miércoles, 13 de mayo de 2009

EL INTERCAMBIO

La primera reflexión después de ver “El intercambio” es lo curioso que resulta comprobar, como la penúltima película de Eastwood ha tenido menos reconocimiento que su última “Gran Torino”, y como la que hoy tratamos es mucho más compleja y completa (en sentido puramente cinematográfico) que la que interpreta el viejo actor. Lo cual demuestra que el cine no es una ciencia exacta, pero que el espectador medio prefiere las emociones básicas y directas relacionadas con el estereotipo (en aquel caso del viejo fascista obcecado y patriota) antes que identificarse con el drama de una madre que busca a su hijo, y todo lo que rodea los intereses políticos.

Antes de comenzar con el texto, tengo que reconocer que Angelina Jolie, bajo mi punto de vista, hace su mejor interpretación hasta la fecha (incluyendo “Inocencia Interrumpida” que le valió el Oscar) El personaje es un bombón para un mundo en el que personajes protagonistas de ese peso pocas veces caen en manos de una mujer. Pero ella defiende en casi todo momento con credibilidad el personaje. Sólo pondría el “pero” en algunas secuencias demasiado impostadas, o en las que el vestuario pesa más que la interpretación. La protagonista lleva tocados y gorros que no se quita ni para hablar desde el teléfono desde su casa, lo que le infiere cierto aire de antinaturalidad. Pero detalles aparte, la contención es difícil en papeles extremos, y tanto ella, como el actor que más muecas hace con la cara del mundo, John Malkovich, están dirigidos para evitar aspamientos y trasmitir sentimientos, sin caer en la fina línea que lleva al melodrama de sesión de tarde. Pero es que además, están parapetados por unos fantásticos actores secundarios, que regalan credibilidad.

Pero la película es mucho más que un puñado de buenas interpretaciones. Ya en el crédito inicial, el director deja claro que está basada en una historia real, y por lo tanto advierte al público que la realidad siempre es mucho más increíble e improbable que la ficción. El guionista J Michael Straczynski se basó un hecho real, para desarrollar este texto que crece sorprendentemente a partir del primer tercio de película. Si el arranque es frío y casi periodístico, con la presentación de la madre soltera que lucha por mantener a su hijo, es a partir de la desaparición de este, cuando la película arranca. Pero en vez de limitarse a la típica búsqueda, la excusa, o premisa, o giro o como quieras llamarlo, se produce cuando la policía (convenientemente presentada) le entrega a la madre un niño que no es el suyo. A partir de ese momento, una película convencional, se dedicaría a la búsqueda de la verdad por parte de la madre. No en esta, eso es sólo la excusa para mostrar (como en casi todas las últimas de Eastwood) la naturaleza humana. El guionista de apellido impronunciable, es capaz por medio de una historia secundaria, de crear una trama paralela que nos cuenta la historia de otro niño que por una investigación rutinaria, es víctima de la culpa (un peso a priori demasiado grande para un menor) La confesión de este, lleva a relacionar ambas tramas. El espectador descubre al tiempo que la madre Jolie, por lo que la identificación está garantizada. Pero la trama de superación no deja de crecer. Llevará a nuevas y sorprendentes situaciones. Mostrará la corrupción de la policía, la hipocresía de los políticos. El poder de los medios de comunicación en la masa civil, el poder casi Kafkiano del sistema frente al individuo…

Lo curioso es que una vez que todo está en su sitio y ambas tramas se cruzan, el texto nos invita a asistir al juicio del pederasta, simultáneamente con el de la actuación policial. La excusa principal de encontrar al desaparecido, no se mantiene como fin último, pero la protagonista manipulada por el reverendo presbiteriano y por su ansiedad materna, disuelve temas que con maestría se mantienen cada uno en su sitio. Las dos historias tienen en común a la Jolie, y sólo el niño puede unirlas. Un Eastwood siempre al límite con las acusaciones fascistoides, muestra una ejecución de pena de muerte hasta el último segundo. Está apoyado por lo salvaje de los hechos, pero no deja de resultar cruel y justificatorio si lo miras fríamente. Es en este tramo donde la película pierde más enteros. El metraje alargado durante dos horas sólo puede ser compensado con la liberación de la tensión como válvula de escape. Pero como no va a suceder, el espectador es manipulado por el monólogo de Jolie, en el que queda claro cual es el sentimiento primigenio que debemos sentir. “La esperanza”. Lo siento Clint. Esa costumbre del crédito manipulado por la palabra no es suficiente para descargar todos los sentimientos que dejas sobre la mesa.

