se inicia el viaje iniciático a través del día tratando de reconstruir una noche al más puro estilo Max Estrella. Los skeches se sucederán casi sin descanso con situaciones dantescas que pasan por Mike Tyson haciendo de si mismo o un chino mafioso y gay o la striper (tierna Heather Gram.). Nada de flash-backs que alimenten de forma facilona la imaginación del espectador. A lo largo de todo el metraje entiendes que el desfase ha sido brutal y la imaginación del espectador debe suplir las imágenes. La droga necesaria para este tipo de argumentos les produjo un efecto demoledor y ellos mismos, al tiempo que el espectador, descubrirán los desfases de la noche mientras buscan a su amigo como base argumental que hace evolucionar la trama. Así los personajes esperpénticos irán apareciendo aportando subtramas como pruebas que deben pasar para que Ulises vuelva a Itaca con su particular Penélope. Una vez que se reestablece el orden, el final no puede ser distinto del que es. A fin de cuentas se trata de una comedia, e incluso Shakespeare utiliza las mismas convenciones para el desenlace. Es fácil acusar de facilón y previsible, pero el espectador, socio indirecto de los personajes, necesita el premio a tantos sufrimientos. Aún así, un epílogo absolutamente genial sirve de gratificación por las casi dos horas de penurias. El espectador recibe la recompensa en forma de peculiar flashback que reafirma que todo ha sido real, y que por última vez van/vamos a contemplar lo agitado de la noche (hay quien dice que esa secuencia es una equivocación, particularmente me inclino a pensar que no).

En medio del metraje un buen puñado de secuencias como la parodia de “Rain Man”, o el castigo moral por haber sido mal ejemplo para la sociedad desde el sádico sentido del humor de la policía. Un ejemplo de comedia que en EEUU ha barrido, y que presumiblemente lo debe estar haciendo en nuestro país. Y es que no hacen falta créditos de relumbrón, sino argumentos sólidos, y divertidos (en el caso de la comedia) para que el público ejerza de crítico cinematográfico incontestable. Un diez para esta comedia desbarrada ágil y divertida, basada en un hecho real (qué sorpresa) que hará las delicias de aquellos que quieran pasar un buen rato huyendo del calor. Un diez para Todd Phillips que ha sabido controlar los tempos e imprimir el ritmo que necesita el espectador para salir con una sonrisa del cine

Vïctor Gualda

jueves, 13 de agosto de 2009

ACID HOUSE

Después de la fantástica adaptación de “Trainspotting” por John Hodge y la fantástica dirección de Danny Boyle, Irvine Welsh saltó al panorama literario mundial como una de las jóvenes promesas anglosajonas. Cronista de una década complicada en la que los jóvenes parecían no tener metas y cuyo único punto de escape eran las drogas y el sexo. Quince años después, Welsh sigue publicando novelas desiguales. Ninguna ha alcanzado las cotas de “Trainspotting”, que incluso cuenta con una secuela literaria “Porno”, que nos habla de la evolución de Renton y sus colegas (aunque se pierde en lo comercial). En realidad, Welsh está atrapado en su burbuja del tiempo y a pesar de que sus personajes se han hecho mayores, sus temas parecen no haber salido nunca de los suburbios de Edimburgo.

“Acid House” recién estrenada en DVD a pesar de ser una película de 1999, retoma los tiempos inmediatamente anteriores a su hermana mayor, y es una colección de relatos provocativos con clara vocación subversiva. Welsh se ha hecho cargo del guión, y un novel Paul McGuigan de la realización (luego dirigiría “El misterio Wells” que le mandaría al cine comercial USA donde triunfa con “El caso Slevin” y recientemente con “Push”), En “Acid house” es evidente la falta de pasta, pero también la falta de talento para una película se queda en una mera anécdota dentro de la carrera del escritor y del director. Dividida en tres historias independientes, que tal vez tengan como lazo de unión desarrollarse en los barrios obreros marginales, Welsh hace uso de su mejor arma. El humor. Y es que si algo hay que reconocerle al escritor, es su capacidad para interpretar las desgracias de sus personajes desde un punto de vista directamente entroncado con la comedia negra, para desde esa atalaya revisar los temas que le preocupan en toda su obra; la venganza, la traición, la amistad, la familia, la religión, las clases sociales y el fútbol.

Sus personajes son perdedores de antemano. No tienen posibilidades de cambiar porque están atrapados en su clase social. No tienen metas, no tienen esperanzas, y todo ira siempre a peor. El halo negativo sólo puede ser compensado con la risa. Una risa oscura y sádica que es el sello de identidad del escritor, y debe serlo de cualquier película basada en sus textos. Este es tal vez el gran acierto de un metraje que no trata de trascender. Sus personajes son como son y se aceptan como perdedores natos. Su primer protagonista del tríptico es un chaval que con veinte años está acabado. Le deja su novia, sus padres le echan de casa, le echan del trabajo, le echan de su equipo de fútbol, le detiene la policía y después de hablar con Dios se transforma en una criatura kafkiana que observa desde una posición imposible la venganza. Su segundo protagonista también es un perdedor. En este caso su cobardía y su falta de iniciativa hacen que todos se aprovechen de él, su novia, su agresivo vecino de arriba, su madre, todos le desprecia. Pero él no puede ser distinto de lo que es, y en la resolución de la historia demuestra porque el escorpión es escorpión y la rana es rana, y va más allá, mostrando porque ambos están predestinados a cruzar juntos la charca. La tercera recupera al fantástico Ewen Bremner, uno de los roles de “Trainspotting”, que en este caso está atrapado por medio de las drogas en un surrealista ser (el niño coprotagonista parece pariente de Chuky), mientras su novia empeñada en ser madre aprovecha su falta de cabeza para tomar la iniciativa y manipular a su desastroso novio.

Tengo que reconocer que la realización me parece por momentos amateur, que el montaje también, que algunos de los actores parecen estar en un tono diferente y sobreactuado o sencillamente son incapaces de interpretar la intensidad contenida de sus personajes. Sólo Bremner y sobre todo Kevin McKidd (que también aparecía en "Trainspoting") en el rol de cobarde, están por encima de los demás. La película no resulta fresca ni actual, puede servir como muestra de una década ya antigua, pero algunos diálogos y situaciones son literariamente una maravilla que conserva el tono original de los relatos de Welsh, y aunque sólo sea por eso, merece la pena ver esta película alejada de las convenciones de la manoseada comedia británica de bodas y funerales que tan buen resultado da entre la clase media, y lo que es peor, entre la misma clase obrera que retrata y critica Welsh.

Víctor Gualda.

jueves, 6 de agosto de 2009

DUPLICITY

El cine americano se ciñe a recetas utilizadas una y mil veces tratando de arriesgar lo mínimo. Un par de buenos actores de rostro reconocible y presumible solvencia, un director con una última película potente (“Michael Clayton” en el caso de Tony Gilroy) y a esperar que suene la flauta. Desgraciadamente la flauta suena pocas veces, y la mayoría de las películas pasarían completamente desapercibidas si no estuvieran apoyadas por presupuestos desorbitados en publicidad. La clave del "fracaso" está en vender productos de masa y no en buscar nuevas formas de conectar con el publico, con lo cual siempre tienes la impresión de estar viendo la misma película con diferentes actores

Eso es lo que sucede con esta presunta cinta de espionaje con cierto tono de comedia en la que tan bien se maneja Julia Roberts. Si a ella añadimos la presencia del siempre solvente Clive Owen, que se crece ante la presencia de actores consagrados como los fantásticos Tom Wilkinson y un Paul Giamatti, en esta ocasión un tanto fuera del tono que tan buen resultado le ha dado en anteriores metrajes, nos queda una película descafeinada, entretenida por la química de sus protagonistas, el ritmo de los diálogos, y poco más.

Tal vez sus defectos más acusados pasen por veinte minutos de sobra, y demasiadas vueltas temporales que reiteran una y otra vez el punto de giro principal de la película. Esta claro que el espectador tiene que comprender que está pasando, porque la repetición de dos secuencias exactamente iguales en Roma y Nueva York despistan al más espabilado, pero de ahí a dos más explicativas hacia el final del metraje, sólo consiguen ralentizar el desenlace. Por otra parte, el espionaje entre empresas no conserva el interés del espionaje a la vieja usanza. Los secretos de estado para salvar a la humanidad suelen tener más tirón que los de las formulas para cremas o lociones, aunque en este punto hay que apuntar que puede servir como reflejo perfecto de la época que nos ha tocado vivir, en las que las corporaciones son tan fuertes como los estados. Tal vez hubiese sido buena idea ocultar el mcguffin con el que el también guionista Gilroy juega a lo largo de tres cuartos del metraje. No utiliza el suspense, pero la película pierde enteros al descubrir la causa de tanta ida y venida, más después de que a pesar del tono de comedia todo el interés de la película sea una chorrada tan grande.

