lunes, 10 de agosto de 2009

SICKO

Poco o nada hay que comentar a nivel cinematográfico sobre la última película de Michael Moore (en todo caso preguntarse por qué llegó con casi dos años de retraso a nuestras pantallas). Un nuevo documental que en esta ocasión trata sobre la sanidad norteamericana. El formato es el mismo que le lanzó a la fama en su campaña contra el anterior presidente americano y sus intereses en la guerra de Irak, o aquel contra las armas. Ahora deja de nuevo con el culo al aire a los políticos y a las empresas de seguro médico.

Se puede acusar a Moore de romper la idea primigenia del documental y observar los hechos de manera poco objetiva, de ser ególatra y protagonista, de ser autoindulgente (atención a la secuencia en la que cuenta como financió una enfermedad a la mujer de un enemigo acérrimo), de ser manipulador y paternalista, pero por encima de todo, hay que tener en cuenta que el cineasta pone sobre la mesa temas de actualidad de interés global, que en el caso de la sanidad muestra a los americanos imbuidos en un sistema que oculta la realidad, y a los europeos lo que puede acabar sucediendo con nuestras instituciones.

Esta no puede ser una crítica objetiva que trate sobre aspectos cinematográficos como la planificación o sobre la estructura del guión (que la tiene), esta tiene que ser obligatoriamente una crítica reivindicativa igual que lo es la película de Moore, porque la tendencia de nuestra sanidad pública, sobre todo en las comunidades gobernadas por el PP, aunque también en el resto de tapadillo, es la de privatizar y restar crédito al sistema público. No en vano casi cada semana encontramos en las portadas de los periódicos las protestas de médicos, enfermeros/as y demás por la falta de medios, personal, o presupuesto. Moore muestra en uno de los bloques como los políticos desde Nixon/Kaiser reventaron la sanidad pública americana, y como Hillary Clinton intento una lucha contra las aseguradoras médicas, para luego acabar convenientemente untada por estas mismas. Por no hablar de un grupo de congresistas republicanos, e incluso el ex presidente Bush también en nómina de las empresas.

El director se reitera en mostrar cómo la sociedad americana está educada en el miedo porque así es más fácilmente manipulable. Grandes sumas de dinero invertidas en publicidad, y campañas en las que se gasta en asustar con el “cuidado que llegan los comunistas”.

Moore dedica un bloque de su pseudo-documental a los políticos, pero también a diferentes casos individuales. Es más fácil involucrarse con la persona que con el sistema, pero un americano medio no podría soñar en su vida con tener una sanidad como la nuestra. Aquella que justamente criticamos, pero que salva la vida de miles de personas cada año. Luego dedica otro bloque a comparar con la sanidad publica canadiense, inglesa, y francesa, y aunque la imagen global es demasiado benevolente, la base del sistema social es real. Y es que parece que la única manera de ver de forma objetiva lo que tenemos, es compararlo con lo que les falta a otros. El país más potente del mundo no puede comparar su sanidad con la de su archienemigo Cuba, que a pesar de su falta de presupuesto, mantiene la sanidad como una de sus prioridades.

La visión de Sicko debería de ser obligatoria en las escuelas, para que nuestros políticos y sus esbirros de los medios de comunicación dejaran de manipularnos y unos cuantos dejen de llenarse los bolsillos a través de empresas privadas que poco a poco van sustituyendo las públicas. El Partido Popular incentiva con la excusa de la mejora del servicio este tipo de iniciativas tanto en la sanidad como en la educación, y sólo el votante tiene la potestad de lo que quiere para si. Ellos son piezas intercambiables elegidas por nosotros. Ya lo dijo alguien durante la guerra de Irak. Nuestros votos no son un cheque en blanco para hacer lo que quieran, sino para favorecer los intereses generales. Y los nuestros pasan por una seguridad social pública, que a fin de cuentas pagamos con nuestros impuestos… y me reitero, Moore es un manipulador ególatra que seguro no tiene ni tendrá problemas de cobertura médica, pero pone el dedo en la llaga de los problemas, y debería invitarnos a reflexionar sobre lo que tenemos y lo que podemos perder. De nosotros depende el futuro. De nada sirve quejarse a posteriori. El sistema debería servir al individuo, no al contrario…

Víctor Gualda

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