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martes, 6 de octubre de 2009

DISTRITO 9

Atención a la fantástica películita producida por Peter Jackson, porque ya quisieran grandes superproducciones estar a la altura. Resulta que esta película de alienígenas destila una mala leche política digna de estudio. Y es que lo que en principio es una ficción sobre una nave extraterrestre que vara en Sudáfrica, se convierte por medio de su estructura en una crítica que es fácil relacionar con el Apartheid y la situación del Distrito 6 de Johannesburgo a mediados de los noventa, pero que creo que es extrapolable a nuestros días, y a otros lugares donde se construyen muros para crear guetos.

Cualquier película de ciencia ficción necesita unos códigos que sitúen al espectador. Aunque a muchos les pese, necesitamos reglas que nos hagan entender que sucede en la pantalla. Más, si vamos a comenzar desde el punto más cercano a la resolución de la trama, como mandan los cánones del guión. En el caso de “Distrito 9”, estas reglas vendrán expuestas a través del sistema más sencillo posible. El documental. De esta forma, los guionistas Neil Blomkamp (además director) y Terri Tatchell construyen el nuevo mundo del que vamos a ser testigos. Qué, cómo, cuando, y de paso quién será el protagonista. Lo hacen con declaraciones cruzadas de presuntos responsables, con ironía y un oscuro sentido del humor. De esta forma introducen además un espíritu crítico que es lo más destacado del film. Lejos de la concepción de los alienígenas agresivos dominantes que están listos para atacar la tierra, estos marcianitos son una raza más, que han tenido la desgracia de que se les estropease el barco en un mundo tan chungo como la tierra. La ambición del hombre por dominarlos, destriparlos, y sobre todo aprovechar su tecnología con fines poco científicos (como seria en la realidad, vamos) mientras los convierten en “bichos” a los que hay que agrupar en guetos y alejar de “los blancos” porque molestan. Una vez que están en condiciones infrahumanas (que paradoja) se puede practicar con ellos negocios tan humanos como el tráfico de drogas en forma de comida para gatos, tráfico de armas, tráfico de alienígenas, y todas las burradas a las que el ser humano suele sacar partido.

En medio de toda la vaina, un antihéroe. Colocado a capón por enchufe para la compañía MNU, que se encargará del desalojo (otra vez las empresas privadas). Un torpe con buen corazón que sirve de enlace para el desahucio, y que se convertirá en involuntario protagonista. Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley) previamente presentado en el documental sin mostrarle, despertando inteligentemente el interés, será el cabeza de turco y el que conduzca la aventura, que es el fin último y la trama principal del film. A partir de que el documental pierde peso, la película retrocede para hacerle/nos comprender que también estos marcianos tienen sentimientos, y por ende todas las razas y religiones. La aventura una vez descargada de razones mayores, esta dirigida por Blomkamp de forma dinámica y sencilla. Por supuesto el espectador se pone de parte de Wikus y desea que lleve a buen puerto su empeño. Lo consiga o no, un descubrimiento casual le introduce de lleno en la causa alienígena. Se convertirá en el paria predestinado a huir. La amistad y la confianza en otra raza, se convertirá en el sustento de su destino, y un final abierto le pregunta al espectador si seria capaz de confiar en alguien diferente. Seguro que hay un punto de desconfianza, aunque el amigo haya demostrado su posición. De momento tendrá que conformarse con esperar y mandar señales a su mujer, que también esperará el regreso de su Ulises particular.

A destacar los efectos especiales a cargo de la empresa de Jackson, que son fantásticos, y le dan la veracidad necesaria a una historia brillantemente sustentada en la credibilidad. El guión sencillo y sin trampas, igual que la dirección, que probablemente le abra las puertas a su director a los grandes presupuestos made in Hollywood. De momento disfrutemos de esta ficción que refresca el género.

Víctor Gualda.

lunes, 7 de septiembre de 2009

WATCHMEN

Lo cierto es que no sé lo que esperaba de esta película. Tal vez se deba a que mis expectativas después de escuchar a tanto fanático del cómic, eran demasiado elevadas. Pero el primer visionado de “Watchmen” me ha parecido en líneas generales un coñazo insufrible. De acuerdo, estéticamente es la caña, la introducción es cojonuda, pero las dos horas y media de metraje se me han hecho eternas, y el discurso me ha parecido anticuado y pretencioso. En su favor, tengo que reconocer que me la tragué entera de una sentada (cosa que no pude hacer con “The Spirit”) y que tiene reflexiones sobre los “superhéroes” que no había visto o leído en otros cómics de la época.

Para empezar me parece complicado adaptar un cómic tan complejo y largo en una película. Se que el director (Zack Snyder) y sus guionistas (David Hayter y Alex Tse) han tenido que suprimir capítulos que ayudan a entender la trama principal o las motivaciones de los protagonistas. Incluso ese metalenguaje del cómic dentro del cómic es interesante y se ha perdido. Pero eso no me parece excusa para entender que el formato audiovisual es diferente, y por lo tanto que no se le pueden meter paliques metafísicos monologados de cinco minutos. Después de esa presentación en imágenes que tan bien resume la formación de los Héroes y que cualquier tiempo pasado fue mejor (que por cierto me recordó a “Los Increíbles”) comienza la parte narrativa propiamente dicha. Los cambios de punto de vista, alternados con flash-backs explicativos están bien introducidos. Sabemos quién es quién y cuales son los roles (aunque claramente estereotipados) El problema es que aunque estructuralmente están donde tienen que estar, este primer bloque es tan largo que casi dura una película convencional entera, con lo cual el ritmo narrativo se resiente. Por otra parte, el planteamiento del conflicto interno de los héroes que envejecen y dejan de tener sentido en una sociedad cambiante que les rechaza (“¿Quién vigila a los vigilantes?”), lo que les provoca morriña del pasado está bien, pero no hacen falta treinta secuencias para contar lo mismo en la primera que en la última, por mucho que la intención sea deconstruir el arquetipo convencional del superhéroe y la falta de superpoderes les humanice en todos los estadios.

Es cuando cambia el bloque de flach-backs y presentaciones, y se centran en el conflicto, cuando la película arranca y coge algo de ritmo (por fin). La consecuencia necesaria de tanto melodrama (historia de Espectro de Seda I y II con el Comediante, o a la de Espectro de Seda II y Buho Nocturno) no puede ser otra que la de que los personajes reaccionen dejen de lado sus miedos y retomen su “misión”. Es en este punto de giro donde más conflicto en cuanto al mensaje veo. Si es cierto (como me decía un amigo) que el tufillo fascistoide impregna toda la cinta, es con la guerra nuclear con lo que alcanza su mayor esplendor. Entiendo que la preocupación de la época (está ambientada en 1985) y el fantasma del comunismo copen todo el trasfondo, pero los valores han cambiado y el enemigo invisible que no tiene cara me resulta demasiado irreal (por no hablar de esa división simplista entre buenos y malos). La idea de que los americanos tienen el deber de salvar al mundo me aburre sobremanera, y la idea utilitarista de que haya un exterminador invisible que tiene la misión autoimpuesta de reventar al planeta para salvarlo me produce escalofríos, porque justifica moralmente cualquier acción por descabellada que sea. Los daños colaterales valen para matar mujeres y niños y tienen justificación, porque a fin de cuentas a los muertos no les conocíamos y la causa es “buena” (me recuerda demasiado a conflictos actuales)