Aun así, me quedo con la buena química de la pareja siempre en conflicto a pesar de estar predestinados, que en sus “mano a mano” consiguen elevar el ritmo y crear una maravillosa tensión romántica. Curioso me resulta el desenlace. Hollywood nos ha enseñado a esperar finales felices para nuestros protagonistas más intrépidos. Tenemos a dos ex agentes de la CIA y el MI6, así que esperamos que sean los más listos. En vez de eso, el director nos pega una patada en la boca del estomago en un epílogo que deja tan mal sabor de boca, que nos viene a decir que las empresas siempre serán más listas que el individuo (un poco al contrario de “Michael Clayton”. No hay nada que le guste más a un espectador que un par de guapos protagonistas consigan burlar al sistema, ya sea un banco, el estado o una multinacional, pero ni siquiera nos deja la opción de pensar que lo volverán a intentar, sino más bien un regustillo amargo en un plano largo e innecesario que empieza a ser "marca de la casa" del director.

Víctor Gualda.

martes, 7 de abril de 2009

ASFIXIA

Tiene merito adaptar a Chuck Palahniuk sin perder el horizonte dentro de sus historias de personajes extremos, decadentes y desequilibrados que representan parodian e ironizan a la sociedad americana. Sirviendo de espejo de aumento de sus defectos visibles unas veces, e invisibles otras. Y es que este escritor responsable de “El club de la lucha” entre otras, siempre crea un ambiente agobiante con personajes al límite, como bien ilustra el título de la que nos ocupa.

La novela y la película deben su título al timo en el que se juega la vida Víctor para engañar a los incautos que regalan su “amor” y su dinero por salvar su vida. Aunque en realidad es una metáfora. Asfixia es lo que siente Víctor (Sam Rockwell) un treintañero en busca de su identidad a lo largo de todo el metraje, robada por su madre enferma con problemas de memoria. Víctor proyecta sobre si, y sobre los demás una imagen distorsionada. Ha volcado sus frustraciones sobre su adicción al sexo, y acude puntualmente a una terapia de grupo (hay muchos elementos reiterativos en la literatura de Palahniuk) pero su fuerza de voluntad es proporcional a su “fe”. Y es que aparte de ser un descreído sobre la condición humana, el elemento religioso también está presente a lo largo de todo el metraje. Más, cuando las internas del hospital en el que está interna su madre, le ven como una reencarnación de Jesucristo. Es aquí tal vez donde el director Clark Gregg saca mayor partido al humor negro salvaje e irónico que recorre toda la columna vertebral de la obra del escritor y que sabe trasladar a la película.

El trabajo como actor de Víctor dentro de un parque temático, es una excusa para situar al personaje fuera del contexto natural de la narración. Como un personaje fuera de tiempo y lugar que en sus horas de trabajo se dedica a reflexionar junto a su amigo Denny (Brad William Henke) adicto al onanismo en busca del amor verdadero. Otro de los temas presentes, que en el caso del protagonista se reforzará por su impotencia ante el miedo, en este caso de la mano de Paige (Nelly McDonald) una medico con sorpresa.

La búsqueda del personaje está reforzada por flash-backs puntuales que muestran la relación tortuosa con su desequilibrada madre. Una Angélica Huston que borda estos papeles extremos. La interpretación tanto de Rockwell, como de la Huston es desbocada a la par que equilibrada, y la mano del director novel Clark Gregg. El trabajo de Gregg, que normalmente ejerce de actor y ha firmado algún guión, me parece determinante porque no se deja llevar por el hilarante y complejo Palahniuk. Una comedia negra, neurótica en todo momento, excéntrica la mayor parte del tiempo, pero dirigida y montada con mucho equilibrio, que tal vez acuse su bajo presupuesto y el poco tiempo de rodaje (veinticinco días), pero que merece la pena por escapar de las convenciones de la comedia americana de Hollywood, y por no dejar indiferente…. Para bien o para mal.

Víctor Gualda.

lunes, 2 de marzo de 2009

SLUMDOG MILLIONAIRE

Aunque a priori no era una película que me llamara la atención, tal vez porque no soy muy fan del cine de Bollywood, la lluvia de premios en los Oscar me animó a verla. Tengo que reconocer que la película me ha sorprendido gratamente. Tal vez el mérito principal haya que buscarlo en el libro original de Vikas Shuarup, o en lo complicado que resulta el ejercicio de adaptación de Simon Swarup sin traicionar el espíritu crítico del libro. O incluso en el buen hacer de Danny Boyle. Lo cierto, es que la película se ve sin bajones de ritmo y con coherencia de principio a fin.

Lo primero que me gustaría destacar es lo bien utilizado que está un recurso tan manido como necesario que es el flash-back. Toda la película está sustentada en los cambios temporales que le imprimen ritmo, interés y curiosidad por saber como nuestro Jamal ha llegado hasta el presente, en el que está a punto de ganar el premio máximo de la edición india de “¿Quiere ser millonario?” El programa tiene la facultad de ser un formato tan global que a nadie del primer mundo (los espectadores potenciales del film) ni del tercer mundo, se le escapa la importancia. Más en un país sobrepoblado en el que la pobreza es una epidemia.

Una vez que los espectadores conocen la situación mostrada en presente, nos introduce en torturas por parte de la policía, que van a servir de excusa para que nuestro protagonista cuente su historia desde la infancia hasta el momento actual, que correspondería al final del segundo acto. Acierto estructural, porque si interés tiene como ha llegado hasta la última pregunta del concurso, más tiene saber si lo conseguirá o no. Pero la estructura esconde varias subtramas perfectamente entrelazadas que tienen en realidad mucho más interés que el propio caparazón que es el flash-back. Aquella que nos cuenta como se las arreglan miles de niños para sobrevivir en los suburbios de Bombay (Está rodada en Dharavi, y Juhu). Como operan las mafias que se aprovechan de la inocencia y los turistas; Cómo la violencia se convierte en parte de su cotidianeidad, hasta el punto de destrozar familias; La otra plaga que asola el mundo, las religiones extremistas; Las drogas; La especulación salvaje, o el machismo que convierte a la mujer en un objeto en aquel país.
Pero hasta en un basurero puede crecer una flor (permítaseme la licencia poética) y ese corazón puro no es otro que Jamal. El elegido por sus dioses para representar la esperanza de que un ayudante de telefonista (de camarero en el libro) puede llegar a la gloria que da el dinero. Pero es que los sentimientos de Jamal están impulsados por ese sentimiento romántico que en los tiempos que corren, y en países “civilizados” parece anacrónico, pero entre la miseria justificamos como algo posible: El amor. Y es que si Jamal es puro, sus sentimientos son la cuerda a la que asirse para salir de la mierda. Boyle nos lo muestra como premonición en una de las primeras secuencias.

Cada secuencia tiene un detalle que descubrir, y me gusta la idea de que el destino de la ficción se ha unido al de la realidad, cuando en las cenas previas a los oscar Harvey Weinstein, en una extrapolación real del personaje del presentador, se dedicó a traicionar el espíritu de la película vertiendo rumores que empañaran la reputación del rodaje. Aquellos que se extendieron por los mentideros de Hollywood de que se había maltratado a los actores de la película y demás lindezas. Al final triunfó la sencillez de un proyecto que rechazaron una tras otra las mayors, y que con tan “sólo” 15 millones de dólares produjeron Phathe Pictures, Celador films y Film4. Por no hablar de la distribución en principio de Warner, que acabó retirandose después de ofrecerles estrenar directamente en DVD, y que acabó recayendo finalmente en Fox Searchlight.

Al final el premio se lo llevó Boyle, que se arriesga con estos proyectos pequeños (Se decidió a grabar en digital para tener mayor movilidad y alterar lo menos posible la vida de los barrios), y que demuestra que siempre sabe darle el “toque visual” a cualquier tipo de historia. Felicidades a la gran triunfadora, que ya le está dando salidas para mejorar sus vidas a algunos de los protagonistas de este perro callejero millonario.

