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domingo, 27 de septiembre de 2009

MALDITOS BASTARDOS

Me resulta complicado hacer una crítica objetiva de la nueva película de Tarantino. Tal vez por que me ha gustado y horrorizado a partes iguales. Por un lado está esa libertad del director americano para hacer lo que le da la gana como le da la gana, y por otra su propia cinefilia que le impide que sus películas sean equilibradas. Creo recordar que ya lo comente en este mismo blog con la crítica de “Kill Bill”, esa libertad le hace tender hacia el onanismo mental y acabar jodiendo películas que de otra forma serian obras maestras o la reinvención del género que aborda en cada una de ellas. Una vez más “Malditos Bastardos” mezcla lo mejor de sus cualidades y lo peor de sus defectos a partes iguales.

Lo primero que llama la atención es la división en capítulos casi literarios que componen la trama. Parece que estamos ante una reunión de relatos independientes que luego tienden a encontrarse en el desenlace, pero que por separado tienen su propio clímax final. Ya aquí vemos que hay un desequilibrio entre unos y otros. En vez de cumplir diferentes funciones en el conjunto, todos están basados en los diálogos. Y eso siempre es interesante en su caso pero descompensa el delicado equilibrio del total. La verborrea de sus personajes parecen reflejar la propia personalidad del director. Y lo hacen con talento, el problema es que parecemos asistir al mismo personaje con diferente uniforme y algún matiz propio de la situación. Así, la presentación del nazi Hans Landa (Chistopher Waltz) es sencillamente magistral. Una secuencia de veinte minutos de tensión con banda sonora reciclada de Morricone que nos conduce hacia un desenlace esperado, pero no por ello menos revelador. Tarantino no sólo es jerga de barrio. Es diálogo tenso y concreción en los desenlaces. Da igual que la larga secuencia sea puro western mezcolanza de Ford y Leone. Él consigue apropiarse de sus referentes y crear algo nuevo que trasciende. Es más, se permite reinventarse y autoreferenciarse con otra secuencia maestra en la taberna, que es una suerte de “Reservoig Dogs” comprimido. Pero el equilibrio entre ambas debería estar en la acción. Y esa responsabilidad le correspondían a los bastardos comandados por Aldo Raine/Pitt. En vez de eso, mete el cazo alargando innecesariamente las secuencias al estilo “Doce del Patíbulo” o “Grupo Salvaje” primero en la prestación incompleta del grupo, luego en la presentación del alemán desertor, y finalmente en la presentación del personaje de Eli Roth. Con lo cual el ritmo del conjunto se resiente. Y es que el ritmo depende demasiado del diálogo. Y aunque Tarantino sea un as en el manejo del texto, se echan en falta silencios dramáticos, el desborde en las resoluciones ya sean violentas o no y algo más de equilibrio en el total.

La acumulación de secuencias unas acertadas otras fallidas (para mi la del strudel es necesaria, pero alargada, al igual que el personaje de Brull me parece metido como excusa para hacer avanzar la acción, pero la personalidad no está bien definida, llevando al desastre la peor secuencia de la película, que no es otra que la de la resolución en el cine-teatro. Y es que el director es ambicioso y bajo mi punto de vista algo torpe al combinar los géneros en una secuencia que rompe todo el tono de la película al mezclar las tramas que se cruzan. Por un lado la comedia con unos bastardos pasados de vueltas (más que nunca) y el contratiempo del idioma (convertido en uno de los “temas” a los que mejor rendimiento saca el director), por otro la deserción de Landa, por otro el drama de Shosanna (Melanie Laurent) en lo que podía haber sido un final épico y por la precipitación se queda en un quiero y no puedo. Los cambios de registro están bien para descargar la tensión acumulada, pero no se pueden comer el verdadero clímax que se precipita en la cabina y no permite que el espectador disfrute de la venganza, que es el fin último de la trama (por mucho que se lance el mensaje de que la venganza es inútil), aunque sea a través de la autoinmolación. Y es que para mi el personaje del amante de Shosanna no tiene más sentido que el de resolver problemas de guión, ya que la relación entre ellos está completamente forzada a pesar del estético plano del celuloide amontonado. Mientras que la idea del atentado doble con el cine con la bobina cambiada entre las llamas es fantástica. Otra cuestión es el cambio de la historia (¿ucronía?), muy cinematográfica, pero que tal vez hubiese sido mucho más duro si no hubiesen acabado con Hitler y con Goebbels (entonces si que el tema de la venganza inútil se hubiese reforzado). Lo curioso es que el director consigue convertir el defecto en virtud, y la muerte de Hitler en el teatro es uno de los puntos más discutidos de la cinta por el poder del cine para “cambiar” la historia.