Luego está el tema de los personajes, como dije antes estereotipos que esconden distintas tendencias nihilistas, deterministas, utilitaristas disfrazadas en las personalidades. El esquizofrénico paranoico fascista de la mascara llamado Roschach (Jakie Earle Haley) es el punto de vista principal que hace que avance la acción a través de su voz en off al mas puro estilo del cine negro, por cierto la mejor interpretación cuando le quitan la máscara. Espectro de Seda es el enlace entre dios/Dr Manhattan y los hombres; El buho, el bucólico representante de los héroes retirados; El comediante otro fascista psicópata presuntamente nihilista (al menos es lo que se entiende de sus monólogos contra todo y todos) sin la menor empatía con nadie y Ozymandias, el espabilado megalomano narcisista personificado. Hago un alto en Dr Manhattan porque me parece el más estúpido de todos. Un personaje que pierde la humanidad, pero que es el encargado de salvarla. Omnipotente pero creado por el propio hombre. Indestructible pero manipulado por un ser inferior; guardián del mundo, pero retirado en una isla (Marte) Podría llamarse doctor paradoja, pero a pesar de que está introducido en la trama pseudos policíaca, cualquier acción suya no deja de ser un Deus ex machina, con lo cual cualquier desastre puede ser arreglado con su varita mágica, como de hecho así sucede primero en Vietnam (guerra que acabo de descubrir que los americanos consideran que ganaron) y luego con el conflicto nuclear (lo digo consciente de que el final del cómic difiere del de la película). Todo ello alternado por discursos seudo metafísicos de guardería.

Lo siento por los fans de Alan Moore, que deben sentirse decepcionados dado el formato gráfico permite un desarrollo más coherente, pero lo único que me parece salvable de este coñazo de dos horas y media es la estética y algunas soluciones visuales. Me da igual que hayan contado con asesores en física quántica y que los personajes tengan una base científica como explican en los extras. La trama me parece espesa, los personajes estereotipos, el trasfondo pasado de moda. Todo con una ambición desmedida de su director sobrevalorado Zack Snyder (300). Al final me quedo con la frase hecha “el que mucho abarca, poco aprieta”.

Víctor Gualda

jueves, 27 de agosto de 2009

SEÑALES DEL FUTURO

Nicolas Cage parece el actor con menos criterio para elegir papeles de Hollywood. Atrás quedaron sus intentos por hacer películas de calidad con papeles peculiares en sus inicios como sobrino acreditado de Coppolla. Ahora es un actor autónomo encasillado en el eterno héroe de acción para grandes presupuestos. Si a eso le añadimos un tanto de ciencia-ficción, no hay producción de este tipo que se precie que no cuente con él. Películas clinex de las que lo único que debe recordar es el salario que cobró porque argumentalmente no hay por donde cogerlas.

En el caso de la que nos ocupa es encima una de las mejores en las que se ha prodigado en los últimos tiempos. Tiene todos los elementos que les encantan al espectador medio americano (y español, por qué no) un niño como coprotagonista, acción y secuencias espectaculares de efectos especiales de esos que se disfrutan en pantalla grande a raudales. Es tal vez lo más destacable de todo el metraje. Dos secuencias con mucho ruido con un avión y unos vagones de metro. Mucho extra ya sea real o digital, y el protagonismo absoluto del superhéroe mesiánico (en este caso casi literal) que tiene el deber de tratar de salvar a la humanidad a nivel social y a nivel individual a su hijo.

Todo ello englobado para destacar los valores americanos que están en peligro por la codicia de los hombres. Un poco como aquel remake que hace poco protagonizó Reeves (el otro especialista en ciencia ficción) y que comentamos en este blog, solo que desde el punto de vista del hombre. Elementos directamente importados del antiguo testamento que nos hablan de grandes catástrofes y plagas casi divinas. Extraterrestres con misiones de salvar la especie, manteniendo en un arca de Noe interestelar el futuro de la humanidad. En este caso las causas del desastre son naturales (no juegan con “la culpa” del hombre) pero las consecuencias son globales, y como todo el mundo sabe, si no nos salva un yanqui, sólo lo puede hacer un extraterrestre.

Pero el argumento está introducido a través de una mezcla de géneros. Por una parte una especie de terror de barrio a través de los números y los personajes extraños que nos vigilan, por otra, la seudo-filosofía de si todo es un cúmulo de casualidades o un cúmulo de despropósitos que hacen que los planetas se alineen para crear una consecuencia. Por supuesto el necesario drama como motivación del personaje principal, y también por supuesto el enaltecimiento de la unión de la familia como forma de enfrentarse a las adversidades. Eso si, en esta los guionistas Pearson, Nelly, Snowde, White, Hazeldine y Proyas (¿de verdad hacen falta tantos guionista para tan poco guión?) parecen dejar en manos del destino como forma de expiación las consecuencias de los actos de los hombres. Una forma de exculpación un tanto estúpida que parece querer transmitir el mensaje de que hagamos lo que hagamos será la naturaleza la responsable… pero qué graciosos son.

La estructura es lo de siempre. El héroe que tiene que proteger a su hijo de su destino y que descubre que a través de los números se han predicho todos los males de la humanidad (la humanidad sólo son los yanquis, claro). Una mezcolanza de Biblia y profecías paganas que se aúnan para que Cage las descubra y trate de cambiar el futuro. Todo ello protegiendo a su primogénito, el elegido que representa el futuro. La utilización de la coprota femenina está sólo introducida para enaltecimiento del personaje masculino en un giro inesperado, pero claro, si no se hubiese dejado llevar por sus impulsos en vez de seguir la palabra del profeta Cage… en realidad da igual, porque los guionistas juegan al despiste, y aparte de los efectos, lo mejor del film es la capacidad de dar giros inesperados y ese desenlace paradójico que tan de moda está. Una película de la marca Cage, que se ha convertido en su propio género. Y es que uno ya sabe lo que va a ver cuando se asoma a unas de sus películas.

Víctor Gualda.

sábado, 9 de mayo de 2009

LOBEZNO: X-MEN ORIGENES

Dado el éxito de las tres partes de X- Men, y en concreto del carismático Lobezno, que lanzó a la fama a Hugh Jackman, era inevitable que tuviese su propio spin off. Así, esta precuela se convierte por derecho propio en un interesante complemento de la trilogía, con vida propia y necesario para entender el espíritu de la luego celebre “Patrulla X” (así se llamaron en España en los 80).

Visualmente, es el prólogo en el que se cuenta la historia del pequeño Jimmy y su hermano Víctor, en un arranque un tanto shakesperiano, donde el niño y el espectador descubren los poderes de los hermanos. Si en apenas un minutos a ambos les corresponde asumir sus roles, es en el intenso arranque elíptico de batalla a batalla donde vemos como se desarrolla la personalidad combativa de ambos. También lo inevitable de sus destinos cruzados por sus personalidades antagónicas. La secuencia de la separación es un tanto ridícula, pero sirve de excusa además de antecedente para explicarnos qué es el adamantium que tanta importancia tendrá en el personaje, convirtiendo la lucha de egos de los hermanos en un ridículo enfrentamiento un tanto vacío.