Víctor Gualda

martes, 25 de noviembre de 2008

ESCONDIDOS EN BRUJAS

El gran acierto de esta película es el mismo que el de las películas de Tarantino. Mezclar el humor con la violencia. Y es que “Escondidos...” es deudora de los primeros metrajes del americano hasta tal punto, que la comparación con “Pulp Fiction” o “Reservoig Dogs” está garantizada. Por supuesto tiene variaciones. El hecho de que la película esté ambientada en Brujas, convirtiendo la ciudad en un personaje más, no hace otra cosa que crear una nueva escenografía distinta de las calles de L.A. o Nueva York. El punto intercontinental tiene su atractivo, y hay antecedentes claros. “Munich”, los Bournes, el mismo James Bond, o las dos primeras de Guy Richie en Europa, son ejemplos que prueban esta teoría. Y es que en el caso de la que nos ocupa, y a pesar de que se trata de una producción inglesa, está claro que el film busca atraer al público americano tanto como al europeo. Colin Farrell o Ralph Fiennes son actores de sobra conocidos a ambos lados del charco que pueden arrastrar al público a las salas. Además para aportar el punto de calidad interpretativa está el bueno de Brendan Gleeson.

El planteamiento es bien sencillo; dos asesinos a sueldo han tenido que desaparecer de Londres una temporada después de una cagada monumental. Poco importa en que consistía el trabajo. El director se limita a darnos antecedentes en la misma presentación de los personajes. El misterioso jefe ha decidido que Brujas es una ciudad perfecta para desaparecer. Por supuesto como en una buddy movie los personajes antagonistas se complementaran. Gleeson disfrutara de la visita y se interesará por la ciudad y su historia, mientras Farrell, demasiado joven e inquieto se aburrirá y buscará meterse en problemas como forma de redención
.
Todo bien hasta este punto. El tono y los personajes ya están definidos. Una subtrama enterita para Farrel con historia de “amor” incorporada también. Pero el director necesita explicar al espectador, poner en antecedentes para que quede perfectamente justificado lo que sucederá en el segundo y tercer tramo de película. Así, un flash-back puramente explicativo servirá para tal efecto. El problema es que a estas alturas ya hemos visto suficientes películas para saber que las dudas morales y los actos extremos tienen unas consecuencias fijas, y a partir del recurso, no es difícil adivinar lo que va a suceder. Dicho y hecho. Está claro que toda acción tiene una reacción, y el caso de esta no es una excepción. Pero antes de que llegue el desenlace, el director y guionista Martín McDonagh ha trazado una trama circular que le da utilidad a cada personaje que ha aparecido en el metraje. La aparición del jefe Fiennes, un poco raro en este tipo de personajes cerriles con código moral absolutamente cerrado, es un tanto extraña pero funciona, más cuando se produce la paradoja de ser víctima de su propio código por una equivocación (en realidad parte del tono de la película). El intenso paciente ingles, resulta ser aquí un implacable que tiene una misión que cumplir. Los personajes que han ido apareciendo tendrán entonces la relevancia necesaria para que se produzca el desenlace... eso si, de forma que no se sale de la estructura convencional ni un segundo.

El director... o tal vez los productores consciente/s de que un final demasiado negativo no gusta al gran público, ha dejado un final ambiguo que invita a pensar que hay esperanza, pero lo cierto es que el plano final debe ser definitivo para que el protagonista expíe sus culpas (la base dramática de toda la película). Una segunda parte en la que apareciese Farrell sería poco menos que una tomadura de pelo... aunque si la película fuera americana y hubiese funcionado en taquilla, el fin justificaría los medios.

Por cierto, que si antes comentaba que la ciudad tiene su importancia y se convertía en un personaje más, no lo decía únicamente por el perfecto decorado que supone la vieja ciudad medieval belga, sino por el peso que tiene en el personaje de Gleeson, que toma un decisión moral basada en los cambios que se producen en él a partir de la visita de la ciudad. Como la evolución del personaje es más lenta que la de su socio, el cambio no choca. Poco a poco el espectador le ha cogido un cariño, aunque inconscientemente sepa cual será su destino. Es más, me atrevería a decir que las convenciones hacen que el destino del personaje sea convertirse en heroe precisamente para expiar la culpa, y es que el elemento religioso está muy presente en todo el metraje (el cura pecador, el asesinato en la iglesia, el campanario y su importancia en el desenlace...). Como colofón; el tópico absoluto. El rodaje del “baile de mascaras” (tal vez infierno) con personajes alegóricos, y la ambientación con la niebla son elementos que cierran el circulo de esta película sustentada en un guión de manual, de la que Syd Field desde Harvard seguro se mostrará orgulloso.

Una idea para guionistas para crear un texto original... Escribir en un papel todos los tópicos, ir planteándolos en el guión, pero resolverlos exactamente al contrario de cómo se hace en todas las películas. Fijo que el que lo haga triunfa, porque la costumbre actual de encorsetar los textos hace las películas demasiado previsibles.

Víctor Gualda.

viernes, 21 de noviembre de 2008

GENTE DE MALA CALIDAD

Me comentaba Juan Cavestany, el director de la película, que en realidad “Gente de mala calidad” no es una comedia. Él lo sabrá mejor, pero yo diría que lo es. Tal vez no la típica comedia española de enredo, sino algo mucho mejor, una comedia negra muy ácida que hace una radiografía con mala leche de la generación de los treintañeros. Aquellos hijos de la transición que nunca tuvieron claro lo que querían hacer con sus vidas, y ahora se enfrentan a la dura realidad de tener que buscarse la vida como puedan.

Cavestany no se ha cansado de repetir que es una película coral. Pero lo cierto es que toda ella pivota sobre el personaje interpretado por Alberto San Juan. Suyo es el arranque en el que descubrimos que malvive durmiendo en el coche, duchándose en el gimnasio, y prostituyéndose para sobrevivir. Tal vez como resultado de su “malavida”, decide volver a casa. Allí se reencuentra con la gente del barrio. Sus amigos de toda la vida.

En este punto el director y guionista ha dedicado un buen tramo de película en que los conozcamos a todos. Maribel Verdú, Francesc Garrido, Javier Gutierrez, Fernando Tejero, Antonio Molero, Pilar Castro y Carmen Ruiz completan el grupo. Lo curioso es que Cavestany ha conseguido crear unos personajes complejos, pero tal vez demasiado extremos. Cuando se entra en el mundo de este grupo, la “normalidad” no tiene razón de ser. Casi se impone el esperpento. No digo que los actores no hagan un gran trabajo. Todos están en el mismo tono, y se consigue que nadie desafine, que nadie este por encima de nadie, que nadie estropee el ritmo. Tal vez por tener el mayor número de planos, tal vez por que actor y director son viejos conocidos, San Juan destaca en un personaje que repite en sus últimas películas, y por supuesto borda. Pero también el resto del reparto es el mejor posible. La Verdú, que lleva años en estado de gracia y que acaba de recibir no se que mierda de medalla (cómo si le hiciera falta) es la que tiene una tarea más complicada. No recuerdo ninguna película en la que haya hecho un personaje tan diferente como este... y lo hace muy bien. Del resto del reparto, estamos más o menos acostumbrados. Todos parecen pertenecer a una especie de clan que se ha ido formando, amparados por la compañía de teatro Animalario y por el guionista David Serrano, que parece ser una especie de líder carismático junto a San Juan, y que en esta ejerce las veces de productor ejecutivo (un poco al estilo de Apatow en EEUU). Así que casi puedo decir que he echado de menos a Guillermo Toledo, otro habitual de la pandi.

Pero no todo es perfecto en esta comedia coral. Tal vez la falta de una línea argumental que vaya más allá del personaje de San Juan se hubiese agradecido. La película es una continuación de situaciones más o menos divertidas, pero llega un punto que tanto sketch y tan poca trama acaban cansando. Puede estar justificado por la falta de metas de los personajes, falta de ambiciones, por lo perdido que están algunos de ellos, tal vez porque el personaje de Alberto necesita llegar a un punto de no retorno que le ayude a aceptar quien es. Pero las situaciones no son lo suficientemente contundentes. Una de las reglas de la comedia, más la más ácida, es mediante la ironía desmenuzar a traves del humor situaciones, pero sin perder las perspectivas de la realidad que se critica. Y sucede, sucede en esta película en la penúltima secuencia. Pero es tan leve, y tan rápidamente suprimida por la imprevista llamada de Verdú, que el efecto dramático se pierde e intercambia por el asombro. El asombro de no saber si el desenlace es positivo y supone el cambio al que debe llegar el personaje de San Juan, o es sencillamente que la historia se repite y está predestinado a no poder salir nunca del bucle en el que está atrapado.

Cavestany, un guionista capaz de lo mejor ("Los lobos de Washington", y lo peor (“Salir pitando”) se estrena como director en solitario (ya codirigió “El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo”), y lo hace con muy buen pie (con el permiso de la taquilla) con esta comedia muy del estilo del colega Serrano, pero aportando algo que su compañero no ha sabido (o tal vez querido) encontrar; una acidez que recuerda a Todd Solondz, y que añadiendo una línea argumental más elaborada, augura un posible buen futuro para la pateada comedia patria.

