sábado, 14 de noviembre de 2009

POLICIA PYTHON 357

Parece que La Devedeteca ha decidido recobrar el viejo impulso de adquirir fondo de catálogo en detrimento de tanta novedad de dudosa calidad como se está editando. Creo que unos cuantos lo agradeceremos. En los últimos meses han entrado títulos fantásticos entre los que quiero destacar una de las obras maestras de Melville “Bob el jugador” , pero también otras como “Klute”, “A quemarropa”, o una decena de películas protagonizadas por Delon o Belmondo. Esta semana nos llega la magnifica “Policia Python 357”.

La película de Alain Corneau, interpretada por el mítico Yves Montand, sigue la tradición de cine negro francés e incorpora elementos nuevos que tratan de adaptarla al cine “moderno” de la época. Tal vez precisamente esa modernidad sea lo más fallido de la cinta. El arranque es lento, y lo es por una cuestión de tradición. El director se entretiene un tercio de película en presentarnos al duro policía que no lo es tanto cuando se enfrenta a un enemigo implacable. El amor. Y es precisamente esa debilidad lo que favorece al personaje de Montand, que tiene un rostro que se adapta a la perfección a estos personajes bidimensionales cuando se trata de enamorarse de la mujer equivocada. El policía se vuelve vulnerable. Lastima que la partenaire no esté a la altura de un papel casi caramelo de esos que se quedan en la memoria. La ¿actriz? Stefania Sandrelli es un tópico que no sabe sacar rendimiento a la cruda redención que le da la oportunidad de huir de su pasado en la trama. Por eso se agradece el desenlace de su personaje en el primer tramo de película.

Una vez que todo está en orden, empieza lo realmente interesante de la historia. El falso culpable tradicional que tiene que esquivar el destino para demostrar que estaba en el lugar equivocado en el peor momento posible. Este segundo tercio de película alcanza la maestría sin lugar a dudas. La tensión que acumula el fantástico triangulo no tiene desperdicio, tampoco el suspense que nos acerca al protagonista. Los otros lados del triangulo son François Perier y sobre todo el oscuro papel de Simone Signoret, mujer en la vida real de Montand, que interpreta aquí un personaje lleno de matices a pesar de la inmovilidad que la mantienen entre una silla de ruedas y una cama. Resulta curioso que un personaje tan pequeño resulte tan revelador. Representante de una clase social diferente, sus comportamientos sutiles nos resultan extraños en un mundo dominado por hombres armados que resuelven sus diferencias pistola en mano. Aunque lo intuimos, sólo en el desenlace del segundo tercio entendemos que en realidad el tema de la película no es otro que el amor sin condiciones. También resulta maestro el desenlace aquí del policía que está dispuesto a perder su identidad a cambio de su libertad. La diferencia entre Signoret y Montand, es que ella está dispuesta a perderlo todo, y él sólo está dispuesto a sufrir un rato

Pero como la película hay que terminarla como marcan las nuevas convenciones del género, si es posible con una secuencia de peligro máximo en la que el protagonista se juegue el tipo, y demuestre que moralmente es intachable, el director se adapta a los tiempos que corren para expiar los pecados del policía dispuesto a jugarse la vida por sus compañeros. Es esta parte la que lastra todo el metraje. Es innecesaria por moderna, (por tanto la que se ha quedado más antigua) y el camino a la redención no es más que un tópico, sólo una suerte similar a la de su amada hubiese convertido esta buena película en una obra maestra incuestionable, y resulta fallida una subtrama con personajes nuevos y despersonalizados a estas alturas de metraje. Aun así, esta película resulta imprescindible para aquellos directores futuros que quieran aprender y entender un género historiadamente francés, pero que funciona y gusta por igual en cualquier latitud.

Víctor Gualda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ee genial que la devedeteca adquiera estas obras maestras, se agradece mucho encontrarlas en las estanterías!... y hablando de esta gran peli de mediados de los ´70, creo que el análisis que haces, como siempre, es acertado, sobre todo el papel de la Sandrelli que queda relegado en un tercer plano.
También lo del final, creo que quiere justificar la acciones anteriores del policía, quién reivindica su honor, su "deber ser" al exponerse a la muerte x sus compañeros.
Creo que es por esta acción que Ives Montand demuestra estar dispuesto a todo, al igual que la Signoret, llegar hasta el final y como símbolo, el amor que lo moviliza en el hacer justicia, representado en el reloj con la foto de ella.