Como en cualquier película de cualquier género, la necesaria premisa será una engañiza para que el personaje principal encuentre una motivación para intervenir y dar un giro necesario a su vida. El ardid servirá de excusa para que el protagonista busque la venganza a través de la sangre de su antagonista, en este caso “Dientes de Sable” Es tal vez el punto más interesante, porque se trata de una lucha de iguales, y lo que es mejor, de hermanos. Otro giro, de nuevo demasiado impostado, servirá para reforzar el esqueleto y los instintos asesinos del personaje de Wolverine. El trasfondo del experimento gubernamental para crear el soldado perfecto, hace que nuestro personaje entre en una lucha de valores del que ya había dado cuenta el arranque de la película. Y es que en realidad todo es circular en el libreto. Todo se repite al menos un par de veces con desigual resultado, pues donde el personaje fallaba, evoluciona para convertirse en más fuerte. También la premisa vuelve a la vida de Logan, por supuesto de la manera más justificada, y sirve de arranque para la primera parte de “X Men”. Pero antes, el enfrentamiento definitivo, en el que los hermanos volverán a unir sus espaldas para luchar contra el mal común, que no es otro que la naturaleza humana contra lo antinatural, creado por la ambición de control del hombre. Lastima que las consecuencias morales queden tan diluidas en los efectos especiales, y que al final el guión resulte completamente previsible y exento de sorpresa, porque el planteamiento, que ya aparecía en el cómic (aunque convenientemente manipulado), se autolimita al cambiar de formato. Y es que resulta difícil equilibrar el trasfondo, por la dictadura de lo que el público medio espera de una película de superhéroes.

Ninguna objeción al trabajo de Hugh Jackman, que sabe aprovechar para rendirle un homenaje al personaje que primero le convirtió en estrella, y que ahora le convierte en más millonario. Al parecer tanto él como Liev Schreiber pasaron meses de gimnasio para moldear el cuerpo que necesitaban los personajes, y tengo que reconocer que a pesar de la desconfianza que me ofrecía Schreiber (también a los productores), hace un buen trabajo, que deja la dureza de Lobezno a la altura de una señorita (como siempre que se le da peso al antihéroe antagonista), y que funciona a la perfección para crear las dudas del personaje moralmente irreprochable (demasiado estereotipado para mi gusto). Quedan enlazados además los términos en los que se desarrollará la biografía de Lobezno en el cómic, y presentados los personajes líderes de los X-Men. Los efectos son tan espectaculares como artificiales, pero cumplen con lo esperado. Ahora a luchar en la taquilla… pero esa guerra la tienen ganada de antemano.

Víctor Gualda.

viernes, 24 de abril de 2009

APPALOOSA - ULTIMATUM A LA TIERRA

Aunque tienen poco que ver, ambas tienen en común que además de ser películas de género, se podrían calificar como películas de domingo por la tarde. “Ultimátum a la tierra” es un remake del clásico de Robert Wise, que aporta poco más que nuevos efectos especiales. Si en aquella el trasfondo era el enemigo comunista de la guerra fría, en esta, el director Scott Derrickson ha centrado el enemigo en el propio ser humano, en la autodestrucción del planeta, y tal vez en el miedo al terrorista/enemigo desconocido.

Keanu Reeves, que en los últimos tiempos se ha especializado en personajes relacionados con la ciencia ficción, hace en esta de extraterrestre de apariencia humana, que junto a una especie de robot ha venido a destruir la tierra ante la prepotencia del gobierno americano. Y es que como no podía ser de otra forma, aquí el extraterrestre y su extraña nave de luz han desembarcado en la capital de la tierra, Nueva York. Como representante de la humanidad: la madrastra viuda interpretada por Jennifer Connelly, heroína por obligación, que es tan ingenua que todavía confía en el género humano y así se lo intenta hacer ver al implacable Klaatu-Reeves.

Llama especialmente la atención en esta producción las continuas referencias bíblicas al antiguo testamento. La nave de luz no es otra cosa que el arca de Noe, donde un hijo del dios sobrenatural con forma humana introduce a las especies. El ataque para barrer a los humanos se hace en forma de plaga inexpugnable de “langostas ciberneticas” ante la que no sirven las armas… y demás referencias biblio-judías. Lo que me resulta más curioso es que los responsables de la película no han aprovechado una posible relación entre el extraterrestre y la terrestre. Sustentando el peso de la salvación del planeta en un niño (desde luego la inocencia del niño es el único elemento por el que nos podríamos salvar, porque la redención del hombre a través del personaje político de Kathy Bates es más que improbable). Así, no existe ninguna tensión sexual entre los protagonistas, ni química intepretativa, ni nada. Reeves no necesita interpretar, tampoco es que lo haga habitualmente. Inexpresivo desde el primer plano hasta el último, no hay subtramas a las que agarrarse más que la “complicada” relación entre madrastra e hijastro. Quedándose la película en un juego de efectos especiales con un trasfondo más bien paternalista.

En cuanto a “Appaloosa”, poco se puede decir de este serial tipo años cincuenta, basado en la novela de Robert B. Parker y adaptado por el bueno de Ed Harris y Robert Knott. De nuevo una película de género, en este caso western, desde mi punto de vista sobrevalorado por la crítica, en la que los estereotipos tienen peso especifico. El bueno, el guapo y el malo seria un título bastante representativo. Harris-Virgil Cole (el bueno) es un sherif de alquiler que se enfrenta al todopoderoso personaje de Irons-Randall Bragg (el malo), antagonista cojonero por excelencia a lo largo de todo el metraje. Lo más interesante de la película es en realidad la relación casi homosexual que desprenden el bueno Harris y el guapo Mortensen-Everett Hitch. Y es que no hay más antecedente que el de llevar trabajando juntos muchos años, pero el personaje de Mortenssen no tiene más función que la de servir de muleta al bueno de Harris. Es casi un amigo/novio invisible y fiel, que sirve de voz de su conciencia, además de brazo armado. Pero el personaje que realmente tiene algo interesante que contar es el de Renée Zellweger. Ella es la que impide que esta sea una aburrida historia de buenos y malos y humaniza los estereotipos. Personaje desequilibrante para Harris, para Mortensen y para Irons. Una veleta que está poco aprovechada, pues se insinúa que puede desestabilizar la relación de los hombres, pero finalmente se queda en agua de borrajas. Eso si, es la excusa necesaria para que la historia avance, ya que la muerte del sheriff amigo, ni siquiera tiene el peso dramático para sustentar el primer acto (a quién le importa un personaje que ni siquiera ha sido presentado). De la interpretación de Adriana Gil, sólo puedo decir, que pasaba por allí. Tal vez el mayor acierto de la película sea el ritmo interno, de amplias pausas y secuencias en las que los personajes se dedican a reflexionar, algo poco habitual en los westerns, que le infiere un tono extraño a la cinta.