Víctor Gualda.

martes, 4 de noviembre de 2008

EL QUINTETO DE LA MUERTE

Algo más de diez años antes del estreno de esta película, Capra ya había demostrado lo peligrosas que pueden resultar las inocentes ancianitas. Pero parece que Alec Guinness no vio “Arsénico por compasión” y decidió meter en su plan de robo del furgón, a la inocente Katie Johnson. También esta es una comedia negra, aunque al más puro estilo ingles. Producida por los estudios Ealing y dirigida por Alexander Mackendric, la historia y el guión corrieron a cargo de William Rose, que años después ganó el Oscar por “Adivina quién viene a cenar esta noche”

La estructura de “El quinteto de la muerte” es casi perfecta. La película está dividida en dos. Pero antes, ya el arranque es una maravilla de concreción. En la primera secuencia el guionista ya nos ha presentado a la protagonista sobre la que gira toda la trama, y el tono. Todo ello en apenas un par de planos. Aquel en el que la inocente viejecita se acerca a saludar a un bebe y este comienza a llorar despavorido, antes de entrar a la comisaría de policía para contar una historia de ovnis. A continuación, en el más puro estilo expresionista, la sombra amenazante que la observa desde las esquinas, toma la forma de un Alec Guinness apenas reconocible por el esperpéntico maquillaje, y la intención de alquilar un cuarto para ensayar con su quinteto de cuerda. El grupo lo completan, la amenazante presencia de Peter Sellers y Herber Lom (ambos coincidirían luego en “La pantera rosa”) Danny Green y Cecil Parker.

Como decía la película se divide en dos. Después de la presentación entendemos que el grupo lo único que pretende es robar un furgón de dinero. Así la motivación de la historia es la ambición de nuestros protagonistas y el atraco. En apenas una hora de metraje ya ha pasado de todo a base de sketch sobre la línea argumental. Pero una vez llevado a cabo el plan con la involuntaria ayuda de la anciana, la motivación está a punto de tomar un giro de ciento ochenta grados, y a partir de que todo el “pastel” se descubre, es la codicia la que toma protagonismo. En esta segunda parte, la trama sufre una aceleración aun mayor si cabe hasta el, tal vez a estas alturas, previsible desenlace. Y es que si hay que ponerle algún pero a esta maravilla, es que a pesar de que no deja de haber giros a lo largo de toda la trama, algunas secuencias se hacen algo pesadas por la repetición del gag, de forma que se produce una paradoja curiosa, y es que el ritmo interno de algunas secuencias es fallido, mientras el ritmo total de la obra es fantástico.

Me gustaría además destacar la fotografía de Otto Séller, que utiliza a la perfección el Technicolor con colores contrastados y sombras muy acentuadas que no molestan al tono de comedia y aportan el punto siniestro que tiene además la película, me encantan además las viejas transparencias. Pero por encima de todo, a recordar el travelling lento sobre a habitación ocupada por los instrumentos, mientras de fondo suena las Cuatro Estaciones.

De la versión que hicieron los hermanos Coen en 2004 hay poco que decir. En realidad se limitaron a copiar de mala manera la estructura dramática (que siguen casi al milímetro). La pena es que no supieron interpretar las claves de la película y se limitaron a utilizar el tono de comedia (que por mucho que insistan no es precisamente su género fuerte) Así, se perdió por el camino la tensión dramática de la original, la mezcla de géneros, la fantástica ambientación, e intentando mejorar el ritmo con la presentación del grupo de ladrones, ralentizaron la acción, de forma que se perdió parte del ritmo original. Además la motivación de los personajes después de conseguir su objetivo no es la codicia, sino la estupidez. En esta no han utilizado a la abuela para su plan (únicamente la casa desde la que hacen el robo) mientras que en la versión de Mackendric la involucraban en una inolvidable secuencia que mezclaba suspense con comedia a la salida de la estación. Tampoco es comparable Tom Hanks con Alec Guinness, pues si el británico está algo sobreactuado, no desentona con el tono general, mientras que el americano resulta pesado con sus largas parrafadas... en definitiva, como dijo Billy Wilder después de su remake ”Primera Plana” de la original “Luna Nueva”... (más o menos) -...nunca la tenía que haber hecho, si la primera era una obra maestra y no había nada nuevo que aportar-.

Víctor Gualda.

viernes, 31 de octubre de 2008

PASO DE TI

La asociación del director y guionista Judd Apatow y la productora Shauna Robertson, ha dado como fruto una revisión de la comedia americana. Los responsables directos de “Lío embarazoso” y “Virgen a los 40” y productores de “Supersalidos” y de la que nos ocupa, han sabido darle un giro al concepto de comedia. Así, la que a priori se presenta como una de las películas golfas de la temporada, resulta ser una comedia romántica en toda regla. Y es que si algo hay que reconocerles a los, en esta ocasión, productores Judd Apatow y Shauna Robertson, es su capacidad para saber aunar el espíritu gamberro de los ochenta pasado por la licuadora de la modernidad, y añadir unas pizcas de romanticismo, para obtener como resultado un producto para adolescentes y treintañeros de consumo divertido, que a priori no resulta pretencioso, y como no, que respeta a pie juntillas todas las convenciones del genero. Y es que por mucho que el lobo se vista de seda...

En el caso de “Paso de ti”, un guionista colega de Apatow llamado Jason Segel se lo guisa y se lo come, siendo escritor y protagonista. En la dirección, otro colega de Apatow, Nicholas Stoller, también guionista televisivo y que con esta debuta como director. La estructura de la película no lleva a engaños. Se ahorra las presentaciones y sigue la vieja máxima de empezar por el final del conflicto, al menos del que sirve de arranque de la película. Apenas ha presentado al personaje en cinco minutos, y ya sabemos que es un vago, que compone música ambiental para una serie. Que está liado con una de las actrices (Kristen Bell) de series tipo CSI del momento (que además resulta una crítica descarada) y que ella le va a dejar. Lo curioso en este arranque de película en realidad es el interés de Segel por enseñar la polla todo lo que pueda, de forma que un conflicto tan básico, como los motivos por los que la actriz deja al músico holgazán, pierde interés por adivinar las veces que la enseñará. Una vez superada la primera prueba de fuego lo siguiente será el tópico. Cuantas mujeres, cada cual más peculiar (recurso manido hasta la extenuación) necesitará el protagonista para olvidar a su ex. Pero en vez de cerrarse a lo fácil, el guionista se decanta por el segundo tópico más sencillo. Largarse de vacaciones a Hawai. Por supuesto allí se encontrará con su exnovia y el tipo por el que le ha cambiado, un músico modernillo que parece estar siempre fumado (Rusell Brand). No os asustéis, apenas he contado un tercio de película, no contaré más y todo está por pasar, aunque aquel que espere sorpresas, mejor que se vea una película de otro género.

La incorporación de la espectacular actriz televisiva Mila Kums y del músico místico Brand será lo que mueva la trama. Elementos desestabilizadores y fantásticos antagonistas de los personajes. Lo mejor en este punto es que en vez de recurrir a la comedia de enredo, el personaje está planteado (tal vez por una cuestión de ego) como en una comedia de situación. Y es que Segel trata de ser un tipo serio (siguiendo las pautas de Steve Carrell), introducido en una situación compleja, pero siempre tratado con un tono cómico por las circunstancias a las que se tiene que enfrentar. En cuanto a los antagonistas , director y guionista han tenido el buen gusto e inteligencia de introducir personajes divertidos, pero que no resultan antipáticos, sino todo lo contrario. Así la película se va convirtiendo en un terceto en un tono más dramático, compensado gracias a la inestimable colaboración especial de un personaje invitado que no es otro que Brand, que a pesar de rozar el estereotipo, no pierde la coherencia en ningún momento. Además colaboradores habituales de Apatow como son Paul Rudd como surfista pasado y Jonah Hill como fan psicópata, mantienen el tono cómico en un nivel elevado.

Además, al ser el propio guionista el actor principal, se ha reservado un doble final, primero en la comedia romántica, con una secuencia de desenlace muy divertida aunque poco realista, pero que al público americano (y porque no, también al europeo) encantará por sus imprescindibles connotaciones morales, y un segundo, con ese regustillo de superación que se hace doblemente entrañable por sus protagonistas; las marionetas del mítico Jim Hemson. Para terminar descubrimos que enseñar la polla era un gag, que además sirve de confirmación de que nuestro protagonista ha hecho lo adecuado con su cambio de relación, y deja claro que su ego no tiene complejos.

