Cuando veo una película como esta siempre me planteo que haría si me encontrase al protagonista por la calle. ¿Abrazarle o insultarle?... y casi siempre me decanto por la segunda opción. Me pregunto cómo un gobierno, sea el de aquí o el de allí de turno, puede ser tan manipulador con la opinión pública. En realidad la cosa no ha cambiado tanto desde que se descubrió que el cine funciona como un arma de propaganda que manipula a naciones enteras para ponerlas de parte de un gobierno o en contra de otro. Charlie Wilson es un político manipulador, putero y farlopero (y eso que el personaje está dramatizado) sin mayor interés que el de seguir saliendo elegido como congresista para poder seguir manteniendo su nivel de vida. Interpretado por Tom Hanks y con unos diálogos ingeniosos resulta un personaje simpático al que todos nos gustaría tener como colega. Pero no nos equivoquemos. Charlie Wilson, igual que muchos políticos a lo que nosotros votamos, (algunos de ellos "presuntamente juzgados” por corrupción) no es más que un cabrón que juega con el dinero público de su país para enriquecerse, y lo que es peor, juega con la vida de millones de inocentes en todo el mundo.Así que el bueno de Charlie-Hanks ha decidido hacer el bien después de una visita a los campos de refugiados de Afganistán. Que la buena de Julia Robers siendo presentada como un personaje manipulador de extrema derecha me tiene que caer bien. Que el agente de la CIA interpretado por por Seymour Hoffman es un tío guay porque insulta a su jefe y dice las verdades a la cara. Que los americanos hicieron una guerra encubierta contra los rusos en Afganistán "para matar rusos" (así es como se menciona tres o cuatro veces)... ¿Pero qué me están contando? Cómo se puede hacer apología de la democracia pasando el presupuesto de cinco millones de dólares en armamento a quinientos, sin meter un protagonista de la zona involucrada, y obviando a los verdaderamente perjudicados (excepto por las imágenes de los campos de refugiados convenientemente utilizadas). Cómo se puede pasar en diez años de ayudar a los afganos en una guerra, a pretender demonizarlos como el gran enemigo, involucrando para ello en la matanza a la ONU (y por supuesto a España) Pero qué mierda me está contando Mike Nichols en su película. Es que pretende justificar una masacre cometida en los ochenta sencillamente añadiendo un epílogo absurdo en el que el “bueno” de Tom Hanks trata de pedir un millón de dólares para construir una escuela y no le dejan (¿es que no llevaba suelto?... ¿o no lo llevaba el personaje de Julia? presentada como una de las mujeres más ricas de América). O la escena anterior, en la que el bueno de Seymour Hoffman le pide a Hanks que ayude a reconstruir el país. ¿Qué pasó con todas ellas aquellas buenas intenciones?... Igual las encuentran enterradas junto a las armas de destrucción masiva de la vecina Irak.
¿Qué tengo que decir?... ¿qué es una buena película? Pues lo digo. Es una gran ficción, que los votantes respaldamos a falta de alternativas, pero no nos dejemos engañar por la pátina que recubre el trasfondo. Buenos diálogos, buenas interpretaciones, presunta autocrítica (siempre hablando del pasado, claro), buena estructura dramática que va creciendo. Hasta la subtrama en la que Hanks se ve involucrado resulta ante un publico que está deseando que el político salve el culo. Y eso después del escarnio que hizo el mismo “público” americano por una situación de mucho menor calado para los intereses públicos de su ex presidente Clinton. ¿Autocrítica? O más bien autocomplacencia y adoctrinamiento... Lo mejor y más real, la explicación de por qué sale el tipo elegido seis legislaturas consecutivas. Por intereses cruzados. Pura política. Pero desgraciadamente, no pura ficción.
Víctor Gualda.