En definitiva y por no alargar una crítica. -Se puede escribir un libro más que un artículo, porque todas las secuencias tienen detalles maestros (me encanta el detalle fetichista con el que arranca la película por ejemplo)- una película incompleta porque debía haber durado cuatro horas para que el director se explayase, o cuarenta minutos menos para ser más concreto. Pero al final me quedo con la impresión de un genial experimento fallido que abre una puerta que ningún otro director del mundo puede soñar. Se puede acusar a Tarantino de narcisista pajillero y se le pueden negar premios al mejor director en festivales que se alimentan de su genio, pero lo que es innegable es que su energía y su sombra van alargándose por cada género que toca. Y ahora el cine bélico tiene un nuevo y genial (que no maestro) referente sobre el que reconstruirse.

Víctor Gualda,

sábado, 11 de julio de 2009

VALKIRIA

Lo mas destacable de “Valkiria” es la idea. Militares nazis tratan de dar un golpe de estado y eliminar a Hitler. Basado en un hecho real, y argumento repetido o sugerido en varias producciones (la más reciente “Operación Valkiria” 2004) “Valkiria” demuestra que el pueblo alemán estaba dominado por el miedo, y que sólo unos pocos instalados en posiciones privilegiadas tuvieron opciones de eliminar al dictador. Hasta aquí todo el sustento teórico de la película, que en realidad está plantada como un mero thriller un tanto aburrido, que aprovecha el tirón del “basado en hechos reales”. El problema principal es que el espectador ya sabe el final antes de verlo. Sabemos que fracasan, y por tanto todo el interés debe estar en mostrar el fracaso con la mayor tensión posible. Pero la película tiene defectos importantes que lastran la idea principal.

La presentación de personaje interpretado por Tom Cruise Von Stauffenberg, su carácter rebelde, las heridas de guerra… chorradas en las que Cruise no consigue aportar un mínimo de humanidad al personaje, ni lo más importante, que el espectador se involucre con su causa. Y es que la identificación con el personaje principal es fundamental. Luego la presentación del descontento entre los mandos, un ramillete de caras conocidas con poco peso especifico en la trama, tratadas con desden para no quitar protagonismo a Cruise.

La involucración del personaje en el desarrollo del plan hasta el atentado copa todo el primer tercio de película, pero Bryan Singer se olvida de lo principal, la película es un thriller y hay que tratarla como tal. El mestizaje de géneros está de moda, pero querer dar el mismo peso al drama que al thriller es una equivocación en este caso, y la secuencia climática casi en el centro del segundo bloque lastra el tercero (tal vez sea Kubrick en “Senderos de Gloria” el único capaz de conseguirlo). Pero volviendo a la secuencia del atentado, que es lo más interesante, se nota una cierta falta de oficio de Singer (único responsable) en crear el elemento principal. El suspense. Y es que el director demostró en “Sospechosos habituales” con un guión convencional (mejor dicho con una estructura clásica) su habilidad para la sorpresa, pero el suspense es mucho más complejo. Es difícil encontrar una secuencia tan obvia que cumpla las exigencias del suspense, y es difícil encontrar una en la que este tan desaprovechado. Hitchcock utilizo el ejemplo de la bomba en la maleta para explicar como se debe rodar una secuencia de estas características. El punto de vista del espectador compartido con Cruise, que conoce el contenido de la maleta debe causar una tensión que se transmita al espectador. En vez de eso, la secuencia, que aun así es la mejor de todo el metraje, sólo consigue su objetivo a medias. Creo que la clave está en lo poco y mal utilizados de los tempos dramáticos. En no saber poner al espectador de parte del personaje, y después en el cambio de género que baja al mínimo la poca tensión lograda para perderse en el ramillete de caras.

Tras esta secuencia; la nada. Todavía queda todo un bloque dramático fundamental, pero los guionistas Christopher McQuarrie y Nathan Alexander, deciden que hay que justificar y mostrar las consecuencias del desaguisado. Cero interés por mucho que se intensifique el ritmo. La división en dos del mando alemán por la toma de Berlín por el ejército de reserva, la cadena de mandos comprometidos en la causa, los intereses políticos de los implicados. Nada sirve para paliar el desastre. Nada consigue levantar esta película con final absolutamente pueril y conocido de antemano por el espectador. La película está demasiado al servicio de Cruise, y lo caída de los confabuladores tiene cero tensión, y poco interés. El antagonista al que todos conocemos es Hitler, un personaje interesante encarnación del mal, que desaparece de la cinta. Vale que el espectador conoce el fracaso del plan, pero una aparición estelar (ya que hemos jugado con la incertidumbre) le hubiese dado un extra a ese desenlace dramático. Y es que una película es la dramatización de los hechos sean reales o no, y eso permite ciertas licencias que aquí están desaprovechadas.

Para el preestreno en Madrid, la producción trajo una pantalla especial que instalaron el único estreno que se ha hecho en el teatro de la Opera (luego se la regalaron al teatro por ser demasiado caro llevársela). Marketing y parafernalia insuficiente para tapar las carencias obvias. De ellas la principal; Si la estrella de turno tiene demasiado control sobre la producción, el resultado se resiente.

