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martes, 13 de octubre de 2009

AGORA

Las malas críticas que ha recibido la nueva película de Amenabar, no han impedido que “Agora” haga una recaudación espectacular en el primer fin de semana de proyección. Se hablan de cuatro millones y pico incluyendo el lunes festivo. Lo que la equipara con otros estrenos made in Hollywood del año. Pero el problema es que es imposible recuperar los 50 presuntos millones de coste sólo con la distribución en nuestro país. La idea es sencilla. Habiéndola rodado en Ingles y con una estrella Hollywood, la distribución americana hubiese hecho al menos recuperar fácilmente la inversión. Aunque en España la Fox ha sido la distribuidora, de momento parece que no hay empresa que se preste a asumir el riesgo al otro lado del charco.

Pero analicemos porque ha recibido tan mala crítica. El problema principal de la cinta es que no emociona. Amenabar ha preferido ser fiel a una de las versiones históricas que circulan sobre Hipatia antes que involucrarla emocionalmente en la trama. Así, la verdadera protagonista del film no es ella, sino la extensión por la fuerza del cristianismo, y como trama emocional, el amor secreto que siente por ella el primero esclavo y luego “soldado de dios” Davo (Max Minguella). Al ser un actor menos conocido, el punto de vista principal se mantiene casi todo el tiempo con ella, pero en realidad el antagonismo entre él y Orestes (Oscar Isaac) por el amor de la científica formando el triangulo clásico es lo que mueve este segmento de trama. Hipatia no llega a involucrarse casi en ningún momento en lo que convencionalmente seria el trasfondo, y aquí es la trama principal del cristianismo la que arrasa con todo.

No es de extrañar el temor ante los conservadores americanos, porque la carga crítica sobre la religión, y por mucho que se empeñe Alejandro en concreto contra los católicos, le puede hacer un flaco favor. Pero tengo que romper una lanza a favor de él, porque si bien es cierto que todos los extremismos son peligrosos y se tocan, en Agora, el retrato de los cristianos es devastador, y esa actitud me parece, por poco común, muy valiente. De hecho me extraña que los católicos y en concreto la iglesia, no mande a sus perros a quemar cines. Así, la película está dividida en bloques perfectamente diferenciados. Primero la presentación de Alejandría como ciudad cosmopolita que atrae y comparte diferentes cultos. La creciente fe cristina que va arrasando intolerante con otras creencias. En el primer bloque el enemigo a eliminar son los paganos. Aquellos que tradicionalmente habían sido los dioses del imperio, ahora son ilegítimos y la religión monoteísta se ha extendido entre las clases bajas. No es de extrañar que ante una provocación arrasen con la biblioteca de Alejandría, en una secuencia épica que sirve de denuncia ante la intolerancia. La ciencia retrocede y poco a poco se va convirtiendo en algo prohibido por atentar contra los intereses cristianos.

El segundo bloque, cerrado de forma un tanto extraña (porque no se entienden bien las consecuencias y todo parece volver a la normalidad) está dedicado a la eliminación de los judíos. De nuevo la intolerancia arrasa y pone contra la espada y la pared al prefecto que no es otro que Orestes, uno de los pretendientes de Hipatia. En este punto, hay que reconocer la habilidad para mostrar la ética de las clases dirigentes, que se adaptan a la nueva religión para mantenerse en la cúpula de poder y que a las clases sociales dirigentes, siempre tienen acceso los mismos. Finalmente un último bloque contra Hipatia, por su condición de científica, pero sobre todo de mujer, ya que no hubo más muertes en la escuela de Alejandría, que se mantuvo hasta el siglo VII.

Esta claro que los bloques están perfectamente definidos y estructurados, pero eso no es suficiente para el crítico consciente, y tal vez para el espectador inconsciente. El espectador necesita involucrarse emocionalmente con su referente en pantalla, y mientras todos los acontecimientos suceden, la protagonista vive en un mundo paralelo que la aleja de la realidad. Las explicaciones simplificadas pero atentas para descubrir el funcionamiento del universo son fantásticas, pero nuestra protagonista debería sentir, porque su autoexclusión ralentiza la acción. Tal vez el personaje real muriera virgen como se mantiene, pero en una ficción no necesitamos el cuerpo, pero si al menos la intención, que puede ser frustrada, pero aquí ni siquiera se aprovecha. Por eso digo que Davo (y también Cirilo, en realidad el gran conspirador interpretado aquí por Sammy Samir) es el protagonista, porque el personaje más ficticio de todos, el puente entre la trama y el personaje/actor poco carismático, lleva la carga sobre sus espaldas de mantener el interés por el futuro de Hipatia. Queremos que consiga su objetivo, que la cuide ante la amenaza de los suyos, siempre respetándola a ella y a su trabajo, pero necesitamos su complicidad. Nada que ver. Weisz no entra en la trama más que en un par de secuencias, incluyendo el desenlace, y su fuerte carisma (que la hace una de las actrices más interesantes) se diluye.

Amenabar transmite esa sensación de distancia en las entrevistas, y extrapola su personalidad a la pantalla. Lo curioso es que en la realidad (perdón por interpretar al hombre) me consta que es sólo una actitud. Pero en pantalla todo parece una formula matemática que tiene que dar como resultado de la ecuación un film que funcione. No nos podemos sorprender, Amenabar siempre mantiene la distancia emocional de sus personajes en todas sus películas, haciendo valer el peso de la trama al más puro estilo americano.

Técnicamente la película es superior. No sé si los mejores planos están rodados por el coguionista Mateo Gil como afirma el director, si la película funciona mejor con los veinte minutos suprimidos después de su paso por Cannes, pero está claro que el dinero invertido está bien gastado. El dinero no se puede esconder, y los decorados, el vestuario, los extras, la ambientación en general, además del montaje y el ritmo son casi inmaculados. Y es que Amenabar es un técnico reputado que esta al nivel del mejor cine de presupuesto americano. Aquí se ha arriesgado hasta el límite con un peplum, tal vez el género más demodé. Pero lo ha hecho con cabeza, y estoy convencido que Tele5 conseguirá recuperar la inversión, y que finalmente los Weinstein se arriesgaran a la distribución igual que hicieron con “Los Otros”… y más después del triunfo en taquilla de “Malditos bastardos”. Personalmente el cine de Amenabar no es el que más me interesa, pero creo que merece la pena ver Agora en pantalla grande y que el director ocupa un rol necesario en nuestro lánguido panorama cinematográfico. Hay muchos que esperan que se la pegue (por cuestión de carácter patrio) otros que se arrimarán a la foto con la excusa de que sube la cuota de pantalla, pero Amenabar se mantiene integro y no se merece fracasar en esta película, porque ha demostrado que está a años luz de lo que se hace en nuestro país.

Víctor Gualda.

viernes, 2 de octubre de 2009

DIETA MEDITERRANEA

La comedia es desde mi punto de vista el género más complicado. Normalmente está basada en la situación y en la trama, mientras que los personajes siguen unas pautas marcadas desde el comienzo sin alcanzar un desarrollo. Encontrar el equilibrio es complicado y eso le infiere un aura de género menor que me parece algo injusta. Una buena comedia que no se quede en chavacana estereotipada es tan difícil o más que un buen drama. En “Dieta mediterránea” Joaquin Oristrell vuelve a casa y lo hace con una comedia irregular pero que trata de ser original. El sistema es clásico enredo mediante el triangulo amoroso. El punto de partida es original por el consentimiento de las tres partes implicadas, y porque está situada temporalmente hace treinta años, cuando en nuestra sociedad era impensable una situación así (tampoco ahora en realidad) dando lugar a algunos buenos momentos de comedia ligera. El problema viene cuando los guionistas se olvidan de lo que vinieron a contar y tratan de trascender.

Tal vez el peor defecto de esta comedia muy patria sea el desigual equilibrio de los actores, y una cierta, aunque disimulada, pretenciosidad. El tono (tal vez el mayor defecto de la cinta) oscila entre la comedia de situación y el drama necesario, pero sin llegar a decantarse con autoridad. Está claro que Oristrell no es Woddy Allen, pero conoce las estructuras y trata de sacarles partido. Como trasfondo el mundo de la cocina, con una heroína de andar por casa que atrapada en una sociedad anclada en la tradición, que trata de imponer su carácter en una sociedad todavía antigua, aunque la evolución a través de la cocina es uno de los temas del metraje. Un personaje fuera de su tiempo al que da vida una Olivia Molina que es el eje de la trama. Y lo hace bien. Esta actriz de saga, dibuja ya buenas maneras que espero no se quemen en la televisión, porque en algunas secuencias se adivinan los gestos de su madre y una intuición que sólo consolida la experiencia, y en otras sin embargo vemos que pierde el tono para situarse en tierra de nadie. Un Paco Leon tradicional le dará la replica. Leon es un animal escénico. Su evolución ha dado pie a un “cómico” de raza en toda regla, algo condicionado por sus papeles televisivos. Él es el único que mantiene el ritmo necesario en la comedia y hace buenas situaciones antinaturales con diálogos forzados y muy mal planteados movimientos escénicos. Su presencia es indudable y la película se alimenta de él. Al contrario que Alfonso Bassave. No es mal actor. Cumple, pero al igual que Molina no es capaz de dar el tono (tal vez más cómica con Bassave y más dramática con Leon). Su personaje es lineal y corto de registros. Sin llegar al desastre mantiene el tipo y descompensa la comedia. Las situaciones más dramáticas tienen un regusto cómico/clásico al que Bassave no saca partido. A eso hay que añadirle que Oristrell no domina del todo el ritmo, y le da escenas de peso para las que no está habilitado.