Sólo un par de detalles más, la tendencia de todas las películas de la “saga” a una duración de casi dos horas, resultando algo largas para tratarse de comedia, y esta es tal vez la más descafeinada de todas las entregas. Tal vez el nivel de “Virgen a los 40”, la película que dio lugar al resto, sea difícil de alcanzar. Aunque aquella tuviese una estructura dramática más deslavazada, era mucho más salvaje, y es que poco a poco han ido edulcorando los diálogos en las siguientes entregas, para buscar repetir el final feliz y los principios morales que tanto gustan al público, con el fin último de que llegue al mayor número de espectadores posible... y por consiguiente alcancen mejores cifras en taquilla.

Víctor Gualda.

viernes, 17 de octubre de 2008

SEXO EN NUEVA YORK

Antes de ver la película que nos ocupa, me planteé poner en práctica las técnicas que propone Paul Bayard en su libro “Cómo hablar de los libros que no se han leído” (Anagrama), y escribir la crítica de la película sin haberla visto, sólo con las referencias de lo que había oído y los capítulos que en su momento vi en televisión. Al final no me decidí, pero en realidad poco nuevo tengo que aportar de cosecha propia. Además con esta película pasa lo mismo que con la última de Woody Allen. Tanto defensores como detractores tienen razón en sus argumentos.

“Sexo en Nueva York” tiene para mi un fallo que destaca por encima de cualquier otra consideración. Tratar de ser trascendente sobre su homóloga serie. Me explico. Parece que las chicas neoyorkinas han crecido y ahora tienen que tomarse la vida demasiado en serio, lo que hace que el tono se tambalee un poco. Afortunadamente salvan el tipo con algunos gags, aunque desde luego insuficientes para estar a la altura en su “puesta de largo”. Por supuesto a las/os incondicionales esto les pasará desapercibido, pues sus sentidos estarán demasiado entretenidos en contemplar la colección inacabable de vestidos, zapatos y trajes de boda que luce Carrie y sus colegas. Pero la realidad es que después de una presentación relámpago que resume seis temporadas en apenas tres minutos, los creadores comienzan un largo camino por situarnos (como si alguien en el “primer mundo” no supiese de que va la serie) y la realidad es que hasta el minutos cuarenta y cuatro no se atisba la primera pista de conflicto. Y es que en su afán por demostrar la paradójica estupida/madurez de la protagonista, los guionistas se olvidan de que en el largometraje las tramas no se resuelven cada treinta minutos, y para que haya película tiene que haber conflicto. Pero lo más alucinante es que si tardan un tercio de película en que aparezca ese conflicto, el desenlace de este es el que sirve de punto de giro del primer acto (y casi de la película)... de una forma al menos discutible. Al final, me quedé con la sensación de que con el juego de los coches que vienen y van (emulando el juego de las puertas de Lubitsch) asistimos al final de un capítulo cualquiera.

Dicho y hecho, el arranque y desarrollo del segundo acto es el comienzo de un nuevo capitulito en el que las amigas estereotipadas (este punto se ha mantenido a lo largo de la serie y se respeta en la película) empiezan a tener una subtrama para rellenar la película.... porque por supuesto lo mejor estaba en el primer tercio. Si antes sólo la pelirroja estricta había tenido el privilegio de la subtrama, era para precipitar el desenlace principal, pero ahora la rubia ninfómana y la morena pava tienen su peso en la película. Algo tiene que suceder mientras la sensible Carrie se recupera de su previsible palo y llega al más previsible desenlace. Lo que me resulta curioso en este punto es que Michael Patrick King y sus colaboradores han incorporado un nuevo personaje, un personaje reflejo en el que la autentica y única protagonista puede apoyarse para recomponer su estatus y volver a resucitar como ave fénix organizada, atractiva e irresistible.

Todo de los más soso y entretenido al tiempo. No entraré en detalle, pero la morena pava será el nuevo soporte que necesita la rubia cronista para precipitar el desenlace del tercer capítulo contenido en la miniserie. Mientras, la rubia ninfómana tendrá su conflicto personal sustentado en la improbable fidelidad. Todo ello hasta el final... el final es el peor momento que un mal guionista se puede imaginar. Pero al público femenino hacia el que está dirigida la cinta, le permitirá el suspiro emocional imprescindible para cerrar esta nueva temporada.

A destacar por encima de todo el pseudo mensaje final de lo importante que es ser profundo y no superficial, pero más bien parece un pretexto para evitar las necesarias críticas, porque es difícil ser más absurdo en dos horas y media. Lo qué me pregunto es si las marcas habrán financiado la película, "Sexo en Nueva York" es la mayor concentración de anuncios que he visto desde la última de James Bond. Manolo Blahnik tiene que estar contando billetes, porque la estupidez humana no mira la etiqueta, sólo se guía por el nuevo Dios; ostentación (Gucci, Dior etc) y su profeta; películas y series de televisión.

Víctor Gualda.

viernes, 26 de septiembre de 2008

ALGO PASA EN LAS VEGAS- ELLA ES EL PARTIDO- 8 CITAS- OVIEDO EXPRESS























Buscar algo interesante entre los estrenos de la semana es como buscar oro en el viejo oeste. Tienes que remover mucho para filtrar la arena y separar las pequeñas pepitas. Eso es lo que sucede con las cuatro películas que voy a comentar porque no merecen una crítica personalizada, pero tienen secuencias respetables.
Tal vez lo justo sería empezar por la más interesante de ellas “Algo pasa en las Vegas”. Una comedia americana con todas las consecuencias, cuyo mayor merito es que a pesar de ser completamente previsible, al menos es entretenida y tiene algunas secuencias salvables. El argumento; un tópico tras otro... en este caso tópicos americanos, pero gracias al cine trasladables a Europa. Chico listo y guapo, pero que ha perdido la fe en si mismo acaba con un amigo de pedo en Las Vegas; Chica lista y guapa pero que ha perdido el novio acaba pedo en Las Vegas. Chico conoce chica. Boda etílica y separación imposible por dinero (el elemento social de nuestro tiempo) En definitiva la película funciona porque no trata de engañar. Es consecuente desde principio al final, y tiene situaciones divertidas para todos los públicos. El ritmo y el pulso en la dirección del director televisivo Tom Vaughan son fantásticos, y alguna de las previsibles peleas (a partir de un giro de guión necesario) funcionan por el buen hacer de Cameron Diaz y Ashton Kutcher. El final se sabe desde el minuto uno, pero aún así satisface al espectador.

Algo más pretenciosa resulta “Ella es el partido”. Dirigida por el incansable George Clooney, que parece buscarse una carrera paralela para cuando se le acaben los papeles de galán. Una película con la que el espectador español difícilmente se sentirá identificado, pues trata de los orígenes del fútbol profesional americano. No diré que al actor le falta mano para dirigir, porque la película es una comedia con tufillo a los hermanos Cohen, con los que trabajó en “Oh brother”, y tiene elementos que a todo el público le resultaran familiares, no en vano se trata de una comedia clásica de superación de un personaje prácticamente plano, que tiene como antagonista a Renee Zellweger, elemento por cierto común con “Algo pasa en las Vegas”. Me refiero a que por supuesto está llamada a compartir cama con el protagonista después de muchos desencuentros (lo que Balló y Perez llamaban “el deseo en suspenso” en su libro “Yo ya he estado aquí”)... con el añadido de un tercer personaje que sirve de eje interpretado por John Krasinski (Carter) y antagonista real (competencia por la chica y el juego). Siempre me llama la atención que no se elijan actores con el suficiente carismas para este tipo de personajes, tal vez por si oscurecen la interpretación del protagonista de turno. A destacar en esta producción con una factura de fotografía muy sepia (Newton Thomas Sigel) para que sepamos que estamos en los años veinte, un par de secuencias. La secuencia del primer encuentro amoroso de los protagonistas a contraluz, y las secuencias cómicas copiadas del cine mudo de la época en la que se sitúa la ficción. También el desenlace es previsible y una vez más, como en casi todo el cine americano, el protagonista lo consigue todo sin renunciar a “casi” nada. De forma que la identificación del espectador está asegurada a pesar de que el personaje sea un perdedor encubierto... Bueno, siempre nos gustaron los perdedores simpáticos.