Víctor Gualda.

miércoles, 8 de julio de 2009

CHE: GUERRILLA

Siguiendo el tono iniciado en la primera parte, esta segunda arranca con la entrada de Ernesto en Bolivia. La intención no es otra que extender la revolución cubana en Sudamérica, la intención no es otra que mostrar el periplo vital del personaje aferrado a la idea. Un arranque un tanto confuso que en pantalla está resuelto con la exposición objetiva de los hechos que ocurrieron. Las presuntas malas relaciones de Ernesto y Fidel Castro están planteadas, pero no se sigue el camino de la conspiración, sencillamente se exponen para reducir el asunto a un comunicado de Fidel, en el que dice leer una carta de Ernesto que le autoexculpa, y de paso engrandece la idea de la revolución. Una jugada maestra que parece orquestada por el cubano después de que vimos que es el personaje más carismático de la revolución, además del más inteligente y manipulador. El abandono del puesto de ministro da paso directo a la entrada del “personaje” disfrazado en Bolivia.

A partir de este punto la película recupera la estructura narrativa de la primera parte. En lo más alto de su fama y reconocimiento oficial el che desaparece, se disparan las especulaciones hasta que reaparece en Bolivia. El sistema que tan buen resultado dio en Cuba, reclutar campesinos para entrenarlos y plantar la semilla del descontento en las clases bajas se repite. Inmediatamente vemos que el planteamiento es el mismo, pero con diferencias notables. Si en la primera reconocemos la importancia de Fidel en el proceso, aquí desaparece el personaje antagónico e ideológico principal, y vemos que Ernesto se afana por luchar contra los “elementos” con desigual resultado. Los Bolivianos, mucho menos comprometidos, sin la base cultural y teórica de los cubanos, están presentados como egoístas y paletos. La oposición del propio partido revolucionario oficial, y la falta de apoyo popular hacen mella en el débil compromiso. De nuevo (también lo vimos en Cuba) se plantea que Ernesto es extranjero y genera desconfianza en los bolivianos. La guerrilla se limita a hacer pequeñas incursiones y sólo la filtración de noticias en los periódicos, alguna huelga alentando la revolución o una entrevista al propio Ernesto, personaje tan carismático internacionalmente que le da peso a la idea, hacen que el gobierno se plantee la posibilidad de eliminar la mosca cojonera e insignificante que supone la guerrilla. Es decir, hasta este punto se repite la estructura narrativa, reconocible y el paralelismo con la revolución cubana, pero se introducen nuevos elementos que le desalientan y ayudan a entender el por qué del fracaso. A fin de cuentas, el espectador menos informado sabe del trágico final del personaje, es sólo cuestión de tiempo, y el interés se centra en saber cómo llega el fin del personaje y el principio del mito.

A partir de la involucración del gobierno boliviano en la figura de Joaquim de Almeida, la película cambia de género y está planteada como una especie de western encubierto, algo así como en “Dos hombres y un destino”. Se forma un equipo especial para capturar a los rebeldes. Se divide el punto de vista principal para que el espectador conozca los movimientos del ejército boliviano, y crear la tensión dramática necesaria incluyendo el suspense. No creo que los propios guerrilleros sean capaces siquiera de ver que se ha iniciado al caza. Es sólo una cuestión de tiempo que caigan. Inteligente combinación la de Soderbergh que introduce los géneros en el metraje de manera encubierta para dotar de estructura narrativa sin perder el tono casi documental de la primera. Nunca pierde el horizonte, y a pesar de lo sesgado del personaje, lo dota de humanidad y refuerza el halo de pesimismo que lleva implícito. De nuevo recurre al asma para mostrar sus debilidades. De nuevo recurre a los personajes secundarios para que entendamos que la idea necesita del sustento comunitario que el pueblo boliviano no está dispuesto a dar. Todo ello hasta llegar a la secuencia definitiva.

El clímax se centra en la captura con una secuencia de acción para aportar el heroísmo, el desenlace en el personaje tratando de mostrar la humanidad en un último acto heroico. Soderbergh nos hace recordar la frase mítica sin pronunciarla. Mejor morir de pie que vivir de rodillas… y fundido a blanco. Pero añade una imagen más. La del mito. La última que el inconsciente debe recordar, la del héroe que se dirige hacia el destino y que personaliza el símbolo.

Che y Guerrilla no son dos películas. Es una e indivisible, por mucho que los intereses económicos de las salas obliguen a partir el metraje. No se puede entender como dos porque se rompe la esencia y se convierte en negocio. El personaje se ha convertido en mito en parte gracias a Korda, a una imagen. Soderberg y del Toro han intentado dotar de vida el icono, pero poco importa la vida del héroe. Lo único que importa es lo que representa… y que haya muerto joven.