El conflicto está servido con el triangulo, pero el fantástico y necesario giro de la aparición del “cuarto elemento” , que hace que se rompa la armonía no está bien aprovechado. Que digo bien, nada aprovechado. La película pide a gritos que la aparición del segundo conflicto hubiese sido anterior, y con nuevas dosis de comedia para remontar el vuelo. En vez de eso, el director nos dirige hacia la consolidación del personaje principal en un happy end estúpido y poco probable. Ahora el secreto deja de serlo y el ánimo de provocar queda relamido y poco contundente. Es olvidable, y hay pocas cosas peores que un desenlace olvidable. A fin de cuantas, la resolución será la que deje el gusto definitivo a este plato de hora y media. Tal vez demasiado dulzón en este caso que hablamos en términos culinarios.

El ritmo no significa correr diciendo los diálogos. Significa que la situación suene ágil y natural, y algunos diálogos están faltos de naturalidad, son demasiado explicativos, o entorpecen las acciones de los personajes. Después de ver las comedias de Woody Allen, se nota la desproporción de las escenas en comparación. Allen huye de los cortes y utiliza casi planos master y el ritmo está dentro de la escena. La cámara les busca y el movimiento escénico de los actores llenando el espacio está garantizado, el ritmo es en definitiva interno de la escena. Aquí los actores están estáticos, recortados, creando el artificial ritmo del montaje, representando la escena a plano contraplano y generales estáticos y poco probables. Al espectador le dará la impresión de que acaba de ver otra comedia española que no va a ninguna parte y que no pasará a la historia de nuestro cine. Una lastima porque la comedia siempre había sido nuestro género fuerte.

Víctor Gualda.

sábado, 19 de septiembre de 2009

UN BUEN HOMBRE

El título, tan sintomático como la mayoría de las veces, ya nos da pistas a grosso modo lo que vamos a ver. Un buen hombre es una película sin ambición, y eso puede ser tan malo como el exceso de ella. Con una buena idea de base que se queda en un quiero y no puedo por la indefinición a la hora de lanzarse al género. Juan Martínez Moreno se ha decantado por el drama a secas a pesar de momentos puntuales algo bizarros, y un drama con asesinato pide algo más. Un extra de determinación que aquí se suple con el trasfondo de duda moral que lleva implícito el argumento.

Lo que me gusta de la cinta es que no engaña. No todos los españoles vamos a misa como el personaje de Tristán Ulloa, pero si todos (o casi todos) nos hemos criado bajo el yugo moral de la iglesia católica. Por eso cuando Ulloa es testigo de lo que es testigo (prefiero no desvelarlo porque me parece interesante también la cotidianidad con la que se expone la acción, lejos de efectismos y convirtiendo al espectador en cómplice) la duda, ambigüedad moral entre lo que debe de hacer como miembro de la sociedad y lo que debe de hacer como “amigo” (entrecomillado porque es una de las claves de la película) se hacen hueco en su mente y por ende en la del espectador. Se plantea el típico dilema de – ¿tú que hubieras hecho en mi lugar?- y se refuerza con la ambición del protagonista. También interesante en este punto la sobriedad del personaje de Ulloa que no se desgasta en parlamentos justificatorios y que hace del silencio una actitud. La ecuación se plantea al cuadrado al ver que en la determinación que toma nuestro protagonista, hay una falta de confianza con su pareja Nathalie Poza, con la que no está dispuesto a compartir oscuros secretos.

La película, que ya ha definido el tono, se lanza firme hacia el improbable futuro, con un sorprendente (y ahora si, bizarro) giro que añade más morbo a la ya de por si difícil situación. El efecto bola de nieve complica aun más la trama, y refuerza la psique del personaje atrapado. Ulloa y Gutierrez Caba tienen una deuda común y la expiación de los pecados de ambos se complica por momentos. Es curioso el desenlace de la cinta por varios motivos. Por un lado, el planteamiento de que la comunión libera al pecador de sus acciones, una vez que el causante ha cumplido con su presunto deber moral. Aunque el director ha olvidado que para el perdón completo hace falta la previa confesión, y prescinde de esa escena (no es posible la expiación de los pecados propios a través de acciones ajenas, porque eso es lo mismo que un Deus ex machina). A nivel simbólico está bien, el problema es que a nivel cinematográfico ese desenlace esta sencillamente mal contado, Resulta ajeno al espectador de forma torpe. Esa el la clave de mediocridad de la cinta, la falta de esa ambición de la que hablaba al principio.

Personalmente eché en falta que después del desenlace, de que Nathalie Poza diese a Ulloa la razón para seguir adelante, la normalidad se hubiese restablecido a través de ella, y no una vez más a través del silencio (el peso de la culpa y la tragedia debían caer sobre los hombros de Ulloa, sino pierde la coherencia el personaje). En vez de eso el personaje ni siente ni padece. Si hubiese confesado derrotado conmovido por la noticia de ella, y precisamente fuera ella la que le redimiese de la culpa, la película hubiese volado mucho más alto. En vez de eso, la indefinición, la falta de tensión de toda la cinta, y las buenas pero irregularidades maneras de dirección, lastran un film que podía ser mucho más de lo que es, paradójicamente con muy poco.

Víctor Gualda.

miércoles, 19 de agosto de 2009

EL REY DE LA MONTAÑA

El mes de agosto tiene la peculiaridad de que las distribuidoras también se van de vacaciones. Esto da la oportunidad de ver producciones que por falta de tiempo no verías el resto del año. Lo bueno es que es posible encontrar títulos que habían pasado desapercibidos por la voraz competencia de las producciones “grandes” (de presupuesto, que no de calidad) Uno de estos curiosos casos es “El rey de la montaña”. Una producción española, más que interesante, que me ha impactado porque no me esperaba nada de ella.

Lo primero que hay que advertir al espectador es que la película se mantiene en una delgada línea de verosimilitud y esto siempre es un condicionante. Si el espectador no se deja llevar por la situación acabará pensando que el director le ha tomado el pelo, pero si acepta los hechos que se plantean y los disfruta, le resultará una película entretenida e incluso en algunos puntos bastante original.

Una vez saltado el escollo de la verosimilitud, nos encontramos con un thriller de andar por casa. Un protagonista Quim (Sbaraglia) que por las casualidades de la vida se cruza con Bea (Valverde) en una gasolinera perdida en mitad de la nada. Lo que en guión se llamaría un incidente incitador, que nada tiene que ver con lo que sucederá más adelante, pero que hará que la historia avance, y ya tenemos a nuestros protagonistas huyendo de un enemigo invisible. A partir de este momento y durante cuarenta minutos se iniciará una huida cargada de tensión y suspense. Al más puro estilo yanqui, nuestros protagonista escapan de un enemigo invisible que trata de darles caza. Nuevos personajes que se cruzan en el camino y que aumentan la tensión. Por supuesto, el guionista y director Gonzalo López-Gallego, controla los tempos de la película para que el espectador coja aire, dejando ver de paso que tiene oficio. Aquí llega el principal problema desde mi punto de vista. En vez de volver a arrancar con igual intensidad, hace un amago para volver a parar. Tal vez este justificado por el giro entre maestro y complicado que va a revolucionar la película, pero ha ralentizado innecesariamente la tensión para luego cortarla con el giro definitivo. Un triple giro que no está del todo bien administrado por el director. Hay demasiados cambios interesantes en apenas unos minutos Es entonces cuando toma el camino más difícil. Desaprovecha todo lo que dejará pegado al espectador al sillón. Cambia el punto de vista principal con una sorpresa que le puede desconectar definitivamente, pero que reconozco que es de lo mejor que he visto últimamente. Nos muestra que todo es un juego que se puede interpretar como un sencillo thriller, o como algo más; una película con un trasfondo de crítica social a la violencia sin tratar de moralizar y que invita a la reflexión… pero eso será luego. Primero falta el desenlace, que ya no sorprende, pero que tanto visualmente como a nivel de tono recupera la intensidad que había dejado de lado con la sorpresa.