En definitiva dos pelis con un nivel aceptable para evitar la mierda de programación de una tarde de fin de semana en la televisión, pero que ni siquiera merecen el precio de una sesión de cine, si no es por pagar el caché de los actores de “Appaloosa” y los efectos especiales de “Ultimátum…”

Víctor Gualda.

martes, 3 de febrero de 2009

EL CABALERO OSCURO Y EL JOKER


La última película de Christopher Nolan constituye una de las mejores y más interesantes propuestas del 2008. Con un ritmo impresionante, la tensión dramática se mantiene durante las más de 2 horas y media de duración, tiene un guión ágil, una buena realización que cuida todos los detalles y ante todo una magistral interpretación del “malvado de la película”, el joker, verdadero protagonista de esta “crítica”.
El origen del Joker nunca fue explicado claramente hasta el año 1988 en el cómic The Killing Joke, escrito por Alan Moore. En la historia, Moore retoma el caso de la Capucha Roja para contar un posible origen del Joker (ya que él mismo admite que no recuerda claramente como era su pasado y que siempre lo está reinventando), se lo muestra como un ingeniero anónimo que deja su trabajo en una planta de químicos para convertirse en comediante, pero fracasa rotundamente. Desesperado por mantener a su esposa embarazada, decide guiar a dos ladrones dentro de la planta y con esto ganar parte del botín. Mientras planeaban este robo en un bar, llega la policía y le informa que su esposa ha muerto electrocutada en un accidente casero. El ingeniero trata de salirse del plan, pero los ladrones le obligan a participar.
En la planta, los ladrones le entregan una máscara y lo nombran «Capucha Roja» (Red Hood). Una vez adentro, son detectados inmediatamente por el personal de vigilancia y los dos ladrones son abatidos por los disparos de los guardias, pero el comediante logra evadirles.
Preso por el pánico, el ingeniero escapa, pero aparece Batman y cae en una mezcla de químicos, del cual logra escapar al exterior a través de un tubo. Una vez afuera descubre que la reacción química le cambió permanentemente la apariencia a la de una especie de payaso: piel blanca, labios rojos y pelo verde. Este cambio de apariencia, más los infortunios de un día, lo llevan a quedar completamente loco y con esto se da origen al Joker.
Pero con “El caballero oscuro” hemos asistido a una extraña adaptación de este personaje, en la cual son irrelevantes sus origenes, su subjetividad, “nadie llega a entender la verdadera naturaleza del personaje”, ni los propios criminales, él se erige en un auténtico “agente del caos” (como el mismo se autodefine en la película). Realmente mi interpretación es que el joker no es un personaje, ni siquiera personifica el “mal”, en mi opinión él simple y llanamente representa el capitalismo, como Jacques Lacan definió alguna vez (quizás no en estos términos) como una forma de estructurar "el vacio”.
El joker tiene muchos planes pero todos son contingentes, el único límite es la ausencia de límites (lo que nos lleva del nuevo al “vacio”), en la conversación con Batman cuando está apresado en una comisaría, el joker defiende que él quiere mostrar “lo real”, que tras el orden social no existe ética, ni moral, todo está presidido por un “vacio” que el pretende hacer evidente. En cierto sentido la ambición no es un valor propiamente dicho sino un “motor” para la acción que nos lleva a la autofagocitación. No quiero extenderme mucho pero me parece que la idea que hay tras este personaje es tan potente, que solo por esta merece la pena ver la película, podría seguir hablando del suicidio de Heath Ledger, de la conversación que esté tuvo con Jack Nicolson antes de interpretar al joker y que esté le avisó de lo desestabilizante que podría ser interpretar a este personaje, pero todo esto forma ya parte de la leyenda.


Eregoyan

miércoles, 31 de diciembre de 2008

CREPUSCULO





La película que más expectativas ha creado en las navidades, no es una película; Es un capítulo piloto para una serie de televisión. Y es que a pesar de que reconozco que me ha gustado, tengo clarísimo que aparenta mucho más de lo que realmente es. La estructura, los diálogos, el argumento, hasta la fotografía me recuerdan a una serie de televisión de última generación. Es más, la serie “True Blood”, también de vampiros, producida por Alan Ball para HBO, es mil veces más película que la que nos ocupa. La excusa es que se trata de un film para adolescentes, pero la realidad es que es un tratado de moralina barata americana donde moral, miedo al sexo y enaltecimiento de la familia para superar los problemas, son el centro de toda la trama.

Al ver "Crepusculo" me da la impresión de que volvemos atrás en el tiempo. El mestizaje de géneros ha propiciado la llegada de la modernez a la estética cinematográfica, pero en realidad tras el trasfondo fantástico no se trata más que de una historia clásica de amor improbable (ya ni siquiera imposible) El envoltorio de papel de caramelo que reinventa las normas ya es suficiente para despertar el interés. Estos vampiros vestidos de Bershka con su ropa juvenil y ultramoderna, con el corte de pelo más cool del mercado, son sólo muñecos intercambiables. Dicen que son vampiros, pero podrían ser albañiles con doble vida como agentes secretos, o porteros de discoteca con varias carreras universitarias. Parece que el hecho de ser inmortales no les ha hecho madurar, y los diecisiete años serán eternos. Así Robert Pattinson, Edward el vampiro protagonista, no es más que un saco de estereotipos y gestos estudiados delante del espejo, que me recuerdan al James Dean de “Rebelde sin causa”. Sufrir porque son incomprendidos y adolescentes, disfrutar porque son jóvenes y guays, pero sin romper las reglas. Menos mal que no beben, porque sino en la garantizada segunda parte (que correspondería con el capítulo 2 de la serie) irían al psicólogo igual que lo hacían los niños pijos de “Sensación de vivir” cuando se tomaban una cerveza. Y es que los productores de la cinta sólo han pensado en llenar la cartera, y para ello, qué mejor que los mayores y más desprotegidos consumidores del planeta. Planteado como una saga más de Harry Potteres, estos vampiros no se han corrompido con la inmortalidad (lo que les haría interesantes), al contrario, han decidido hacer un pacto superguay para no probar la sangre humana (Por si los jóvenes americanos empezaban a lanzarse...) No tienen sexo, aunque duermen juntos, quieren integrarse en la sociedad y por eso siguen yendo año tras año al instituto. No es de extrañar, resulta que la escritora del best seller en el que está basada la película, Stephanie Meyer, es una ama de casa mormona madre de tres hijos que se aburría en casa. Ahora es una multimillonaria que va a estrangular la gallina de los huevos de oro y de paso las mentes impresionables de toda una generación de jóvenes de todo el mundo.