Víctor Gualda.

domingo, 28 de junio de 2009

LA CRUZ DE HIERRO

Stransky - Le enseñare como lucha un oficial prusiano.
Steiner -…Y yo le enseñare dónde crecen las cruces de hierro.

Recién estrenados en Cannes los malditos bastardos de Tarantino. Ahora que se multiplicarán las películas bélicas, es necesario revindicar una obra maestra. Y es que este maestro del cine de género que es Sam Peckinpah, especializado en perdedores, da en “La cruz de Hierro” una magistral clase con esta película en la que se alternan las secuencias narrativas y su personal forma de rodar las secuencias de acción. Un tanto olvidado en la actualidad, Peckinpah abrió las puertas de la modernidad en el lenguaje de cine de acción, con sus montajes picados y sus ralentizados característicos, con la violencia como trasfondo de su obra.

Para su pandilla de perdedores, Peckinpah se pone del lado de los nazis, aunque sería más correcto decir alemanes, pues estos bastardos no creen en la patria ni en la ideología. Son soldados que cumplen con su obligación a pesar de saber que todo está perdido. Eso le da un encanto especial a la película, acostumbrados como estamos a que los alemanes estén planteados como meros muñecos despersonalizados que siguen ciegamente a un líder. El director los convierte en hombres con sentimientos y personalidad, iguales a los del bando aliado. Los antihéroes están dirigidos por el cabo Steiner (James Coburn) un soldado carismático que cree en la justicia, y que se enfrenta al enemigo sea del bando ruso en las trincheras (nunca la hubiese podido dirigir si el enemigo fuesen los americanos), o del alemán en los “despachos”. Y es que en el trasfondo de la película se observa con facilidad la lucha de clases entre Steiner (Coburn) y su antagonista Stranski (Maximilian Schell) un oficial prusiano con ansias de la gloria que representa la simbólica cruz de hierro (que tiene su origen además en el ejército prusiano).

A lo largo del metraje el tema de la diferencia de clase está continuamente presente. A través del antagonismo de los protagonistas, así como en el genial bloque que de desarrolla en el hospital en el que es internado Steiner-Coburn después de ser herido. La llegada de los mandos para ver a los internos mutilados por la guerra, y la orden de introducir la carne y el vino para que sólo los oficiales la disfruten, mientras los heridos se tienen que conformar con las verduras, produce la reacción violenta ante la injusticia del mermado Coburn, y el desfase entre los heridos que pelean por la migajas. Pero igualmente memorable es la secuencia en la que el coronel le exige que diga si Stransky dirigió una contraofensiva que supondría la famosa cruz. Maravilloso Coburn escupiéndole a la cara que los mandos y el uniforme le dan asco, porque en la guerra sólo el valor y no los galones les hacen diferentes. Así Coburn representa al antihéroe por excelencia. Un soldado que corre tras la muerte porque no cree en los rangos. Un soldado que salva a un adolescente, que deja que un grupo de mujeres le den su merecido a un oficial amoral en un granero, o que en uno de los mejores finales grabados jamás, después de pasar las líneas enemigas y ser disparado por las propias, da una lección de pundonor y venganza al más puro estilo del western clásico (fantástico el plano contrapicado en el que Coburn refleja el odio y la incomprensión, con el humo de las bombas cubriendo el cielo), para dar lugar al épico desenlace con el que comenzábamos la crítica.

Una fantástica cinta con muchos puntos en común con la otra obra maestra del director “Grupo Salvaje” que una vez más tiene como tema central de la trayectoria de Peckinpah la violencia incontrolada, o más bien, los atisbos de humanidad dentro de la violencia, entendida esta como un rasgo muy humano. Espectaculares secuencias de acción y destrucción con bombas, tanques, muertos con sangre a borbotones y como anunciaba al comienzo a pesar del escaso presupuesto. Los subrayados en forma de ralentizado en las secuencias más espectaculares. Pinceladas de carácter que humanizan a los personajes principales atrapados en una espiral de la que primero no pueden (fantástica la secuencia subtextual gay de la película) y luego cuando pueden no quieren escapar, porque no les queda otra cosa que una guerra irracional.

Víctor Gualda.

viernes, 19 de junio de 2009

RESISTENCIA

Hay películas que es necesario comentar por razones extracinematográficas. El caso de “Resistencia” es el más obvio con el que me he encontrado desde hace tiempo. El motivo; es una película de propaganda política encubierta de las más descaradas de los últimos años. No creo que sea necesario explicar que los inicios de los grandes estudios fueran judíos inmigrantes que se asentaron en los estates y visionarios en el negocio. Tampoco que actualmente gran parte de la industria es controlada por judíos. Si en un inicio pusieron a disposición del estado su cadena de montaje para hacer películas panfleto-patrióticas bélicas, luego la cosa derivó en concienciar al gran público de la gran injusticia que sufrieron en la Alemania nazi. Hasta aquí bien. El problema es que tienen además la peculiaridad de no admitir voces discordantes. O estas con ellos, o contra ellos. Y me da la impresión que entre el blanco y el negro hay una gran variedad de tonalidades. Ya lo hicieron con el otro tema político que les ocupa. El palestino, y cinematográficamente el boicot a “Paradise Now” cuando intentaron expulsarla de los Oscar. No lo consiguieron porque los premios habrían perdido toda credibilidad, pero al menos consiguieron que no ganara (a pesar de merecerlo). “Resistencia” va más lejos del mero panfleto.