Una agradable descubrimiento el de Gonzalo López-Gallego que sin apenas presupuesto y con elementos mínimos consigue cuajar un gran trabajo que me hace esperar su próxima película mientras trato de recuperar las anteriores, porque creo que tiene talento y a estas alturas soltura con el lenguaje tanto sobre el papel como visualmente (además de guionista y director es montador) aunque en este caso recomiendo “El rey de la montaña” con cautela. Parece que ya hemos visto esta película mil veces, incluso en nuestra cinematografía recientemente en “Bosque de Sombras”, pero el cambio a lo Chico Ibáñez Serrador (cuando la vean lo entenderán) y su obra maestra, es notoria y original. Ademas tengo que felicitar al director de fotografía Jose David Montero por una estética acertada y a un Sbaraglia al nivel que no había visto en España desde “Intacto”. También a María Valverde, aunque no esté en alguna secuencia al nivel. Pero en general, una película bien construida que hace buena una de las máximas del guión. Hay que conocer bien las reglas para luego olvidarlas.

Víctor Gualda.

miércoles, 1 de julio de 2009

MENTIRAS Y GORDAS

… o tal vez “pirulas y polvos” es el título más adecuado para el peor cine español de la década. Si el cine es un reflejo de la sociedad, el nuestro, igual que la economía, está en crisis y con esta producción ha tocado fondo. Lo bueno, que ya sólo se puede ir hacia arriba. Y es que si la mayoría de los espectadores reconoce abiertamente que la televisión de nuestro país es basura, la extrapolación al cine de esta, no puede ser otra cosa que basura en pantalla grande. Ya sólo faltan los cortes publicitarios a machete en mitad del metraje.

Como siempre el guión es la base sobre la que se cimenta el despropósito. Para este, han utilizado varios puntos de vista que se cruzan y cada uno de los personajes se presupone que tienen un conflicto introducido en una trama que tiende a converger en un punto de encuentro. Hasta aquí bien. El problema es que el conflicto sólo está planteado (más bien presentado en pequeñas secuencias narrativas) pero jamás desarrollado. Normalmente con una frase justificatoria, rompiendo el principio de “acción”. Y no me refiero a acción física. No se puede poder a un actor en una secuencia rasgando una guitarra y decir que quería ser músico, dejarlo ahí y luego meter catorce secuencias del mismo metiéndose rayas o follando porque no hay conflicto. No se puede introducir un personaje como camello, decir que es buena chica y que quiere sacar a un amigo de la cárcel, dejarlo ahí, y meter catorce secuencias poniéndose y follando. No se puede meter un personaje cuyo conflicto sea que estar gorda, y para arreglarlo meter una secuencia en la que una amiga le mete un par de pirulas en una copa y el resto de la trama ponerla follando o colocada. No se puede meter una secuencia en la que un chaval enamorado de su amigo (tal vez el más desarrollado) se “desvía” porque no se siente a gusto en un trío y se pone hasta el culo de pastillas, se lo follan en un cuarto oscuro y pierde los papeles sin más para convertirlo en mártir. Qué clase de visión simplista de la realidad es esta.

Señores Albacete y Menkes, entiendo siguiendo la trayectoria de su cine, cuyo “tema” se ha ido puliendo a lo largo de los años hasta la mínima expresión, que para ustedes follar y ponerse sea el centro del universo de los veinteañeros de nuestro país. Señor Herrero, entiendo que recolectar a todos los chavales de las series de televisión, sea una formula garantizada de llevarse un buen pellizco de la abultada taquilla. Entiendo que las secuencias de sexo y drogas censuradas en la pequeña pantalla vendan en la grande, pero sin ánimo de moralizar señora Gonzalez Sinde, qué tal si se desarrollan las tramas y los conflictos de personajes perdidos que buscan su identidad y su sitio sin recurrir al tópico, ni dar una imagen manipuladora. Qué tal asumir la responsabilidad de mostrar la realidad. Una realidad igualmente dura pero con criterio que no sea sólo la fiesta y los niños/as guapos/as de las teleseries españolas. Tal vez escribieron la película colocados, pero este cine nos aleja del cine de calidad que se está haciendo en el resto de Europa, y demuestra que seguimos siendo el culo del mundo cinematográficamente. El tema es muy interesante, pero necesita un desarrollo inteligente, no amarillismo y sensacionalismo barato.

Con los actores no me voy a extender, sencillamente porque no están dirigidos. Se limitan en el mayor número de los casos a soltar la frase como en televisión sin pensar lo que están diciendo, totalmente carentes de comunicación y ritmo interno. Por respeto al trabajo siempre complicado de los actores que quieren hacerlo lo mejor posible, destacaré a Mario Casas con el personaje más y mejor desarrollado. La planificación es tan de teleserie que resulta teatral, con las acciones siempre de frente a la cámara y en la que hasta sorprenden un par de primeros planos para algún diálogo intenso que consiguen sacarnos de la presunta historia. La música de hilo musical para ahorrar en derechos es vergonzante. Hasta la fotografía (tal vez lo mejor de todo el conjunto), resulta artificial en interiores a los que se les da una continuidad con los exteriores, como si la gente viviera en penumbra, sólo por huir de una imagen más televisiva. Un despropósito general que me llevan a recomendar cambiar de canal antes de perder casi dos horas con esta película. Pero bueno, siempre se puede justificar todo diciendo -“si es lo que la gente quiere”-

Víctor Gualda.

viernes, 5 de junio de 2009

EL JUEGO DEL AHORCADO

Meses sin que aparezca una película española en DVD decente (desde “El patio de mi cárcel” que yo recuerde), y albergo esperanzas con la última de Gómez Pereira. El que en otros tiempos se asoció con Iborra, Oristrel y García Serrano para convertirse en uno de los referentes de la comedia española, trata ahora de volver a la senda del éxito junto al también director, y en este caso guionista, Salvador García Ruiz, (buen desglosador de personajes, quién no recuerda “Mensaka”). Para este juego del Ahorcado se basaron en la novela de Inma Turbau, y contaban con Mendizábal para la banda sonora y con Salcedo para el montaje. Con lo que las expectativas eran altas. No así el resultado.

Pereira tiene una cuenta pendiente con el thriller después del fracaso de “Entre las piernas”. Esta inició el declive del que no acaba de reponerse. En el caso de la que nos ocupa, hay que reconocer que aunque la intención es buena, el mayor “fallo” de la película esta en el guión y en la ineficacia para mantener el interés de una película que no acaba de definir el tono, transitando entre el thriller y el drama. Al tratarse de una adaptación, una película que a priori parece “de personajes”, se convierte en una película “de trama”, pero en el mestizaje se pierde.

El arranque establece las pautas de lo que vamos a ver a lo largo de las casi dos horas de metraje. Una relación especial entre dos personajes sustentada por la obsesión de él. Enseguida comprendemos por una evolución demasiado pormenorizada que acabará resultando enfermiza. Interesante propuesta, pero los guionistas tienen que sustentar ese fondo de la condición humana en una trama articulada para que ambos desarrollen su personalidad. Es entonces cuando se meten en el embarrado del que apenas salen. Una situación violenta de un personaje recurso (un mcguffin vamos) sirve de giro dramático. La ilógica, infantil, o al menos no suficiente explicada reacción del personaje de Clara Lago consigue romper la empatía del espectador. Es entonces cuando David toma el mando de la situación, y el director intenta (por decir algo benévolo) jugar con la tensión y el suspense. Mal jugado. La tensión se rompe igual que se planteó.

Ahora es David (Álvaro Cervantes) quien ha evolucionado de forma un tanto extraña. Sabemos que ocurre algo, pero sus cambios de humor apenas están justificados por flash-backs incompletos perfectamente suprimibles. Demasiadas explicaciones para tan pocas expectativas, que Pereira, o Salcedo (no sé quien es el verdadero culpable) destrozan, tal vez como giro del segundo acto. La resolución de la trama excusa es precipitada en la estructura. El espectador controla la información cuando debería permanecer en el punto de vista de ella en todo momento (para alimentar la incertidumbre, el suspense, la sorpresa) En vez de eso vuelven a narrar.

El giro no empuja el desenlace, y paran la película para arrancarla en Londres (intuyo que por respeto a la novela). Pero ya nos lo han contado todo, así que la tensión se evapora y lo único que queda es resguardarse en los personajes y esperar la tontería un tanto infantil de la resolución. Y por supuesto llega, pero de nuevo cagada monumental. NO están juntos espacialmente, así que una carta, que rompe cualquier posible magia, dilapida el desenlace que por muy bien que quede el croma o transparecia o lo que sea, no sirve para paliar un desenlace en forma de flash-back...

Como siempre Luís San Narciso tiene buen tino en la selección de actores , y tanto Álvaro Cervantes como Clara Luna, están a la altura del personaje. En general también el resto del reparto, aunque en la trama tengan poco peso. Tampoco ha podido ser esta vez. ¿Qué tal una comedia para la próxima?