De la estructura poco o nada hay que destacar, todo gira en torno a la relación de los dos protagonistas Kristen Stewart, Bella en la película, la chica recién llegada con “problemas” porque se tiene que ir a vivir al pueblo de su padre, pero que tiene buena relación con su madre. El capítulo entero girará en torno al ahora si, ahora no, pero como era insuficiente, decidieron meter a unos vampiros malos. Pero malos, malos. El estereotipo es algo que se domina por estas latitudes, y será el único elemento externo que mueva la trama. Casi se agradece, porque empezaba a revolverme en el sillón. Un poco de acción, algo de publicidad de un coche superguapo, y a la mierda la tradición vampírica... Pero por favor, si hasta el nuevo motivo por el que no puede darles la luz es ridículo estúpido y absurdo.... Ahora, hay que reconocer a los creadores que tienen motivos para darse palmaditas en la espalda. La película está funcionando como un reloj, igual que lo hará la futura saga. Películas baratas en tiempos de crisis, series de televisión caras para compensar. El mercadeo está intercambiando los papeles en Estados Unidos. En España, pues lo de siempre, a defender la cultura ajena, mientras que la propia desaparece. Y es que la globalización convierte a los políticos responsables de la cultura en muñequitos intercambiables (¿alguien se acuerda como se llama la responsable actual?), como los personajes de cualquiera de estas series B que se estrenan en todo el mundo. Pero ojo, la película no engaña como los políticos. Promete lo que da, y da lo que promete. Resulta tan entretenida como vacía. Es una carcasa atractiva, y si te has dejado llevar, fijo que te compras una chupa como la del prota... porque mola.

Víctor Gualda.

martes, 28 de octubre de 2008

BLADE RUNNER

A falta de novedades interesantes, buenos son clásicos. Y es que esta película del año 1982 lo es en toda regla. Siempre me ha resultado intrigante por varios motivos. Como en los buenos guiones, hay una trama que camina por la superficie que resulta ser sólo la punta del iceberg. El tamaño de lo que está debajo es lo que determina el calado. Y bajo mi punto de vista, en Blade Runner lo que esconde bajo la superficie es capaz de hundir veinte Titanics. Hasta el punto de trascender sobre el propio Ridley Scott y convertirlo en un personaje más como en un juego de cajas chinas imposible.

Sobre la superficie, es sencillamente un thriller policíaco en el que el personaje de Harrison Ford es un detective (Deckard) que tiene como misión encontrar a cuatro criminales esclavos que se han amotinado en una cárcel (otro planeta). Como se trata de una película futurista, estos desaparecidos resultan ser robots casi perfectos. Este giro con la introducción de robots, ya le confieren a la película un nuevo argumento. El prometeico, que requiere un análisis más detenido. Y es que estos cuatro humanoides (replicantes) saben que tienen las horas contadas, y buscan a su creador para pedirle que les alarguen la vida. De forma que ese viejo sueño de la inmortalidad, se traspasa a unos seres artificiales, que en realidad son más humanos que los propios humanos. A nivel argumental, no están dotados de sentimientos, lo que lleva a pensar que cuando asesinan con sus propias manos para conseguir su objetivo, en realidad son unos psicópatas incapaces de empatizar (un nuevo argumento). Pero ni siquiera este punto es real. Pues con los modelos más evolucionados, Sean Young y Rutger Hauer (Nexus 6) entendemos que el sufrimiento y el miedo están presentes al haber sido hechos a imagen y semejanza de su creador. Que resulta ser una extrapolación de Dios. De modo que “el creador” Tyrell lo es en toda la extensión de la palabra. Además, a partir de este punto, se introduce un elemento mesiánico. Y es que el hijo del creador que en principio no está dispuesto a morir, acaba aceptando su destino, y de alguna manera con su gesto, y con imágenes simbólicas, como la de clavarse el calvo en la mano, o el de liberar la paloma antes de morir (Espíritu Santo), se convierte en un Jesucristo capaz de perdonar (no al creador al que inflinge el castigo de la mortalidad, pero si al hombre, representado por Harrison Ford). De esta forma, el punto de vista principal dominado por Ford, es sencillamente una excusa para contar una historia mucho más profunda, y al detective, el único don que se le da, es el de enamorarse de uno de estos replicantes perfectos, con el consiguiente desengaño del amor imposible, colocándole en una situación ambigua, y sirviendo de simple cronista y excusa para contar la historia de Prometeo, que aparte de robar el fuego de los dioses, es el primer escultor de hombres. Cuando estos vayan a reclamar el poder de la inmortalidad, su “padre” Tyrell les dirá algo así como... tenéis el don del libre albedrío, por qué no disfrutáis de él mientras podáis... Pero una inteligencia superior busca trascender. Y este es el punto en el que meto en la trama al director. Me planteo si Scott no es otro Dios, que ha creado una película que busca trascender (consciente o inconscientemente). Es su manera de pasar a la historia, de alcanzar la inmortalidad. A fin de cuentas, es a la que más vueltas le ha dado. Haciendo montajes y remontajes a lo largo de los años (en alguno ni siquiera ha intervenido), y buscando la perfección hasta el extremo. Eliminando por ejemplo la voz en off de Harrison Ford, para (bajo mi punto de vista) eliminar los vestigios de las películas de subgénero de detectives y conferirle el don de obra maestra superior. Y es que cualquier protagonista vale tanto como bien desarrollado esté su antagonista. Y en el caso de este, Roy (Rutger), se eleva por encima del detective y se convierte en el verdadero heroe.

-“...todos estos momentos se perderán en el tiempo como lagrimas en la lluvia”- es un epitafio perfecto mientras la lluvia, que no deja de caer en todo el metraje, se mezcla con las lágrimas de la certeza. Ha llegado el fin para el ser más poderoso creado por el hombre. Ha llegado la muerte para el hombre.

Atrás quedan temas, secuencias y momentos memorables que comentar, como la banda sonora de Vangelis, la fantástica escenografía del decadente futuro diseñada por el artista conceptual Syd Mead y combinada por la dirección artística de David Snyder, inspirada en el trabajo de Moebius (que rechazó trabajar en la película) o subtramas como la de “la inmortal” partida de ajedrez, las influencias de “Metrópolis”, o los cotilleos de rodaje de peleas entre Director y protagonistas. Pero el espacio es reducido y “Blade Runner” es una obra maestra que necesita muchas líneas para comentar. Como epílogo homenaje, los dos finales; el original, y el de la reedición. Creo que Harrison estaba de acuerdo con que se eliminara. No le culpo... yo mismo eliminaría este último párrafo, meramente informativo “happy end”.

Víctor Gualda.


sábado, 16 de agosto de 2008

DESPIERTO

No perdáis el tiempo viendo esta película. Es un producto de consumo sin más, que muchos dirán que tiene un planteamiento interesante. Tal vez si la hubiese dirigido Cronenberg le hubiese conseguido sacar algo de jugo, pero la ha escrito y dirigido un tal Joby Harold, y no pasa del producto de consumo medio de video, tele o algún canal temático de cine.

La idea puede ser interesante, pero el arranque no es más que una sucesión de tópicos. El personaje interpretado por Hayden Christensen es un multimillonario con un gran corazón. Tan grande, que sufre algún tipo de dolencia cardiaca que le obliga a estar en lista de espera de un hospital para recibir un trasplante. El guionista se empeña en que el chaval, a pesar de ser millonario nos caiga más que bien. Nos presenta su circulo más cercano para que veamos que todos le apoyan y él apoya a todos. Su madre (Lena Olin), con un alto sentido de la protección toma las decisiones que tienen que ver con su personalidad agobiándole. Su médico (Terrence Howard) que le salvó la vida una vez, es el destinado a realizar la futura operación. Su novia asistenta personal de su madre y prometida secreta del prota... una cara bonita más, (Jessica Alba). En fin, que después de un par de secuencias para dejarle bien, nos meten en situación con una secuencia explicativa, y otra que aunque ahora no lo sepamos, justifica el giro que tomará la película.