Ambientada durante la ocupación de Bielorrusia por los nazis, cuenta como un grupo de partisanos judíos liderados por la familia Bielski, se convirtieron en comunidad, refugiándose en los bosques y defendiéndose contra el invasor. Un drama bien construido, equilibrado en las tramas por tópicas, aunque en algún momento se haga lenta y pesada, pero con una estructura clara y diáfana. Dos hermanos (tres en realidad) campesinos y competitivos que buscan su sitio, y que darán la ayuda a su pueblo de la mejor manera posible. Pero ya desde el arranque es evidente la metáfora que cubre todo el entramado. Craig que interpreta al hermano Tuvia Bielski, podría llamarse Moisés, porque sólo le falta bajar del monte Sinai con las tablas. Se convierte en líder profético, y sigue los designios que Dios le transmite llegando a cruzar su propio mar Rojo, huyendo en busca de la tierra prometida.

O al menos eso es lo que yo saco en claro. Por supuesto al tratarse de una comunidad, habrá otros personajes que interpretaran roles necesarios para entender a la comunidad judía. El intelectual rabino y su aprendiz, el egoísta que es eliminado con el mismo despotismo que haría un Dios Vengativo, y que refuerza al líder. Las mujeres como fieles compañeras de viaje sin voz mi voto, y por supuesto el drama de los hermanos que están condenados a entenderse y que tienen la correspondiente lucha moral por la envidia, el liderato, el despotismo y la violencia siempre tratando de que sea justificada. Incluso la continuidad de la comunidad está expuesta con el personaje del hermano menor Jamie Bell (Asael) como líder sucesor.

Llegados a este punto, lo que más atención me ha llamado aparte de un conjunto paternalista y didáctico, ha sido la clara extrapolación con la actual situación con Palestina. Sobre todo en aquella secuencia aislada en la que atrapan a un militar alemán, casi única personificación del nazi como individuo aislado, pero que han utilizado para justificar no la fuerza o la defensa ante la injusticia, sino la violencia irracional del pueblo que tiene derecho a vengarse. Y es tan clara manipulación que llega a asustar. Es fácil identificarse con las víctimas después de mostrarnos los horrores y entrar en el juego del ojo por ojo. Pero ya no es la empatía refinada de “La lista de Schiller” que mostraba al enemigo mediante un personaje despiadado, y la voluntad de sobrevivir de los judíos, mostrando sus “armas” en la inteligencia y el apoyo de alguien externo a la comunidad, pero siempre con variedad de matices cambiantes en cada escena. Los hermanos Bielski utilizan y justifican la fuerza como único medio para sobrevivir, siempre con la etiqueta de “historia real” que da credibilidad a cualquier estereotipo. Los personajes han sido tratados con benevolencia extrema y acaban siendo héroes indiscutidos, con una moral intacta a pesar de tener las manos manchadas de sangre.

En cuanto a la interpretación poco o nada que decir. Craig con su habitual frialdad construye un personaje inexpresivo sin matices que pasa igual ante muerte, el amor o cualquier matiz que tenga que interpretar. Es el paradigma para el experimento Kulechov. Liev Schreiber (Zus) borda estos personajes sarcásticos que parecen siempre enfadados, pero también ofrece poco repertorio. Es tal vez Jamie Bell, el hermano menor, al que se le adivina mayor variedad de registros en este drama bélico.

En definitiva, noto una intención política de extrapolar situaciones e introducir poco a poco en el subconsciente colectivo la idea de que están haciendo lo correcto en oriente medio, castigando con toda su maquinaria militar al no reconocido estado palestino, apareciendo como víctimas en vez de cómo verdugos. Y ellos podrán considerarse (con razón o no) perseguidos y odiados, pero ni la fuerza militar ni el dinero, ni la manipulación dan la razón, solo engendran más odio y más violencia.

Víctor Gualda.

martes, 27 de noviembre de 2007

EN TIERRA DE NADIE

Si “Senderos de Gloria” es la película antibelicista por excelencia como argumentábamos en su crítica, entre otros motivos porque retrataba la guerra desde el más alto escalafón a un soldado raso, la que nos ocupa no le queda atrás. En aquella el enemigo no aparecía en pantalla. Era una especie de ente indeterminado “los alemanes”. Pues en el caso de esta, el director va un poco más allá. La guerra de Bosnia sirve de excusa para presentar a dos soldados de bandos contrarios que podrían haber sido perfectamente vecinos por no decir hermanos y que se ven atrapados entre dos fuegos.

