martes, 30 de septiembre de 2008

ALICIA EN LAS CIUDADES

No hace falta ver más que un par de planos de esta “Alicia...” para comprender que para el alemán Wim Wenders, el cine independiente americano es un referente claro (tal vez en concreto Cassavetes). El tipo de cine que propone se convierte en tendencia en los setenta, ochenta y alcanza su máximo esplendor en los noventa, después de que los grandes estudios lo absorbieran como divisiones alternativas a sus superproducciones. Wenders, coetáneo de otro director de culto americano y con una trayectoria parecida, Jim Jasmusch, parece compartir inquietudes, y a pesar de la nacionalidad casi podría pasar como un director precursor de la independencia americana. Tal vez hace unos años se haya salido de la senda por él mismo marcada, pero desde entonces su cine a caído en picado perdiendo interés y calidad.

“Alicia en las ciudades” parece ser el final del viaje iniciático de un periodista, Felix Winter (Rüdiger Vogler) al que le han pedido un artículo sobre los paisajes americanos, pero que él se ha tomado como un viaje hacia su interior. Ha conseguido un buen montón de polaroids (o su equivalente alemán) de paisajes, pero apenas hay cabida para las personas (tal vez como símbolo de su vacío interior), y el director parece querer decir que sólo a conseguido estar más confundido. Así, Wenders dibuja la película en dos planos, el formal y el personal. Los largos planos de los campos y de sus gentes parecen contrastar radicalmente con la llegada a la ciudad. Masificada pero agresiva y vacía en el fondo. Félix se encontrará con el rechazo; el de su jefe por no traerle el artículo, y el de una amiga-amante que parece sentirse utilizada. La conclusión es la vuelta a Alemania. Pero una oportuna huelga de aviones hace que nuestro protagonista coincida en la agencia con una mujer y su hija Alicia. Este encuentro casual va ha suponer el revulsivo inconsciente que necesita. Formalmente la película ha comenzado a moverse antes, pero el giro que necesita se produce cuando se queda a cargo de Alicia en el viaje de vuelta a Europa.

El viaje ha comenzado en Estados Unidos y continuará en Ámsterdam, donde tiene que esperar el regreso de la madre. La presión por la falta de dinero y la penitente inmovilidad, hace que nuestra extraña pareja decida que ha llegado el momento de moverse. Reiniciando el viaje iniciático del que hablaba, pero con una guía y guardián inesperada. A partir de aquí todo será una sucesión de anécdotas y pequeñas aventuras que afianzará la relación de los protagonistas. Llevará a descubrir el necesario compromiso del que parece huir el periodista. El abandono de la niña por parte de la madre, supuestamente por amor es la excusa. La búsqueda de la abuela de la niña parecerá el motivo que necesita el argumento para continuar en la carretera... pero insisto en que todo es una excusa y que nuestro protagonista está aprendiendo sobre si mismo de una niña de ocho años. El final no puede ser distinto del que es, pero el artículo que ahora podrá escribir como algo propio, como realmente vivido en primera persona, será la clave que ha llevado a nuestro protagonista a aprender y valorar la existencia. Lo más curioso es que este viaje del que hablo comienza a la inversa. Desde las ciudades y el presunto desarrollo, hasta el corazón de un pequeño pueblecito a las orillas de Rhin, es decir a los orígenes (creo que esta es la clave de la película). Y como paradoja, que Alicia, esa especie de ángel guardián del que tiene que cuidar el periodista de manera natural e inconsciente es la guía del adulto perdido .

Una fotografía muy granulada en blanco y negro, la obsesión del director con la televisión (muy bueno el monólogo del personaje sobre televisión y publicidad), paisajes inmensos que luego se repetirán en futuros proyectos, temas comunes, todo ello será el mismo viaje que el director ha emprendido con esta película y que culminará diez años después con su maravillosa obra maestra “Paris, Texas” con la inestimable ayuda de un especialista en este tipo de cine y literatura fronteriza combinada con personajes solitarios que es el dramaturgo, escritor, director y actor Sam Sheppard. De momento la road movie “Alicia en las ciudades” quedará en mi memoria como una curiosa película lenta y densa, pero no por ello menos maravillosa, de la que es fácil extraer que la verdad se siente mejor si se vive en primera persona. Como curiosidades y para terminar, me llama la atención, (porque acerca cine y realidad) las imágenes del concierto de Chuck Berry al que asiste nuestro protagonista, como parte de esa verdad que acercan ficción y realidad. La música por cierto es otro elemento destacable en una película llena de silencios, de mano de míticos como los Rollings y Deep Purple. Tal vez a Wenders le haga falta revisarse a si mismo, como le sucede a su personaje, para volver a sus orígenes y encontrar el camino que parece haber perdido en sus últimas producciones.

Víctor Gualda.

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