A partir de este momento (el de la presentación) la estructura de la película estará basada en el engaño. Me refiero al espectador por supuesto (también al protagonista). Me pregunto hasta que punto es legitimo “hacer trampas” en el cine. Me explico. En esta ocasión, el guionista nos pone en el punto de vista de Christensen. Nos conduce hacia una situación, que será el giro principal (casi único) de la película, para luego, con información que desconocemos darle la vuelta a la trama por medio de la sorpresa. En realidad no hay más ley que la de entretener, por lo que el recurso es perfectamente legitimo. Además en este caso en concreto, al compartir el punto de vista con el protagonista descubrimos la trampa al mismo tiempo que él. El problema es que particularmente me siento defraudado. Ya no tiene importancia lo que le pase a Hayden. La duda moral a la que se enfrenta el médico Howard no tiene ninguna importancia, con lo cual todo se reduce al siguiente recurso dramático. Olvidando que hay temas importantes a los que se le puede sacar partido y hacer trascender el mero entretenimiento.

Es entonces cuando hace acto de presencia el segundo recurso. En este caso más visual que de guión. Nuestro protagonista, como indica claramente el título y la sinopsis argumental de la carátula, va a estar despierto mientras le operan. En el primer tramo desde su propio cuerpo, el tiempo justo para descubrir una extraordinaria excusa (porque se sale de lo ordinario lo absurdo de la excusa). Pero como al estar postrado, Hayden no puede interactuar, el tal Harold decide que tenga una experiencia extracorporea. Este nuevo elemento vale para todo. Para recorrer el hospital y cambiar los puntos de vista, para meter flash-backs explicativos visuales, que con la nueva información el espectador aprecie y diga para si mismo, “-Ah claro, esto era por eso...-“.
Por supuesto, cuando llega el segundo punto de giro, no hay que ser demasiado espabilado para saber que va a pasar. Que las películas hacen concesiones, y que algún diálogo anterior demasiado evidente van a entrar en escena, es algo inevitable. Por si alguien se ha perdido y no entiende que está pasando, una secuencia explicativa por medio. Se trata de un flash-back por parte de la madre. Sorpresa. Si, el punto de vista ha cambiado... pero en algún lugar entre la vida y la muerte donde madre e hijo se han encontrado. Todo justificado sobre el papel... En esta secuencia hay un detalle (tal vez el único de todo el metraje) que me llama la atención. Madre e hijo mantienen una secuencia cara a cara en la que los dos personajes fuman como “acción” interpretativa. Esto no es muy común en el actual cine americano, más cuando se trata de una escena trascendental de conocimiento intimo (tal vez la única) entre madre e hijo, y hay tanto en juego.

Desenlace que no se sale un milímetro de lo esperado, y ya. Así que la película se reduce a eso. Un efecto de guión, un efecto visual... y el efectismo de las imágenes de una operación a corazón abierto. Me decepcionan tanto las películas que basan todo su argumento en la sorpresa... En esta se ha utilizado en el primer giro, pero hay otras como “El sexto sentido” (todas las de Shyamalan en realidad), o “Los otros” en las que el metraje está construido por y para “la sorpresa”. Y esto no deja de ser información oculta a los ojos del espectador que se destapa en un momento conveniente, que le descoloca, fuegos artificiales, pero con un interior hueco. Al menos “Despierto” sólo dura ochenta minutos.

Víctor Gualda.

viernes, 11 de julio de 2008

LAS CRONICAS DE SPIDERWICK

“Las Crónicas de Spiderwick” es una película infantil fantástica. Una de esas que han proliferado en los últimos años después de que el director Peter Jackson abriese la puerta de lo fantástico demostrando la rentabilidad de la inversión en efectos. La literatura del mismo género llevaba años funcionando y creciendo en número de fans, y era natural que Hollywood se interesase por el género, visto el éxito de Harry Potter (sus cinco partes lo abalan). En los últimos meses, han llegado “Stardust”, “La brújula dorada” y se estrena en salas la segunda parte de “Las crónicas de Narnia”. Todas ellas tienen en común personajes fantásticos, mundos mágicos paralelos al nuestro y seres extraordinarios, divididos en los estereotipos de; bando de los buenos y bando de los malos. Los efectos especiales se han puesto al servicio de las tramas, y cada vez sirven más como medio en vez de cómo fin. Los protagonistas son a su vez niños, los únicos con acceso real al mundo de los sueños, y que tienen en su mano salvar un mundo paralelo y de paso, cómo no, el nuestro propio.

La peculiaridad distintiva de estas crónicas... es que ese mundo mágico convive con el mundo real. En un bosque, (no podía ser de otra manera, porque el espacio tiene que tener el peso de lo desconocido) una familia se traslada a la antigua casa familiar. En ella ocurrieron acontecimientos extraordinarios en el pasado que ahora se van a retomar. El núcleo familiar tiene su propio drama, con la separación de los padres. La falta de dinero ha sido lo que les ha hecho desplazarse al campo para buscar un futuro. Los tres hermanos protagonistas están encabezados por Freddie Highmore (que hace doblete) el niño inconformista, rebelde y curioso que será el primero en acceder al mágico libro que se convierte en excusa para la aventura (en todas estás películas de género menor hay un objeto que se salva a través del esfuerzo físico de los protagonistas). Como en casi todos los libros fantásticos, él será el encargado de proteger el manuscrito que contiene todos los secretos del mundo mágico. Para ello tendrá la ayuda de dos seres extraordinarios, Dedalete y Cerdonio (cualquier cosa que el guión no pueda justificar, lo justificaran ellos) y una vez incorporados sus hermanos, todos juntos tendrán que luchar contra los Orcos y contra el jefe de todos ellos (el transformista Nick Nolte). La ayuda de los que poseen el conocimientos, el propio viejo Arthur Spiderwick y su hija, les darán las claves, pero la aventura está servida.

Lo mejor de la película, que los guionistas y el director se han tomado las molestias y el tiempo necesario para que el espectador entienda los códigos del mundo al que va a acceder. No en vano, para mi ese es el principal fallo de “La brujula dorada” por ejemplo. Además, han sabido adaptar las aventuras que provienen de su “hermano mayor” literario y encajarlas en una duración decente (hora y media) que no aburre y en todo momento se mantiene en un pico de tensión muy bien resuelto. No será de extrañar que en breve tengamos una segunda parte con los mismos protagonistas.

Hay algunas circunstancias que me han llamado la atención. La que más, que uno de los guionistas es el mismísimo John Sayles (los otros son, David Berenbaum y Karey Kirkpatrick)... Si, si, ese director y guionista tan particular con títulos como “Lone star”, “Hombres Armados” o “Casa de los Babys”, por poner ejemplos reconocibles. Nunca lo hubiese imaginado en un proyecto de estas características... ¿estará haciendo caja para financiarse sus propios proyectos, como en su momento hizo el bueno de Cassavetes? Luego están los actores que sirven de apoyo a los protagonistas. Mary-Louisse Parker o Nick Nolte, este último que sólo aparece en un par de secuencias. Me llama la atención que actores que en un momento dado hicieron personajes principales, ahora le den lustre a títulos menores con papeles alimenticios... tal vez a la espera de un personaje que saque lo mejor de ellos mismos.