La película arranca con una patrulla Bosnia que se pierde buscando sus trincheras en la espesura de la niebla y la noche. El director nos presenta el tono de cómica amargura inmediatamente con un chiste que dice algo así como “-¿Qué diferencia hay entre un pesimista y un optimista?. –Que el pesimista piensa que nada puede ir peor, mientras que el optimista sabe que siempre puede ser peor”. Para confirmar la paradoja, cuando amanece y se va la niebla, la patrulla descubre que no sólo se perdieron, sino que está cerca de las líneas serbias. La desesperada huida conduce a nuestro protagonista bosnio Ciki a una trinchera entre las dos líneas de fuego. Los serbios envían a un par de hombres para asegurarse de que están todos muertos, uno de ellos Nino es un debutante en el juego de la guerra. Y es entonces cuando se encuentran los dos enemigos irreconciliables. A partir de estos momentos tendrán que convivir al menos por unas horas hasta que su situación se aclare. Los diferentes cambios de poder nos muestran que ambos se comportan igual cuando tienen un arma en la mano. El director y guionistas Danis Tanovic nos muestra además que en una guerra no hay buenos y malos, que todos son ciudadanos iguales que por decisiones políticas de las que no entienden nada, se ven ahora pegándose tiros. Lo resumen todo a justificar quién empezó. En realidad son como niños que discuten. Pero pronto vemos que igual que son enemigos irreconciliables, tienen cosas en común. En este punto hay un diálogo sobre una ex novia de Ciki que era del pueblo de Nino, y que pienso podría haberse aprovechado un poco más para que ambos tuviesen más en común, y así conseguir que el espectador se sintiese un poco más identificado, para que cuando se produzcan las diferencias irreconciliables fuese aún más absurdo todo.

Pero el director prefiere abrir el guión y mete un par de subtramas. Por una parte uno de los soldados bosnios abatidos no esta muerto sino herido, pero el enemigo le ha puesto una mina debajo que al moverse puede estallar, y por otra entra en juego los soldados de la ONU que están desplazados allí, encabezados por un sargento concienciado, y por supuesto la prensa, que sigue los acontecimientos y que tiene pinchada la frecuencia de los cascos azules para presentarse en el lugar inmediatamente. A partir de este punto la critica se desplaza hacia la ONU, sus restricciones (sólo están en el conflicto como árbitros del partido) sus mandos, y sus relaciones con la prensa. Una noticia que informa de las decisiones de los políticos respecto a la guerra sirve de punto de inflexión y nos saca a la hipocresía de la “macropolítica”. Pero todo es una excusa para que el espectador valore que los que se enfrentan en las trincheras son gente de la calle que poco o nada tienen que ver con políticos que sólo aparecen en escena de manera simbólica para hacerse la foto, mientras viven seguros en sus chalets sin sentir en su piel las decisiones que ellos mismos toman. Además el director nos hace conscientes del poder de la prensa que obliga a tomar decisiones de maquillaje para que parezca que todo está bajo control.

El final tiene unas conclusiones previsibles cuando ha germinado la semilla del odio, y la imagen con la que termina la película debería hacernos reflexionar de que los únicos que pagan las consecuencias son siempre los mismos, mientras la ONU se marca una “victoria” mediática, que al final será lo que los espectadores que vemos el telediario sentados en nuestros cómodos sillones valoremos. Esto me hace reflexionar que hubiese sucedido si la prensa se hubiese enterado de la verdad. Tal vez lo que en aquella fantástica película de Wilder “”El gran carnaval” en la que acertadamente el personaje de Kirk Douglas explicaba que centrar la noticia en un hombre llega más al espectador, lo humaniza más que un millar de muertos. El caso es que la reflexión de ambas debería llegarnos, porque nosotros como espectadores hemos sido testigos aunque no lo haya hecho la prensa. Pero en este punto siempre inconscientemente justificamos nuestra conciencia pensando que lo que acabamos de ver es una ficción, igual que este artículo... al menos hasta que nos toque vivirlo en nuestra piel.

“En tierra de nadie” se llevó un merecido Oscar a la mejor película extranjera en el año 2002. Un reconocimiento tan justo por su valor cinematográfico como por su función de crítica a un sistema jerarquizado e injusto.

Víctor Gualda.

viernes, 23 de noviembre de 2007

SENDEROS DE GLORIA

Atención porque nos encontramos ante, tal vez, la mejor película de Stanley Kubrick. Esto por supuesto es una opinión muy personal. Kubrick es uno de esos pocos que pueden contar sus películas por obras maestras, y hablar de “la mejor” es un poco gratuito. “La chaqueta metálica”, La naranja mecanica” “2001 odisea en el espacio”, “El resplandor”, “Lolita” “Barry Lindom”, “Atraco perfecto” son películas que traspasan el genero que tratan, para hacer una reflexión sobre ser humano. Pero lo cierto es que “Senderos de gloria” es una película muy especial.