Víctor Gualda.

martes, 31 de marzo de 2009

LOS ABRAZOS ROTOS

Lo cierto es que aun no tengo claro si la última película de Almodóvar me ha gustado o me ha horrorizado. De momento tengo que reconocer y valorar el esfuerzo del director por intentar complicar sus habitualmente planas historias. Aquí se lanza al vacío para intentar hacer una especie de “experimento narrativo”. Personajes que dan lugar a otros personajes dando lugar a nuevas tramas que luego tienden a converger en una principal. Muy buena idea, pero al final el intento resulta fallido. Y es que el manchego más universal tiene una tendencia natural a repetirse más, cuando más original trata de ser.

Para empezar hay algo que me llama la atención, y es que en esta película la trama que domina la película está guiada por el intento de introducir un recurso tan habitual en el cine como el flash-back, de la manera más complicada posible. Pocas veces un recurso tan sencillo como este, que sirve para darnos información del pasado, fundamental para el presente del personaje, se convierte en un rocambolesco ardid para crear una inexistente tensión, pero como ocurre con cualquier flash-back, ralentiza la acción llegando a hacer la película tediosa. Más, cuando a la vuelta de cada flash-back hay una explicación dialogada, que casi funciona como voz en off explicativa y que ralentiza aun más si cabe.

Luego está otro de los temas fundamentales de la película. El punto de vista, que parece para el director una especie de punto g. Sabe que existe y tantea personaje por personaje (tal vez por lo que expliqué en el primer párrafo), pero sin llegar encontrarlo. Y es que si el personaje del ciego escritor o director, o amante o lo que sea, de Lluis Homar tiene tan poca movilidad de acción, y está prácticamente basado en el diálogo. Nunca interviene en la trama como un elemento activo, sino como un cronista de primera fila. Entonces descarga toda la responsabilidad en una Penélope que no sabe de qué va su personaje y se mantiene fría y distante a lo largo de todo el metraje. La heroína que debería ser bisagra de los demás, que es el origen de toda la historia y que tendría que estar llena de sentimientos contradictorios, es sólo un personaje colocado a capón con “secuencias excusa” para sacarla guapa y que rellene minutos. Un desastre para una actriz que tiene mucho que dar, pero que necesita tener confianza absoluta en el personaje para creérselo y por ende que se lo crea el espectador. Y siguiendo con este tema de los actores, no quiero olvidarme de la también grande Blanca Portillo, que tiene el personaje clave para que entendamos, pero que resuelve (igual que en “Volver”) uno de los clímax sentada detrás de una mesa, en un diálogo de nuevo explicativo, que sirve de resolución de una de las tramas principales y que aunque con uno de los pocos guiños cómicos (el de la copa en el Chicote), no deja de ser una secuencia explicativa y melodramática algo “barata” (sin ánimo de ofender) Para Ochandiano no tengo casi palabras. Lo suyo es el más difícil todavía. Un personaje escrito para él, que esta casi echo a su imagen y semejanza y que cae en el estereotipo más absoluto. Con lo cual, al único que puedo salvar de todo el reparto (aparte de esos maravillosos actores secundarios, Ángela Molina, Chus Lampreabe, Rosi de Palma, Lola Dueñas, Kiti Mamber, Carmen Machi) es a Jose Luís Gómez, un actor que es la repetición de otros hombres Almodóvar (me recuerda particularmente a Fernando Guillen Cuervo) pero que defiende su personaje con honestidad y algo alejado de los estereotipos interpretativos del director.

La necesidad de demostrar de Pedro, hace que en esta orquesta cada instrumento suene por su cuenta, convirtiendo algo que se intuye hermoso en un conjunto desafinado. Por supuesto, la fotografía, la música y todos los elementos que atrezan una película son fantásticos, pero un director sin problemas de producción no puede permitirse descargar sus meritos en meros ornamentos florales… Al final la mezcla de géneros thriller, comedia y melodrama, recortada de sus propios mitos, resulta fallida, y tal vez la parte que más se resiente es el montaje de Jose Salcedo demasiado plegado a los caprichos de un Almodóvar que no controla el ritmo de los géneros si se salen del melodrama (para mi el mayor problema de la película).

Es fácil dar consejos desde el sillón de casa, pero lo mejor de la película son las escenas cómicas e irónicas. Resulta que su autoparodia de “Chicas y maletas” deja mucho mejor sabor de boca que las dos horas anteriores. Lo mismo sucede con el personaje de Lola Dueñas, que para mi tiene la mejor secuencia de la película con su trabajo de lectora de labios. ¿Qué tal una comedia pura y dura para la próxima? Por cierto, y para terminar, me encanta que haya una secuencia completamente prescindible, que hace un homenaje a Louise Malle, pero en fondo a La Devedeteca sin saberlo, ya que cuando Tamar Novas mira entre los DVD de Homar, está señalando las películas que “El Deseo” nos alquiló para la producción. Un bonito detalle Pedro.

Víctor Gualda.

viernes, 20 de febrero de 2009

LA MADRE MUERTA

Por fin alguien se ha decidido a editar dos obras emblemáticas del cine español. Y es que hay que dar las gracias a Avalon por atreverse a presentar en edición de lujo, con tres discos, las dos primeras películas de Juanma Bajo Ulloa. “Alas de mariposa” y “La madre muerta” son dos películas que ayudan a entender cual era el camino que a principios de los noventa tomó el cine español, aunque luego se desinflara para no volver a recuperar el vuelo. Directores como Juanma, De la Iglesia, Medem, Calparsoro, Amenabar algo más tarde, hacen una reinterpretación de nuestro cine, dejando a un lado los temas tradicionales y los estereotipos, y se atreven a acercarse al mejor cine americano tanto en su contenido, como en la forma. “La madre muerta” es para mi, la cima de ese cine rompedor lleno de energía, y tal vez “El manso”, la película que nunca llego a hacer Bajo Ulloa (aunque la reinterpretaran otros) supuso el fin de ese cine de calidad, para dar paso a otro cine tan inevitable, como decadente, del que también el director vasco abrió la puerta con “Airbag”.

“La madre muerta” es un cuento, pero no un cuento edulcorado como los que nos ha vendido Disney, en los que los buenos siempre triunfan. Es un cuento en el que los depredadores, están hechos para sobrevivir, pero en el que las criaturas inocentes son además ambiguas y crueles. La primera secuencia va al grano. No se anda con rodeos. La mejor forma de presentar a un personaje es lo más cerca posible del final, e Ismael da paso en un prólogo al final de una historia que inevitablemente da paso a otra. Una historia de amor imposible entre un asesino sin escrúpulos, con su propio código moral que le obliga a ser duro en un mundo implacable y una niña, Leire, que ya no lo es, con la que tiene una deuda pendiente. Pero para que el imprescindible circulo se cierre, hace falta un tercer personaje, la necesaria y enamorada novia de Ismael, Maite, dispuesta a cualquier cosa para no perder el amor de su hombre (en el sentido más masculino y visceral del término) Una vez completado el circulo no hay marcha atrás.

Es maravilloso ser voyeur voluntario de esta historia de amor imposible, y sufrir por Leire, pero también por Ismael y por Maite. El espectador intuye que es imposible que la cosa llegue a buen puerto, pero una vez que el director te ha introducido en el mundo cerrado de los personajes, ni la violencia, ni la visceralidad, ni el gris de la maravillosa fotografía (por no decir atmósfera) que crea Aguirresarobe , ni los símbolos repartidos a lo largo de todo el metraje, ni la música orquestal implacable de Bingen Medizabal, pueden frenar esta trama que tiene todos los elementos que algunos pedimos al cine como forma de expresión. Nada de traumas de infancia explicados a cámara. Nada de artificios grotescos en las relaciones. Los personajes deben tener su pasado, pero el halo de misterio que les rodea te hace imaginar, mientras estás metido de lleno en una historia paradójica de principio a fin. Es fácil identificar los estereotipos, pero las estrellas se conjuntaron para hacer que la interpretación de Karra Elejalde y la de Ana Alvarez esté en el cielo de los privilegiados que han trascendido a su personaje. La de aquellos actores referente que todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en actores imprescindibles. Es una pena que nuestro cine no esté capacitado para ser industria ni arte, ni nada, porque sino, estos señores que se reunieron hace diecisiete años e hicieron esta obra maestra, ahora tendrían todos los premios reconocimientos y títulos que otros tienen con mucho menos.

“La madre muerta” no es una obra para alquilar. Ni para bajar de Internet. Es una obra para comprar, revisar y disfrutar con mimo cada cierto tiempo. Hay que agradecer a Avalon y a Juanma haber editado esta maravilla de tres discos en los que se incluye un documental, el cortometraje “El reino de Víctor” y la maravillosa banda sonora original de Bingen Mendizábal. Ojala pronto podamos ver y disfrutar de una nueva película de Bajo Ulloa, porque es uno de los pocos directores que siente el cine como algo más que un medio para hacer dinero.