En definitiva, estamos ante una película veraniega sin más ambición que la de entretener a toda la familia, pero sobre todo dirigida a los niños y adolescentes que están en estos días disfrutando de sus vacaciones, y que de alguna manera tienen en sus manos la responsabilidad de salvar otro mundo mágico... el del cine.

Víctor Gualda.

martes, 13 de mayo de 2008

BEOWULF

Poca cosa hay que comentar de la última producción del director Robert Zemeckis. Sus películas suelen ser puro entretenimiento en el mayor de los casos con poco o nada de contenido. Eso si, adornadas por algún efecto especial resultón. En el caso de "Beowulf", toda la película es un adorno floral sustentado en el efecto visual “captación del movimiento”. Un sistema que le da una apariencia animada a actores reales, de forma que cualquier efecto cuela (véanse dragones y demonios), y la interpretación de los actores desaparece, o al menos es susceptible de correcciones digitales. Este efecto ya lo pudimos ver en “Polar Express ”... aunque en aquella ni siquiera logró mejorar la interpretación de Tom Hanks.

El argumento utilizado por Neil Gaiman y Roger Avary, está basado en un poema épico anglosajón real (aunque con cambios es la segunda y tercera parte de la historia), que mitifica a un caza-dragones estereotipo del héroe, de nombre Beowulf, que llega al reino de Anthony Hopkins (sobreactuado incluso digitalmente) para librarles de una especie de demonio sensible de oído de nombre Grendel, que les atormenta. Por supuesto nuestro héroe en la ¿piel? de un Ray Winstone bastante favorecido físicamente por los efectos, será el encargado de librar a la comarca de la amenaza. Por medio, una serie de personajes que a nivel dramático podrían tener peso especifico, pero que en realidad se quedan en un quiero y no puedo. Me estoy refiriendo en concreto al personaje ¿interpretado? Por un sorprendentemente contenido John Malkovich. ¿Qué pinta en la película? Cuando le vi aparecer pensé en que sería el antagonista perfecto con sus confabulaciones subterráneas contra el futuro rey... Nada. No pintaba nada. Era simplemente para añadir peso especifico a los créditos. Igual sucede con el personaje de Angelina Jolie, personaje que aunque tiene una función en la trama, podría haber tenido algo más interés que el de hacer imaginar al espectador adolescente (y no tan adolescente) si realmente será ese el cuerpo de la actriz. Luego, como complemento, una Robin Wright que es la que más transformación física sufre por el paso de los años y el retoque digital. Con una subtrama minúscula que podría haber tenido algo de interés si el director se hubiese fijado que estaba en la peli...
Lo único realmente interesante, es la evolución del personaje principal con el paso de los años en una elipsis temporal. El héroe ha envejecido físicamente, y gracias a ello ha madurado y se ha convertido en pesimista. Ha dejado de ser una especie de superhéroe y muestra que es débil, que la vida pasa y que... ni de coña, en dos minutos le vuelven a dar la vuelta a la tortilla, y de nuevo está guerreando y peleando con un dragón supermalisimo, y de nuevo librando al reino. Aunque por supuesto, después de que hemos conocido ese lado débil humano, el final tiene que ser la catarsis del mito. El “pecado” de la mentira (concepto introducido en la película, ya que en el poema Beowulf acaba con el personaje de Angelina inmediatamente después de hacerlo con su hijo Grendel) necesita el ultimo acto heroico para que el héroe renazca de sus las cenizas shakespirianas del pesimismo.
El final tal vez decepcione al confiado espectador, pero no puede ser distinto del que es, y no porque lo diga la leyenda, sino porque sería un monigote digital intercambiable, y el sacrificio es precisamente lo que convierte a los héroes en mitos únicos. Lo curioso es que el enemigo se ha trasformado en un animal monstruoso exento de personalidad o de valores humanos. Es decir, no podemos en ningún caso darle la opción de la duda, incluso después de descubrir que el dragón es “sangre de su sangre”. Una pena que nos de igual, porque el tema de la descendencia del héroe sólo se insinúa, pero no se desarrolla.

En definitiva, una película sin mayor atractivo que los efectos digitales que complementan el poema épico, con alguna secuencia interesante sobre el papel, pero poco convincente en pantalla, como aquella en la que Beowulf se enfrenta desnudo a Grendel (ya aparece en el poema para realzar el valor y la pureza del guerrero), o la presentada como subtrama de la competencia entre la esposa y la dama de compañía, interesante a priori, pero luego completamente desaprovechada. Conclusión; hemos visto una película intrascendente de puro entretenimiento.
Víctor Gualda.

martes, 13 de noviembre de 2007

SPIDERMAN 3

Qué decir de esta nueva entrega de Spiderman. En realidad viendo las dos anteriores está todo dicho. La presente no aporta más que nuevos personajes y por supuesto nuevas dosis de adrenalina y efectos especiales a raudales. De nuevo el superhéroe tendrá que salvar a la maltrecha ciudad de Nueva York de los supermalos de turno y poco más. Tal vez, la única aportación de la nueva entrega sea que Tobey Maguire se tenga que enfrentar con el malo maloso más complicado con que se podía enfrentar. Él mismo. Y es que no hay enemigo más complicado que el “lado oscuro” que todos llevamos dentro. Cuando este enemigo se te presenta, no sólo en el caso de Spiderman, es difícil controlarlo. Por supuesto para el superhéroe esta dificultad es perfectamente superable. Basta que pierda a su fracasada novia (otra novedad de personalidad) Kirsten Dunst y que reciba homenajes por toda la ciudad para que se de cuenta que de que se está dejando llevar por su ego.

Las tramas y subtramas se cruzan a lo largo de un metraje excesivamente largo, casi dos horas y media. El enfrentamiento con su amigo Harry Osborn, (James Franco), para comenzar con alegría la película, acaba con la perdida de memoria del hijo de Duende Verde. Por otro lado está el bueno-malo por las circunstancias “hombre de arena”. Trama tramposa que modifica los sentimientos del espectador zarandeándolos de forma que no sabe como posicionarse a lo largo de todo el metraje, excepto cuando los guionistas deciden reintroducir una trama prestada del primer capítulo de la saga (el asesinato del tío de Peter Parker). A esto le añadimos la repentina competencia del nuevo de la oficina. Un chaval dispuesto a cualquier cosa para conseguir triunfar en el difícil mundo de la empresa, y que está colocado por los Raimi como conejillo de indias para probar el mal y convertirlo en antagonista de Spiderman, todo ello a través de un meteorito que desecha una extraña sustancia que como una infección posee al que tiene cerca sacando lo peor de él. Primero es Spiderman quien prueba sus nocivos efectos, pero con su supervoluntad es capaz de superar esto y mucho más. Atención en este punto a la secuencia tipo cabaret-chugo-voy a darte celos a mi chica. La subtrama de la prota Kirsten que se aleja cada vez más de Tobey por sus propias inseguridades y su fracaso profesional, y a la que su caché le permite colocar una antagonista femenina para así conseguir darle más carga emocional a un personaje que trata de ser un poco menos de cartón piedra, o mera acompañante del superhéroe. Por último una pirueta más para terminar con la redención del amigo Franco, que había recuperado la memoria y en mitad de la película se había empeñado en hacerle la vida un poco más difícil a su ex (ahora no, ahora si) de nuevo superamigo, con un puntito final emocional para que el paciente espectador tenga algo que lamentar.