Como estaba saturado de tanto cine americano, me di una vuelta por el cine español. “8 citas” es una película sencilla que cuenta las historias casi a secuencia única de varias parejas (elemento interesante para producción). Todos ellos por supuesto llamados a encontrarse en un final demasiado provocado (previsible) aunque no así la razón de dicho encuentro. El tono general del metraje y que sirve para aunar todo, es la comedia. A destacar la interpretación del permanente actor revelación Raúl Arévalo, que sabe imprimir su personalidad en cada personaje. Esperemos que no nos acabe saturando como pasa con el personaje tipo de Fernando Tejero. Muy bien también el desarrollo de la secuencia de Arturo Valls, con una Melani Olivares esperpéntica pero no desentonada en un crescendo muy divertido. Por el otro lado, el negativo, y muy a pesar de la buena interpretación (habitual) de Adriana Ozores, y lo interesante de la situación, su secuencia se queda en un quiero y no puedo. Lo peor del metraje bajo mi punto de vista, es el planteamiento de la secuencia de Jordi Vilches y Verónica Echegui (y demás familia), que resulta tan sobreactuada que te saca de la película, muy a pesar de su buen trabajo. Para el colofón reservan a una Belén Rueda, tan intensa y dramática que resulta fuera de tono con el conjunto. En definitiva, el principal mérito de la película es aunar a parte de los mejores actores jóvenes españoles de la mano de Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen, pero mucho más van a tener que ofrecer si quieren que se siga hablando de ellos en el futuro.

Por último la película de Gonzalo Suarez, “Oviedo Express” de la que no puedo hacer un juicio de valor completo pues me aburrió tanto que tuve que dejarla cuando apenas llevaba media hora. Y tal vez sea un problema mío, pero el tipo de cine que él propone me recuerda a los años que estudiaba teatro, y el resultado no es mejor que una obra de un estudiante de dirección escénica de segundo curso. El tono demasiado declamado es una extensión de la obra de teatro que se proponen representar en el teatro Campoamor, “La regenta”. Todo es sobreactuado, cada personaje cumple un rol y no está desarrollado más lejos que lo evidente. Es de alguna manera el mundo personal de Gonzalo Suarez. No comulgo con él, pero me parece que a estas alturas del partido, y a pesar de que tiene el mérito de hacer una propuesta original, no se puede pensar que con un reparto interesante basta. El cine español necesita un ejercicio de reflexión y comenzar a replantearse cual es el tipo de cine que quiere el público, que a fin de cuentas es el llamado a proporcionarle un futuro, del que a día de hoy prácticamente carece.

Víctor Gualda.

viernes, 12 de septiembre de 2008

SPECIAL

Tengo que reconocer que el único motivo que me empujo a ver la película es la simpatía que me trasmite Michael Rappaport. En realidad, en todas las producciones viene a hacer el mismo personaje. Un tipo inseguro, ilusionado, desgarbado, un perdedor simpático. No creo que nunca vaya a salir de su estereotipo, pero si que sabe sacarle partido a sus cualidades y ofrecer personajes entrañables, sea en el cine con “Ladrones de medio pelo”, “Amor a quemarropa” o en series de televisión como “Me llamo Earl”, “Friends” o “Prison Break”. En “Special” ofrece sin salir de su encasillamiento su indudablemente mejor interpretación hasta la fecha, en una producción de bajo presupuesto, pero en la que él es el único protagonista.

Les Franken (Rappaport) es un currante que trabaja como vigilante de parquímetro poniendo multas. Su vida no es demasiado emocionante, y al ser aficionado a los cómics, sueña con que algún día podrá ayudar a la humanidad. De momento se conforma con servir de cobaya para un laboratorio farmacéutico que está probando un medicamento. Su triste y solitaria vida se ve trastocada al comprobar que los efectos del medicamento (que luego descubrimos que sirve para aumentar la autoestima) le aportan superpoderes. El sueño está cumplido. Ahora sólo queda ponerse al servicio de la humanidad. El problema es que todo está en su mente, y como reza la carátula, mientras él se cree un superhéroe, los demás le ven como un superidiota. Así comienzan sus aventuras por la ciudad. Evitando atracos en tiendas de comestibles y agrediendo a gente que su imaginación le dice que van a cometer algún acto delictivo. Todo ello hasta que se tenga que enfrentar a los malvados trajeados, tal vez demasiado inspirados en “Matrix”, que tratan de robarle su recién adquiridos superpoderes. Inmediatamente descubriremos que son los dueños del laboratorio que están ante un contrato con una multinacional, y no quieren perderlo.

Como vemos el argumento es sencillo. Los superpoderes de Rappaport se ven reforzados por efectos especiales un tanto básicos que el espectador disfruta al estar en el punto de vista de él. Esta elección es contradictoria, porque por momentos dudamos si realmente los tiene o no. El tema es que los directores han tomado el camino de en medio, y al implicar a terceras personas, los dueños de la tienda de cómics, y para darle algo más de peso al segundo acto, descubrimos que definitivamente es todo producto de su imaginación (no juegan con el recurso). Una pena, porque el espectador espera que los tenga. Aún así, el personaje resulta maravillosamente entrañable. Los cambios de punto de vista te desengañan, y hacen que el tipo cada vez más descontrolado por la ingesta de las pastillas acabe dándote pena.

Esto es aparentemente todo. Una peliculita independiente en tono de comedia con un argumento sencillo, poco presupuesto, casi parodia de las pelis de superhéroes, pero pienso que la película esconde algo más. No sé si también en mi caso por identificación con el personaje, como victima del paracetamol, o sencillamente porque realmente está pensado por los responsables de la cinta, pero lo cierto es que veo una doble intención en la aventura. Al fin y al cabo Rappaport interpreta a un tipo alienado, que tiene un trabajo medio, y que se siente desaprovechado. La mayoría de los espectadores rechazaran la identificación porque les gusta sentirse en una mejor posición. Si les gusta, como dije antes, será por pena, pero lo cierto es que la mayoría trabajamos en una oficina, en un local cumpliendo un horario y muchos llevan un uniforme o un traje como el protagonista. A todos nos gustaría salvar el mundo, pero en el fondo “los hombre del traje” se ocupan que todos tratemos de ser iguales, de que nadie destaque sobre nadie, de hacernos pensar que todos son piezas indispensables de la cadena (magnifica la secuencia en la que el jefe putea a Rappaport tratando de hacerle entender que el dinero que recaudan con las multas va a escuelas u hospitales). La sociedad impone que el que quiera ser diferente tiene que pasar por loco o por inadaptado. Así que hay que reducir las individualidades al máximo. En realidad no ha cambiado tanto la cosa desde la estremecedora imagen de los obreros entrando en la fábrica que mostraba Fritz Lang en “Metrópolis”... el problema es que también se puede hacer la interpretación inversa, aquella que responde al tópico americano de que todos tenemos algo que nos hace especiales y validos para la sociedad, pero particularmente me inclino por la primera interpretación.

Como digo tal vez sea rizar el rizo demasiado, pero la película me obliga a no quedarme en la superficie y llegar un poco más allá. De cualquier manera cinematográficamente me quedo con secuencias como la elección del traje como símbolo distintivo (Para mi mucho mejor que la de “Hancock”) con la de la comisaría de policía en la que Rappaport trata de ponerse al servicio de la justicia y para ello demuestra sus cualidades, o con el desenlace mezcla de “Terminator” y “Matrix” en la que el protagonista ha decidido que tiene que ser uno más, pero las circunstancias le demuestran que eso es imposible.

Víctor Gualda.

viernes, 20 de junio de 2008

IRINA PALM

Otra maravilla para los espectadores. No puedo decir menos de esta gran película que hace meses se posó en nuestras estanterías. La verdad es que me faltan calificativos para alabar a este film del que sólo puedo hablar bien en todos los aspectos.

El planteamiento de la película es sencillo y directo. Maggie necesita dinero para afrontar el tratamiento que requiere su nieto enfermo. Los padres de la criatura son presentados como trabajadores sin recursos suficientes, a los que no les queda más remedio que aceptar la situación. Maggie no está dispuesta. Fue capaz de vender su casa, y ahora está dispuesta a conseguir el dinero como sea. De manera casual acude a un anuncio en un sex-shop. El trabajo a priori no es el mejor para una abuela ama de casa, pero con el salario podría ayudar a su nieto.