Víctor Gualda.

jueves, 8 de enero de 2009

LOS GIRASOLES CIEGOS

La última película española preseleccionada para los Oscar no va a ganar. Es posible que ni siquiera pase el corte final que decide cuales son las cinco seleccionadas. Pero sin duda es una buena película. Probablemente la mejor española del año. Y es que a pesar de que tenía mis reservas, que los comentarios que me llegaban no eran halagüeños, y que el libro de Alberto Méndez me parecía complicado de adaptar, la película funciona.

Se ha convertido en tópico aquello de “otra película de la guerra civil”, que sirve de muletilla para justificar la poca curiosidad que despierta el anquilosado cine patrio. Y la verdad es que soy capaz de identificarme con la afirmación en el mayor número de los casos. Pero esta, es una película sobre el miedo en la posguerra, necesaria para comprender un pellizco de nuestra historia que no está tan alejada de nosotros, por muchas plays stations y Wiis que nos vendan para volvernos estúpidos y dependientes. No hace tanto que la iglesia y su doble moral, perfectamente representada por el personaje de Raúl Arévalo (ojala no se deje llevar por la codicia de la pasta, porque hay actor para rato) decidían sobre la voluntad de nuestros abuelos. El miedo, muy racional, representado a la perfección por Javier Cámara, y la impotencia maravillosamente interpretada por Maribel Verdú fustigaban nuestra sociedad.

A nivel cinematográfico todo llevado con oficio. Sin estridencias. Una fotografía de Burmann trabajada; unas interpretaciones soberbias; un montaje previsible pero adecuado. Un guión-adaptación que huele a Goya (doblemente) póstumo para Azcona (no creo que Cuerda tenga ningún peso, aunque también lo firme)… Me tengo que detener un segundo en el texto, pues la mayor parte de los palos que he leído/ oído, vienen del libreto por resultar lento. No estoy de acuerdo. El punto de vista intercambiado está llevado con una maestría poco habitual. El ritmo narrativo es un tanto literario en algún momento, pero imprime toda la fuerza y tensión. Es coherente con la historia y no deja flecos en las sensaciones que recrea. El tono está perfecto desde la secuencia de arranque presentación del personaje de Arévalo (otro candidato firme para el Goya). Es cierto que estamos cansados de ver siempre las mismas caras en la pantalla, pero es que aquí hasta se agradece… Sólo le pondría un –pero- a la película en cuanto a la realización por resultar demasiado conservadora, porque una cosa es el oficio, y otra es la falta de ambición. Se me ocurren varios ejemplos; tal vez un travelling lento o algún plano para reforzar el duro monólogo del arranque. Algo menos teatralidad en el contrapicado de Cámara mientras recita a Hernandez. En definitiva, una planificación más elaborada que adornase aún más el texto y a los actores, haría que la película ganara enteros.

Como decía al comienzo, no creo que sea una película para optar seriamente a un premio de una academia americana necesitada de tópicos sobre los que sea fácil opinar, pero muy lejos de los localismos de una guerra que ellos nunca vivieron en su tierra (la de secesión está demasiado lejana y se ha simplificado tanto su razón de ser por su cine, que casi parece irreal). Para colmo, resulta que “el comunista” es el bueno, algo así para ellos como “el palestino” es el bueno. Es una circunstancia que no entra en su corto bagaje histórico, que sólo entiende de líneas rectas y todo lo que se salga de ellas es despreciable. Pero lo dije, y me reitero: Estamos ante la película española más interesante del año, será difícil que olvide en una temporada del plano de la cara de la Verdú cuando el diacono-militar sale por la puerta de la casa centro de un universo forzado, después de descubrir todo el pastel. Me alegro de haberla visto, y aunque no sea santo de mi devoción, felicito a un Cuerda que debe mucho al texto del que se podían haber sacado varias películas de Mendez.

Víctor Gualda

viernes, 12 de diciembre de 2008

CASUAL DAY

Me encuentro frente a la película española revelación de este año. Las expectativas son muchas por las buenas críticas, y tal vez la minuciosidad a la hora de analizarla juegue en su contra, porque después de verla me da la impresión de que no es para tanto. Desde luego no le voy a negar las virtudes, que las tiene, pero al final llego a la conclusión de que es una película más en el triste panorama del cine español.

Su mayor baza es el fantástico reparto. Juan Diego, Luis Tosar son dos pesos pesados que se comen el metraje para que juegue a su favor. Luego tiene un reparto equilibrado que no desentona y le da credibilidad, aunque haya personajes que si se hubiesen suprimido no hubiese pasado nada, todo ello a pesar de reconocer que cumplen una función dentro de la trama. Me refiero al de Alberto San Juan, Marta Etura o Malena Alterio. El tema es de actualidad, los diálogos tratan de aportar frescura, las tramas personales están bien envueltas en la estructura narrativa. Pero insisto, la película destaca por la falta de otras cintas que le hagan sombra, más que por meritos propios. Y es que cada año se presenta en nuestro cine alguna película que casi podría ser (e incluso alguna lo es) una obra de teatro con decorados naturales. Por ejemplo “El método” o “Smokintg Room” con un tema relacionado con la empresa y con las formas de relacionarse de los personajes. “

En “Casual Day” asistimos a un extracto de un grupo de personajes que por obligación se reúnen fuera de su ámbito de trabajo para compartir unas horas de su vida en aquello que las multinacionales americanas llama un “casual day”. Es decir comparten sus problemas con el espectador, que asiste como un miembro más de la empresa a la vida de personas que son fáciles de identificar en la nuestra propia. La virtud es que a pesar de responder a estereotipos, el director Max Lemcke y los guionistas Pablo y Miguel Remón son capaces sin estridencias de hacernos sentir parte del grupo. Cada uno tiene sus propios problemas para integrarse. Juan Diego y Tosar son jefes y cumplen con sus roles de abuso de poder y discriminación, Javier Rios y Estibaliz Gabilondo son personajes atrapados muy bien construidos como yerno y amiga de la hija del jefe. Pero destaca también Carlos Kaniowski, ese secundario habitual, que aporta credibilidad a todos sus personajes, y que aquí es un hombre de mediana edad, con subtrama propia, al que ha dejado su mujer. Alex Angulo como apocado que sabe lo que se juega y es un arrastrado empleado medio. Un Alberto San Juan como psicólogo que parece un cura en cuanto le sacas de sus personajes de cómico-serio (siempre utiliza las mismas inflexiones de voz), pero que siempre está correcto, Secun de la Rosa y Mikel Losada que rellenan esta película de actores, con personajes de peso menor. Por último personajes anecdóticos que tienen una sola secuencia funcional, pero bien aprovechada Etura y Alterio. Precisamente Marta Etura introduce la película y la trama principal que sobrevolará toda la película. Al ser casi a modo de monólogo y en la primera secuencia, no puedes evitar fijarte casi en cada palabra. Inmediatamente te das cuenta de que estás dentro de una película, de que los diálogos están bien, pero no son frescos ¿por qué la mayoría de los actores españoles se conforman con interpretar?. Me pregunto si el no haber eliminado la secuencia prólogo no le hubiese dado más que quitado a la película, convirtiendo el personaje de Etura en un personaje al que se elude pero nunca vemos, y creando así expectativas al espectador... En fin, estas son soluciones que no vienen ahora al caso.

Lo cierto es que la presencia de Arturo Valls con un personaje trepa secundario y gañan me hizo preguntarme si no estaba asistiendo a un capítulo sin gags divertidos de “Cámara Café”. Y es que ese es otro de los problemas de nuestro cine. A pesar de la buena solvencia de los actores de la cinta, los hemos visto en tantas películas y series de televisión, que uno se pregunta si es que no hay más que una veintena de actores en nuestro país. Aunque de esto no podemos culpar a los productores, porque si al público patrio le cuesta ir al cine a ver a conocidos, los desconocidos ni estrenan. La pescadilla que se muerde la cola. Por eso no quiero que parezca una mala película. Todo lo contrario es una película más que correcta, y hay que felicitar a Lemcke por ser capaz de sacarla adelante. Porque si los anteriores fueron años tristes, este se salvará por los estrenos de Almodóvar y Amenabar, para que luego asistamos estupefactos a las ruedas de prensa de los políticos dándose palmaditas en la espalda, diciendo que a pesar de la crisis se ha subido la cuota de pantalla del cine español respecto al año pasado... Eso si que es una película. Dan ganas de decir –señora (por la ministra de turno), váyase a la mierda-

Víctor gualda.

martes, 2 de septiembre de 2008

TODOS ESTAMOS INVITADOS

La última producción española que se estrena en DVD sigue las pautas habituales marcadas por la inexistente industria patria. Un tema demasiado localista con el que es difícil identificarse si no estás familiarizado. Y no quiero decir que en nuestro país no lo estemos, pero si que es cierto que fuera de nuestras fronteras hay un conocimiento demasiado ambiguo del denominado “problema vasco”. A ello hay que añadir que el director utiliza códigos que también resultan localistas y que incluso se le escapan al espectador que no esté familiriarizado con las costumbres locales. Eso si, hay que reconocerle el merito a Manuel Gutierrez Aragón de haber sabido aglutinarlos e introducirlos dentro de la estructura dramática del film sin que resulten chirriantes. Me refiero a temas como la comida, la iglesia, o el peso del matriarcado dentro de la familia vasca. Por otro lado, habría que hablar de la fallida estructura dramática, o del problema de la elección de los actores para determinados papeles.