De todos es sabido que es un alegato antibelicista y una critica a los intereses políticos que conlleva sin precedentes. Desde la primera secuencia en la que los dos generales tienen un cara a cara completamente subtextual, a la última en la que Douglas observa como se emocionan sus soldados en el único momento de relajación que tienen en toda la película antes de reincorporarse a las trincheras, el director nos muestra que las clases sociales también juegan un papel en el ejercito, y que para la política, el ser humano sólo es una masa de carne informe a la que sacrificar única y exclusivamente por decisiones que se toman en un palacete o una oficina, mientras el estado mayor disfruta de privilegios y fiestas al tiempo que sus hombres mueren en el campo de batalla.

Si la primera secuencia es un ejemplo de cómo un guionista debe utilizar el subtexto y el diálogo, y una muestra de cómo se toman las decisiones por los que mandan, tras un recorrido por las trincheras, nos encontramos con la humanidad personificada en el personaje de Kirk Douglas, que en una secuencia de enfrentamiento con su superior acaba cediendo ante el imposible decisión de tomar una colina fuertemente protegida por los alemanes. A destacar en este punto otro diálogo de esos que trascienden el cine y que se podría aplicar hoy en nuestra actualidad política. Al argumento populista y moralizante del general que dice algo así como “... donde hay un patriota hay un hombre honrado”, la fantástica replica de Dax Douglas que le contesta “Samuel Jonson decía otra cosa, Decía que el patriotismo es el último refugio de los sinvergüenzas”. La lucha de las banderas concluye por supuesto con la irremisible obligación de lanzar a los soldado a una muerte segura (se habla de que el sesenta y cinco de ellos morirá, simplemente por una decisión de despacho. Pero no es este el único diálogo a destacar. A estas alturas hemos disfrutado de una secuencia de esas que tanto gustan a Tarantino y que “copió” en Pulp Fiction de “Tirad sobre el pianista” de Truffaut, (del que es admirador reconocido) en la que dos soldados hablan sobre si prefieren morir a tiros o a bayoneta. Atención, porque no tiene desperdicio.

Después llega la hora de la batalla. Las secuencias de la batalla están rodadas únicamente desde el punto de vista de Douglas y consisten en el avance hacia la posición del enemigo. En ningún momento vemos un solo alemán, ni un solo enemigo. Solo explosiones y un travelling del avance siguiendo a Kirk, que se arrastra y corre al mando de sus hombres por las alambradas. En este punto hay que destacar el travelling del que ya hemos disfrutado a lo largo de las trincheras siguiendo al general, y que se repite a lo largo de todo el avance. En un movimiento de cámara que se convertirá en una de las marcas de la casa de Stanley. Y es aquí donde situamos el climax de la película, a la orden del general de bombardear sus propias posiciones porque sus hombres apenas pueden avanzar unos metros, o incluso parte de ellos no pueden salir de las trincheras. Si en mitad del metraje llega el punto álgido de la película, podemos decir que a continuación comienza un nuevo metraje. Una segunda parte en la que por una decisión una vez más política, se decide que hay que fusilar a tres hombres elegidos al azar por cobardía. Por supuesto Kirk Douglas será en abogado defensor de esta pantomima en la que la suerte está echada antes de que comience el juicio. Y es que no hay nada más absurdo que una guerra, con la salvedad de que sean tus propios compañeros los que te ejecuten.

Los guionistas (el propio kubrick junto a Calder Willingham y la colaboración de Jim Thompson) introducen la orden del general como punto de inflexión y única esperanza para los condenados. Es entonces cuando pasamos a el punto de vista de ellos que buscan la manera de salir de su calabozo. Idea imposible, que refuerza su desesperación y nos da una crítica más, en este caso a la iglesia de mano del cura que les acompaña en su última noche y que trata de convencerles de que Dios está con ellos. De nuevo hay que destacar diálogos inteligentes y cortantes en este punto. El director consigue crear tensión. Porque si hay algo que cualquier espectador de cine odia es la injusticia. Y en estos momentos del film la sensación de que la esperanza no se pierde para los condenados se explota hasta el final. Pero Kubrick no quiere ser condescendiente. Prefiere la cruda realidad. Es una ficción, pero no tiene porque dejar de reflejar la realidad. Y por lo general la realidad no da concesiones a la injusticia. Para rematar, Dax le encarga la misión de dar la puntilla a los condenados al único personaje que nos ha presentado al principio de la película como cobarde (en otra secuencia que no tiene desperdicio). Como la estructura es prácticamente la de una tragedia griega, el director lejos de conformarse y terminar la película en el lugar donde se espera, nos regala una última secuencia de reflexión en la que Kirk observa como sus soldados pasan de la diversión a la nostalgia a través de una prisionera alemana que les hace un número musical. Es respecto a esta secuencia donde más controversia se ha creado entre los cinéfilos por las multiples interpretaciones que admite. Las hay para todos los gustos, y el tema se ha llevado a debates e incluso congresos de cine. También en internet es tema de controversia. Lo único que puedo aportar es que la canción vendría a titularse en español algo así como “El militar fiel”, que está cantada en alemán popular, y que refiere una historia de amor en la que ella enferma y acaba muriendo... ah, y que la que canta es la mujer de Kubrick. Pero como dice una amiga, desde el 57 en que se hizo la película hasta el 99, año que murió el director, ¿A nadie se le ocurrió preguntarle a Kubrick? (Aunque es una película de reacciones tardías. En España no se estreno en cine hasta 1986).
Por si tenéis alguna interpretación personal que aportar, os hemos colgado la secuencia en nuestra sección “El cortometraje de la semana”... Personalmente me atrevo a proponer una interpretación. Qué tal, si Kubrick siguió aquello que decía Godard de que “una película tiene que tener un arranque, un desarrollo y un final, pero no necesariamente en ese orden” y en realidad esta secuencia hubiese sido en el guión original la secuencia de arranque y presentación del personaje de Kirk Douglas. Ya sé que es poco probable, pero todos sabemos que en el montaje muchas veces se producen variaciones de ese tipo. En fin, es sólo una idea. En definitiva, “Senderos de gloria” es una obra maestra de visionado obligatorio.