La evolución del personaje ante la difícil situación que se le plantea está expuesta con claridad. Sin posicionamientos morales. El objetivo del personaje y el conflicto están planteados desde el principio. El ritmo es coherente con la evolución del personaje. Que el espectador se ponga de parte de la protagonista es fácil, así que la identificación está garantizada. El desarrollo del guión está perfectamente compensado con personajes secundarios que evolucionan a la par que ella, y enriquecen el desarrollo de la trama. El antagonista Miki (Miki Manojlovic) es un personaje mimado, tal vez algo ablandado para producir un efecto final positivo. También otros, como las vecinas cotillas, que le proporcionan al espectador la escena que todos los sensibilizados con la causa de Irina esperamos. El desenlace es previsible, pero no por ello menos satisfactorio. El antagonismo del hijo también es otro elemento previsible, pero necesario. Como lo es tragarse el orgullo y reconocer el esfuerzo por encima de las consideraciones morales a las que todos estamos sometidos. Los detalles de dirección y guión que desarrollan el carácter de la protagonista están cuidados con todo el mimo que merece el personaje. Así, la secuencia en la que Maggie cuelga el cuadro y se pone la bata y las zapatillas en su lugar de trabajo, me parece sencillamente maravillosa. No se puede decir más de un personaje con menos. Tal vez esté un poco subexplotada la subtrama de la competencia, pero evidentemente desarrollar este conflicto hubiese supuesto salirse de la línea narrativa, y tal como está, no es mas que un refuerzo sobre los sentimientos de Maggie-Irina. Las secuencias a priori más comprometidas están tratadas con una fantástica delicadeza. No vemos nada, pero para entender no hace falta ver. La imaginación es mucho más poderosa que la vista. El tono se mantiene a lo largo de todo el metraje en la fina línea entre el drama y la comedia en un equilibrio digno de admiración. No cae en ningún momento en lo fácil (me refiero a imágenes de sexo explicito que hubiesen roto el tono) Ni siquiera en la fantástica imagen visual en la que vamos viendo sucesivamente los cogotes de los clientes de Irina disfrutando de sus servicios .

Creo que a estas alturas es evidente que la película me ha impactado. Marianne Faithfull adapta a la perfección su físico a una película que es ella. Me encanta el planteamiento en el que a pesar de que Irina y Maggie son diferentes personajes; uno que vive de día y otro que vive de noche, hay un punto en el que ambos se encuentran, y ni lo sórdido del club, o de la habitación, o del agujero de la pared, pueden arrebatarle su personalidad, sino más bien todo lo contrario. Así que no me queda más que felicitar a Martín Herron y Philippe Blasband por este cuento casi navideño lleno de energía positiva, y a la sensibilidad de Sam Garbarski, el director que ha sabido dejar a un lado su ego para, de forma sencilla y dando la importancia que merece, poner su capacidad al servicio del personaje y la historia. Imprescindible, creo que es la palabra que mejor define esta película. Impresionante la que mejor define a la cantante sensibilizada con la enfermedad (ella misma pasó un cancer hace un par de años) Ojalá tengamos oportunidad de volver a verla en la gran pantalla en breve, porque estoy seguro de que volverá a brillar como en Irina Palm.

Víctor Gualda.

viernes, 6 de junio de 2008

JUNO

A priori, cuando te dicen que vas a ver una comedia americana de adolescentes en la que la protagonista se queda embarazada, te echas a temblar. Son los prejuicios, porque esta película demuestra que cualquier tema o edad puede dar como resultado un trabajo más que respetable... además de cumplir el tópico de menos es más.

En el caso de “Juno” (diosa de la maternidad en la mitología romana), es fácil adivinar teniendo a Jasón Reitman como director, y sobre todo gracias a su anterior trabajo “Gracias por fumar”, que el tono entre irónico y sarcástico del material está garantizado. Con Ellen Page estaba un poco más despistado. A pesar de ser reconocida internacionalmente por su anterior trabajo en “Hard Candy”, la película no acabó de engancharme. Me parecía que tenía demasiados puntos en común con “Funny Games”, y que la interpretación de Arno Frisch era devastadora e incomparable. Además, la escena final de “Hard Candy”, hizo que para mi perdiera toda la credibilidad el personaje (todo estaba perfectamente justificado, haciendo que se viera el “cartón” al guión). Pero en el caso de “Juno”, el personaje le queda a Page como un guante. Es más, después de vista, me cuesta imaginarme a otra actriz haciendo ese papel. El de la adolescente de dieciséis años inteligente, algo freaky y cargada de sentido del humor que se enfrenta a un embarazo no deseado.

La película tiene una estructura narrativa muy sencilla. Todo gira alrededor de Juno. El planteamiento se hace casi desde el primer minuto. Esas secuencias iniciales en las que la protagonista se hace las pruebas de embarazo. Además también queda definido el tono. Lo mejor es que esta adolescente y todos los que les rodean tienen un sentido positivo de la vida que traspasa la pantalla. La película huye de toda pretenciosidad. El lenguaje (tanto visual como textual) es fresco, directo y realista. La trama se abre cuando Juno ayudada por su amiga Leah, decide dar el bebe en adopción. Para ello busca a los padres “perfectos”, pero no tarda en descubrir que la perfección no existe. En este punto conocemos a la acomodada pareja elegida a través de la relación con ellos. Pero el punto de vista se mantiene en todo momento con ella. Se ve involucrada en situaciones que se le escapan de las manos por su edad, pero que ella es capaz de capear con soltura. Por otro lado su “relación” con el padre de la criatura, Michael Cera (el tímido de “Supersalidos”) es tierna y enternecedora, como conexión con la vida que corresponde a una adolescente de su edad. Tal vez esté ahí (además de en su sentido del humor) la clave de la película. Contraponer situaciones de adulto a una niña de dieciséis años, y ver como se enfrenta a ellas con más cabeza que la mayoría de los adultos. Está arropada además por unos fantásticos secundarios, especialmente Jennifer Garner como madrastra y Jasón Bateman como padre, y por una música muy acorde con el personaje. La película tiene mucho que ver con aquel cine independiente de los noventa basado en los diálogos y los personajes, que se fueron comiendo los grandes estudios hasta hacerlo casi desaparecer.

Para conseguir este resultado tan “normal” la película tiene una base muy sólida apoyada en el fantástico guión de una camarera striper de nombre artístico Diablo Cody, que creo que utiliza a Juno como alter ego (muchas de los fantásticos diálogos me los imagino en una joven algo mayor). Lo cierto es que Cody se ha llevado el Oscar al mejor guión original. Al parecer la encontraron a través de un blog en tono cómico que tenía en Internet. Luego le propusieron escribir un guión... y lo demás ya es historia. Siempre criticamos el cine americano, pero su cultura (la anglosajona en general) tiene cosas que ya quisiera la nuestra. Una situación similar a la de Cody es completamente impensable en nuestro anquilosado y rancio cine patrio. Y es que más que nos pese, y superproducciones aparte, Estados Unidos sigue siendo el país de las oportunidades, y son conscientes de que cualquiera puede ser un filón si tiene algo que contar.

Víctor Gualda.

viernes, 9 de mayo de 2008

VIAJE A DARJEELING

Desde mi punto de vista, el gran merito de Wes Anderson es haberse mantenido fiel a su particular forma de narrar a lo largo de su filmografía. Me refiero tanto a nivel estético, como de fondo. En cuanto a lo primero, está claro que tiene un gran peso en su cine. Anderson no deja a un lado el decorado en el que narra como extensión de los personajes. Un complemento necesario que sirve para definirlos y agrandarlos. En el otro lado, el del fondo, el tema que trata una y otra vez es la dificultad para integrarse del individuo, a partir de las referencias familiares, sobre todo paternas. Esta complejidad sicológica del individuo hace que sus tramas sean algo descuidadas en cuanto al lenguaje “clásico” de la narración. Pero esto no quiere decir que se olvide de la trama, no. De hecho sus personajes, siempre tienen un objetivo desde el inicio de la película que no olvidan, pero que les hace cambiar (evolucionar) por el camino. Así la trama se convierte en un medio y no en un fin.

“Viaje a Darjeeling” es un claro ejemplo de lo anteriormente expuesto. La película es una “road movie” en toda la extensión de la palabra, en la que tres hermanos emprenden un viaje iniciatico en busca de su madre recluida en un monasterio de la India. Sin embargo, el director no esconde sus verdaderas intenciones, y pone en boca del personaje de Owen Wilson, hermano mayor que ejerce de figura paterna, que el verdadero destino es encontrarse a ellos mismos y recuperar su relación.
Desde el principio Anderson nos muestra a los tres hermanos con personalidades muy marcadas, con subtramas personales que les influyen, pero que no tienen peso especifico en la trama, más que el de definir sus personalidades a partir de las circunstancias. Mientras, utiliza la muerte del padre (situación que se va desentramando a lo largo de todo el metraje) como excusa para explicar la influencia que ha tenido en su vida, y la búsqueda de las referencias que les faltan en la figura de la madre huida. Las maletas que arrastran a lo largo de todo el viaje simbolizan la carga que supone el recuerdo del padre ausente. Pero hay más, como la obsesión de Wilson y Brody por los pequeños objetos, (como las gafas de sol), o la secuencia flash-back del coche averiado camino del entierro. Así, el padre se convierte en un personaje omnisciente fundamental para que el espectador vaya entendiendo a los personajes.