Empecemos por el primer punto: Cuando digo que la estructura dramática es fallida no me refiero a que sea una mala película. El planteamiento me parece interesante. El director ha dividido el punto de vista por “bandos” (tramas paralelas) Por un lado, el peso del arranque recae sobre la espalda del ambicioso (en cuanto a interpretación) Oscar Jaenada, una mezcla entre etarra y kale borroka. Presentación que tiene la cualidad de comenzar con una secuencia de “acción” que genera tensión, pero que como pasa en la mayoría de las películas españolas, después de una exhaustiva preparación, se resuelve de manera precipitada, sin haber dejado que la tensión se incremente hasta el tope. Así que resulta una especie de gatillazo resultón, pero que no permite el necesario conocimiento del protagonista y su entorno.

A partir de este punto de partida, el punto de vista principal se mueve hacia el “otro bando” (hablo de cine y estructura) El cabeza visible es un profesor universitario con clara vocación demócrata, voz discordante y cabeza de turco. Jose Coronado es un valiente que es capaz de levantar la voz contra la injusticia, pero que a cambio va a conocer el miedo en sus carnes. Su claro posicionamiento en un país, el vasco, en el que el pueblo se convierte en cómplice involuntario dominado por el miedo (otro de los temas de la película) le convierten en una oveja negra dentro de su propio entorno. Así es fácil adivinar que el interés de la película se centrará en saber si conseguirá salvarse, o por el contrario pagará con su vida. La utilización de la trama paralela del joven aberzale (Jaenada) que ha recomenzado su vida de cero al perder la memoria, hace preguntarse al espectador si la recobrará en el momento justo para matar al profesor, o el chaval será consiente de la barbarie en la que está inmerso y reaccionará. Para que los personajes se crucen, se ha introducido una trama paralela que se come a las principales. La que pertenece a Francesca (Vanesa Incontrada) que sirve de punto de encuentro entre los dos hombres “enfrentados”. El problema, es que el director ha preferido engañarnos y después de hacernos pasar una hora compartiendo los miedos de Coronado, traspasar el desenlace a la... en principio subtrama, que debería haber servido para reforzar la principal. Tal vez su intención sea buena, tal vez la idea de que el problema vasco afecte tanto a los de dentro como a los de fuera hubiese funcionado en la literatura, pero esto es cine, y si anticipas el momento más álgido, no enfrentas directamente a los dos protagonistas, y traspasas el clímax a una coprotagonista, te arriesgas a que la película se deshinche como un globo. Eso es exactamente lo que le sucede a “Todos estamos invitados”. Todo ello a pesar de la interesante secuencia de las columnas de la plaza que sirve de desenlace, que aunque vista en innumerables producciones, siempre tiende a funcionar. Pero lo cierto es que los conflictos más interesantes, unidos a las motivaciones de los personajes toman un desvío que les aleja de la línea narrativa principal, y lleva al espectador al desconcierto, cuando no al desanimo. Una pena, porque el material era interesante, y aunque a priori resulte manida la imposible historia de amor entre el joven amnésico y la psicopedagoga, los intereses cruzados, los conflictos internos, hay cosas que según se cuenten, por mucho que se hayan repetido mil veces, funcionan siempre.

Luego está el tema conflictivo en nuestro país; la elección de los actores. Se produce en este punto una paradoja que es difícil de entender para el espectador. Por una parte el comentario típico de “... -Es que en las películas españolas siempre salen los mismos” Es cierto, pero entiendo que un director se juega el trabajo de años a una carta, y si en el encabezado de los títulos de crédito no aparece un nombre familiar, la mayoría de las veces el espectador medio prefiere no arriesgarse. Con lo cual un actor como Coronado, en un papel que necesita variedad de registros, e intensidad dramática se queda corto. Y no digo que sea mal actor, ya ha demostrado su solvencia en papeles que no requieren la evolución dramática de su personaje como “La caja 507” o “La distancia”, pero este le viene grande, y con cara de susto a lo largo de todo el metraje no se puede sustentar un papel tan complejo. Otro caso diferente es el de Jaenada, muy bien en la dualidad de su papel de aberchale amnésico con traumatismo craneoencefálico, y de sensible enamorado. El problema en su caso es que el guión no le hace justicia. Él es el verdadero protagonista de la película (la abre y la cierra), el que más cambio sufre, y a pesar de su fantástico trabajo con el acento, se queda un poco corto por la ambigüedad de su situación mental. Gutierrez Aragón y Ángeles Gonzalez Sinde tal vez debían habernos explicado un poco más la situación en cada momento, haber metido la duda de lo que va a hacer, y haber obrado en consecuencia dándole mayor peso al verdadero protagonista en la trama principal. Pero tal vez consideraron arriesgado cederle el protagonismo al estar en el lado “incorrecto”, y temían que el espectador se pusiese en contra de la película (espero que sólo sea una estupida teoría mia, porque hace años que “Días Contados” demostró que el “malo”-“bueno” es una categoría demasiado ambigua). De Vanesa Incontrada no puedo decir nada, porque está correcta, y se encuentra con un protagonismo extra, en el que apenas interviene directamente, pero que resuelve con credibilidad.

Un par de detalles insignificantes, pero que afectan al conjunto; la música me resulto ñoña y chirriante en alguna secuencia, y la tendencia de los directores (o tal vez montadores) españoles a adoptar un modelo dentro de la secuencia que se ha quedado un tanto obsoleto en el resto del mundo, al alargar momentos en la escena con “información” que pueden ser prescindibles por elipsis... tipo: vemos al personaje desde que entra por la puerta hasta que se dirige al otro personaje, que ralentizan el ritmo innecesariamente, que no aporta nada, y que tal vez por la equivocada idea de crear tensión dramática resultan pesadas. Con todo, una película con cualidades, que merece la pena ver, aunque sin posibilidades fuera de nuestras fronteras.

Víctor Gualda.

viernes, 23 de mayo de 2008

LOS CRIMENES DE OXFORD

Aséptica. Esta creo que es la palabra que mejor define esta película. No lo digo con connotaciones negativas ni mucho menos... pero tampoco positivas. El simple hecho de poder hacer cine en nuestro país ya me parece un milagro, y Alex de la Iglesia es un gran director que se involucra en todos sus trabajos. El caso de “Los crímenes...” no puede ser la excepción, por mucho que se aleje del estilo personal que tienen sus anteriores películas. Y paradójicamente ese tal vez sea el mayor problema de la que nos ocupa, que es una película limpia y correcta, pero sin rastro de la personalidad del director. Probablemente esté equivocado, pero me da la impresión de que esta es una película de encargo para hacer caja.

En cuanto al guión, es una perfecta adaptación de la novela de Guillermo Martínez por el guionista habitual de Alex, Jorge Guerricaechevarria y el propio director. Una enrevesada trama de asesinatos y códigos secretos muy al estilo americano. Presentación de los personajes y planteamiento de la trama en los primeros veinte minutos de película. Desarrollo de la trama, subtramas paralelas que enriquecen la principal y posibles culpables en la segunda. Resolución a la hora y media justa, y epílogo aclaratorio con sorpresa final. Todo ello con dos actores de peso como son John Hurt y Elijah Wood. Todo demasiado milimétrico. Casi podría dar por concluida en este punto mi visión de la película... pero antes, me gustaría comentar varios detalles.

En primer lugar, no creo equivocarme al decir que las sombras de Patricia Highsmith y su obsesión por el crimen perfecto, y los dos protagonistas-antagonistas masculinos (que aquí sólo llegan a ser antagonistas en dos secuencias) y sobre todo del maestro Hitchcock a nivel técnico, planean sobre todo el metraje (imagino que primero sobre el libro). Incluso en la fantástica planificación del director. Me encantó la secuencia anterior al primer asesinato, en la que la cámara en un casi plano secuencia (esta cortado a la entrada y salida de la librería) dirige la atención a las acciones de los personajes en una perfecta coreografía y va cambiando el punto de vista para seguir a unos y otros aleatoriamente hasta llegar a la casa de la asesinada. Como digo, me gustó a nivel técnico, aunque resulte tramposa en cuanto a guión. También me encantó el detalle del contraplano contrapicado con un leve travelling cámara en mano hacia Elijah después de hablar con la hija de la primera víctima, cuando ella le dice que le ha involucrado en el crimen en un diálogo lleno de cinismo... y me gusta por la inestabilidad que genera en el protagonista (lastima que lo insinúen, pero no lo utilicen como falso culpable).