Víctor Gualda.

miércoles, 30 de mayo de 2007

BANDERAS DE NUESTROS PADRES Y CARTAS DESDE IWO JIMA



Con “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima” Clint Easwood se embarcó en un proyecto muy ambicioso, no sólo el realizar una película bélica y anti-bélica a la vez sino también intentar describir las intersubjetividades de los dos bandos, partiendo de un punto de vista supuestamente neutro.
En este proyecto es loable el trabajo de documentación, existen imágenes que son prácticamente iguales que imágenes gráficas tomadas en cámara fotográfica o cinematográfica, en este punto reside una de las principales virtudes de las películas; su belleza plástica, interrumpidas (en ocasiones) por una voz en off (en “Banderas de nuestros padres”), que a mi parecer solo genera “ruido” y distracción. Pero volvamos al punto de partida del proyecto; el captar de manera más neutral posible las diferentes subjetividades que están presentes en los dos bandos de una de las más sangrientas batallas de la Segunda Guerra Mundial.
Además de presentar las diferentes subjetividades presentes en la contienda, es central a su vez, el tema de los héroes, en este caso al igual que el el caso de otras películas del mismo autor, estos siempre tienen un origen singular (“Million Dollar Baby”, “Sin perdón”, etc) ; blanco, de origen europeo, cristiano, etc, en clave lo que se han venido a llamar los W.A.S.P. (White American S... Protestant).
Esta perspectiva de "los heroes" es de recurrente actualidad, y parte de una visión teleológica de la historia, la democracia empieza en Grecia (según Frank Miller en el paso de las Termópilas) y termina en Washington. Los verdaderos actores de este proceso son aquellos “sujetos” que impulsados por la fuerza de la historia (“el espíritu de la historia” según el idealismo alemán), son capaces de esfuerzos épicos para llevarnos por “duros” senderos al fin de la historia. Esta perspectiva tiene además del ingrediente idealista, otro aditivo más; el religioso; la idea del pueblo elegido.
En esta tesitura el triste rol que le tocan a los japoneses es el de pueblo engañado y vilipendiado por un pensamiento fanático donde solo los sujetos libres son los que intentan sobrevivir huyendo de cualquier heroísmo, pero intentando a “ojos de los demás” mantenerse dentro de la lógica fundamentalista que les guiaba; la fidelidad al emperador.
Estamos a mi entender, ante un director que continúa con la lógica social preponderante en EE.UU, pero sin caer en la propaganda fácil, cargado de sutilezas y matices. Es de destacar que la famosa estampa de los soldados portando la bandera, fue un capricho del capitán cuando ya estaba tomado el famoso pico de la colina, y ordenó que se repitiera la foto (ya que no se había podido captar la foto en el momento real), esta foto posteriormente fue utilizada como imagen propagandística para conseguir nuevos fondos para la guerra y los soldados protagonistas de la campaña no eran los que originalmente tomaron el pico, gracias a este evento Eastwood nos refleja la importancia de la propaganda y la manipulación para ganar una guerra. Pero este episodio esta demasiado dilatado en el desarrollo narrativo perdiendo peso parte del pulso dramático de la película.
En cuanto a “Cartas de Iwo Jima “ es destacable la recreación del claustrofóbico ambiente de las cuevas que mantiene el interés de la acción durante toda la película.
Por último quisiera destacar de Clint Eastwood su gran conocimiento técnico y artístico, que se deja entrever en las dos películas, elevándolo a la categoría de uno de los autores cinematográficos más importantes de nuestro momento.