En cuanto a las subtramas que mencionaba, tal vez las de mayor peso sean la de Jasón Schwartzman. Muy curiosa y divertida, la secuencia con Natalie Portman, que te introduce directamente en el particular universo del director, muestra el tono, y ayuda a entender la relación del personaje de Schwartzman con las mujeres y en particular con Portman. Por otro lado está la de Brody con su novia, a la que acaba de dejar embarazada, y su resistencia al compromiso y responsabilidad que supone, tal vez por la situación con su propio padre...

Sacando la personalidad de los protagonistas, tengo que reconocer que el viaje no me satisfizo lo que esperaba. Me parece una sucesión de aventurillas de tres niños ricos (es así como están planteados en realidad los personajes) y caprichosos alter egos del director y tal vez los otros dos guionistas (Roman Coppola y Schwartzman), que emprenden el viaje como el que se va de vacaciones a la playa (de hecho Darjeeling fue un lugar de vacaciones de los colonialistas ingleses de la zona). Me refiero a esa actitud de superioridad moral que desprenden y reconocen los propios americanos y que impregna todo el metraje, pero en vez de hacerlo con una actitud irónica y autocrítica, creyendo realmente que son el culo del mundo. De manera que al final te queda la sensación de que todo el viaje por la India no tiene un fin tan espiritual, sino más bien estético. Porque como comentaba al inicio, Anderson es un gran estilista, pero en el caso de la película que nos ocupa, el fondo lo utiliza de decorado (el tren lo es, pero existe y está considerado Patrimonio de la Humanidad), sin involucrarse en la vida de los personajes que les rodean, ni en el ambiente... Ni siquiera en la secuencia de los niños que se están ahogando, que me sirve para reafirmarme en esa idea subconsciente que tienen de la superioridad moral. No me extenderé en este punto, pero me queda la sensación, de que si no son ellos (los americanos) los que salvan a los niños, no los podrá salvar nadie (también con el personaje de Huston como “abadesa” del convento, que llega a decir textualmente que la necesitan). Pero para que no se me malinterprete, esta sensación es pura praxis, pues en realidad, la secuencia de Brody está planteada para que el personaje evolucione y sea capaz de verse reflejado como futuro padre.

Mención aparte tiene el esperado y consabido encuentro con Anjelica Huston en el personaje de madre, con una actitud desmitificadora clara, que sabe que la vida sigue y que cada uno tiene que encontrar su camino. Aunque paradógicamente a pesar de su actitud, no deja de ser una persona que ha huido de su propia realidad.

Para terminar, sólo añadir que no quiero que quede la sensación de que es una mala película. Muy al contrario. Es una película arriesgada que te transporta a una aventura como espectador. Tal vez la más completa de Wes Anderson. Pero si hay algo que me gustaría destacar, es la fantástica interpretación de los tres protagonistas de la historia. Es difícil interpretar estos personajes casi cómicos en clave dramática, sin que se escapen hacia el esperpento. Los mejores en este campo tal vez sean Bill Murray (que lo hace casi siempre) o Ben Stiller. Pero Wilson, Brody y Schwartzman consiguen alzar la película para que se te quede la sensación de que has asistido como espectador involucrado, a un fantástico viaje.

Víctor Gualda.

martes, 8 de abril de 2008

SUPERSALIDOS

“Supersalidos” resulta ser junto a “Matrimonio Compulsivo” una de las comedias americanas de la temporada. Pero si aquella estaba dirigida por los hermanos Farrelly e interpretada por Ben Stiller, con lo cual estaba llamada a funcionar... al menos a priori. “Supersalidos”, que tal vez debiera pasar como una película únicamente para adolescentes, ha trascendido y se ha convertido en un referente. Su acierto puede que no sea otro que el de producciones anteriores que reflejaban como evoluciona el mundo adolescente en los Estates. Pero básicamente lo que funciona, es que es divertida. ¿Acaso le hace falta algo más a una comedia?

El planeamiento de la película es bastante sencillo. Un par de chavales apartados del centro social del instituto, están a punto de encaminar sus vidas hacia la presunta madurez de la universidad. El problema es que cada uno ha sido admitido en una universidad diferente, con lo cual tendrán que separar sus vidas. Así el conflicto se divide en dos, por una parte el “drama” de la separación, y por otro, el motor de la película, llegar con experiencia sexual a la universidad. El final de curso se acerca, y las oportunidades se reducen. Pero ahora podrán realizar su sueño a cambio de conseguir alcohol para la fiesta de una de las chicas. Para ello, cuentan con la ayuda de un tercer colega con carné falso (en EEUU los jóvenes no pueden comprar alcohol hasta los 21) A partir de este momento las situaciones delirantes se suceden a todo ritmo. Por un lado, el chaval del carné falso, asiste a un atraco en la tienda en la que está comprando. La llegada de un par de policías (uno de ellos, coguionista de la cinta) más adolescentes que él, desencadena una especie de viaje iniciático guiado por la noche.

Por otro lado y como trama paralela, nuestra pareja cae casualmente en una fiesta de “tipos maduros”, en la que tendrán oportunidad de conseguir el alcohol que el tercer miembro de la pandilla ha sido incapaz. Las acciones paralelas se suceden, y también las situaciones disparatadas. Justo a tiempo para llegar a su fiesta y convertirse en los héroes de la misma al haber conseguido el objetivo.

A destacar de la película el desarrollo temporal. Se puede decir que toda ella sucede en un día y sobre todo, una noche. Según los propios guionistas están basadas en sus experiencias y en las de la gente que les rodeaba, pero lo cierto es que a nivel cinematográfico se puede emparentar con producciones tan dispares como “American Graffiti” (que evidentemente varia en el tono, pero no en la idea del miedo a madurar), la fallida “Jo qué noche”, en el desarrollo temporal y el surrealismo de las situaciones, aunque en esta era un solo protagonista y algo mayor. Y como no, en todas las comedias descerebradas que marcaron nuestra adolescencia como "Porky´s", “Los albóndigas en remojo” y demás. Incluso a nivel literario me atrevería a compararlo con el Max Estrella de Valle Inclán (que me perdonen los Valleinclanianos) que a lo largo de una noche recorre las calles de la Bohemia.

Otra cuestión es el trasfondo de la película, que define el tipo de adolescentes que se manejan en los Estates. La película ha dividido el protagonismo en dos estereotipos. Por una parte, el chico sensible algo tímido y parado, y por otra el gordo obsesionado con el sexo y líder carismático de la pareja. Ambos actuaran siguiendo sus roles, pero el final será complaciente para ambos, y bastante “moral”. Porque si el objetivo es conseguir el alcohol y emborracharse, se entiende con dificultad la moralina final de que hay que ser buenos chicos y tener personalidad propia para conseguir ligar. Mientras por otro lado, los policías y el tercer protagonista adolescente, se han saltado todas las leyes que se supone defienden sólo para demostrar que los polis también son divertidos. Me refiero a emborracharse mientras trabajan, abusar de la autoridad, darle un arma a un menor para que dispare, quemar su propio coche para autoencubrirse después de haber atropellado a un chaval etc... Con lo cual uno se pregunta si no será la americana una cultura hipócrita, que conoce la fachada, pero defiende el todo vale... mientras no se sepa. Por otro lado, también el tufillo machista envuelve toda la cinta. A fin de cuentas el punto de vista que domina la película es en todo momento el de los chicos, mientras las chicas son relegadas a meros objetos sexuales, objetivos a conseguir por una pandilla de reprimidos, que sólo son capaces de relacionarse bajo los efectos de las drogas o el alcohol en fiestas destinadas para ello. Probablemente de todo lo anterior, venga ese final tan moralista e hipócrita, como lo es la propia sociedad americana.

Pero dejando a un lado el análisis sociológico, vuelvo a repetir que se trata de una película divertida, que debe verse como mero entretenimiento, ya que todos hemos sido adolescentes y nos podemos sentir identificados con estos perdedores que buscan su lugar en el mundo, y para ello son capaces de todas las cafrerias posibles. Quien trate de ver la película de otro modo, se llevará una desilusión. Esta es simplemente una comedia, de esas que los modernos con animo de delimitar definirán como “nerd”, pero que en realidad no es más que otra, (y eso si) divertida comedia para adolescentes.

Víctor Gualda.