Pero aparte de estos dos momentos de cine técnico en estado puro, la película que comienza muy bien con el primer asesinato, tiende a perder interés y ritmo a partir de aquí. La aparición en escena a los cuarenta minutos de Leonor Wathling, que a priori debería dinamizar la trama y crear conflicto entre los protagonistas, se queda en un par de secuencias en las que la atención se fija más en el cuerpo de la actriz que en la trama. Hitchcock lo explicaba claramente en sus conversaciones con Truffaut. Prefería una institutriz en la que el sexo estuviese implícito que una en la que el sexo fuese evidente y distrajese la atención de la historia. Además de estar poco explotada la confrontación entre los protagonistas, también lo está la implicación de la enfermera en la trama. Ella misma se señala como posible sospechosa, cuando es más que evidente que no lo es. Con lo cual, al final el personaje se queda en un figurín sin importancia ni peso especifico. Un personaje femenino que acompaña a los protagonistas pero que no aporta nada.

Por otra parte, sería fácil y gratuito, después de vista, decir que estaba claro cual iba a ser el desenlace desde el principio, pero desde luego todas las posibles dudas se aclaran con la secuencia en mitad del metraje en la que Hurt explica (y el espectador ve en imágenes) la historia del asesino que había escrito una especie de diario con catorce formas de matar a su mujer. No me extenderé para no destripar el final. Lo cierto es que toda la película es un gran papel de caramelo con explicaciones teóricas complejas para distraer la atención de una trama simple, que llegado el clímax del segundo acto, tiene un giro al que se le podría haber sacado partido (me refiero a la secuencia del autobús) pero que se queda en gatillazo porque hay que darle todo el peso a un epílogo que luego tampoco resulta espectacular.

Por otro lado me da la impresión de que los personajes secundarios y posibles sospechosos están descuidados: el compañero de habitación no cumple su función ni genera tensión (interpreta en un tono diferente al resto de los actores); la hija de la primera víctima tiene tres secuencias de interés, y en cada una de ellas parece un personaje diferente, dejando clara la inestabilidad, pero restando interés y credibilidad... además también se señala como posible sospechosa de forma evidente. ¿Por qué en esta película todos se empeñan en ser culpables? Hablando de secundarios, tampoco el policía tiene peso en la trama, y le faltan detalles de personalidad. Luego esta el tema de que en la resolución teórica todo está cogido con pinzas. Me refiero a que los argumentos que se esgrimen no los vemos en pantalla, sino que los conocemos de boca de los personajes en la secuencia explicativa final necesaria para que el espectador entienda, pero que aquí ha servido también de desenlace.

En fin, no quiero que parezca una mala película, porque no lo es, pero desde luego que exprimir a los protagonistas y su verborrea tiene el riesgo de no construir una estructura sólida. A la película le falta tensión, suspense, sorpresa, conflicto, ironía... todos los elementos que hacen grande este género menor.

Sus productores pueden estar contentos (y me consta que lo están) porque tienen un producto comercial, que puede ser explotado a nivel internacional y que está a la altura de la película media americana sin grandes efectos especiales. También Alex, que hace años que debería estar dirigiendo y dando alegrías a los grandes estudios en los States. Pero “Los crímenes...” me deja un sabor agridulce, por la certeza de que podría haber sido mucho mejor película si hubiese seguido a pies juntillas las enseñanzas del maestro del género.

Víctor Gualda.

viernes, 7 de marzo de 2008

MATAHARIS

Iciar Bollain se ha hecho un hueco con su cine reivindicativo en el difícil panorama español. Su último estreno, “Mataharis” no ha alcanzado la repercusión de su anterior título “Te doy mis ojos”, pero no por ello deja de ser interesante. Tal vez sea porque en aquella, el tema del maltrato estaba en pleno debate público... además de por las fantásticas interpretaciones. La que nos ocupa no se queda atrás en cuanto al nivel interpretativo, pero tal vez el tema sea una parte más asumida de nuestra realidad social cotidiana. Hay quien la ha acusado de oportunista, pero no puedo estar más en desacuerdo. En los últimos días muchos han reivindicado la diversidad del cine español (ella misma en un artículo en El País). En el caso de Bollain, sus mujeres protagonistas, que siempre tienen algo por lo que luchar.

Tal vez lo que más me ha llamado la atención de “Mataharis” sea la estructura de su guión. Un punto de partida en común, tres mujeres que trabajan en una agencia de detectives, al tiempo que tratan de ordenar y sobrellevar sus vidas.
Desde este punto en común, surgen tres tramas, (cada personaje con la suya) y tres subtramas, (también para cada una la suya) E aquí uno de los problemas principales del libreto, que resulta demasiado televisivo. Casi cualquier serie de la pequeña pantalla se rige más o menos por la estructura de las tres tramas. En el caso de esta, Iciar y Tatiana Rodríguez (coguionista) han tratado de que hubiese paridad entre todas las protagonistas. En el caso de Najwa, el conflicto principal lo tiene en casa con su pareja Tristan Ulloa. Luego le colocan una pequeña subtrama relacionada con la búsqueda de alguien desaparecido hace años (no me extenderé en el argumento) Es tal vez la que más peso tenga en la película, porque es la que mayor peso dramático tiene en el guión. Una madre abnegada que carga con sus dos hijos al tiempo que ejerce de detective no es fácil, más cuando un descubrimiento hace que toda la estabilidad conyugal y sobre todo la confianza se tambalee. Por otro lado, María Vázquez es una joven sin cargas familiares y con ganas de aventuras que se cuela en una empresa como infiltrada por una razón que evoluciona hacia un punto muerto, y que en realidad sirve de excusa para que se desarrolle su subtrama con Diego Martín, uno de los empleados de la empresa. Es en esta trama donde se han introducido el conflicto social mezclado con los sentimientos, donde esta protagonista tiene que elegir entre su ética profesional y lo personal. Por último, el eje o punto de apoyo “chica para todo” en que convierten el personaje de Nuria González, apoyo psicológico, nani a tiempo parcial, eficiente secretaria, que por supuesto tiene sus propios problemas conyugales, con el añadido de una subtrama de esas que ayudan a tomar decisiones difíciles. El punto de encuentro es la oficina, donde un jefe tirano y sin escrúpulos (que igual podía haber sido mujer para crear conflicto interno) hace la labor de ogro sin sentimientos que sólo vive para el trabajo.

En todas las tramas el conflicto del personaje se lleva hasta el extremo siguiendo a la perfección las normas del guión, con puntos de giro interesantes y que prometen. Pero luego la película se va desinflando al paso de los minutos hasta que llega un final descafeinado y dispar, en el que todas y cada una de las protagonistas han tomado una dirección respecto a sus vidas, como no podía ser de otra manera. Resaltar también que la trama que a priori resulta más interesante, la de Maria Vázquez, va perdiendo interés al tiempo que lo va ganado la de Nimri...

Lo más curioso, es que he echado en falta, y a pesar del intento de la directora por reflejar la realidad, otros problemas del día a día de las mujeres (y también hombres). Ni un atisbo conflicto entre las protagonistas femeninas. Nada de competitividad, los personajes masculinos sólo dibujados pero carentes de detalles de carácter. Y es que dividir en tres personajes una trama que perfectamente podía haber pasado con un solo personaje apoyado tal vez por una segundo, hace que los personajes se queden en un quiero y no puedo psicológico que sólo en momentos contados traspasan el estereotipo, que es justo en el lugar donde se quedan los masculinos. Tal vez con la excepción del de Tristan Ulloa, que está algo más desarrollado, y es por ese motivo por el que su trama gana en peso especifico. Es una pena, porque la directora se atreve con temas interesantes en los que hay mucho que rascar, integridad, celos, confianza, aburrimiento, pero al no centrar la atención en un conflicto, sino diversificarlo, la película se resiente y se dispersa, para al final precipitarse por cumplir la hora y media que exigía el metraje.

El espectador habrá ido perdiendo interés igual que lo va perdiendo la película, para quedarse con la impresión de que estaba bien, pero le faltaba algo. Tal vez para la próxima, Iciar se deje llevar por su lado más emocional, y se olvide de las estructuras dramáticas. La película probablemente le salga más descabalada (como las anteriores), pero seguro que más autentica. Y es que si algo tiene su cine y no debe perder a pesar del guión, es esa sensación de inmediatez y realismo que nos hacía ponernos en la piel de sus personajes, y que hacia grandes, sin serlos, sus trabajos anteriores.