En definitiva, los guionistas Sam e Ivan Raimi y Alvin Sargent han tratado de profundizar en los personajes (más que los originales de Stan Lee y Steve Ditko) dotándolos de personalidad y sentimientos, pero claro, en una película de estas características esto es casi misión imposible sin caer en el estereotipo en el que irremediablemente caen uno tras otros todos los personajes. Tengo que reconocer que me podía haber indignado en otra ocasión, pero aquí sucede lo contrario. Había oído comentarios antes de verla tipo... "es una película infantil..." Eso me hizo recapacitar sobre el tipo de película al que me enfrentaba. Así que traté de verla sin ideas preconcebidas. Es una película infantil y funciona como tal. Es absurdo querer ver Tarkovsky en una película de Spiderman, así que creo que si falla es por la dualidad que le tratan de dar a los personajes. En una película de estereotipos, los buenos tienen que ser buenísimos y los malos malísimos, no puedes marear al niño de diez años alargando una trama que no va a entender, porque cuando llegue la escena final estará demasiado cansado y confuso como para disfrutarla.

De cualquier forma, después de ver "Superman Returns" recientemente, me inclino a pensar que cualquier entrega de Spiderman es una obra maestra por comparación, y eso que desde la primera, tengo claro que ni Maguire, ni Dunst eran los actores que la saga necesitaba.
Víctor Gualda.

lunes, 8 de octubre de 2007

LA FUENTE DE LA VIDA

Aronofsky se ha colocado en una posición difícil de encuadrar en el panorama cinematográfico actual. Si “Pi” era una película complicada para el espectador, al menos le hizo granjearse la admiración de un buen puñado de incondicionales que vieron en él un “producto” diferente. Esa especie de Mesías del cine que parece que los cinéfilos esperan que llegue para cambiar el metalenguaje cinematográfico. En su siguiente película “Réquiem por un sueño” confirmó que no iba a ser lo que este grupúsculo sin carné de afiliado esperaba, pero que era un director de culto a tener en cuenta, más apegado a la estética “moderna” que otra cosa. Pues ahora nos trae al planeta dvd su última y más difícil todavía “La fuente de la vida”. Otra película complicada sobre todo en cuanto guión, que al espectador medio le ha hecho preguntarse “...de que cojones va esta película” (extracto de conversación real)... y es que nos hemos acostumbrado de tal forma al cine comercial americano (o local; no nos creamos artistas), que hacernos pensar un rato nos parece una falta de educación. Pues sí, Aronofsky no se conforma con la forma narrativa convencional y da una vuelta de tuerca literaria al libreto.

Poco o nada se puede decir a nivel estético de esta película en la que un hospital tiene la misma pinta que un laboratorio de investigación científica y que la casa del protagonista. El espectador no se reconoce en espacios que están iluminados por la penumbra. Acostumbrado a los fluorescentes de los hospitales convencionales, las luces puntuales a las que sólo le faltan velas para terminar de crear la estética es poco o nada creíble... pero todo sea por el “look”. Otra cuestión es el guión. Un guión arriesgadísimo, estructurado de manera complicada, que no hubiese pasado en nuestro país ni el primer filtro de lectores becarios de una productora... a no ser que el nombre del guionista (el propio Aronofsky junto a Ari Handel acompañe el texto.

El guión es de esos que le encantan a Paul Auster por parecer una muñeca rusa a la que le vas sacando los muñequitos. Una historia dentro de otra historia, dentro de otra. En realidad el guión esta divido en dos tramas principales. La que se desarrolla en la actualidad y la que se desarrolla en la época del descubrimiento de las américas. Esta segunda es consecuencia de la primera, pues corresponde al libro que escribe la novia del protagonista Rachel Weisz... que al mismo tiempo está relacionada con el trabajo de investigación de Hugh Jackman que trata de encontrar una solución para el tumor que está a punto de acabar con la vida de ella. Lo que hace más complicada la trama de época, es que además hay continuos flash backs dentro de la misma, que lejos de causar intriga en el espectador lo que consigue es liarle más. Otro problema de esta trama es que contiene otra subtrama con un tipo malo (estereotipo de malo en realidad) que podría tener paralelismo con el tumor como malo de la trama que se desarrolla en la actualidad. Lo cierto es que la reina Weisz envía a Hugh a que encuentre algo que puede salvar el reino (que la salve a ella en realidad )
Para desconcertar aun más, entre ambas tramas los guionistas colocan otra tercera trama (subtrama en realidad) de mas difícil comprensión si cabe. Un buda con la cara de Hugh que trata de impedir que el “árbol de la vida” presente en todas las tramas muera, mientras se dirige en viaje estelar a una nebulosa a la que creen los mayas que se dirigen las almas de los que están a punto de morir. Lo mejor está aun por llegar. Cuando llevamos dos terceras partes de la película el científico ha descubierto que el árbol sobre el que investiga puede curar el tumor y dar la eterna juventud. Pero llega demasiado tarde porque la Weisz muere, en un punto de giro algo descompensado porque es casi el momento de clímax principal de la película. Entonces te preguntas qué más puede pasar.... ¿qué la resucite? Pero ella le ha dejado el encargo a Hugh de que termine el libro al que sólo le queda un capítulo. Esta situación da lugar a un tercer acto que rizando el rizo se complica aún más. No lo contaré, pero el nuevo escritor a tiempo parcial le da una resolución a la historia que no cubre las expectativas del paciente espectador que espera, o una explicación, ó que todo termine bien. A fin de cuentas se trata de una película de ficción en la que todo puede suceder. El director le ha dado tantas vueltas al guión que su credibilidad está a salvo. Pero en vez de eso, se empeña en complicarlo aun más y la secuencia en la que el protagonista se une al árbol (a la vida), o en la que el conquistador español se aparece como “buda” al brujo maya rozan el ridículo.

No me gustaría que quedase la impresión de que la película no me ha gustado porque no es así. Me mantuvo entretenido la hora y media pegado a la pantalla intentando descifrar el significado de lo que cuenta. Hugh que parece estar especializándose en películas de ficción (“X- man”, “El truco final”) hace una desesperada maravillosa interpretación de un hombre que se niega a sucumbir ante la impotencia que le produce intentar controlar lo que no puede. Rachel también cumple su función de centro del universo de él. El personaje de Ellen Burstyn, la jefa de Hugh en el laboratorio, es de relleno. El conjunto está perfectamente acompañado por la fantástica música de Clint Mansell, colaborador habitual del director, que como es su función, realza las secuencias. Tal vez el mayor problema es que la pretenciosidad de la película en aras de la originalidad es del todo excesiva, y eso siempre pasa factura si no tienes un fantástico guión que lo apoye. Y es que querido Aronofsky, como dijo el otro, menos es más.

Víctor Gualda.