miércoles, 24 de junio de 2009

CUESTION DE HONOR

Siguiendo la estela de James Gray, y viendo el buen resultado que da este tipo de cine que desarrolla los problemas personales de los personajes dentro de un thriller policiaco, nos llega esta “Cuestión de honor” de Gavin O´Connor. Ya el planteamiento nos recuerda poderosamente a “La noche es nuestra”. Familia de policías de origen irlandés, en la que todos sus miembros son policías. De esta forma entramos en el carácter y las costumbre de los inmigrantes europeos en Estados Unidos, con lo que supone un elemento tan importante como introducirnos en los valores del individuo dentro del grupo, enfrentados a los valores de otros grupos étnicos tal vez menos tradicionales (o al menos no basados en el patriarcado) como los hispanos en este caso, o los rusos en el caso de “La noche...”

La trama, algo forzada en muchos momentos, es sencilla en realidad. La familia de policías encabezada por el patriarca Jon Voight, y sus hijos Noah Emmerich y un Edward Norton retirado de las calles por un problema reflejado en su rostro con una cicatriz como símbolo de un pasado aun presente, pero con un férreo código de valores. También pertenece a la familia Collin Farrell, cuñado de ellos por estar casado con unica hermana mujer, y que recibe el trato de "un hermano más". Este elemento es muy importante a la hora de la resolución de la trama, porque indica que se trata de un grupo endogámico fuertemente machista, reforzado por el trato de Voight a su mujer, y un desenlace que justifica a la familia de los miembros externos.

Todos los personajes principales están cuidados con mimo. Todos ellos tienen problemas personales difíciles, que les hacen comportarse de manera especial dentro de la trama de acción. Norton además de sus problemas sicológicos por el pasado, trata además de equilibrar su vida, desecha por una separación traumática. Emmerich, el hermano mayor, jefe del distrito, demasiado preocupado por su mujer enferma de cáncer como para ver lo que está sucediendo dentro de su comisaría. Farrell con deudas que le asfixian que le llevan a hacer tratos con mafias para mantener su nivel de vida, y líder de un grupo de policías corruptos, que si en un primer momento parece que son simples secundarios, pero que luego tienen una importancia primordial para el desenlace de la trama.

Dividido en bloques el punto de vista para poder explorar en el drama de cada personaje, tal vez el punto de vista principal se asiente sobre Edward Norton, que será el personaje clave para entender lo que sucede. Norton es el punto de vista del espectador porque desconoce, a través de sus ojos vamos desentramando la red de corrupción. Involucrado directamente para plantear la duda moral que va en contra de su personalidad, su pasado, la familia, que trata de proteger a los suyos, Norton se enfrenta ante el conflicto como un héroe de película. Por eso el desenlace resulta demasiado forzado. Elementos externos demasiado impostados son los que se imponen para que el espectador americano quede tranquilo, pero que dan al traste para elevar la película a otro nivel.


Los personajes secundarios, casi con un Deus ex machina un tanto absurdo, inician el ciclo de restauración del orden, mientras de forma paralela los dos no hermanos resuelven sus diferencias. Una vez demostrado que el bien triunfa sobre el mal, el castigo por la traición es demasiado pequeño e insuficiente para que llegue el equilibrio, así que O´Connor (junto al coguionista Joe Carnahan) deciden darle una segunda reparación a través de la comunidad damnificada, y el autoinmolamiento del personaje de Farrell (que además sirve como expiación de sus pecados), uniendo de forma interesante las subtramas. El espectador sabe inconscientemente que los hombres de la casa se ocuparan de la hermana desconsolada, a fin de cuentas, toda la trama esta concebida para demostrar que el orden moral de la comunidad está por encima del interés de las ovejas negras. Por otro lado, el personaje de Norton, recibirá además su recompensa necesaria con la recuperación de su ex mujer por su integridad.

Hay que reconocer que el casting es muy interesante. Cada personaje responde a su rol con eficacia. Pero por encima de unos siempre solventes Voight, Norton o Farrell , quiero destacar a Emmerich. Un actor acostumbrado a personajes secundarios, tal vez condicionado por su físico, pero que no sólo está al nivel, sino que además aporta humanidad, alejándole de un papel mucho menos resultón cercano al estereotipo, pero que él defiende con uñas y dientes. Gray recuperó aquel cine policiaco de las calles de los setenta como alumno aventajado de Scorsese y le ha dado solidez, y O´Connor se ha situado como continuador al que habrá que observar de cerca, porque puede ser uno de los directores de futuro, aunque le falte la solidez de introducir secuencias determinantes que marquen la diferencia con el resto… pero si los productores no le cortan las alas, eso también se aprende.

Víctor Gualda.

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