De cualquier forma, una película más para la biografía de Eastwood magistralmente dirigida, austera en la forma, como es marca de la casa, que busca en el interior del individuo, pero con una intención de entretener y conmover casi a partes iguales. Lastima que el tono demasiado dramático (que siempre me hace malpensar que el fin era la búsqueda del Oscar) se adueñe del metraje, y ese final inconcluso sea un gatillazo en las emociones del espectador.

Víctor Gualda.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alabo la calidad de Eastwood como narrador, pero honestamente creo que hay una ontología prevía a la construcción de los personajes y la historia, y esta me dificulta entrar y empatizar con el personaje principal.
En este caso esta ontología nos "la mete" con calzador como si fuera "humanismo" libre de valores.
Reduciendo y sintiendo repetirme; liberalismo mesiánico conservador; sociedad mala, orden moral que solo se recupera con la irrupción de un heróe (WASP), con una capacidad ética y una fuerza moral superior que reorganiza el desorden moral, etc...
Eregoyan.

Anónimo dijo...

humildemente tengo que decir que el "basado en un hecho real" me quito mucha de la gana que tenia de verla, asi que voy a limitarme a reconocerme en las criticas anteriores, primero en cuanto al diseño del vestuario de ella, que me parece que no acompaña en absoluto a la estetica de una madre soltera, supervisora telefonica, de finales de la decada del 20 - epoca de crisis del '30 -(ademas, el detalle molesto del eterno sombrero que por suerte no combinaba muy bien con los patines y en el manicomio!!!) Da la sensacion de que la puesta, el arte y vestuario son mas relevantes (que no digo que no tengan peso) que la construccion actoral de una madre golpeada por la desaparicion de su hijo. Por eso para mi ella no es creible. Esta siempre de carton, pitado por supuesto, aunque bien dirigida y acompañada por buenas interpretaciones, hay momentos en que hace bastante verosimil su protagonico, sobre todo cuando es doblegada por la presion del poder, policia, injusticias etc., con el resto es donde yo tampoco empatizo mucho con su contruccion del personaje.
Lo bueno de la historia es que va increscendo, merito seguramente del guion, y nos advierte que "habra justicia" y como, sabemos que el eje por donde a Clint le gusta regodearse va por ahi, con abogados, ejecucion y toda la artilleria necesaria para poner al espectador de juez y verdugo si hace falta. Y al final nos queda ese sabor de esperanza efectista con el espejo del otro chico,los padres felices, los malos a la carcel, el poli bueno, cambio de modelito de sombrero, la toma de primer plano a plano general con grua, en fin el bla bla bla que todos nos conocemos ya de sobra. Muy pobre e impostado el making off.

Anónimo dijo...

comparto bastante vuestra opinión, aunque con matices; En cuanto al heroe mesianico que viene a restablecer el orden moral, aquí queda en un segundo plano. De importancia para reforzar las opciones de la protagonista, como mero apoyo, el personaje de Malkovich es secundario, está desarrollado en un plano superficial, pero no sabemos nada de él más que es un pastor prebiteriano (representante de Dios en la tierra?)y que odia cualquier autoridad que no sea la de su dios (al menos eso parece). Pero el peso lo lleva ella en casi todo momento. Otro matiz es que aquí el asesino no pertenece a ninguna raza "alternativa". Es blanco, como lo son la mayoria de los asesinos en serie que se basen en hechos reales.

En cuanto a la otra opinión, para mi la película gana enteros cuando se vuelve más compleja, y claro es gracias al guión. La aparición de la trama paralela que sirve para reforzar la principal es lo mejor de la película, aunque para mi el ritmo decae en los juicios. Sobra el truco de poner al espectador de parte de la ejecución. Hubiese sido mucho más ambiguo, y tal vez realista, que el director no hubiese mostrado el flash-back de la huida del niño. Porque así el espectador no se hubiese regodeado en la ejecución-asesinato. Al espectador y a la madre siempre les hubiese quedado la duda razonable de si el tipo habia asesinado al niño o no.... pero claro, entonces no seria cine americano.
BI.