Víctor Gualda.

viernes, 1 de febrero de 2008

CAOTICA ANA

Julio Medem es un referente en el último cine español. Este punto nadie lo discute. Julio se ha labrado una carrera muy particular en la que cada título tiene algo especial. Su estreno en el largometraje con “Vacas”, fue bajo mi punto de vista la mejor de todas las suyas y desde entonces ha acudido puntual a su cita cada dos años (aproximadamente) con las salas. Con desigual resultado, pero siempre teniendo algo que ofrecer. Ha sido a partir de su documental “La pelota vasca” donde la estabilidad de su cine se ha roto. No vamos a comentar las manidas circunstancias políticas que rodearon a esta, los problemas de producción de “Caótica Ana”, o las circunstancias personales que han rodeado la elaboración del guión. Ni siquiera el apoyo mediático del que dispone el director han servido para paliar su película más floja hasta el momento.

Porque “Caótica Ana” tal vez sea una película bienintencionada, tal vez la idea de vivir a través de la hipnosis la vida de otras mujeres luchadoras sea buena, pero se trata de un guión fallido. Lento, denso, desestructurado que no llega a conectar con el espectador. No nos sentimos identificados con ninguna de esas mujeres aventureras porque no llegamos a conocer a ninguna. Porque todo lo que se refiere a ellas está contado por boca de otros, o por fotografías. Nos tenemos que conformar con lo que nos cuenta la cámara voyeur de Bebe o el niño hipnotizador, y así es difícil entrar en un mundo tan complejo y sentir identificación. Tal vez lo mejor de la película sea la historia de amor entre los personajes. Esos vehículos raros y especiales que tan bien sabe conducir el vasco. Ese amor romántico incondicional de Ana que le hace autodestruirse, pero que tiene más que ver con el siglo diecinueve (igual que la hipnosis) que con la actualidad. Bonita la historia de amor y desamor. ¿Quién no ha sufrido por él?

Curiosos resultan los personajes secundarios. Las relaciones con los hombres El padre, Said, Ismael, el yanqui, como personajes abstractos a los que es difícil entender o situar. En contraposición con las mujeres, que están perfectamente dibujadas. Justine que se autodefine como mecenas parece representar la madre severa que trata de sacarlo todo de Ana y que la protagonista nunca conoció. Linda, la amiga inseparable hermana postiza y protectora que sirve de conciencia, de ojos del subconsciente de ella.

Pero Medem es un fantástico constructor de imágenes estéticas, y la película está plagada de ellas. Particularmente me gusta las de animación, perfectamente integradas en la historia y en el mundo de Ana. Pero como ya he dicho, el mundo consciente de Ana está subexplotado, en contraposición con el subconsciente que está mal sobreexplotado. Como siempre el director utiliza las imágenes para introducir los símbolos de los que está plagada la película. Incluso en el desenlace, la mujer comprometida en la que se supone que se ha convertido Ana es un símbolo que recoge el testigo de sus anteriores vidas de mujeres comprometidas. Lástima que roce el ridículo, porque la "misión" que le ha sido encomendada a la protagonista está resuelta en una secuencia decepcionante e infantil.

Sin embargo, y a pesar de que, insisto, me parece de lejos su peor película, hay algo que se te queda en un hueco del subconsciente. Apartado de la mayor parte del cine español del que apenas te acuerdas del título cuando han pasado unos meses (en algunos casos ni siquiera cuando acabas de salir de la sala) Hay algo que te obliga a pensar soluciones para una trama descompensada. En el fondo te gustaría que la película funcionase, porque no es tan fácil acceder a un mundo tan mágico en el cine como el del director vasco. Tal vez la experiencia le sirva para intentar ser en la próxima menos pretencioso, y vuelva a sus historias basadas en la poesía visual, la trama y los personajes, y no tanto en localizaciones en medio mundo para no contar nada. Como paradoja, decir que esta película tan difícil de catalogar puede ser una de esas que al cabo de los años se conviertan en “rareza-de-culto-seña-de-identidad" de un director personal tipo “Barton Fink” de los Coen (sin animo de comparar), porque lo que es seguro es que sus defectos son compensados en cierta medida por su capacidad de dibujar personalidades complejas, y eso la saca del furgón de cola que es el cine español.
Víctor Gualda.

martes, 29 de enero de 2008

LA CARTA ESFERICA

Que el cine español es un moribundo que da bandazos sin rumbo fijo es algo que no pasa desapercibido a cualquier observador optimista. Por este motivo la mayoría de las productoras no se arriesgan. Un director reconocido, Uribe en este caso. Unos actores presuntamente solventes, Carmelo Gómez y Aitana Sánchez Gijón. Y una adaptación del título de un escritor superventas en nuestro país, Arturo Pérez reverte. Son una buena combinación de factores a priori para sacar un producto ganador. No es el caso que nos ocupa.

“La carta esférica” es una película mediocre que no desentona con el actual panorama del cine español. Ni para bien, ni para mal. El argumento se resume con facilidad. Unos planos de un barco hundido, una mujer ¿misteriosa?... aunque más bien se podría decir interesada. Un par de malos estereotipados (me recuerda las películas del cine clásico en las que el malo era reconocible porque llevaba bigote) y un marinero buenazo fuera de su medio que se deja llevar por la bragueta. Sólo hay que añadir que los planos son de un galeón hundido con tesoro incluido, y seguro que el hábil lector-espectador ya se ha imaginado todo lo que va a pasar en la película. Pues si el espectador hace el ejercicio de coger un papel y escribir todo lo que se le ocurra, apuesto a que acertará y todavía se le ocurrirán un par de cosas que se podrían haber incluido en la película. Y es que el problema creo que viene de atrás. Es decir del manuscrito original. El escritor utiliza casi siempre la misma técnica. Crea una trama sencilla, y paralelamente mete una trama histórica llena de documentación, que cuando lees la novela es la parte más interesante, pero que al adaptarla a guión no hace avanzar la trama y hay que prescindir de ella. Sólo se puede incluir una pequeña parte que sirve de “sustento ideológico” de la trama principal y que suele ser de tipo pseudo-policial. Lo hizo con “Alatriste”, lo hizo con “El club Dumas” (“La novena puerta”), “La piel del tambor”..., lo hizo con casi todas sus novelas. De esta forma garantiza una lectura amena que proporciona al lector medio cierto conocimiento, pero que siempre da la impresión de que falla en la resolución, porque este se cierran con estereotipos mil veces vistos o leídos.

Así que con una base tan poco cimentada, todo el peso queda en manos de los actores. En el caso de “La carta esférica” estos no son capaces además de levantar una película tan mal estructurada. La primera parte del metraje no acaba de engancharte del todo. El guión marea al protagonista pero la trama no acaba de arrancar. Las escenas se repiten al menos dos veces sin que lleven a ningún lado. Peleas, enfrentamientos verbales, escenas de sexo, escenas de enfado entre los protas, escenas de seducción, escenas de búsqueda infructuosa, dos intentonas en el momento del descubrimiento... así todo el metraje hasta que acabas hasta el moño de ver una y otra vez lo mismo. Sólo me atrevería a salvar de la quema la relativa sorpresa del descubrimiento parental de la protagonista con uno de los antagonistas y la secuencia en la que un actor secundario, (fantástico Carlos Kaniowsky) con todo el cinismo, mala ostia, y mucha carga de dobles sentidos (que además corresponde con la información oculta mencionada respecto a barcos y parentescos, hace avanzar la encallada trama) les da los datos imprescindibles que necesitan para llegar al lugar en el que está hundido el ansiado barco. Curioso que siendo una iniciativa de la protagonista no se le ocurriera recurrir a él desde el segundo minuto de película. Pero bueno, esto es cine. Volviendo a los actores, me da la oscura impresión de que Uribe tiene demasiada confianza en la solvencia y experiencia de ambos y les ha dejado actuar a su libre albedrío, olvidando que los personajes, independientemente del orden que establezca el plan de trabajo, necesitan una evolución emocional de la que se ocupa el director. No puede ser que las interpretaciones, especialmente la de Aitana sea tan plana a lo largo de 104 minutos. Ni que hablar de las dos secuencias de sexo, casi seguidas en la que la actriz sobreactua intentando dejar claro que ella es la que impone su ritmo y no se deja dominar. Carmelo defiende con dignidad el personaje, pero acaba uniéndose a la fiesta de despropósitos y acercándose peligrosamente al estereotipo que domina a los “malos”... que son todos.

En definitiva, que ni actores, ni técnicos de reconocido prestigio, Aguirresarobe en la fotografía, Font en el montaje o Mendizábal en la banda sonora, son capaces de arrastrar el lastre que lleva el texto de la película, demostrando una vez más la importancia de contar con un buen guión. Va a ser difícil que las salas cinematográficas y concretamente el cine español recupere a los espectadores que perdió el pasado año con estás películas que buscan lo seguro. Porque lo único seguro es que el DVD se apaga en mitad de la película si no te gusta a ti y a tus colegas y/o familia, y pones otra. Mientras en las salas, el espectador se piensa mucho en que película dejar siete euros por cabeza más complementos. Al tiempo que políticos incompetentes se dan palmaditas en la espalda cuando una o dos películas al año levantan la cuota de pantalla y entre partidos utilizan la excusa del cine para insultarse.

Víctor Gualda